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martes, 20 de diciembre de 2016

La esfera de Boltzmann

Después de un período corto de vacaciones, dos meses de obras, otro mes de preparación para oposiciones y, por que no decirlo, tras las opos, dos meses de indescriptible pereza; creo que ha llegado la hora de pasar al blog las impresiones que me han dejado algunas lecturas.
He leído bastante en los últimos meses, pero la maldita pereza no me ha dejado escribir casi nada, así que iré poco a poco contando mi opinión al respecto de algunos de los libros que me han parecido interesantes por uno u otro motivo.

El turno de la primera reseña en la segunda mitad del año (tiene gracia: la segunda mitad del año para este blog empieza el 20 de Diciembre) corresponderá a un libro que me envío el autor en formato ebook.
Se trata de la esfera de Boltzmann, escrito por David Casas. En este caso, la novela va sola, sin vino, pues la leí en el trayecto al trabajo y, como comprenderéis, leer a las 6:30 de la mañana mientras degusto una copa de vino en el metro resultaría, cuanto menos, raro.

Un grupo de científicos ha encontrado la forma de dar utilidad a la constante de Boltzmann, (constante directamente conectada con la entropía y que relación a la temperatura absoluta y la energía, formando parte fundamental de la mecánica estadística).
El proyecto científico exige demostrar las hipótesis, y para ello preparan un experimento en el que los sujetos experimentales son ellos mismos. Construyen una esfera gigante donde por acción de los valores de dicha constante, por intervalos de tiempo, toda la entropía generada desaparecerá volviendo al punto ordenado de partida.
Un periodista será el sujeto externo al grupo científico que vivirá la experiencia para dar la necesaria credibilidad a los hechos una vez el experimento llegue a su fin.

A ver, se trata de una primera novela y eso se ve a la legua.
Evidentemente, teniendo en cuenta el tipo de lector, gustará más o menos. En mi caso, pese a que el estilo literario de David no me atrae demasiado, reconozco que la novela resulta más que entretenida y se lee muy rápido.
Esta rapidez de lectura se debe a varios factores:
En primer lugar, a capítulos cortos que hacen que la acción no decaiga.
En segundo lugar, a diálogos continuos sin ningún tipo de narración, descripción e interjecciones entre ellos.
En tercer lugar, a la cortedad de la novela, evidentemente.

Como es normal la novela tiene tanto aspectos positivos como negativos que conviene comentar para aquellos que estén interesados en leerla. También es verdad que, tanto unos como otros, son totalmente subjetivos.
Esta claro que el autor se ha informado bien, aunque el conjunto del experimento y algunas situaciones en concreto chirrían un poco para el lector neófito en estos aspectos de la física, como es mi caso, pero que, en general, casan bien en el conjunto final.
Se trata de una historia muy ágil que incita a querer seguir leyendo para llegar al final, aunque es cierto que, a partir de un determinado punto (casi la mitad) la novela adolece de un exceso de fervor sexual y leemos tanto folleteo, postura del kamasutra y sexo explícito que cansa cosa mala, y no sólo porque se suceden páginas y más páginas  narrando los 3 ó 4 polvos diarios, sino por la cochina envidia que produce.
He de decir que me encuentro ante una disyuntiva con respecto a la manera de representar los diálogos que hace David. Por un lado no me gusta nada, pues son diálogos puros, sin figuras descriptivas ni muecas, gestos y demás propios de los participantes, y reconozco que me gusta más amplitud literaria. Por el otro, ese minimalismo ofrece como contrapartida una fluidez mayor, pues se lee de carrerilla y abre mucho más la imaginación al lector al tener que situar él mismo los tonos y gestos de los personajes.

Estos están bien desarrollados, teniendo en cuenta la longitud de la novela, y se puede apreciar la evolución que sufren. Bien es cierto que no es evolución como tal, ya que todos y cada uno tienen unas motivaciones e intereses iniciales que no es que cambien, sino que se van mostrando poco a poco pero, aun así, en el terreno personal resulta coherente y creíble.

El experimento se desarrolla en dos partes: una primera en que se resetea, por decirlo de alguna forma, diariamente el entorno; y una segunda en la que también lo hace la memoria de los personajes.
Como ya he dicho, algunos puntos (que no voy a revelar) resultan difíciles de creer. 
Pero a partir de la segunda parte la historia gira de un proyecto científico a una novela de sabotaje y asesinato. Es en esta segunda parte donde se producen mayor número de momentos de incredulidad pues parece como si tras los reseteos fuesen capaces de recordar determinados detalles únicamente. El autor emplea la técnica de los diarios privados para ofrecerlos la oportunidad de recordar pero, el hecho de que todo tenga que ser informatizado hace que el conjunto no fluya bien en este aspecto y resulte un poco forzado.
Pese a estos detalles la novela funciona bien aunque, de momento y sin ánimo de ofender al autor, me la tomo como novela de playa, de fácil lectura y entretenimiento, sin más pretensiones.
Os animo a leerla si os sobran un par de días libres y espero que, ahora que ha empezado, y pese al poco tiempo que su trabajo le dejará para escribir, David continúe escribiendo y mejorando novela a novela.

martes, 9 de septiembre de 2014

Las luminosas

Después del potente boca a boca que ha suscitado Las luminosas, de Lauren Beukes, tenía claro que era un libro que tarde o temprano acabaría leyendo.
El libro de Beukes es el tercer libro que leo de la extinta colección fantástica de RBA, y cada vez tengo más claro que abogaban por una literatura de calidad pero de extraña factura. Las tres novelas que he leído arrostran premios consigo pero ninguno de ellos lo recomendaría fervientemente, ni siquiera a lectores habituales  de novelas de género.

Harper Curtis es un hombre violento que de casualidad se encuentra con una casa asombrosa. Una casa con una puerta que permite viajes en el tiempo.
Gracias a ella, Harper volcará su violencia enfermiza en asesinar a muchachas escogidas por poseer una luminosidad especial.
Se convierte así en el asesino perfecto, que mata a través de décadas sin que se le siga la pista.
Hasta que 60 años más tarde en la secuencia temporal real, comete un error que lo pondrá contra la espada y la pared.

Últimamente me siento bastante torpe en lo que a leer se refiere. Lo digo porque son muchos los libros que se me resisten. Con Las luminosas me ha vuelto a suceder lo mismo (tal vez sea que me esté haciendo mayor y me cueste más concentrarme en registros que requieren cierta complejidad intelectual). Un libro que al final me ha gustado pero que se me ha resistido. Me ha costado leerlo.

La novela está repartida en capítulos encabezados por el protagonista de ese capítulo (asesino, víctima o investigadores) y por una fecha: aquella en la que suceden los hechos.
Este estilo de narración hace que la lectura se vuelva más adictiva, pues los capítulos son bastante cortos y el salto entre personajes te hace cambiar de punto de vista continuamente.
No me había acercado anteriormente a la novela y, por tanto, comencé su lectura como cualquier otra novela, y tardé bastante en darme cuenta de que requería de la toma de notas, pues son tantos los saltos temporales que es fácil perderse ya que Harper vuelve en repetidas ocasiones al mismo tiempo a lo largo del libro. La toma de notas, pues Harper deja pistas con cada visita y asesinato, y esas pistas son de nuevo mostradas en el futuro, imagino que debe ayudar mucho a la hora de seguir el hilo y no perderse con las secuencias temporales (como podéis suponer, yo no tomé notas, y me arrepiento).

La trama ha discurrido mucho más lenta de lo que esperaba y, si bien es cierto que, resulta muy interesante y da que pensar acerca del uso de un viaje temporal, la acción transcurre lentamente y creo que se bordea peligrosamente el límite de la paradoja temporal en la conclusión de la novela.
Es cierto que las últimas 100 páginas resultan muy satisfactorias pues la novela funciona más ágilmente y ya se ha cogido el tranquillo al estilo y la trama.
Una trama soportada principalmente por dos figuras, Harper y Kirby, personajes con carácter y presencia. Ambos muy bien definidos y con mucha fuerza.
Estos dos personajes ofrecen la carga de tensión y acción necesaria para llamar la atención del lector, ya que nos encontramos ante un juego bilateral en el que el criminal intenta rematar a la víctima cuyo asesinato resultó fallido y, a su vez, la víctima se embarca en una investigación a través del tiempo para cazar a su presunto asesino.
La verdad es que uno de los motivos principales por los que he acabado la novela era que estaba muy intrigado por Las luminosas del título. Necesitaba saber a que se refería Harper con la luminosidad de las elegidas pero creo que, al final, me he quedado con las ganas. Nada de esto se explica, y creo que realmente no es más que la excusa para matar de la perturbada y calenturienta mente de un hombre que siente un profundo placer sexual al recordar sus asesinatos.

En definitiva, no siento necesidad de añadir mucho más. Se trata de una novela interesante, de lectura no demasiado fácil y que invita al lector al juego de pistas a través del tiempo y que, una vez acabado, ha dejado un buen poso en mi memoria (de hecho, mejora con el paso del tiempo) pero, como dije al principio, no es una novela que recomendaría a cualquiera.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Hic sunt dracones: Cuentos imposibles

Si he de entrar en la pomada (que con el tiempo que hace que este debate está en el aire, ya era hora de que me pronunciase), debo decir que no suelo comprar libros en formato digital ( en papel ya compro los míos y los de medio Madrid). Pero en e-book, lo siento, me parece que las editoriales españolas (la amplia mayoría) tienen la cabeza metida en el culo, y una política que raya la usura, y no me da la gana darles ni un puto euro, por muy ilegal que sean las descargas y que atenten contra los derechos de los autores. En inglés si he comprado varios, pero los precios suelen acompañar, y suele haber ofertas más que interesantes por tiempo limitado.
Pero de un tiempo a esta parte van surgiendo proyectos a este respecto que tiran por tierra la labor, trabajo y palabrería de las grandes editoriales para mantener los precios: por un lado, el gran trabajo de la editorial Sportula, que esta ampliando su catálogo con una muy buena selección, y a un precio magnífico, de novelas en formato electrónico que por su temática o extensión no tendrían cabida en otro formato; por otro, el blog Cuentos para Algernon, de Marcheto y del que cuya primera recopilación anual reseñaré más adelante y cuya política editorial, por decirlo de alguna manera, se trata de seleccionar relatos de género fantástico, de autores casi siempre inéditos o poco conocidos en España, y a precio 0, si 0, gratuito; Y en tercer lugar, pero no por ello menos importante, la editorial formada por dos jóvenes (una doctora en teoría de la literatura y una licenciada en filología inglesa) que traducen bueno, bonito y sobre todo muy barato. Hablo de Fata Libelli, y no creo que haya nadie a estas alturas que no conozca esta editorial on line, de relato y con precios justos y asequibles.
De hecho, mi visión al respecto va cambiando tan rápido que no sólo compré Hic Sunt Dracones, sino que la iniciativa me parecía tan buena y me apetecía tanto apoyarla que, sin haber leído aún el libro de Tim Pratt, ya me había suscrito para la producción completa de este 2014.

Hic sunt dracones que el libro que elegí para empezar con la editorial por varios motivos: 
1º Había leído algún cuento de Tim Pratt en el blog Cuentos para Algernon, y me habían parecido excelentes.
2º Las críticas que había leído en Goodreads eran muy buenas.
3º Me fié de la opinión de los chicos del podcast los Verdhugos, que tachaban el libro de excelente, junto con el de Peter Watts.

En total son siete cuentos, de los que os haré un brevísimo resumen:

* Sueños imposibles: Pete es un apasionado del cine. Un día encuentra un videoclub muy especial. Un videoclub en el que nunca se había fijado y que tiene películas en teoría imposibles.
* Hart y Boot: Hart y Boot son una pareja al más puro estilo de Bonnie y Clyde. Hart es una tia dura, dura de verdad. Boot es el hombre que, de repente, aparece en su vida, y tiene una habilidad muy especial.
* Vida petrificada: Zealand es un aventurero que se propone realizar la mayor hazaña: acabar con Archibald Grace, un asesino que ha vivido incontables siglos.
* Vida con la arpía: Una muchacha convive con una compañera de piso muy especial. Nunca la ha visto, pero dice llamarse Arpía. 
Desde que viven juntas, la joven triunfa en la vida, tanto en lo personal como en lo laboral. Todo empieza a cambiar cuando conoce a una muchacha en un bar y empieza a salir con ella.
* El sótano del mundo: Morgan solicita ayuda a Rob en virtud de una vieja promesa. En el sótano de su casa hay una puerta a otro mundo, a un mundo vertedero lleno de escombros y basuras. Allí habita el Dragón. Aquel que se ha llevado a su hijo.
* La copa y la mesa: La mesa, una organización legendaria, está gobernada por monstruos cuya misión es encontrar y custodiar la copa. Una copa muy anterior al Santo Grial y que dicen contiene la sangre de Dios.
* El pez limpiafondos: Un joven pretende matar al pez que vive en la charca tras su casa. Se trata de algún tipo de pez del conocimiento, pues por cada objeto que le echas te devuelve otro relacionado con aquél.

Como podéis ver, se trata de una muestra de fantasía bastante ecléctica pero que, en mi opinión, empieza muy fuerte con los dos primeros cuentos pero que se va poco a poco diluyendo y cada vez resultan menos interesantes.
Los cuentos están bien escritos y son agradables pero, tal vez, me hayan podido las elevadas expectativas que llevaba encima.
El primer cuento me gustó, pero no me sorprendió. El segundo me gustó casi más que el primero, pues sí que me pareció original; a partir de ahí, cada cuento me ha ido gustando menos.
Como he dicho llevaba expectativas bastante altas para esta recopilación pues, como he dicho antes, además de las buenas críticas, había leído un par de cuentos publicado por Marcheto, y ambos me habían gustado mucho, más que cualquiera de los de esta selección que, por otro lado, no puedo dejar de recomendar pues pese a mi opinión, reconozco que el trabajo realizado por Fata Libelli ha sido muy bueno. Pero vuelvo a repetir, se ha de leer con afán de divertirse, no con el de maravillarse, pues tampoco es la panacea del relato fantástico. Si tuviera que valorarlo no podría darle más que un notable bajo.

martes, 29 de julio de 2014

Entre extraños

Segundo libro que leo de la extinta colección fantástica de RBA. El primero, Osama, no me gustó. El segundo, me ha dejado un regusto agridulce. 
Me gusta Jo Walton. Me gustó con Garras y Colmillos y me encantó con El círculo de Farthing. Con Entre extraños se adentra un paso más en los límites entre los géneros, consiguiendo una novela muy difícil de encasillar, y que alcanza cotas de alta literatura. 
Pero pese a estas palabras de alabanza no puedo decir que todo sea oro. Me he quedado entre el sol y la sombra, pues me ha gustado mucho, pero reconozco que se me ha hecho muy cansina también.
¿Incongruente? Tal vez, pero de todo hay en la viña del Señor.

Morwenna, Mor, es una adolescente que ha tenido que huir de su madre.
Tras el enfrentamiento de Mor y su hermana gemela (también llamada Mor), con su madre, una malvada bruja, como la define Mor, nuestra protagonista saldrá malparada, con un bastón que deberá llevar de por vida, mientras que la peor parte se la llevará su hermana, que acabará muerta.
Morwenna huirá de su Gales natal para refugiarse en Inglaterra, en casa de su padre, Daniel. Un padre a quien hace mucho que no ve y apenas recuerda. Allí convivirá también con sus tías (brujas también, según ella), y será internada en el colegio apea señorita de Arlinghurst, donde deberá estudiar para sacar provecho de su vida.
Es en este ambiente donde nos encontramos con una niña que se siente diferente a todos y se encuentra completamente rodeada de extraños.


Nos encontramos ante una novela ampliamente galardonada, de la que se ha escrito mucho ya y que, evidentemente, ha generado mucha controversia, pues son tantos los admiradores como los detractores. No se si merecerá tanto premio pero no puedo ignorar que se trata de una novela de gran calidad.
Walton escribe meticulosa y elegantemente, de forma concisa y serena, cayendo (para mi gusto) en algún momento, en una excesiva frialdad.
Estructurada a modo de diario, cada una de las entradas nos muestra la vida vista desde el cristal por el que mira su narradora, Morwenna. Una narradora que resulta difícil creer en la fidelidad d ellos hechos que narra. Una muchacha retraída, objeto de burlas por parte de sus compañeras, en virtud de su acento y de sus diferentes gustos, pero avanzada para su edad, pues parece haber vivido experiencias muy especiales.
Morwenna se siente entre extraños, ya sean estos sus tíos, sus compañeras de escuela, o los libros que va leyendo, pues Morwenna es, ante todo, una lectora voraz, de esas que todos aquellos que disfrutamos con la lectura quisiéramos ser. Una friki la llamaríamos hoy día a tenor de la pasión que siente por la ciencia ficción.
Una ciencia ficción que iremos recorriendo con ella a través de sus entradas, pues gracias a los prestamos bibliotecarios y a las librerías, Morwenna dispondrá de continuos libros para leer que nos irá indicando, al tiempo que sin pelos en la lengua aportará sus opciones aceda de autores como Tolkien, Samuel R. Delany, Hainlein, Le Guin, y un largo etcétera. Opiniones y gustos que imagino corresponden con los de la autora de la novela.
Es por ello que no yerran quien consideran esta novela como un catálogo de la literatura de ciencia ficción de los 60s y 70s, pues al acabar su lectura habrán pasado por sus páginas más de 150 novelas de género.
Y es en este punto donde te paras a pensar "¿tiene razón sobre Heinlein? ¿Y sobre Dick? Bueno, yo no lo habría visto así pero, en realidad ¿Qué es lo que yo he leído? Esto es la historia de la Ci-Fi y no he leído casi nada."
Me he sentido en este aspecto muy identificado con la protagonista, pero no cuando yo tenía su edad, sino ahora, cuarentón de pro. Es ahora cuando ansío soledad y tranquilidad. Cuando busco la palabra escrita y me acongojo ante la enormidad de páginas que pueblan un mundo que sólo quiero conocer a través de ellas. Un mundo, otros mundos, muchos otros mundos.

Pero Mor tiene otra faceta más, la mágica, pues dice poder ver y comunicarse con las hadas. Dice poder hacer magia a través de hechizos tan sencillos como caprichosos, pero que en casi todos los casos son perfectamente explicables sin recurrir a la magia.
Hadas y magia que tan sólo ve ella y que Walton se encarga de describir a través de neblinas de ahumadas que ofuscan nuestra mente y resultan confusos hasta el punto de no tener claro si todo es tan real como Mor lo cuenta o si no es más que la fantasía de una mente adolescente enajenada y ansiosa por vivir una vida plena y con sentido más allá del ordinario.
He aquí donde se encuentra uno de los puntos fuertes de la novela, pues Walton nos mantiene siempre en la duda. Nunca se tiene claro si la propia historia de Mor es real o fruto de la situación que vive, pues no olvidemos que lo que realmente se esconde detrás de esta novela es el crecimiento de Mor, el ascenso a la madurez tanto física como mental de una muchacha impedida físicamente en un ambiente poco familiar, rodeado de extraños y encerrada en su propio mundo en virtud de sus diferentes gustos.
Un crecimiento en el que veremos sus claros ideales que la convierten en madura para su edad, asistiremos al despertar de su apetito sexual, a los celos de adolescencia, y a la alegría d encontrar alguien con quien compartir aficiones, alguien que te hace no sentirte tan solo en el mundo.

Se me acaban las palabras, y probablemente me quede algo en el tintero, pues he tardado muchos días en escribir la reseña y algunas ideas que me han recorrido la bóveda craneal las he perdido por no apuntarlas pero, sobre todo, algo que no he mencionado hasta ahora es lo que real, realmente constituye el alma de esa novela, que no es otra cosa más que un sincero agradecimiento al mundo del libro: bibliotecas, librerías, sistemas de préstamos, autores, pero por encima de todo, a nosotros, los lectores, sin los que no existiría este maravilloso y exclusivo universo. A todos los lectores, es cierto, pero está claro que en especial a aquellos aficionados a la ciencia ficción.

Ahora, leyendo lo que he escrito a posteriori, me doy cuenta de que tal vez haya mostrado más entusiasmo del que pretendía en un principio. Ello es debido a que, si bien es cierto, la novela no me ha llenado del todo, si que ha ido calando en mayor medida según sido pasando el tiempo y se ha aposentado en mis recuerdos. Tal vez por ello esta reseña parezca mucho más efusiva de lo que en realidad lo siento.

¿Recomendarla? Sí, la recomiendo pero con reservas. No es para todo el mundo y no tengo claro a quien va a gustar. Creo que a pocos que busquen ciencia ficción o fantasía.

domingo, 1 de junio de 2014

La sombra fuera del tiempo

Lovecraft siempre ha sido uno de mis autores favoritos. Así que cuando me enteré de que Nevsky Prospects iba a reeditar una de sus más importantes obras y, no sólo eso, sino que la iba a revisitar con una nueva traducción a cargo de Jon Bilbao, no pude menos que saltar de ansiedad por leerlo y solicité un ejemplar de cortesía a la editorial. Ejemplar que debía, como es lógico, reseñar en un margen prudencial de tiempo pero que por diversos motivos, que no tengo ganas de volver a reproducir aquí, no hice, y desde aquí lanzo mi sincera disculpa a la editorial. 
Pero bueno, vamos al lo que vamos, mi opinión al respecto.

Nathaniel Wingate Peaslee lleva una vida tranquila como profesor d economía política en la Universidad de Miskatonic, Arkham hasta que un día sufre un extraño colapso en mitad d runa lección magistral…
Su vida da un giro de 360 grados, todo se transforma: sus intereses, su personalidad, e incluso su apariencia externa. Abrumado por visiones que no comprende, Peaslee recorre el mundo en su esfuerzo por desentrañar un horror primigenio que le abruma, aunque no entienda el porqué, perdiendo a su familia, sus amigos y su trabajo. Al cabo de cinco años "despierta" sin recordar nada. El viaje vuelve a iniciarse, esta vez para comprender quién o qué ha sido...

Recuerdo que leía todo lo que podía de Lovecraft en mis años de rolero, mis años mozos. Por aquel entonces me fascinaba, y memorizaba pasajes completos. Poco a poco lo fui dejando aparcado para dedicare a muchos otros autores, pero siempre estaba ahí, oculto en la recámara de mi cerebro, como el regusto de un buen vino que cuesta olvidar.
Volví al genio de Providence el año pasado, 15 años después. Emocionado y con un recuerdo maravilloso en la memoria pero, como me harto de decir, la memoria es plástica y juega malas pasadas. 15 años después, el autor del culto de Cthulhu no ha supuesto lo que esperaba, y me ha dejado un poso como el de la salsa agridulce en los rollitos de primavera.
En mi mente era mucho más benévolo y recordaba estos libros como una mezcla de misterios y vaporoso terror onírico con muchos retazos poéticos que me ponían la carne de gallina. Ahora, mi visión es, tal vez, más crítica, menos romántica que la de entonces y, pese a la fabulosa y nueva traducción de Bilbao, no he podido dejar de fijarme en el pobre estilo del de Providence, lleno de frases vulgarmente compuestas, de la cargada sobreadjetivación y, en este caso, y a pesar de las bondades del texto, en la falta de interés que me producía la historia de Peaslee, en lo soporífero que me ha parecido el intento de explicación científica por parte del protagonista. En estos momentos y, si no hubiese leído ningún otro libro suyo, lo compararía con autores que en este blog he criticado por su pobre estilo y he aducido que no volvería a leerlos. Afortunadamente, no es así, he leído mucho más de su bibliografía y no voy a tirarlo todo por la borda.
Por otro lado, no pretendo desanimar a nadie y, de hecho, considero que es un libro altamente recomendable para acercarse al autor. No es el que yo más recomendaría, es cierto que me decantaría más por El horror de Dunwich o La sombra sobre Innsmouth, pero si que es muy interesante, pues se trata de un relato corto, fácil de leer y con una de las mayores cargas oníricas de todo su corpus literario, amén de tratarse de una de las obras cardinales en cuanto a la cosmogonía primigenia se refiere, ya que podemos vislumbrar a la Gran raza de Yith como el germen que desatará toda la posterior subcultura lovecraftiana.
La historia, por otro lado, resulta más que interesante, pero la narración de Peaslee resulta tan apasionada en su contenido como soporífera en su desarrollo. En mi opinión, claro.
Aun así me he encontrado con algún que otro momento de bella factura y he podido disfrutar del onirismo expelido por los pasajes en el plano Yith, que considero de lo mejor de la obra junto con el argumento de la misma.

Es necesario hacer notar el buen trabajo de la editorial en cuanto a maquinación y diseño, altamente atractivo, y de la nueva traducción a cargo de Jon Bilbao quien, como cuenta en el prólogo, ha tratado de acercarla al lector actual, modernizándola y evitando barroquismos, arcaicismos y cierta sobreadjetivación del autor, trabajo éste harto complicado, me temo.
El resultado, a mi modo de ver, es una traducción fresca, cercana y muy correcta que facilita la lectura y  ameniza una novela ya de por si lenta.

La sombra fuera del tiempo se trata por tanto de una obra que recomendaría a todos aquellos que se quieran acercar a la obra del autor y también, por que no, a aquellos que, no como yo, no lo endiosaron y volvieron mucho tiempo después con un recuerdo romántico y, tal vez, infiel.

En el tiempo que ha pasado desde que fue reeditado y hoy mismo, he leído montones de reseñas acerca de esta nueva traducción de Jon Bilbao, no he encontrado ni una sola reseña negativa acerca de la novela y, en todas ellas, se alababa a H. P. Lovecraft. Entiendo que más de uno no estará ni remotamente de acuerdo con mi reseña, incluida la propia editorial pero, que puedo decir, no puedo aplaudir a raudales algo que no me ha satisfecho, por un motivo u otro. Tal vez, cuando relea El caso de Charles Dexter Ward o En las montañas de la locura vuelva a alabar al autor, o tal vez no, quien sabe.
A pesar de todo, siento que debo disculparme con la editorial por tardar más de seis meses en ofrecer mi opinión acerca de un libro que me han ofrecido gratuitamente, pero sólo por esto.

martes, 6 de mayo de 2014

Osama

Lo cogí simplemente por que me llamaba la atención la historia, y la consecución del Premio ganado, pero no ha satisfecho mis expectativas ni de lejos. Que le vamos a hacer, no me ha gustado nada y, aunque sea brevemente, os contaré lo que me ha parecido.

Joe es un detective contratado para encontrar a Mike Longshot, el misterioso editor de las novelas sobre Osama Bin Laden, un personaje de novela de serie menos que b, medio terrorista, medio héroe que apasiona a los pequeños grupúsculos de friáis, truculentos y subversivos personajes que lo leen.
Con un apartado de correos como punto de partida, Joe comenzará su investigación, pero la estela de editor y editorial es difícil de seguir y parecen estar envueltos en un halo de misterio que confunde ficción con realidad.

He de empezar el comentario diciendo, como he dicho antes, que no me ha gustado. Eso hará que la reseña sea corta, pues tengo poco que decir, pero es que me ha aburrido bastante, y sólo lo he terminado por el puro e irracional orgullo de decir que he leído un libro más y, aunque habrá mucha gente que no piense así, en mi caso no ha sido más que un inútil consumo de tiempo.

La novela comienza con una historia de detectives que poco a poco va perdiendo fuelle y cambiando a otra cosa, una amalgama de géneros que no sé bien como definir. Reconozco que Lavie Tidhar escribe con garra, y que nos presenta un ejercicio de estilo interesante que, además, se lee con facilidad, pero también reconozco que se me ha hecho muy pesada. Las continuas, para mi, "interrupciones de la trama" a modo de cliffhangers de la historia general con fragmentos de atentados de las novelas, me han resultado aburridas y, en mi opinión, no consiguen el efecto deseado de criminalizar el terrorismo, y al no llegar a ninguna parte en concreto, me han resultado un auténtico incordio.

Me ha parecido una historia narrada de forma incongruente y que a mi me ha producido desconcierto a la par que desidia pues, ni siquiera los pocos personajes que aparecen en la novela, presentan el suficiente carisma como para que me haya importado su destino; ni el avanzar de la trama resulta creíble ni progresivo, pues la narración se efectúa a saltos, y resultan en exceso repetitivas las escenas de bares, cigarrillos, obtención de información de prostitutas y bármanes, así como los guiños a novelas de fantasía que inducen a la ilusión de la realidad.

El final, pese a ser lo más sorprendente resulta también lo más predecible al anular la suspensión de incredulidad, tan propio de escritores novatos con finales falsos como sueños, realidades alternativas, locuras, etc. Me ha resultado especialmente manido y, por consiguiente, fallido. No me ha convencido en absoluto.

Osama ha sido la primera novela que leo de la casi desahuciada línea fantástica de RBA y, pese a que me parece una línea editorial con muchísima calidad, creo que he hecho una mala elección y, sinceramente, como siempre, esta es mi opinión, pero no entiendo como esta novela se ha podido llevar un premio tan importante como el World Award Fantasy.
¿Qué la novela o el autor tienen potencial? Pues la verdad es que no lo sé, a mi me ha parecido un auténtico coñazo y no puedo concederle ningún mérito a la novela, al autor, tal vez.
Tengo próximo en la pila otro premio de la misma editorial, Entre otros, de Jo Walton que espero que me guste más.

Y aquí lo dejo por que me parece que ya he embadurnado con bastante cera la novela y no me apetece seguir diciendo cosas negativas, pues seguro que algo positivo tendrá para haber conseguido tantas alabanzas.

lunes, 30 de diciembre de 2013

El ladrón cuántico

El ladrón cuántico. La premisa de una cárcel que encierra a criminales junto a múltiples variaciones de sus personalidades me llamaba poderosamente la atención, y no tardé en solicitarla a Alamut pero, la verdad es que, cada día estoy más convencido de que el hard no es lo mío. Mis conocimientos de física son limitados y de una física avanzada como la desarrollada en El ladrón cuántico, más aún, y así es difícil disfrutar totalmente de una novela. A pesar de eso, creo que la novela no acaba de encajar del todo y Rajaniemi expresa más ideas de las que desarrolla.

Jean le Flambeau es un ladrón condenado en la cárcel modelo de La Sobornost. Pero no es cualquiera, es un ladrón legendario que ha llegado a convertir el robo en un arte supremo. En esta prisión se ve enfrentado a múltiples personificaciones de si mismo en aras de recuperarse para la sociedad, y para ello debe resolver los jegos que se le plantean. Hasta un día, Mieli, la capitana de la nave Perhonen, llegará para hacerle una proposición que no podrá rechazar. Para conseguir el objetivo deberá recuperar los trocitos de su personalidad que, a modo de enigma, escondió en La Oubliette, una ciudad móvil.

¿Qué puedo decir? He quedado totalmente decepcionado con esta novela, pero no por ella misma, sino por mi. Con ella he comprendido definitivamente que soy incapaz de enfrentarme a novelas que requieran conocimientos físicos o matemáticos de tan alto nivel. Pero bueno, también es cierto que no todo, todo, es culpa mía. A mi entender existen ciertos factores que me han ayudado notablemente para llegar a esta conclusión.
En primer lugar, se trata de una novela muy exigente con el lector. No sólo requiere la atención continua de él para no perderse, sino que Rajaniemi narra la novela pretendiendo la inteligencia del lector, y va introduciendo los elementos endémicos de este mundo como si fuesen algo conocido por todos, de tal modo que la contextualidad será lo que nos ofrezca el entendimiento o, como me ha sucedido a mi, en muchas ocasiones se volverá a releer los párrafos ante la perplejidad de nuestra/mi cara por que me he perdido por completo. Cierto es que la mayoría de las veces se consigue, pero a menor entrenamiento, mayor cantidad de relecturas.
Por otro lado, Rajaniemi gusta de la rapidez y si al dinamismo de su escritura le sumamos la vistosidad de las escenas, junto con la tecnojerga inherente al hard, se consigue unas imágenes cargadas de luz y sonido visualmente espectaculares pero que nos ayudan a perdernos más aún.
La trama resulta muy atractiva pero el sistema utilizado por el autor se asemeja a un juego de Matriuskas, pero con cada nueva muñeca que destapas estás un poco más perdido, en lugar de más cerca de la solución.
Por otro lado, Rajaniemi nos ofrece una especie de homenaje a los grandes del misterio detectives, pues le Flambeau no parece sino un trasunto del Lupin de LeBlanc, y cierto joven detective, un remedo del Holmes de Doyle.

He de decir que el tratamiento, casi metafísico, del tiempo que nos plantea el autor me ha resultado muy interesante y me ha hecho reflexionar en ciertos momentos, algo que con una lectura más pausada y, quizás con mayores entendederas por mi parte me hubiese hecho disfrutar mucho más la lectura.

Por otro lado, Rajaniemi nos ofrece varias historias dentro de la trama principal, algunas centradas en casos  policiales a resolver por el detective, y otras a modo de flashbacks de experiencias anteriores de Jean que, en mi caso, me han terminado de descolocar por completo.

En definitiva, sin duda se trata de una buena novela, pero que requiere una paciencia y atención que yo no he sido capaz de alcanzar y, por tanto, no puedo decir que me haya gustado.

domingo, 6 de octubre de 2013

La edad de los milagros

Hace ya más de un año que tenía La edad de los milagros en la pila. Por un lado, me llamaba la atención la premisa de ciencia ficción apocalíptica de que hacía gala la contraportada de la novela. Por el otro, me tiraba para atrás la apariencia de novela juvenil.
Al final decidí leerla y, si bien no se trata de una mala novela, creo que se acerca mucho más a la literatura juvenil de lo que pretende, dejando a la ciencia ficción en un segundo plano, como mero vehículo para contar otra historia.

El movimiento de rotación de la Tierra comienza a enlentecerse sin motivo aparente. Se trata de una lenta disminución del giro, pero paulatina y constante. Inexorable.
Desde los ojos de Julia, una preadolescente de 11 años, observaremos como el mundo se adapta a los cambios y lo que ello conlleva en su vida diaria.

Los primeros capítulos de la novela son lo suficientemente buenos como para captar la atención del lector. El paulatino enlentecimiento consigue acongojar al lector, que queda ávido de saber el porqué. Evidentemente ayuda mucho la escritura de Karen Thompson Walker, tranquila y sosegada; limpia y sin "arabescos" pero con un deje soterrado de misterio.
Poco a poco esta sensación se va diluyendo, pues los cambios se siguen sucediendo, pero en forma de modificación avanzada de cambios anteriores y cada vez la historia se va ciñendo más a la vida de una niña de 11 años que, salvo por la diferencia de escenario, podría ser la misma que la de cualquier niña hoy en día.
No obstante, el correcto lenguaje y el ritmo sosegado se alían para formar una especie de balsa en la que me he sumergido y aunque no ha sido ni de lejos lo que me esperaba, tampoco tiro por tierra la lectura de esta novela. Ahora, a sabiendas, no la leería, pero no es una mala historia, ni como novela debut, ni para un público más joven.
me ha gustado la elección de una niña para contar esta historia. Por un lado porque está contada desde la madurez, desde los recuerdos de aquella época de una persona adulta, lo que entraña virtudes y defectos. Por un lado la madurez lleva aparejada una mayor comprensión, moderación y entendimiento de las circunstancias de la vida, así como de un aumento del léxico utilizado (debería, pero conozco montones de casos en los que esto no ha sucedido ;) ). Por otro lado, está demostrado que la memoria es plástica y se adapta a las experiencias vividas acorde al paso del tiempo y cuesta creer que la protagonista guarde recuerdos tan nítidos y que no hayan sido modificados por la propia maduración. 
También se consigue que, al ser una niña la narradora de los hechos, la novela se aleje de tecnicismos y explicaciones, hipótesis y consecuencias de física. Esto, de nuevo, puede ser bueno o malo, según el gusto del lector. 
Campo éste último en el que la novela cojea en exceso, pues nunca se ofrece la más mínima explicación del motivo de este enlentecimiento, sino que se limita a explicar las consecuencias horarias y sociales, bien hecho, por cierto, pues la separación entre seguidores del horario normal, y del solar, resulta convincente aunque apetece encontrarse más chicha en este asunto.

En general se trata de una novela más que aceptable pero, eso sí, si buscas una novela de ciencia ficción al uso, esta no es tu novela, pese a lo que intuyas al leer la contraportada.

domingo, 5 de mayo de 2013

Un caso de conciencia


El libro que reseño a continuación es un libro que, en principio, no sé decir por qué está entre las páginas de este blog. No sé decir qué fue lo que me atrajo de él pero, desde luego, contenía algo que hizo que me llamase la atención. Pero por un motivo u otro, aquí está, y no ha sido lo que esperaba, pero tampoco me siento defraudado.

El Jesuita Ramón Ruiz-Sánchez es enviado por la ONU como biólogo al planeta Litia, junto a un equipo de científicos, con el fin de realizar un informe de exploración del planeta y a las formas de vida existentes. Allí, el padre Ramón conocerá a los litianos, que con su utópica civilización pondrán en jaque su ciencia frente a su férrea moral cristiana y lo obligarán a decidirse por una de ellas en aras del mayor bien para la humanidad.
A su regreso a La Tierra, la expedición portará como presente un bebe nativo del planeta.

Me he encontrado con una novela que me ha sorprendido por el estilo de James Blish, concienzudo y de una evidente brillantez teórica y retórica que enganchará a aquellos que gusten de disquisiciones filosóficas pero que pese a su falta de acción aventurera, no creo que, en un principio, repela en demasía al resto. Quizás si sea así un poco más avanzada la obra pues, dada la estructura narrativa de la obra, la segunda parte se convierte en algo más deslavazado y cargante, donde cobra una mayor importancia, si cabe, la teología y la percepción del ser humano como elemento creador de inconformismos.
La novela se divide en dos partes: una primera centrada en Litia y sus habitantes. Los litianos, una raza utópica en todos los sentidos, lo que servirá de acicate final para que el padre Ruiz-Sánchez tome su decisión. Asistiremos a un brillante debate entre los cuatro científicos de la expedición. Cada uno de ellos con un argumento bien fundado y que, en su conjunto, hará las delicias de todo lector ávido de reflexiones, para desencadenar en la oratoria final del jesuita, fuertemente teológica, que puede echar para atrás a más de uno pero que, sin lugar a dudas, resulta impactante.
En la segunda parte ya nos encontramos en La Tierra. Egvertchi, el litiano traído por Ruiz-Sánchez, se ha hecho mayor y tiene claro que no es humano. En esta parte al autor se le va un poco la pinza, y puede resultar abstrusa y aburrida pues contiene la mayor carga filosófica e invita al recogimiento. En este sentido creo que es la obra con el carácter más prospectivo a la que me he enfrentado en los últimos años.
Esta segunda parte está, como digo, plagada de elementos para la reflexión.
Las guerras trajeron como resultado la creación de ciudades-refugio bajo tierra en las que los seres humanos viven hacinados, salvo unos pocos que viven en la superficie. Pasito a pasito, Blish nos hace ver el disgusto del ser humano por aquello que le rodea, y como cada vez hay un mayor descontento de la población, con casi dos tercios de la población odiando la sociedad en la que viven, algo que, a poco que observemos, no se aleja demasiado de la realidad actual (y no sólo a causa de la omnipresente crisis, sino con respecto a los valores generales que se impulsan e imponen en la edad contemporánea).
De la mano de Egvertchi profundizaremos también en el concepto del destino y la libertad de elección, así como en el caso de individuo, como ente solitario con capacidad para tomar sus propias decisiones.
Mientras que acompañaremos a Ruiz-Sánchez hacia el viaje herético que nos permitirá entender un poco más los conceptos de omnipotencia de dios y de defectibilidad del diablo, de forma claramente teórica pero comprensible.
Tendríamos también abierto el camino hacia la idea del hombre como elemento creador y destructor del universo, con la capacidad de disponer de cualquier otra raza o planeta de acuerdo a sus intereses particulares. Punto este que, leído entre líneas, encaja con el enunciado anterior y nos convierte también en dioses, acercándonos de nuevo a la herejía.
Pero sobe todo destacará el debate abierto con respecto a la perversión que la sociedad opera en el individuo. De la corrupción que ejerce sobre la misma, manipulándola y empequeñeciendo al individuo en aras de un bien colectivo común que, en realidad, no es más que mera superchería destructiva con el fin de adormecer a las masa y rodear de lujos a unos pocos. (Me temo que aquí estoy metiendo algo de mi vena más reaccionaria, pero me da lo mismo. Espero sabréis perdonarme).
Por tanto, esta segunda parte contiene la mayor carga de pensamiento y la llena de un fuerte sentimiento de trascendentalidad que resiste el tiempo, y que aflora a medida que va pasando el tiempo y se van recordando pasajes aleatorios de la novela.

En definitiva, una obra muy interesante, con claros altibajos y una segunda parte algo más aburrida y que decepciona según las expectativas creadas, pero que resulta atrevida y, por tanto, original entre la ficción especulativa y prospectiva. Una obra que va más allá del entretenimiento y que, en mi opinión, resulta mucho más brillante que la capacidad que el autor muestra para atrapar al lector.

domingo, 28 de abril de 2013

El vivo

 A pesar de que, como ya dije, me esperaba más de Una edad difícil, me gustó lo bastante como para seguir la pista a su autora, la rusa Anne Starobinets, y estar pendiente de sus próximos pasos. El vivo, su nuevo libro, deja los relatos de lado para centrarse en una distopía durísima y sin concesiones. Una novela que no podía dejar pasar.

Tras una época plagada de guerras, hambrunas y epidemias, conocida como La Gran Reducción, la humanidad quedó limitada a un número fijo: 3.000 millones de habitantes. Este número es mantenido constante por un nuevo ente, una nueva conciencia: el vivo, que por medio de un complejo sistema es capaz de almacenar los recuerdos y vida de las personas, y postergarla a lo largo de la historia por medio de una clave personal, lo que dota a los humanos de una suerte de inmortalidad.
   Pero todo empezará a cambiar cuando nace un ser humanos sin clave, conocido como Cero. Es algo inaudito, pues sus datos no están en la base y, por tanto, no se sabe de donde procede ni que misión tiene en la vida.

Lo primero que sorprende cuando avanzamos de lleno en El vivo, una vez pasada la extrañeza y sensación de originalidad, es la lejana proximidad de la ambientación. Lejana en el tiempo, parece que quedan eones para que esto se llegue a producir (si es que lo hace). Cercana por que, a poco que buceemos, todo tiene un claro reflejo en la realidad que vivimos. por otro lado, sorprende la evidente madurez en la prosa de Starobinets. Con un estilo fresco y directo Starobinets se convierte en una narradora enérgica, que crea una metáfora de los peligros que acechan a las generaciones actuales, ofreciéndonos una dura crítica que perturba por su cercanía ontogénica y pone los pelos de punta por su plausibilidad.
La novela se estructura como un conjunto de documentos y extractos de datos extraídos de la red, que dotan a la historia de un marco mucho más amplio y de diferentes puntos de vista pero que, en ocasiones, crean algo de confusión por la mezcolanza de variaciones temporales.

Son muchos los puntos tocados por la autora, a cual más interesante que, ahora, un par de meses tras su lectura, y evidenciando el continuo defecto de no tomar notas de lo que leo, corren el riesgo de perderse sin ser comentados. Intentaré rescatar la mayor parte de mi memoria y que la pérdida sea la menor posible.
Por un lado tenemos el tema que yo creo mas llamará la atención de cualquier lector: la Pausa.
Un término empleado para indicar los cinco segundos de oscuridad en que una persona deja de vivir para convertirse en otra. Un eufemismo de la muerte para una inmortalidad que, a la larga, descubriremos que no es tal y como parece, ni tan bonita ni tan utópica, y que invita a reflexionar duramente hacia los conceptos de utilidad del ser humano y de la manipulación del mismo por parte del sistema.
En este sentido me recordó a La fuga de Logan, pues los individuos son invitados a abandonar la antigua vida y finalmente obligados a ello si por su propia cuenta no han accedido.
La Pausa, por tanto, no es sino el lapso de tiempo que transcurre entre una encarnación y la siguiente. Encarnación asegurada por la información contenida en una base de datos mundial que proporcional al nuevo individuo los conocimientos del anterior, de acuerdo con una clave establecida que posee cada individuo y que nos lleva a pensar en el destino y el libre albedrío, en la libertad de opción del individuo o de la utilidad para la maquinaria.
Por otro lado, nos encontramos con una feroz crítica a los avances tecnológicos que producen una alienación del individuo y lo convierte en un ente social de forma virtual, que no de facto, pues todo ser humano está conectado sinapticamente a una red social de escala mundialmente obligatoria llamada El socio, y que permite lecturas a diferentes niveles según el rato jerárquico en la sociedad. El socio controla el nivel de stress y entretenimiento de las masas por medio de programas de visionado obligatorio, al tiempo que se conecta automáticamente si se ha desconectado durante más de media hora.
Estos dos puntos crean un estado máximo de deshumanización en el que el individuo pierde el respeto por sus semejantes y en el que todo es apersonal, a riesgo de ser tachado de reaccionario por mostrar apego a un pariente.
Esto nos aboca a una civilización en la que el anciano sobra; el infante toma el poder en cuanto alcanza la edad de acceso a los datos de vida anteriores; en el que a los individuos discordantes se los encierra de por vida (y cuando digo de por vida, me refiero a eternamente, generación tras generación), ya que se constituye el juicio de culpabilidad por defecto y, por tanto, serás culpable de todo lo que hicieron tus encarnaciones anteriores; donde el control de la natalidad se liga a la pausa; donde las personalidades peligrosas se miden y catalogan de acuerdo a teóricos test de empatía; donde todo el mundo es feliz, pero cada vez hay más descontento.
Y de esta forma, llegamos a la tercera parte, en la que el protagonista, Cero, ha dejado de ser un ciudadano anónimo para ser alguien de mayor importancia. Será en este tramo en el que terminaremos de descubrir la verdad del sistema, el porqué de todo, y donde nos sumergiremos por completo en la miseria del ser humano, en los recovecos más oscuros del individuo; aquellos fragmentos  putrefactos del alma que se esconden pero de los que con total hipocresía somos conscientes. 
He querido ver aquí la pluma de los clásicos rusos, en especial la del Maestro Dostoievski, en este escarbar sórdido en el interior del ser humano que hace Starobinets.

Nos encontramos, por tanto, ante un clarísimo ejemplo de como la utopía deviene en distopía, y de como el máximo grado de perfección imaginado transporta consigo una serie de consecuencias que pervierten el orden natural convirtiéndolas en malsanas, o perfectas tan sólo para una minoría.

En último lugar, y por ponerle algún pero a la novela, el punto más negativo lo sitúo en el uso de las tecnologías. En un mundo tan avanzado científica y tecnológicamente, se me hace muy difícil creer que los sistemas de comunicaciones sean tan simples y rudimentarios como lo son hoy día: que haya conversarciones por chat y mensajes de correo electrónico con el formato de hoy día y, por añadidura, que la jerga utilizada sea tan parecida a la de ahora, basada en la economía de letras y el argot informático.

En definitiva, una obra esplendida, que da muchísimo más de sí de lo que queda remarcado en esta humilde reseña que ha pretendido levantar pocos spoilers. Una novela que recomiendo sin dudarlo. Tal vez estemos ante una obra conceptualmente conocida, con todos los componentes de una distopía al uso, pero que hará las delicias de los aficionados al género y que, a pesar de todo, resulta muy original en su clase.

Y, en este punto, alguien puede decir: "¿y entonces Cero? ¿Qué pasa con él? No has contado nada."
Es cierto, no he contado nada. Cero es el porqué, el principio y el final de todo. Si quieres conocerlo, adéntrate en el vivo. Este libro no es apto para todos los públicos pero, si llegas al final, saldrás cambiado. Prometido.

martes, 2 de abril de 2013

Últimos días en el puesto del Este

Me llamó la atención el libro de Cristina Fallarás, pues parecía una distopía dura y al mismo tiempo contenida en pocas páginas. Debo ser de los pocos que no conocía de nada a la autora, ni en su faceta literaria ni en ninguna otra, pero el aspecto psicológico y de misterio que ofrecía la sinopsis del libro, y el hecho de haber sido editada por Salto de Página (editorial que me gusta bastante), decantaron la balanza a su favor.

Un grupo de personas permanece recluido en una casa. Resisten a los fundamentalistas que han tomado el control del mundo y han acabado con el orden establecido. Esperan el regreso del capitán, el líder, que ha salido ha buscar ayuda. En la casa permanece "la polaca" y sus hijos. La polaca, mujer del capitán tiene enemigos dentro y fuera de la casa y, a través de su diario, nos contará los últimos días del mundo que conocemos.

Con un lenguaje sobrio, contenido, en ocasiones poético, pero siempre sencillo a la vez que cuidado, Cristina Fallarás nos hace recorrer las páginas del diario de la polaca. Diario que narra los últimos 10 días. A través de esas páginas seremos conscientes de la tensa situación en la que se encuentran las personas acantonadas en la casa; de como el fundamentalismo religioso dio un golpe de mano y se hizo con el poder; de como la economía se vino abajo y el hombre retrocedió de golpe una era.

Sinceramente, me esperaba otra cosa. ¿Por qué? Porque la historia es muy buena. La prosa de Fallarás es igualmente buena y es capaz de hacernos partícipes de la situación y de la presión psicológica subyacente, pero este caos, este acabose, se muestra en un segundo plano, siempre detrás de los sentimientos de la polaca que, a mi juicio, queda reflejada como una mujer que en sus últimos días vive obsesionada por el sexo. recuerda con vehemencia y anhelo el sexo que creyó amor con su amante; el triángulo formado por su marido, su amante y el que la deseaba, hasta un punto en que resulta insoportable para la corta extensión de la novela. En mi humilde opinión, la efusividad de los sentimientos amoroso/sexuales de la polaca desvirtúa y esconde la verdadera historia, los hechos que ensombrecen el alma y que forman la distopía que esperaba leer. Tal vez sea esa la verdadera historia y no los acontecimientos que han desencadenado en un mundo sombrío y desfigurado. Tal vez fuese esa la historia que la autora quería contar. No era la historia que yo quería leer.
Con todo esto, en mi caso, no ha conseguido sino que no me importe en lo más mínimo la historia de la polaca, que su fin me haya importado un carajo y que haya lamentado que no sucediese antes para ver si otra persona retomaba la narración. Otra persona que se centrase mucho más en la historia en lugar de en el amor. Amor, sí porque, al final, la ambientación que rodea la casa no es más que un escaparate que rodea una historia de amor. Una buena historia de amor y sexo, es cierto. Una historia de amor que, unida a la ambientación, ofrece momentos de reflexión y una visión introspectiva algo atípica para la situación, que resulta original pero que, vuelvo a decir, no es lo que yo quería leer.
Si no hubiese sido cortita y hubiese estado tan bien escrita, probablemente hubiese abandonado la novela, pues la orientación feminista y  centrada en el amor/sexo, según quien lo mire, no me ha hecho empatizar, como ya he dicho, con la protagonista, y tan sólo sus hijos, me han provocado cierta pena, como suele ocurrirme con los inocentes sobre los que se puede disponer y decidir libremente.

Tengo claro que es una buena historia. Un buen cuento. Pero a mi no me ha gustado lo suficiente ( o no he sabido apreciarlo. Que otros lectores lo juzguen).
en resumen, no me atrevo a recomendarla. Desde luego es una experiencia diferente y original pero, en mi caso, me ha dejado indiferente.

domingo, 24 de febrero de 2013

La pulga de acero


Cuando pienso en literatura rusa la cabeza siempre me orienta hacia dos direcciones: grandes clásicos y Nevsky Prospects pero, hay veces que entre los clásicos existen algunos muy poco conocidos por estos lares, aunque no por ello dejan de ser grandes y, en ocasiones, pese a que Nevsky sea el abanderado del genero ruso en este país, surgen maravillas en otras editoriales.  Todo este rollo es para hablar de Nikolai Leskoy y su La pulga de acero, y de la editorial Impedimenta, que ha tenido el tino y el buen gusto de editarlo.

Durante un viaje a Gran Bretaña, el zar Alejandro es agasajado con un regalo sorprendente: un autómata diminuto. Una pulga de acero capaz de danzar al darle cuerda. El zar queda maravillado pero un lord cosaco que lo acompaña, Platov,  de la opinión de que no existen mejores artesanos que los rusos, se empeña en llevarlo de viaje para demostrárselo. El zar Alejandro morirá sin quedar convencido.
Platov propondrá la misma idea al zar Nicolás. Éste, de la misma opinión que el cosaco del Don se ilusionará ante la idea de poder derrotar en ingenio y arte a los ingleses, para lo que encargará al cosaco que busque el mejor artesano ruso. Su búsqueda lo llevará hasta el zurdo de Tula, el cual, realizará un grabado sobre la misma pulga.
El artesano ruso será enviado a Inglaterra para mostrar su proeza y tendrá que utilizar toda su diplomacia y astucia para salir airoso del encuentro.

Un relato maravilloso. Leskov nos describe en clave de fábula una historia cuasi fantástica que encierra reflejos de El traje invisible del emperador, al tiempo que ofrece una lectura muy agradable pero cáustica y mordaz para los tiempos en que fue escrita.
Esta causticidad se refleja en la ambigua crítica ofrecida por el autor. Podemos considerarla como una dura crítica hacia el cerrado sistema soviético, que imponía el enclaustramiento del país y no dejaba lugar a la libre competencia o, por el contrario, como un ensalzamiento de lo ruso, del buen hacer de un pueblo que se supo sobreponer a las adversidades y salir adelante sin la ayuda de nadie.
Es pues, un cuento que invita a la reflexión pero, una reflexión libre de vivirla, quiero decir, el cuento se puede disfrutar sin más, como una deliciosa fábula que nos hará pasar un buen rato y nos arrancará más de una sonrisa y alzamientos de pestañas.

No había leído nada de Leskov pero se puede decir que como cuentista es, o era, impagable. Con un estilo franco y directo; sencillo y fácil de leer pero no exento de complejidad pues debía ser capaz de crear una historia hermosa dentro de una crítica velada que atravesase la censura. Por otro lado, no se limitó a escribir sin más. Para aumentar el grado de ironía patente en el cuento, ideó nuevos vocablos provenientes de la fusión de otros. Imagino la dificultad añadida que esto habrá supuesto para la traductora, en favor de la cual hay que decir que hace un buen trabajo.

En mi opinión se trata de un cuento bien escrito que auna fantasía, ciencia ficción, humor y un cierto trasfondo histórico. Un cuento que ha trascendido el tiempo y que sigue vigente en nuestros días
Un cuento delicioso al que no hace honor la extensión de la reseña pero que os invito y ánimo a leer y disfrutar.
La excelente edición, como siempre, de Impedimenta no hace sino aumentar el valor de esta joya.

sábado, 5 de enero de 2013

El cementerio de barcos


 La que tenía prevista fuese la última entrada del 2012 ha acabado convirtiéndose, por diversos problemas que me han acuciado últimamente, en la primera del 2013. Bueno, no hay mal que por bien no venga, ya que mi intención era cerrar el año con una novela importante del 2012 pero tampoco pasa nada por reseñarla la primera del nuevo año.

Bacigalupi vuelve a sumergirnos en el post-apocalíptico mundo de La chica mecánica (o eso creo), pero esta vez retratando una zona diferente, lo que otrora fuera el golfo de México donde, merced al calentamiento global, las aguas han subido lo suficiente como para inundar las ciudades.

En esta ocasión nos encontraremos con Nailer y Pima (entre otros). Dos muchachos que viven en la playa. En una zona donde tras las inundaciones, las ciudades han quedado sumergidas, creando arrecifes artificiales donde los barcos quedan encallados con facilidad. Esto, unido a la escasez de combustibles fósiles ha ocasionado el que en dicha zona se hayan creado cuadrillas especiales cuya única misión y forma de supervivencia, es la obtención de utensilios de dichos barcos con el fin de venderlos a las grandes multinacionales. Cobre, plomo, hierro, chatarra en general y, muy ocasionalmente, algo de petróleo son las mercaderías que los permite seguir viviendo.
Sin embargo, la suerte los sorprenderá al descubrir un barco. Un veloz clipper con un gran botín que los haría ricos, si no fuese por la muchacha aún viva a bordo del barco. Es el momento de jugárselo todo: si la matan se harán ricos, si la dejan vivir y la ayudan a regresar con los suyos, les esperará una aventura por delante que, quizás, consiga salvarlos de la mísera vida diaria.

Estamos de nuevo en el distópico futuro de su anterior novela pero en una zona distinta del planeta. La costa del golfo de México. Una zona muchos más pobre que la anterior y donde se aprecian diferencias significativas. Aquí no veremos neoseres, ni ningún tipo de tecnología superior. No oiremos hablar de ninguna de las compañías alimentarias que controlan el mundo. Parecemos estar en un lugar diferente, donde se ha producido un cataclismo y la gente lucha por sobrevivir recogiendo chatarra para vender a otras multinacionales, o vendiendo su propia sangre a cambio de algo de dinero, y con una evolución de las drogas líquidas a la que es fácil ceder cuando estás al límite.
No veremos grandes ciudades, sino chabolas en medio de una playa. No oiremos hablar de religiones, de grupos organizados, ni de espionaje industrial; tan sólo de personas corrientes y molientes que compiten entre ellos mismos para sobrevivir. Donde nadie cuida de nadie y siempre gana el más fuerte.
No veremos energía motriz humana para mover mecanismos, sino que veremos barcos que se desplazan a gran velocidad, de barcos encallados con bolsas almacenadas de petróleo y de trenes de alta velocidad y, al respecto he de decir, que me ha resultado confuso teniendo en cuenta que nos encontramos en un mundo con los combustibles fósiles prácticamente agotados. es lógico entender que las pocas reservas disponibles estén en posesión de grandes empresas pero no me ha resultado demasiado creíble.

Estamos ante una novela más ágil que la anterior. Con una lectura más asequible, tal vez con un cariz más juvenil. Sin los parones que producían la política y la complejidad global de La chica mecánica (LCM a partir de ahora). Una lectura más ágil digo, pero en mi opinión, la de Bacigalupi es una narrativa lenta. Como me sucedió con LCM, me dio la impresión de que al leer a Bacigalupi, las escenas transcurren despacio, parece no suceder nada, de tal modo que te mantienes alerta, pendiente del momento en que se desencadene la acción. Una acción, como tal, que es potente en su concepto, pero descafeinada en narrativa pues también transcurre sosegadamente por efectista que hubiera podido ser con otro autor. Parece como si Bacigalupi dosificase palabras y escenas para que queden grabadas en la mente no como un rápido flash, sino como un escenario de 360 grados. Aquello de ver el bosque a través de los árboles.
Pero es que, en realidad, dicha acción es toda la novela. Cada detalle próximo a los personajes o lejano en la geografía, completa una serie de datos que consiguen crear una imagen clara del mundo y sus interrelaciones, por lo que el mero hecho de respirar un día más, se convierte en un acto heroico. Y es este uno de los aspectos que más me gusta de Paolo Bacigalupi: su creatividad al definir un mundo distópico de forma tan realista y creíble, pues creanme que lo es; pero también el hecho de querer transmitir una idea en sus novelas. Ideas que son capaces de despertar sentimientos y otras ideas en cadena, que se despliegan cual racimo y nos permiten ver el conjunto como algo grande, opresivo, fatal, plausible y muy original.

Los personajes de la novela resultan menos complejos que en LCM pero están bien desarrollados y aportan un punto de ética, supervivencia, y violencia necesarias para hacer que el lento conjunto esté bien engrasado sobre el personaje único y demoledor que es la ambientación. Tal vez chirría un poco algunos de los momentos del propio Nailer. Quiero decir que es muy creíble tener sentimientos tan encontrados entre la moral personal y el propio instinto de supervivencia, así como entre este último y las relaciones familiares cuando la vida es tan dura, pero hay algún momento donde, pese a resultar creíble, no me ha parecido bien desarrollado y me ha costado entrar en la mente del protagonista de modo convincente.

En general el cementerio de barcos es una novela bastante alejada, en cuanto a estética y trama, de LCM. El ambiente de industrialización, hambruna y religión queda aquí sustituido por la lucha por sobrevivir y por lejanas empresas casi legendarias. Y el sentido policíaco-persecutorio de LCM queda aquí minorizado por una huida en tren en la que "los malos" simplemente aparecen en destino, y por una persecución en barco que no me ha convencido en cuanto a abordajes se refiere.
Aun así es patente el claro mensaje ecologista y de crítica política y social de la novela.

En definitiva, es una buena novela que gustará si gustó la anterior, pero no si lo que se busca es adrenalina o un mayor pesimismo al tratarse de una distopía.
Por mi parte, me encanta el futuro ideado por Bacigalupi y continuaré leyéndolo siempre que pueda.
Esperemos que su colección de relatos Pump six & other stories no tarde demasiado en ser publicado en castellano.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Prospectivas. Antología del cuento de Ciencia Ficción español actual

 Como he dicho varias veces, de un tiempo a esta parte me apetece mucho leer cuentos. Pero necesito también cierto grado de fantasía, así que la antología editada hace poco por Salto de Página que da título a esta entrada me pareció perfecta. Cuentos de españoles, prospectivos, es decir, con un toque de especulación que permita la reflexión, con el toque necesario de fantástico y, sobre todo, que me hagan pasar un buen rato.
La antología está compuesta por 18 cuentos. Tan sólo dos de ellos inéditos. Es probable que no despierte el interés deseado, ya que casi todos los cuentos están recogidos en algún que otro libro o colección pero, en mi caso, que tan sólo había leído dos de ellos, me ha encantado y, por otro lado, me parece una oportunidad estupenda para tenerlos todos en un único volumen.

Para empezar nos encontramos con un prólogo a cargo de Fernando Ángel Moreno acercándonos un poco a la teoría de la ciencia ficción y a su historia aquí en España. En mi opinión, tan bueno como el mejor de los cuentos de esta colección.
Como siempre suelo hacer haré una breve exposición de los cuentos aquí recogidos con la salvedad de el rebaño y Brigada Diógenes, los cuales ya comenté en su momento, así que para no alargarme demasiado en estos dos cuentos simplemente indicaré la reseña donde están recogidos en este blog.

* El rebaño, de Cesar Mallorquí: Aquí. Leí este cuento hace un par de años y, tiempo después, reconozco que me ha gustado aún más que la primera vez.
* La estrella, de Elia Barceló: Un grupo explorador de Nueva Tierra aterriza en el planeta Terra (la antigua Tierra) para observar lo que queda tras un milenio de su destrucción. Allí se encontrarán con lo que no esperan. ¿Aún existe vida? o ¿es todo una alucinación? Un cuento que pone en la palestra la filosofía de la teoría del Punto Omega, que profetiza (como tantos otros) la destrucción del planeta por el hombre, que habla del fanatismo del ser humano y de una grandísima belleza lírica.
* Mein Führer, de Rafael Marín: El asesinato de Hitler cambiará la historia conocida, lo que desencadenará una concatenación de viajes en el tiempo, a ese instante de la historia. Un cuento lleno de guiños culturales y con una estereotipación de los movimientos radicales que despierta la sonrisa.
* Besos de alacrán, de León Arsenal: Cuando las alienigenas de la raza Caravenig quedan embarazadas, matan a sus machos. De esto nos enteraremos cuando un joven colono humano llega a una base espacial solicitando ayuda contra su esposa extraterrestre. Un cuento de contacto xenofilo que es una auténtica gozada psicológica.
* Todo lo que un hombre puede imaginar, de Juan Miguel Aguilera: Un Jules Verne anciano, cansado de la vida, recibe la visita de un misterioso joven que pretende recordarle lo maravilloso de la vida. Un cuento sobre la teoría del Punto Omega con el mismísimo Pierre Teilhard de Chardin.
* Arcan, de Manuel Vilas: En el año 2198 regresa a la tierra el Arcángel San Gabriel y quiere entrevistarse con Elegidos, Radiantes, Poetas y Médiums, las nuevas élites espirituales que dominan la Tierra. Metaficción que no me ha gustado. ¿Pretende ser gracioso? A mi no me la ha hecho, pero yo soy yo, claro.
* La carretera, de Rodolfo Martínez: Una compañía selecciona entre gente falta de cordura, personal para explorar el recientemente descubierto planeta Blueyiey (creo que se escribe así, ahora mismo no lo recuerdo). Entre las normas se encuentra la de no salirse jamás de la carretera, pase lo que pase.
* Dragones en el centro, de Joaquín Revuelta: Un equipo de exploración galáctica aterriza su nave en una taberna perdida en el espacio-tiempo. Taberna donde en una ocasión uno de sus miembros quedo atrapado sin remisión en un bucle infinito entre dos realidades. Un cuento hard que juega con las p-branas de la teoría de cuerdas.
* Enseñando a un marciano, de Daniel Mares: David, único superviviente del genocidio humano debe enseñar a los extraterrestres causantes del mismo la tecnología terrestre. Descubrirán que la imaginación humana nos convierte, al menos a David, en una raza superior. Muy en la línea de Douglas Adams y su autoestopista galáctico.
* Patrick Hannahan y las guerras secretas, de Eduardo Vaquerizo: La construcción de una supermáquina de procesamiento de datos y la supermente relacional de un hombre se unen para crear una mega obra de potente contenido metafísico capaz de acabar con las guerras metaliterarias de las grandes potencias de la guerra fría.
* Tren, de Julian Díez: Rafa García es el único superviviente de un atentado terrorista. Ha sido cronosalvado por la brigada de cronoajustes, que opera 12 años en el futuro. Este hecho lo convertirá en famoso en dicho futuro, pero ¿tal vez su vida anterior habría sido mejor, incluso muriendo?
* El olor profundo de la tierra, de Juan Antonio Fernández Madrigal: Tras el fin de las bolsas de petróleo, las mafias rusas implantan chips específicos en los bebes con la esperanza de que en unos pocos años consigan oler el crudo remanente en pequeños pozos.
* Días de otoño, de Santiago Eximeno: Un anciano hace repaso a su vida mientras intenta conseguir el vale que lo enviará a las nuevas colonias en el transbordador espacial.
* Brigada Diógenes, de Juan Jacinto Muñoz Rengel: Aquí.
* Poetik GmbH, de Carlos Pavón: Para evitar el dolor por la pérdida de su madre, un hombre decide someterse aun proceso que la hará desaparecer de su vida para siempre. Pese a querer ofrecernos un relato con bases extremadamente científicas me ha parecido el cuento menos creíble de todos por eso mismo.
* Últimas páginas de una biografía, de Roberto Bartual: Ucronía en la que dos importantísimos personajes de la primera mitad de siglo intercambian sus papeles históricos.
* El extraño, de Matías Candeira: Un hombre sufre una transformación monstruosa al ser mordido por un insecto mutante. El dilema surgirá cuando comprueba que se le quiere y respeta más con este monstruoso físico que con el anterior.
* Neo Tokyo blues, de José Ramón Vázquez: En una escuela de Tokyo se adiestra a un grupo de muchachas que serán la élite intelectual y militar del país. Un proyecto científico experimental con un presupuesto incalculable. Cuando el profesor de las muchachas entabla relación con una de ellas el programa es puesto en evidencia.

Nos encontramos con una magnífica selección de relatos que toca, prácticamente, todos los temas de la ciencia ficción especulativa. Se observa una clara predominancia distópica, comprensible si se tiene en cuenta el rumbo de la humanidad y la posibilidad de plantear escenarios prospectivos al respecto, pero no se echa falta la ucronía, el thriller futurista, las aventuras, el hard o la sátira.
En algunos casos, las lecturas obtenidas son bastante dolientes y, a mi parecer, enriquecedoras, como en el caso de El rebaño, Tren, Todo lo que un hombre pudiera desear o, El extraño.
En otras, a pesar de la reflexión inherente, prima la diversión, como en el caso de Enseñando a un marciano, Besos de alacrán, Mein Führer o Neo tokyo blues.
Hay algunos cuentos que, a mi modo de ver, entran con calzador en esta selección de relatos, como Arcan, demasiado mística-pop para mi gusto, o Poetik GmbH, quizás el más increíble de todos, pues aporta una terminología científica muy selectiva y experta, pero unos procedimientos y una utilización de los mismos impensables, incluso con los recientes y meteóricos avances en genómica actuales.  
Destaco, por tanto, El rebaño, La estrella y Tren, como los tres que más me han gustado. Y, Arcan, Poetik GmbH y Patrick Hannahan como los que menos.

   En general se trata de una colección imprescindible que aguantará muchas lecturas y, me da la impresión, de que resistirá muy dignamente el paso del tiempo. Altamente recomendable para los amantes de la ciencia ficción. Visto lo visto, ya me he hecho con las otras dos antologías de Salto de Página: Perturbaciones y Aquelarre.

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