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martes, 18 de noviembre de 2014

El unicornio

El unicornio es el primer libro que leo de Iris Murdoch. Guiado por la sinopsis de contraportada, la cual me indujo a pensar que me encontraría ante una bella historia gótica de misterio fantasmal (a día de hoy, no sé en que parte del texto resumen fui capaz de entrever esto). No ha sido así y, si bien he de decir que está maravillosamente escrito, desde luego no ha sido lo que esperaba.

Una joven institutriz cuyo futuro laboral ve un tanto incierto, y que alberga cierta frustración en el terreno sentimental, decide aceptar una oferta de trabajo.
El puesto la sitúa en un paraje solitario en la costa inglesa. En una zona que, según los mapas, parece alejado de todo y abandonado en el tiempo. Pese a todo, la oferta le parece una oportunidad que no puede rechazar. Tal vez le aporte una experiencia profesional insustituible, y la separación de su pareja, la ayude a centrar su vida y fijar sus prioridades. Lo único que no sospecha es que su alumnado no será infantil, sino la propia señora de la mansión.

La soltura narrativa de Iris Murdoch me ha dejado patidifuso. Nos encontramos ante un estilo, limpio, completamente transparente, que nos lleva en volandas de una frase a la siguiente; muy sencillo de leer, pero que encierra una gran calidad estética. En cada palabra se aprecia que Murdoch era una escritora perfeccionista que no pegaba puntada sin hilo. Pese a ser tremendamente ágil, se observa una clara tendencia a la elegancia y a la corrección formal.
Al principio de la novela parece entreverse un cierto aire de misterio que lo hace interesante en su contenido. El misterio que encierra a Hannah nos hace creer en algún aspecto gótico pero, en poco tiempo, esto se aleja de nuestra mente al percibir que el misterio en cuestión no es otro que una historia de amor y violencia marital. Tal vez, como consecuencia de infidelidades y celos o, tal vez (y también) por causa de tratarse de un matrimonio inglés cerrado y clasista que debe mantener las apariencias y ceñirse a estrictas normas incomprensibles para la gente normal.

A pesar de esta trama que, ya digo, no es la que esperaba, la novela gana mucha fuerza en el terreno descriptivo. Nos hallamos ante una novela de personajes, de profunda fuerza y que atraen hacia sí toda la carga narrativa, por encima de los devenires de la historia.
Todos los personajes, sin excepción, presentan una fuerza arrolladora, e incluso los que aparecen tan sólo mencionados allende los mares, son capaces de despertar emociones. Dependiendo de la experiencia de cada cual, empatizaremos más con uno u otro, amaremos u odiaremos más a éste o a aquella pero, me atrevo a aventurar que difícil será si los sentimos tal y como Murdoch los pensó, pues nos encontramos ante una doble realidad. Aquella a la que juegan los personajes haciendo que la escena siempre esté entreverada, con las frases a medio decir y las imágenes a medio mostrar, que consiguen el efecto de mantener la tensión constante; y aquella otra, metafórica, en la que la tensión, las emociones, los miedos, el mundo exterior y el sentido de la culpa narran la verdadera historia que subyace bajo la trama, pues me he visto ante una novela de una potente carga simbólica en la que la expiación de los pecados, el sentimiento de culpa, es capaz de nublar el juicio del ser humano, obsesionándolo consigo mismo y encerrándolo en un miedo eterno al exterior. Un miedo que crea un mundo insólito y particular. Extraño, pero hermoso a la vez.
No puedo olvidar mencionar el castillo de Gaze. Ese castillo que se alza imperturbable sobre las personas como un avatar ominoso y guardan de los secretos en los que se desarrolla toda la novela. De nuevo, y como sucede en la novelas en las que la descripción del entorno y el ambiente generado priman sobre la aventura y la acción, el castillo se convierte en un personaje más, que dota de sentido la existencia de Hannah y la novela.

En definitiva, otra novela que recomendar de Impedimenta. Una más de tantas. Reconozco que tal vez me haya defraudado un poquito en lo que esperaba, pero su lectura ha resultado altamente satisfactoria y no puedo sino alabar el estilo de Iris Murdoch, quien me ha parecido una autora de una brillante inteligencia y una pluma exquisita.

domingo, 1 de junio de 2014

La sombra fuera del tiempo

Lovecraft siempre ha sido uno de mis autores favoritos. Así que cuando me enteré de que Nevsky Prospects iba a reeditar una de sus más importantes obras y, no sólo eso, sino que la iba a revisitar con una nueva traducción a cargo de Jon Bilbao, no pude menos que saltar de ansiedad por leerlo y solicité un ejemplar de cortesía a la editorial. Ejemplar que debía, como es lógico, reseñar en un margen prudencial de tiempo pero que por diversos motivos, que no tengo ganas de volver a reproducir aquí, no hice, y desde aquí lanzo mi sincera disculpa a la editorial. 
Pero bueno, vamos al lo que vamos, mi opinión al respecto.

Nathaniel Wingate Peaslee lleva una vida tranquila como profesor d economía política en la Universidad de Miskatonic, Arkham hasta que un día sufre un extraño colapso en mitad d runa lección magistral…
Su vida da un giro de 360 grados, todo se transforma: sus intereses, su personalidad, e incluso su apariencia externa. Abrumado por visiones que no comprende, Peaslee recorre el mundo en su esfuerzo por desentrañar un horror primigenio que le abruma, aunque no entienda el porqué, perdiendo a su familia, sus amigos y su trabajo. Al cabo de cinco años "despierta" sin recordar nada. El viaje vuelve a iniciarse, esta vez para comprender quién o qué ha sido...

Recuerdo que leía todo lo que podía de Lovecraft en mis años de rolero, mis años mozos. Por aquel entonces me fascinaba, y memorizaba pasajes completos. Poco a poco lo fui dejando aparcado para dedicare a muchos otros autores, pero siempre estaba ahí, oculto en la recámara de mi cerebro, como el regusto de un buen vino que cuesta olvidar.
Volví al genio de Providence el año pasado, 15 años después. Emocionado y con un recuerdo maravilloso en la memoria pero, como me harto de decir, la memoria es plástica y juega malas pasadas. 15 años después, el autor del culto de Cthulhu no ha supuesto lo que esperaba, y me ha dejado un poso como el de la salsa agridulce en los rollitos de primavera.
En mi mente era mucho más benévolo y recordaba estos libros como una mezcla de misterios y vaporoso terror onírico con muchos retazos poéticos que me ponían la carne de gallina. Ahora, mi visión es, tal vez, más crítica, menos romántica que la de entonces y, pese a la fabulosa y nueva traducción de Bilbao, no he podido dejar de fijarme en el pobre estilo del de Providence, lleno de frases vulgarmente compuestas, de la cargada sobreadjetivación y, en este caso, y a pesar de las bondades del texto, en la falta de interés que me producía la historia de Peaslee, en lo soporífero que me ha parecido el intento de explicación científica por parte del protagonista. En estos momentos y, si no hubiese leído ningún otro libro suyo, lo compararía con autores que en este blog he criticado por su pobre estilo y he aducido que no volvería a leerlos. Afortunadamente, no es así, he leído mucho más de su bibliografía y no voy a tirarlo todo por la borda.
Por otro lado, no pretendo desanimar a nadie y, de hecho, considero que es un libro altamente recomendable para acercarse al autor. No es el que yo más recomendaría, es cierto que me decantaría más por El horror de Dunwich o La sombra sobre Innsmouth, pero si que es muy interesante, pues se trata de un relato corto, fácil de leer y con una de las mayores cargas oníricas de todo su corpus literario, amén de tratarse de una de las obras cardinales en cuanto a la cosmogonía primigenia se refiere, ya que podemos vislumbrar a la Gran raza de Yith como el germen que desatará toda la posterior subcultura lovecraftiana.
La historia, por otro lado, resulta más que interesante, pero la narración de Peaslee resulta tan apasionada en su contenido como soporífera en su desarrollo. En mi opinión, claro.
Aun así me he encontrado con algún que otro momento de bella factura y he podido disfrutar del onirismo expelido por los pasajes en el plano Yith, que considero de lo mejor de la obra junto con el argumento de la misma.

Es necesario hacer notar el buen trabajo de la editorial en cuanto a maquinación y diseño, altamente atractivo, y de la nueva traducción a cargo de Jon Bilbao quien, como cuenta en el prólogo, ha tratado de acercarla al lector actual, modernizándola y evitando barroquismos, arcaicismos y cierta sobreadjetivación del autor, trabajo éste harto complicado, me temo.
El resultado, a mi modo de ver, es una traducción fresca, cercana y muy correcta que facilita la lectura y  ameniza una novela ya de por si lenta.

La sombra fuera del tiempo se trata por tanto de una obra que recomendaría a todos aquellos que se quieran acercar a la obra del autor y también, por que no, a aquellos que, no como yo, no lo endiosaron y volvieron mucho tiempo después con un recuerdo romántico y, tal vez, infiel.

En el tiempo que ha pasado desde que fue reeditado y hoy mismo, he leído montones de reseñas acerca de esta nueva traducción de Jon Bilbao, no he encontrado ni una sola reseña negativa acerca de la novela y, en todas ellas, se alababa a H. P. Lovecraft. Entiendo que más de uno no estará ni remotamente de acuerdo con mi reseña, incluida la propia editorial pero, que puedo decir, no puedo aplaudir a raudales algo que no me ha satisfecho, por un motivo u otro. Tal vez, cuando relea El caso de Charles Dexter Ward o En las montañas de la locura vuelva a alabar al autor, o tal vez no, quien sabe.
A pesar de todo, siento que debo disculparme con la editorial por tardar más de seis meses en ofrecer mi opinión acerca de un libro que me han ofrecido gratuitamente, pero sólo por esto.

lunes, 18 de noviembre de 2013

El baile de los secretos

Hace un par de años, cuando AJEC lanzó su primera petición de ayuda ante el mal momento que atravesaba la editorial y que, desgraciadamente, acabó de la peor forma posible, decidí colaborar en lo que pudiera. Así, que me hice con varios libros de golpe, entre ellos el que da título a esta reseña. Esta urgencia económica me facilitó el adquirir este libro, al que tenía ganas, un poquito más barato. En principio se trataba de un libro que narraba una historia fantástica desde la perspectiva de una partida rolera. Sumando mi pasión lectora a mi antigua pasión lúdica, que vuelvo poco a poco a redescubrir, no podía tratarse de una mala novela, a mi entender. Desde ya, digo que me he pegado una hostia estrepitosa.

La ciudad de Mandressla ha sufrido el ataque de una horda de monstruos que está sumiendo la ciudad en el caos. La única opción de salvarla la tienen en sus manos los jugadores de rol que recrean la partida.

Obviamente esta sinopsis no se parece en nada a la que reza la contraportada, pero se acerca mucho a lo que yo he visto y que realmente no sé como explicar mejor, pues no me he enterado de la misa a la media de la novela.
Lo siento, pero no he sabido encontrarle puntos positivos a esta novela. Esperaba tanto... y me ha aburrido tanto... que no puedo decir nada bueno.  Sí, ya sé que prometí no escribir más reseñas sobre libros que no me hubiesen gustado, y mucho menos escribir críticas destroyer pero, en este caso, me he sentido tan, tan decepcionado que me apetece mucho contar el porqué.

Desde el principio se observa que Jesús Cañadas es un autor que gusta de preciosismos y que prefiere una prosa en la que predomina la lírica frente a la fluidez, abusando de figuras retóricas hasta el punto de resultar excesivamente densa y barroca. A mi modo de ver, esto hace que, ya desde el principio, la narración se convierta en lenta y compleja.
Por otro lado, la conjunción del paso entre ambos mundos, el real y el lúdico, por muy real que este sea también, no está bien logrado y, en ocasiones, se confunden los personajes de uno y otro lado, al ser difícil distinguir al jugador con su correspondiente alter-ego.
Y es que la propia historia en sí es una gigantesca metáfora del desamor y el despecho. Cañadas construye, por medio del narrador de juego (que ya no recuerdo ni su nombre) un mundo completo en que cada uno de los males o pecados relacionados con el amor encuentran su versión antropológica, creando un bestiario realmente rico pero difícil de imaginar.
Así, toda la novela no es más que una historia de amor fallida llevada a un extremo surrealista y malsano en el que un personaje real busca vengarse de su ex-novia a través de personajes ficticios y de una historia inventada.
Sin embargo, estos dos mundos podemos entender que se mezclarán realmente (que cada uno lo entienda como quiera, yo no lo tengo del todo claro, para que os voy a engañar) de una forma que, como he dicho antes, no resulta bien cerrada y cuesta comprender la implicación holística de los personajes principales en el devenir de Mandressla y, a mi en particular, ha terminado por resultarme un galimatías indescifrable.

Por otro lado, tampoco he encontrado muy creíble la escenificación rolera. En ningún momento me he sentido identificado con que se tratase de una verdadera partida de rol. Ojalá me hubiese encontrado en alguna ocasión con un DJ que crease una atmósfera tan perfecta y rica y me metiese tanto en el ambiente. Cuesta en este sentido también, seguir la trama, la continua alternancia capitular entre Mandressla y el mundo real hace que pronto se pierda la noción del tiempo y resulte difícil reconocer que personaje corresponde a cada jugador.

En justicia he decir que Cañadas crea un mundo muy rico del que se podría sacar mucho partido en concepto de background para partidas reales o para una novela únicamente ambientada en el fantástico reino de Mandressla evitando experimentos metáforicos o metafísicos pero, salvo esto, nada más puedo decir que me haya gustado.

En consecuencia no puedo recomendar esta novela. Descúbrela, si quieres, por ti mismo y ya me dirás que te ha parecido.
Y de nuevo ante una crítica de este cariz, he de aclarar que está es mi opinión, de nadie más. ¡Que le voy a hacer! A mi no me ha gustado lo más mínimo.

lunes, 27 de mayo de 2013

Una ciudad asediada

Pese a ser una de las más reputadas narradoras victorianas, tanto en su faceta costumbrista como en la gótica con sus cuentos de fantasmas, no la conocía, y de no haber leído otros libros de la editorial Fábulas de Albión y que, por cierto, me encantaron, no me habría fijado en ella. Pero lo dicho, una vez leídos estos libros no pude sino fijarme en este libro de esta editorial.

En una pequeña ciudad francesa llamada Semur, donde todo transcurre de forma tranquila, los habitantes serán expulsados de sus casas por unas ominosas fuerzas fantasmales que los obligan a abandonar la ciudad.
Esta será tomada por los espíritus de los muertos y los ciudadanos permanecerán a las afueras hasta que el alcalde se decide a entrar en la ciudad. Los habitantes discuten los motivos de este alzamiento hasta que, por fin, que son permitidos a regresa a sus casas.

La novela se presenta como una serie de entrevistas, escritos y opiniones de varios personajes centrales de la historia: el alcalde, su sustituto en el cargo, su esposa y su madre. Cada uno de ellos dará una versión parcial y sesgada de las motivaciones de los espíritus para tomar la ciudad. Versión centrada en la manera de pensar de cada uno de ellos.

Con un lenguaje muy cuidado y un escenario que pretende aterrorizar, sin conseguirlo en estos tiempos, ya que resulta muy débil la carga terrorífica y en ningún momento se produce una situación de tensión directa y personal, sino sobre todo atmosférica; la autora teje los hilos de un escenario en el que las almas de los muertos campan a sus anchas y son capaces de expulsar a los vivos de sus casas, pero nunca se muestran de manera clara y fehaciente, salvo a varios descreídos y de una forma que pretende aleccionarlos y guiarlos por la buena senda, más que producir miedo.
En realidad Oliphant utiliza el cuento gótico para crear una historia plagada de reflexiones morales, como la pérdida de la fe; el abandono a la memoria de los difuntos; las diferencias sociales existentes; y dará un golpe de efecto con las protagonistas femeninas acerca de su atodeterminación, su papel y derechos en la sociedad, etc.

En realidad se trata de una pequeña joyita que, a mi modo de ver (como siempre), no ha envejecido demasiado bien, pues la situación narrada no infunde ningún tipo de miedo, ni me ha hecho reflexionar acerca de las cuestiones que plantea, dado el cambio evolutivo, a peor o mejor, según se quiera ver, de la sociedad, pero que entretiene y se deja disfrutar pues es más que evidente su calidad literaria. Por eso, a pesar de que la historia no haya terminado de convencerme, considero que la autora tenía suficientemente buen oficio como para animarme a ahondar más en su bibliografía.

lunes, 28 de enero de 2013

Bleak House Inn

 Después del magnífico sabor de boca que me dejó Steampunk: Antología retrofuturista, tenía claro que debía aventurarme en la segunda antología de cuentos de la editorial Fábulas de Albion, y el saber que en esta ocasión estaba dedicada a la figura de Charles Dickens no hizo sino aumentar mi impaciencia por tenerla entre mis dedos.

Homenajeando a la famosa Sra. Lirriper, a la magnífica Casa desolada y a las colecciones de cuentos navideños de Dickens, Bleak House Inn: Diez huéspedes en casa Dickens nos trae de la mano de Fábulas de Albion y de Care Santos, en calidad de editora, 11 artistas españoles que con sus 11 relatos conviven en las 11 dependencias de la pensión que constituye el esqueleto sobre el que se sostenta esta colección de relatos.
Como es mi costumbre, describiré brevemente los cuentos:

* Nuevo libro de insectos, de Pilar Adón: La nueva contable de la Sra. Lirriper se hospeda en el sótano. Allí, entregada a su trabajo, debe compaginar el poco tiempo libre que tiene para atender a su hija y finalizar su tesis, un tratado de entomología (si mal no recuerdo. Si me equivoco, corregidme, please).
El problema surge con la aparición de voces y visiones. Un cuento que me ha costado entender del todo pero que se convierte en imprescindible, pues la pluma de Adón resulta magnífica. Un primer relato que  abre la puerta a una antología excepcional.
* La tienda de Madame Chiang, de Elia Barceló: La tienda de antigüedades de Madame Chiang es realmente exótica. Es capaz de intercambiar objetos por otros bienes intangibles como amor, sensaciones, recuerdos o tiempo. Pero, como siempre, todo tiene un coste también intangible que, tal vez de saberlo, no quisiéramos pagar.
* La última víctima de Trafalgar, de Oscar Esquivias: Un profesor de historia viaja a Londres para contactar con un antiguo conocido, un agente secreto que le ofrece un antiguo manuscrito por el que mucha gente mataría. El precio es demasiado alto, pero el valor histórico es incalculable, como para que el protagonista pueda dejarlo pasar sin más.
* Muerte de un soldado, de Marc Guall: Cuento precioso, triste, introspectivo y nostálgico en que el recuerdo del fantasmal pasado conducirá a un inevitable final.
* Cuento de verano, de Cesar Mallorquí: El autor homenajea a la vez que, en cierto modo, parodia cuento de Navidad con la visita de los carismáticos fantasmas de las navidades dickensianas a un Scrooge cuyo nombre no es Ebenezer.
* A esta hora, todas las noches de tu vida, de Ismael Martínez Biurrún: Todas las noches, a la misma hora, despierto por la misma pesadilla. descubres la infidelidad de tu esposa y acabas matándola junto con su amante. otra vuelta de tuerca nos mostrará que no todo es lo que parece.
* Eliza Grimwood, de Elena Medel: Una pareja rota hace años queda en la pensión para intentar una reconciliación. Reconciliación que resultará en la confesión de un secreto, mientras el espíritu de Eliza Grimwood, prostituta de inspiración dickensiana, planea sobre el ambiente.
* Charles Dickens ya no vive aquí, de Francesc Miralles: Clara, experta en Dickens es citada en la Bleak House con una nota firmada bajo el nombre de Charles Dickens. Curiosa como es, y apasionada del misterio, no puede eludir la cita.
* Una vida nueva, de Daniel Sánchez Pardos: Dos hermanos se comunican cada día a través de una webcam. Ella lleva una vida alegre y feliz. Él se siente desgraciado con lo que la vida le ha deparado. hasta que un día, una asiática con jersey de lana en pleno verano, le preguntará por una dirección.
* Luz de gas, de Marian Womack: El cómo se hizo creer a una muchacha que había enloquecido, guarda cierto paralelismo con otros protagonistas 50 años después.
* El inimitable, de Care Santos: La historia de como la señora Lirriper obtuvo la posada y como la ha conservado.

En general me ha gustado más que Steampunk, la otra antología de Fábulas de A., que he leído. En aquella hubo un par de historias que no me gustaron mientras que aquí, todas me han satisfecho en mayor o menor medida.
Para empezar, la estructura. Organizar la novela como una pensión en la que las historias salen de los huéspedes de la misma resulta original y crea un vínculo que induce a buscar la afinidad oculta inherente a las mismas.
Me he encontrado con 11 cuentos que me han sorprendido por su extraordinaria calidad. 11 cuentos en los que se reflejan las pasiones humanas: amor, celos, odio, tristeza, engaño, miedo, etc. Cuentos en los que, en general, me ha parecido encontrar una dosis extra de misterio. La mayoría de ellos guardan un as en la manga que invita a desconfiar, a encontrar la entrelínea y a intentar vislumbrar la diferencia entre realidad y ficción con cierto aire misterioso y sobrenatural.
Pero es cierto que, a mi modo de ver, les ha faltado un puntito para ser completamente dickensianos. Han pasado doscientos años desde que los pies del genio de Portsmouth hoyasen las adoquinadas calles londinenses. Doscientos años de diferencia separan modos de vida en los que la extrema pobreza y la injusta mezquindad no eran capaces de doblegar corazones valerosos ni tirar por tierra las esperanzas e ilusiones de un futuro mejor entre tanta suciedad y oscuridad. Este puntito no lo he visto en estos cuentos que, sí, sacan el interior del alma humana pero no han conseguido acongojarme el espíritu como hace Dickens.
A pesar de todo, vuelvo a repetir, cuentos magníficos.
Si tuviera que elegir favoritos, me quedaría con la magia de Elia Barceló; la tristeza que irradia el cuento de Marc Guall; la diversión del Cuento de verano de Mallorquí, que junto con el de Guall, me han parecido los dos más dickensianos; la opresión agónica de todas las noches de Martínez Biurrún; y con la Luz del gas del siglo XIX de Marian Womack, el cual me ha resultado mucho más cercano a Poe que a Dickens pero me ha encantado. 
No sé si esta lista de los mejores es muy correcta, teniendo en cuenta que he elegido más de la mitad, lo que indica la elevada calidad de los mismos, según mis gustos, claro.
Del mismo modo, los que menos me han encajado en esta obra ( que no por ello han dejado de gustarme) han sido el valeroso corazón de Oscar Esquivias, por otro lado, de una prosa magnífica; el jersey de lana de verano y olor a pescado podrido de la habitación 402 de la que es inquilino Daniel Pardos; y la misteriosa nota firmada por Dickens que invita a quedar a la experta Clara de Francesc Miralles.

En general una antología deliciosa que animo a leer a los que gustan de Dickens, de Poe, de relatos, de autores españoles, de los que buscan la diversión. Un libro para todos, para disfrutar muchas horas y revisitarlo en un futuro, pues es seguro que el regusto que deja hará aflorar nuevos matices con el paso del tiempo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El viajero sobre la tierra


La misteriosa muerte del joven Daniel O'Donovan, el 10 de septiembre de 1895, conmociona a la pequeña ciudad universitaria de Fairfax. Habiendo dado por resuelto el caso antes siquiera de abrir una investigación, la aparición de un manuscrito del difunto, fechado pocos días antes de su desaparición, así como el testimonio de su familia y de aquellos que lo acompañaron durante sus últimos días, serán la clave para comprender la peculiar enfermedad del alma que habría de predestinar al tímido e inocente Daniel a su inevitable final.

No sé exactamente decir por qué decidí leer este libro. Me gustó el título, la portada y el haber leído que se trataba de novela gótica. El caso es que el goticismo me ha parecido una sutil resonancia que recorre toda la obra pero sin abrumar el resto de sensaciones que produce. No ha sido, de hecho, lo que esperaba en este sentido, a pesar de ciertos toques y de los reflejos de este tipo en las lecturas del protagonista, pero me ha parecido magnífica en su conjunto.

El joven Daniel O'donovan queda huérfano a la edad de 11 años y debe irse a vivir con sus tíos. La vida en casa de estos será especialmente rara y solitaria, con un tío que pasa el día encerrado en su biblioteca; una tía que se dedica a sus labores y que de vez en cuando le prestará atención y algo de cariño; y un viejo veterano de la guerra de secesión, el padre de su tía, siempre huraño y callado.
Tras la muerte de su tía, tendrá la oportunidad de ir a estudiar a la Universidad de Fairfax. Su estancia en Fairfax será muy corta, pero dejará huella en sus habitantes.

Esta pequeña novela contiene apenas un centenar de páginas. Centenar que se leen en un corto período de tiempo pero que, en cambio, requieren de un período mucho más largo para ser aprehendidas, pues encierran una gran cantidad de conceptos y sensaciones que no son percibidos a la primera y golpean de súbito cuando menos lo esperas.
La estructura de la novela es bastante coherente ya que se trata de un presunto suicidio, algo turbado por la aparición de un manuscrito encontrado en la habitación del difunto y que habida cuenta de la presunción de "inocencia" se nos ofrecen varias cartas de terceros con la intención de esclarecer algo más los hechos.
A pesar de que la novela se divide en varios capítulos se puede decir que, en realidad, hay dos partes claramente diferenciadas. Por un lado, la niñez y adolescencia de Daniel en la casa de sus tíos y por el otro, su estancia en Fairfax.

La primera parte, como he dicho, narra la estancia de Daniel en la casa de sus tíos, mostrándonos la vida allí como un cúmulo de oscuridad, soledad y ansia lectora. Una parte con una prosa más que elegante, detallista y sugerente que nos ofrece un intimismo feroz deseando ser liberado.
En esta parte, Green nos sumergirá en el debate de la educación, y postulará por boca del tío la mejor educación posible como un aprendizaje sin ataduras basado en un libre albedrío educativo. No es exactamente esto pero me ha hecho recordar la teoría de la educación de Vigotsky.
Posteriormente, y ante el nefasto climax de la novela, resulta obligado preguntarse si éste no fue consecuencia de aquella.
La segunda parte nos narra la estancia de Daniel en la ciudad universitaria de Fairfax. Apenas unos días, pero suficiente para parecer semanas.
En esta segunda parte conoceremos a Paul y, dependiendo de lo que el lector espere, su experiencia en este tipo de obras y el grado de concentración y de su capacidad deductiva, reconocerá o no la realidad del mismo. 
Para que negarlo, yo ni me imaginaba dicha realidad y me di una bofetada en la frente cuando por fin lo asimilé. Paul me parecía un personaje odioso que intentaba aprovecharse malsanamente de la inocencia de Daniel, y no entendía como era posible que Daniel no se diese cuenta y tuviese tal dependencia de él. Pero hasta aquí puedo leer pues no quiero desvelar nada que pueda suponer un menoscabo de la lectura de cualquier otro.
El sueño de Daniel en esta fase se muestra vívido e hipnótico y será el punto sin retorno que dirigirá el resto de la obra hasta su trágico final, conclusión del principio.
Posteriormente podríamos separar también una tercera parte: aquella en la que se nos ofrecen testimonios de varias personas que convivieron con Daniel (como su casera, o su tío), con la intención de profundizar más aún en la psique del muchacho pretendiendo mostrarnos una visión externa que, aunque objetiva, se observa sesgada.

Se puede decir también que se trata de una obra de potencial místico, bien sea por el explícito ambiente religioso que se respira; por el profético onirismo de Daniel; o, simplemente, por la mente esquizo-paranoíde del mismo, que no deja de ser una definición del anterior punto.
En cualquier caso, el conjunto está sumergido en un caldo de cultivo oscuro y, en cierto modo, preternatural que produce cierta tensión psicológica e incita a seguir leyendo casi hipnotizado.

Nunca había leído nada de Julian Green. A posteriori he descubierto que está considerado como uno de los mejores escritores autobiográficos, algo que se puede observar en el cuidado que imprime a su lenguaje y en la exquisitez que muestra en los detalles haciendo que, poco a poco, la obra cabalgue en medio de una bruma oscura que te encoge por dentro.
Esta fue la primera novela de Julian Green y se puede apreciar algún error de novato en cuanto a precipitación pero no lo suficientemente importante como para empañar la solidez de la misma y mostrar el tremendo potencial que escondía.

En definitiva, una novela que me ha encantado y recomiendo a todo el mundo. Eso sí, recomiendo una lectura medianamente rápida, nada de unas poquitas páginas cada día cuando se tiene un momento libre. La sensación de agobio y encanto surge ante la acumulación de páginas. Si os sucede como a mí, en un par de días las imágenes de la novela se os aparecerán más claras en la mente.
Cada uno tendrá su propia opinión, claro, pero para mí es una auténtica joya.

martes, 17 de julio de 2012

El castillo de Otranto

 Tenía en mente leer El castillo de Otranto de Walpole desde que el año pasado leí El castillo de Eppstein, de Dumas.
Me atraía el leer una novela considerad emblema de la literatura gótica, y con el recuerdo del magnífico sabor que me dejó la novela de Dumas sentía la necesidad de comparar. En este sentido, he de decir, que no existe demasiada similitud entre ambas obras, lo que más me gustó de Eppstein, no existe en Otranto.

Próximos a celebrarse los esponsales de Conrado de Otranto con la bella Isabella de Vicenza, que unirá a los dos condados, el príncipe muere en misteriosas circunstancias.
Teodoro, un campesino de paso, es acusado del vil asesinato y encerrado en las mazmorras.
Manfredo, padre de Conrado, ve como se desvanece el futuro de su linaje, pues no posee otro hijo varón y su mujer no puede darle más hijos. Ante este problema se le ocurre desposar él mismo a la que debiera haber sido su nuera, previo divorcio de su esposa, Hipólita.
Teodoro ayudará a escapar a Isabella, que se refugiará en el convento próximo. posteriormente, la irrupción del padre Jerónimo en escena, del enamoramiento que surge entre Teodoro y Matilda, la hija de Manfredo, y de la llegada de los caballeros del padre de Isabella, se precipitará la situación hasta dar lugar a acontecimientos inesperados.

El castillo de Otranto constituye el inicio de las novelas llamadas de Terror gótico, aunque determinados elementos de su construcción, como pudiera ser la época en la que transcurre y el ambiente, hacen que esta etiqueta no se adapte del todo y, en muchas ocasiones, se la etiquete como Terror romántico.
A pesar de todo contiene los ingredientes necesarios para pertenecer por derecho propio a este género y, si bien es cierto, que los años han hecho mella en la novela y que hoy en día no pasa de una novela entretenida, constituye aun así una fantástica experiencia, tanto para los ocasionales como para los más avezados lectores.

El leit-motiv de la historia no puede ser otro que la maldición del castillo, maldición que gira en torno al dueto formado por Manfredo y Alfonso, el anterior conde de Otranto. La relación causa-efecto queda patente en el asesinato de Alfonso durante las cruzadas y la usurpación del señorío por parte de Manfredo.
A partir de aquí y con motivo de la boda del hijo se desencadenarán ciertos contratiempos, tal vez demasiado espontáneos por parte del autor, y utilizados a modo de Deux ex machina, que acabarán relatando la verdadera historia de esta traición, aunque la antigua candidez de que hace gala la historia nos permitirá enhebrarla con anterioridad.
Nos encontramos por tanto con gran parte de los ingredientes que posteriormente se desarrollarán a placer en la literatura gótica y romántica del siglo XVIII y principios del XIX: castillos encantados, fantasmas, duelos, amor, odio, envidia, lujuria, traición, perdón, muerte, etc.
Es cierto que resulta un poco coja, tanto en su trama, poco original, como en su ejecución, con un estilo apresurado y demasiado rápido, espontáneo en demasiadas ocasiones y mal rematado por tanto. Pero la sencillez de dicha trama, unida a la rapidez con que suceden los hechos, y el intento de uno mismo por situar la mente en aquella época e intentar disfrutar de algo que, hoy, más que miedo produciría risa, hacen de esta novelita una obra bastante disfrutable aunque algo floja.

Los personajes son, por tanto, demasiado cándidos e inocentes y parecen actuar de forma demasiado rígida, como si realmente estuviesen siguiendo un guión de teatro.
La candidez de Teodoro, Matilda o Isabella entroncan inversamente con la perfidia de Manfredo, ocasionando un desenlace típico del romanticismo del XIX.

Esperaba algo más parecido al castillo de Eppstein, pero la pluma de Dumas, en mi opinión, no es comparable a la de Walpole, y ni la poesía del uno lo es a la prosa del otro por más que varias escenas parezcan realmente teatrales.
Tampoco veo de forma tan clara las apariciones fantasmagóricas que esperaba, salvo en los ya mencionado momentos sacados ex-profeso para dar un giro a la trama hacia un rumbo determinado.
No obstante, y pese a estos apuntes, la obra tiene un estilo propio, directo y veloz que apresura los acontecimientos y no aburre en absoluto.

Tal vez no sea la mejor obra de este estilo que existe, habida cuenta del tiempo transcurrido y como los autores posteriores han podido mejorarla, pero resulta imprescindible para entender el movimiento que suscitó.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Eclipse en Malasaña. Una zarzuela negra

Lo primero que leí de Jack Mircala fue un pequeño cuentecito titulado Verlian y el talismán extraviado. Ya entonces quedé sorprendido con su trabajo, pues este cuento se convertía en algo mucho mayor al observar detenidamente las ilustraciones. Posteriormente me hice con Siniestras amadas en las que el autor homenajea a las mujeres de las obras de Poe, de quien es profundo admirador (y que, además, cobra un papel destacado en el título que comento en esta reseña), en esta ocasión, tan sólo las ilustraciones y el pequeño addendum metodológico son de su cosecha. Finalmente, cuando puse los ojos encima de Eclipse, se cumplieron mis expectativas: una prosa realmente deliciosa, unas ilustraciones soberbias; según mis gustos, como siempre.

Eclipse en Malasaña narra la historia de Siniestro, un chico indolente y alicaído sin ninguna ilusión por la vida. Siniestro vive en Malasaña y tras conocer a Eclipse, una huérfana muy especial, surgirá una sutil historia de amor que hará cambiar la visión del mundo de Siniestro. Lástima que las historias bonitas no siempre tengan finales felices.

Esto podría ser un resumen muy, pero muy a grosso modo, pues Eclipse en Malasaña es mucho más, y el elenco de personajes que desfilan por sus calles, así como los actos descritos, forman una novela calidoscópica y circular con multitud de frentes y sentidos.
Mircala se nutre de diversos maestros, tanto del ámbito literario, como musical y cinematográfico y, por un lado, se observan claras influencias de autores como Le Fanu (por ejemplo, probad a cambiar las letras de su apellido), Poe, Lord Dunsany, así como de Coleridge o Byron, algo que se puede observar en la minuciosidad de su prosa, cargada de un elevado componente lírico, casi musical pero al mismo tiempo, cuidada y añeja sin ser excesivamente recargada, como los antiguos góticos y románticos alemanes.
Por otro lado se observa una marcada influencia gótica en todos los aspectos, incluso visualmente se puede observar la influencia de grupos como Depeche Mode en la apariencia de los personajes protagonistas, así como en otros detalles.
He mencionado también la cinematografía, en la que Mircala se muestra ferviente seguidor de Fritz Lang, de Aki Kaurismäki y de Tim Burton, como puede observarse en sus maquetas, a quienes, junto con Poe o Kirchner, no duda en homenajear en esta obra dándoles papeles relevantes. Los tres serán personajes importantes en la zarzuela que se nos ofrece. Y digo Zarzuela, pues todo la obra no está sino diseñada como una zarzuela, una zarzuela negra de 39 actos en la que las escenas se entremezclan entre sí solicitando la atenta mente del lector para colocar cada pieza en su lugar y poner en orden el rompecabezas con el que nos reta el autor. Un rompecabezas en el que la sinergia entre texto e ilustración funciona a la perfección, tanto, que no tendría sentido el uno sin la otra.
Como he dicho, un texto delicioso y muy cuidado, dotado de una fuerte plasticidad y con una trama corta en extensión pero muy larga en contenido, pues en la misma distancia se pueden pergeñar varias subtramas igual de interesantes.
Con unos personajes sobriamente definidos pero en los que bastan unas breves pinceladas, junto a la imagen de los mismos, para aflorar nuestras simpatías, desconfianzas o el más exarcebado odio.
Una historia con un personaje principal, el barrio de Malasaña, cuidado al detalle, y lleno de calles adustas con gruesos adoquines por las que Mircala entremezcla el XIX y el XX y hace caminar escritores famosos, canallas, cineastas de éxito, circenses al más puro estilo del Grotesque Horror Show, hipnotizadores, taberneros, descarriados, ricachonas, ángeles desvalidos y ángeles de la guardia entre otros, pero sobre todo, el aroma de la historia de un barrio tan importante para Madrid.
Como decía, por otro lado están las ilustraciones, algo que a mí, que más que manitas soy manazas, me deja patidifuso, pues la técnica de trabajo de Mircala consiste en crear en cartulina cada personaje, cada imagen y cada pieza del decorado para, una vez configurado a su antojo según la escena, fotografiarlo, creando, por así llamarlo, "dioramas" de gran belleza.
A través de rectilíneos armazones se pueden apreciar los sentimientos de los personajes según sus poses y facciones y, pese a que evidentemente la cara permanece inalterable para cada escena, consigue los efectos deseados con la narración.
Es tal el grado de detalle de cada escena que resulta imposible no detenerse en cada una buscando en cada rincón, en cada pared y pieza de mobiliario, un detalles que nos pueda ofrecer algo nuevo, o simplemente recordar si la última vez que lo observamos estaba en ese mismo lugar en que ahora lo vemos.
La estética gótica a la vez que romántica de las ilustraciones, unido a los intrincados arabescos ornamentales y a la enorme multitud de texturas y colores del papel, nos ofrecen imágenes que se quedan en la retina y resulta difícil olvidar.

En definitiva, una auténtica joya del más alto nivel, tanto literario como visual, que debería estar en todas las bibliotecas. Un autor, para mí, de un enorme talento, al que con justicia debería llegarle una oportunidad para trabajar con una editorial grande (este comentario es personal y lo lanzo a ver si alguien con poder en este campo se hace eco de él, jejeje).

Tal vez la reseña haya sido demasiado entusiasta y no sea del todo objetivo, pues es evidente que a mi me encanta.
Por cierto, si alguna vez tenéis la oportunidad de ir a ver alguna de las exposiciones de este madrileño, no os lo perdáis. Sinceramente, es espectacular.

domingo, 17 de abril de 2011

El castillo de Eppstein


Tras extraviarse durante una cacería, el Conde Elím descubre, al desencadenarse una tormenta, un castillo que se alza en lo más profundo del bosque alemán. Es la residencia del noble linaje de Eppstein, excelente lugar que aprovechará el conde para guarecerse de la lluvia y pasar la noche. Una noche que no estará exenta de sobresaltos pues recibirá una fantasmagórica visita.
A la mañana siguiente contará su experiencia a sus compañeros de reunión, lo que dará pie a uno de ellos a relatar la historia completa de la maldición de la dinastía Eppstein.

Aunque Alejandro Dumas es conocido principalmente por sus novelas de Los tres mosqueteros fue también un prolífico escritor, en cierto modo camaleónico, pues se atrevió a cultivar con especial desparpajo todos los géneros narrativos y, en la mayoría de los casos, con una maestría y un éxito notables.
La prueba de ello es esta novelita de 200 páginas que podríamos encuadrar en el romanticismo y no creo errar si la etiqueto también como gótico, pues tiene todos los ingredientes del género.
Así, en esta novela pasearemos por los fantasmagóricos bosques del condado de Eppstein y las oscuras cámaras de su castillo dándonos, en ocasiones, de bruces con las ánimas pero respirando principalmente el aroma de esa presencia ultraterrena sin llegar a verla, flotando en todas partes como un ente que no escapa a nuestro pensamiento y perfuma la narración de principio a fin pues, si bien la novela tiene una trama argumental centrada en el descubrimiento del mundo por parte del príncipe Everard, no será sino la figura de su madre, muerta en Nochebuena, la que ocupe nuestros pensamientos de continuo y espíe nuestros gestos a través de las páginas de la obra.
A. Dumas nos guiará con mano magistral a través de una prosa arcaizante y poética al extremo (cómo sólo en su época se podía conseguir) y en los últimos tramos de la novela con una clara concepción teatral, a través de los oscuros pasillos que el destino ha urdido con respecto a la familia Eppstein y, así, asistiremos al enfrentamiento entre Conrado, hijo menor del conde, y su padre, lo que le valdrá el exilio; a la toma de posesión del condado por Maximiliano, un hijo "de apariencia", pues hace lo que debe hacer como noble sin importar el daño que haga ni a quién (incluso sintiendo satisfacción en caso de causarlo); a la pérdida de la inocencia y de amor de Albina, que finalmente fallecerá a manos de Maximiliano en la fecha señalada por la profecía maldita; al nacimiento de Everard y su exclusión de Eppstein; a la adolescencia de éste
y su romance con Rosamunda; a los enfrentamientos de Everard con su padre, y demás situaciones que harán de esta novela una historia con secretos, con doncellas puras e inmorales y maquiavélicos amantes (bueno, uno); con amores apasionados, lealtad ciega y traición desatada; con inocencia y pureza; con espectrales venganzas, y con historia; sí, he dicho historia, pues la novela toma como fondo la época en que el mundo comenzaba a ver nacer a uno de los mayores generales de la historia, Napoleón Bonaparte, y Europa empezaba a acusar su influjo.
Es ésta una novela que pone un especial acento en las relaciones personales. Con unos personajes que encarnan el ideal caballeresco de los tiempos feudales, tan propio del romanticismo y donde el virtuosismo y la entrega altruista están presentes en la pareja de jóvenes que conducen el hilo de la narración, y metaforicamente nos muestra una sociedad que, de tener permanentemente estos valores, sería mucho más placentera, juiciosa, justa y equilibrada.
Encontraremos así mismo, un fuerte contraste entre los valores y acciones encarnados por estos personajes (y prácticamente por todos los personajes que pueblan sus páginas) con los actos éticamente reprobables y carentes de afecto de Maximiliano, cuyo carácter fuerte e irascible acompaña a su tendencia a sentirse El Señor y, por tanto, omnipotente a su antojo. Se observa así un amor casto y puro, profundo y sin brechas entre dos jóvenes unidos por una infancia común y cuya diferencia de formación académica servirá para unirlos más aún en un amor ideal y verdadero. Un amor impregnado siempre del aura que emana del espíritu de Albina y mancillado continuamente por el terror que despide Maximiliano.
Los personajes, por tanto, están muy bien dibujados. Quizás no presenten un gran desarrollo en cuanto a evolución interior, pues se manifiestan tal y como son de principio a fin, y siempre conocemos de antemano cual será su actitud frente a las diferentes situaciones, algo que puede ser un defecto al no tener capacidad para sorprenderte, pero que en este texto se convierte en una virtud, pues son tan vívidos que despiertan con facilidad las emociones hacia ellos.

Pocas pegas puedo poner al libro, que me ha parecido una delicia y lo he leído de un tirón. Me ha enganchado desde el principio con su lenguaje musical, y me he visto forzado a parar de leer en ocasiones, para no bebérmelo de un sólo trago y poder paladearlo tranquilamente . Quizás las últimas cincuenta páginas hayan sido, para mí, las menos satisfactorias, pues me han parecido mucho más teatrales que narrativas, y no me gusta demasiado este giro en la voz, pero no es algo que perturbe el contenido final de la novela.

En definitiva, una bonita historia que hará las delicias de los lectores de Dumas, Walpole, Shelley, Hoffman o Byron, entre otros y que, aunque un poco menos oscurantista, sabrán apreciar los amantes de El castillo de Otranto, El monje, Melmoth el errabundo, y de todo lo romántico y gótico en general.

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