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domingo, 20 de julio de 2014

La leyenda de la piedra

Hace unos cuantos años ya que leí Puente de pájaros, de Barry Hughart. En aquel momento, seducido por las buenas críticas, y antes de haberlo leído, decidí comprar también la segunda entrega de la saga del maestro Li. 
No me gustó la primera parte, no pude con ella. Reconozco que me costó infinito entrar en la historia, motivo por el cual he tardado casi 5 años en leer La leyenda de la piedra. Os adelanto que mi opinión será corta. Tengo poco que decir pues me ha sucedido lo mismo que con Puente de pájaros y no he sido capaz de entrar en esta segunda parte, ni en la primera ni en la última página, y lo lamento, la verdad, pues realmente quería que me gustase

El maestro Li, el mejor detective de toda China, y su ex cliente y actual ayudante Buy Número Diez se enfrentan a un nuevo caso. Buey es un campesino de corazón puro, y Li un viejo erudito… con un ligero defecto en su carácter.

En el monasterio del Valle de las Penas, el bibliotecario ha aparecido asesinado mientras trabajaba en un antiguo pergamino que además ha sido robado. Las pruebas apuntan inconfundiblemente a que el culpable es el infame Príncipe Risuelo, un noble despótico y torturados que desea ocultar el conocimiento de una fabulosa piedra para sus propios fines.

Sólo hay un problema: el Príncipe Risueño lleva muerto más de siete siglos… y el rostro del bibliotecario asesinado refleja todos los horrores del Infierno.

En mi opinión Barry Hughart escribe cojonudamente. Se nota en un estilo elegante, pleno de figuras retóricas pero muy alejado de la presuntuosidad y el recargamiento propio de quien quiere demostrar lo bien que sabe escribir cuando en realidad no tiene ni puta idea.
Desconozco si Hughart imita el estilo narrativo de la antigua China o si lo conoce profundamente, pues no me ha parado a conocer su biografía pero, lo que si es cierto, es que consigue ese tono poético y melancólico pero a la vez muy aventurero y cargado de humor propio de las leyendas chinas.
Un humor extremadamente ácido y picarón, subidito de tono en ocasiones y con muchas referencias culturales y políticas que, como en mi caso, no te hacen reír si no conoces un poco la historia de China.
La novela está plagada de subtramas y pequeños cuentos, leyendas y acertijos que el maestro Li y Buey número 10 deben resolver para alcanzara la recompensa final.
Y esto es lo que, para mi, constituye el aspecto principal para que la novela no resulte satisfactoria y no la haya disfrutado lo más mínimo. Me explico. Es tal la profusión de anécdotas, cuentos, leyendas, acertijos, escenarios que me he perdido continuamente. Han sido muchísimas, pero muchísimas, las ocasiones en las que he perdido el hilo y no sabía ni lo que estaba leyendo. Nos encongamos ante, para mi, una novela muy compleja de leer (pese a la aparente facilidad que desprende) con un componente psicodélico que ha hecho que me encontrase mirando la novela por un pequeño agujerito, a través de un tubo en el que según vayas girando la novela, va cambiando la trama, construyendo formas geométricas con eje simétrico que me han agobiado como si se tratase de una novela hiperactiva que no he sido capaz de agarrar en mi tranquilidad.
Una novela plagada de personajes interesantes. Sin más evolución que esta propia novela, en muchos casos, unas pocas páginas, pero cargados de historia que narrados por Hughart me han desconcertado más aún, aunque los cuatro personajes principales son grandes personajes en su originalidad y desenvoltura pero que se mezclan en el batiburrillo de mi mente.
como he dicho hay escenas muy poéticas que se aprecian en fragmentos épicos de viejas leyendas pero que el desconocimiento de la tradición y mitología chinas no me han permitido disfrutar y de nuevo me han hecho perderme, por ejemplo, hay un fragmento en el que el Maestro Li viaja al infierno para "entrevistar" a la diosa de las prostitutas, que ha conseguido que, de verdad, no me enterase ni de donde estaba.

No puedo decir más. Tal vez sea una buena novela que no he sabido interpretar correctamente, pues la mayoría de las críticas que he leído son muy buenas (recuerdo una respuesta de Egan en facebook a mi reseña de La sombra fuera del tiempo que me iluminó un poco respecto a dicha novela). En cualquier caso, no puedo recomendarla pues no la he disfrutado. Al menos tengo claro que no leeré la tercera parte.

lunes, 30 de diciembre de 2013

El ladrón cuántico

El ladrón cuántico. La premisa de una cárcel que encierra a criminales junto a múltiples variaciones de sus personalidades me llamaba poderosamente la atención, y no tardé en solicitarla a Alamut pero, la verdad es que, cada día estoy más convencido de que el hard no es lo mío. Mis conocimientos de física son limitados y de una física avanzada como la desarrollada en El ladrón cuántico, más aún, y así es difícil disfrutar totalmente de una novela. A pesar de eso, creo que la novela no acaba de encajar del todo y Rajaniemi expresa más ideas de las que desarrolla.

Jean le Flambeau es un ladrón condenado en la cárcel modelo de La Sobornost. Pero no es cualquiera, es un ladrón legendario que ha llegado a convertir el robo en un arte supremo. En esta prisión se ve enfrentado a múltiples personificaciones de si mismo en aras de recuperarse para la sociedad, y para ello debe resolver los jegos que se le plantean. Hasta un día, Mieli, la capitana de la nave Perhonen, llegará para hacerle una proposición que no podrá rechazar. Para conseguir el objetivo deberá recuperar los trocitos de su personalidad que, a modo de enigma, escondió en La Oubliette, una ciudad móvil.

¿Qué puedo decir? He quedado totalmente decepcionado con esta novela, pero no por ella misma, sino por mi. Con ella he comprendido definitivamente que soy incapaz de enfrentarme a novelas que requieran conocimientos físicos o matemáticos de tan alto nivel. Pero bueno, también es cierto que no todo, todo, es culpa mía. A mi entender existen ciertos factores que me han ayudado notablemente para llegar a esta conclusión.
En primer lugar, se trata de una novela muy exigente con el lector. No sólo requiere la atención continua de él para no perderse, sino que Rajaniemi narra la novela pretendiendo la inteligencia del lector, y va introduciendo los elementos endémicos de este mundo como si fuesen algo conocido por todos, de tal modo que la contextualidad será lo que nos ofrezca el entendimiento o, como me ha sucedido a mi, en muchas ocasiones se volverá a releer los párrafos ante la perplejidad de nuestra/mi cara por que me he perdido por completo. Cierto es que la mayoría de las veces se consigue, pero a menor entrenamiento, mayor cantidad de relecturas.
Por otro lado, Rajaniemi gusta de la rapidez y si al dinamismo de su escritura le sumamos la vistosidad de las escenas, junto con la tecnojerga inherente al hard, se consigue unas imágenes cargadas de luz y sonido visualmente espectaculares pero que nos ayudan a perdernos más aún.
La trama resulta muy atractiva pero el sistema utilizado por el autor se asemeja a un juego de Matriuskas, pero con cada nueva muñeca que destapas estás un poco más perdido, en lugar de más cerca de la solución.
Por otro lado, Rajaniemi nos ofrece una especie de homenaje a los grandes del misterio detectives, pues le Flambeau no parece sino un trasunto del Lupin de LeBlanc, y cierto joven detective, un remedo del Holmes de Doyle.

He de decir que el tratamiento, casi metafísico, del tiempo que nos plantea el autor me ha resultado muy interesante y me ha hecho reflexionar en ciertos momentos, algo que con una lectura más pausada y, quizás con mayores entendederas por mi parte me hubiese hecho disfrutar mucho más la lectura.

Por otro lado, Rajaniemi nos ofrece varias historias dentro de la trama principal, algunas centradas en casos  policiales a resolver por el detective, y otras a modo de flashbacks de experiencias anteriores de Jean que, en mi caso, me han terminado de descolocar por completo.

En definitiva, sin duda se trata de una buena novela, pero que requiere una paciencia y atención que yo no he sido capaz de alcanzar y, por tanto, no puedo decir que me haya gustado.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Las naves del oeste

Con Las naves del oeste, Kearney se propone el objetivo de cerrar una pentalogía, hasta ahora gloriosa, algo que a primera vista, dado el grosor del libro y a las líneas abiertas, parece harto difícil.

Han pasado 15 años desde lo acontecido en El segundo imperio. Durante este tiempo, el imperio Merduk se ha fusionado con los llamados Reinos herejes, y ambas religiones han aceptado ser la misma.
Cada uno de los personajes principales ha continuado con sus vidas intentando dar sentido a este nuevo mundo. Tan sólo Hawkwood ha ido a peor, pues Murad se ha encargado de hacerle la vida imposible.
Pero una nueva y temible amenaza se cierne sobre el futuro de los reinos. El Archimago Aruan, ahora máximo gobernante de los reinos Ramusianos, se propone someter el mundo entero a su mandato, y los héroes de la anterior guerra deberán unirse de nuevo para evitar un mal que amenaza con poner fin al mundo conocido.

Y este es el punto, el de los héroes, el único que puedo decir verdaderamente que me ha gustado. Los personajes siguen aportando su carisma para engrandecer la historia y, en su mayor parte, muestran una clara evolución a lo largo de la saga, consiguiendo unos visos de realidad notable entre la fantasía, pues el apego, la simpatía, la tristeza, el odio, o el asco que nos infunden, consiguen una cercanía con el lector, que desea conocer los últimos avatares de sus vidas.
Personajes que deberán enfrentarse consigo mismos y su ambición por el poder, sentando un debate muy interesante acerca de la corrupción que el poder puede producir pero, sobre todo, con respecto a la lucha interna de utilizar un poder corrupto para alcanzar un fin que se cree mejor.

No voy a hablar del arte narrativo de Kearney, del cual ya he dicho todo lo que tenía que decir en las reseñas de las anteriores entregas. Pero sí del modo en que ha finalizado la saga, la cual, como ya dije, en mi opinión debería haber terminado en la cuarta entrega, firmando una saga redonda, mientras que en el quinto volumen considero que ha bajado, y mucho, el listón (como siempre, se trata de mi opinión exclusiva).

Mi impresión general es la de que se trata de un libro apresurado en exceso. El intervalo de tiempo transcurrido entre la 4ª y 5ª novela no termina de encajar del todo y no hay tiempo para encajar en nuestra mente de lector los cambios que ha sufrido el mundo de una forma tan acelerada de acuerdo a nuestros recuerdos lectores.
La línea de Aruan quedó abierta en El segundo imperio y, aunque se abren varias líneas secundarias que quedarán cerradas, es esta primera la que marca el eje central de esta 5ª y última entrega. Aruan ha llegado para quedarse y gobernar, creando un nuevo mundo en el que los seres mágicos tendrán el máximo poder consiguiendo una nueva realidad utópica en la que los anteriormente denostados serán sacados del ostracismo para, en su venganza, acabar con los opresores  y crear un nuevo mundo mejor. Para ello, Aruan debe empezar desde cero, podando toda memoria y rastro de los antiguos poderes del mundo.
Es esta una gran línea argumental que, por sí sola, ya daría para una nueva trilogía, pero en apenas 285 páginas, Kearney la abre y cierra con un carpetazo que hace que desde el principio todo se vea precipitado y se intuya el desenlace final, que no es plan contar aquí como digo, es tan fácilmente previsible, como difícil de creer.

Kearney nos vuelve a sumergir en épicos escenarios, con batallas navales que ponen los pelos de punta; cargas de caballería y táctica militar del mejor calado, al tiempo que nos hunde en la desesperanza de verlo todo perdido. El nuevo orden mundial exige un nuevo camino de enjundias políticas más que aceptables pero que quedan en un segundo plano, dada la enormidad que supone el poder de Aruan. Estos politiqueos sobreviven bajo la línea de flotación de dicho poder y nos permiten ver que hay más cosas a las que estar atentos y que no está todo dicho, pues si no, ¿no estaría Kearney escribiendo de más? ¿escribiendo para nada? Pero evidentemente no es así y todo tendrá consecuencia.

En definitiva, he de reconocer que Las naves del Oeste es una novela más que aceptable en calidad de novela única e independiente, con la que he disfrutado de algunos momentos pero que me ha decepcionado enormemente al tratarse del cierre de lo que para mi era una enorme saga y, desde esta perspectiva, no me importaría no haber leído y haber dejado grabado en mi memoria el recuerdo de El segundo imperio. Sin más.

domingo, 5 de mayo de 2013

Un caso de conciencia


El libro que reseño a continuación es un libro que, en principio, no sé decir por qué está entre las páginas de este blog. No sé decir qué fue lo que me atrajo de él pero, desde luego, contenía algo que hizo que me llamase la atención. Pero por un motivo u otro, aquí está, y no ha sido lo que esperaba, pero tampoco me siento defraudado.

El Jesuita Ramón Ruiz-Sánchez es enviado por la ONU como biólogo al planeta Litia, junto a un equipo de científicos, con el fin de realizar un informe de exploración del planeta y a las formas de vida existentes. Allí, el padre Ramón conocerá a los litianos, que con su utópica civilización pondrán en jaque su ciencia frente a su férrea moral cristiana y lo obligarán a decidirse por una de ellas en aras del mayor bien para la humanidad.
A su regreso a La Tierra, la expedición portará como presente un bebe nativo del planeta.

Me he encontrado con una novela que me ha sorprendido por el estilo de James Blish, concienzudo y de una evidente brillantez teórica y retórica que enganchará a aquellos que gusten de disquisiciones filosóficas pero que pese a su falta de acción aventurera, no creo que, en un principio, repela en demasía al resto. Quizás si sea así un poco más avanzada la obra pues, dada la estructura narrativa de la obra, la segunda parte se convierte en algo más deslavazado y cargante, donde cobra una mayor importancia, si cabe, la teología y la percepción del ser humano como elemento creador de inconformismos.
La novela se divide en dos partes: una primera centrada en Litia y sus habitantes. Los litianos, una raza utópica en todos los sentidos, lo que servirá de acicate final para que el padre Ruiz-Sánchez tome su decisión. Asistiremos a un brillante debate entre los cuatro científicos de la expedición. Cada uno de ellos con un argumento bien fundado y que, en su conjunto, hará las delicias de todo lector ávido de reflexiones, para desencadenar en la oratoria final del jesuita, fuertemente teológica, que puede echar para atrás a más de uno pero que, sin lugar a dudas, resulta impactante.
En la segunda parte ya nos encontramos en La Tierra. Egvertchi, el litiano traído por Ruiz-Sánchez, se ha hecho mayor y tiene claro que no es humano. En esta parte al autor se le va un poco la pinza, y puede resultar abstrusa y aburrida pues contiene la mayor carga filosófica e invita al recogimiento. En este sentido creo que es la obra con el carácter más prospectivo a la que me he enfrentado en los últimos años.
Esta segunda parte está, como digo, plagada de elementos para la reflexión.
Las guerras trajeron como resultado la creación de ciudades-refugio bajo tierra en las que los seres humanos viven hacinados, salvo unos pocos que viven en la superficie. Pasito a pasito, Blish nos hace ver el disgusto del ser humano por aquello que le rodea, y como cada vez hay un mayor descontento de la población, con casi dos tercios de la población odiando la sociedad en la que viven, algo que, a poco que observemos, no se aleja demasiado de la realidad actual (y no sólo a causa de la omnipresente crisis, sino con respecto a los valores generales que se impulsan e imponen en la edad contemporánea).
De la mano de Egvertchi profundizaremos también en el concepto del destino y la libertad de elección, así como en el caso de individuo, como ente solitario con capacidad para tomar sus propias decisiones.
Mientras que acompañaremos a Ruiz-Sánchez hacia el viaje herético que nos permitirá entender un poco más los conceptos de omnipotencia de dios y de defectibilidad del diablo, de forma claramente teórica pero comprensible.
Tendríamos también abierto el camino hacia la idea del hombre como elemento creador y destructor del universo, con la capacidad de disponer de cualquier otra raza o planeta de acuerdo a sus intereses particulares. Punto este que, leído entre líneas, encaja con el enunciado anterior y nos convierte también en dioses, acercándonos de nuevo a la herejía.
Pero sobe todo destacará el debate abierto con respecto a la perversión que la sociedad opera en el individuo. De la corrupción que ejerce sobre la misma, manipulándola y empequeñeciendo al individuo en aras de un bien colectivo común que, en realidad, no es más que mera superchería destructiva con el fin de adormecer a las masa y rodear de lujos a unos pocos. (Me temo que aquí estoy metiendo algo de mi vena más reaccionaria, pero me da lo mismo. Espero sabréis perdonarme).
Por tanto, esta segunda parte contiene la mayor carga de pensamiento y la llena de un fuerte sentimiento de trascendentalidad que resiste el tiempo, y que aflora a medida que va pasando el tiempo y se van recordando pasajes aleatorios de la novela.

En definitiva, una obra muy interesante, con claros altibajos y una segunda parte algo más aburrida y que decepciona según las expectativas creadas, pero que resulta atrevida y, por tanto, original entre la ficción especulativa y prospectiva. Una obra que va más allá del entretenimiento y que, en mi opinión, resulta mucho más brillante que la capacidad que el autor muestra para atrapar al lector.

martes, 12 de febrero de 2013

La fortaleza

 Normalmente no suelo leer reseñas de las novelas que voy a leer hasta que he publicado las mías, pues quiero verme libre de opiniones de compañeros blogueros que al analizar la novela me generen expectativas o prejuicios. Después, sí suelo hacerlo, pues me gusta comprobar si mi opinión se asemeja a alguna, o si he captado, o no, la esencia de un libro, como el resto de camaradas. Ha sido posteriormente, al leer reseñas hermanas, cuando me he enterado de que la novela que reseño a continuación había sido llevada al cine, y yo no tenía ni idea, algo de lo que me he alegrado pues, de haberla visto, se habría extinguido lo que más me ha gustado del libro, la parte de intriga y misterio generada.

En plena Segunda Guerra Mundial, el paso del Dinu, en Rumania, constituye un formidable enclave estratégico. Allí, una vetusta fortaleza, extraña en arquitectura, se yergue solitaria. Un destacamento alemán decide instalarse en su interior en espera de poder regresa a Alemania. Sin embargo, un peligro se esconde en su interior, y cada noche morirá un soldado con el cuello desgarrado. 
Un equipo de las S.S. será enviado a solucionar el problema. Una vez allí, convencidos de que se trata de ataques de partisanos, pondrán a prueba sus crueles métodos pero no obtendrán el resultado esperado. Al buscar la forma de resolver el sangriento misterio serán informados de la existencia de un viejo erudito judío que podría ayudar. Sin pérdida de tiempo obligarán al judío, inválido, y a su hija a acudir a la fortaleza.

De la mano de F. Paul Wilson, Alamut nos ofrece una novela tensa. Donde el ambiente juega el papel más relevante. Un ambiente calmo, donde el tiempo parece no transcurrir pero que acumula la tensión en el aire; donde los minutos corren en pos de la llegada de una nueva gota de sudor surcando el rostro.
Es este el, para mi, aspecto más importante de la novela, aquel que destaca por encima de todos, porque la novela funciona realmente bien como thriller o novela de terror que te mantiene sujeto al sillón durante los dos primeros tercios de la misma, hasta que antes de que se descubra por completo el pastel, una vez se empieza a conocer la identidad del asesino, la novela empieza a decaer y pierde por completo el punto de tensión que la convertía en una novela muy original.
Wilson nos presenta una novela bien escrita, fluida a pesar de la tensión, y de pasajes oscuros donde la poca luz existente se convierte en una zona sombría.
Una novela bien estructurada en la que se observa muy fácilmente el típico esquema de introducción, nudo y desenlace. Partes que, por otro lado no aportan el mismo grado de satisfacción, (al menos a mí no) pues, como he dicho antes, la novela resulta casi redonda hasta una vez adivinado el asesino, convirtiéndose entonces en la eterna lucha entre el bien y el mal y resolviéndose finalmente, de forma apresurada y vulgar para mi gusto, al tiempo que abre la puerta a otras continuaciones que creo existen.
Wilson se vale del imaginario clásico vampírico para hacernos creer a nosotros, y a los personajes, que nos encontramos ante uno de estos legendarios y poderosos seres para después, con un golpe de efecto, sacarnos del engaño al que habíamos sido sometidos y dejarnos con un palmo de narices pues, probablemente, hubiera sido un enemigo más satisfactorio y una novela más redonda, si verdaderamente lo hubiera sido.
En cuanto a los personajes están bien desarrollados pero, en su mayoría, resultan estereotipados ya que aunque puede sorprender el enfrentamiento entre dos miembros del ejercito alemán, resulta compresible dado el carácter sádico y egocéntrico de los miembros de la S. S., algo que no tenía por qué ser compartido por todos los alemanes.
Una vez comentado sucintamente el estilo, la atmósfera y los personajes puedo centrarme en algún aspecto concreto que me ha parecido algo fuera de lugar. Se trata de cierto romance surgido entre dos de los protagonistas. Me ha resultado excesivamente precipitado y, quizás, prescindible dado el ambiente de la novela aunque tal vez sea necesario para otorgar distintos tipos de humanidad y existencia a ambos y ofrecerles un futuro compensativo de su pasado.

Pese a estos defectillos y a que mi primero impresión fue la de encontrarme ante una novela de hombres-lobo (no sé por qué), y no fue así, se trata de una novela muy entretenida en la que es fácil sumergirse y mantenerse pegado a las páginas.
No es una novela de terror, aunque el ambiente que se respira en la fortaleza hace que se le aproxime, pero da bien el pego para leerlo por la noche.
Una novela entretenida y disfrutable aunque, en mi caso, creo que no me ha aportado mucho más.

domingo, 20 de enero de 2013

El segundo imperio

Un mal momento laboral, con altibajos y muchísimo trabajo (no esperado, ni de mi gusto) han hecho que la pila de reseñas pendientes se vaya aproximando a la pila de libros pendientes de leer. La verdad es que me encuentro tan saturado mentalmente que sentarme a escribir una reseña, o tan siquiera a leer, me resulta agotador y poco fructífero pues me pierdo continuamente. Sin embargo, he de sacar algún momento de luz entra tanta oscuridad, y de paz entre tanto caos, así que intentaré escribir las reseñas pendientes en un corto espacio de tiempo, aunque no tengo claro que sea capaz. Por lo pronto, vamos allá con El segundo imperio, cuarto libro de la serie Las monarquías de dios y que hace ya un par de meses que terminé.
El segundo imperio es la continuación directa de Las guerras de hierro. Sin flashbacks temporales. sin puntos de vista diferentes de la misma historia. Sin historias de otros personajes equidistantes en el tiempo. Donde acaban Las guerras de hierro, comienza El segundo imperio, ni más ni menos.

En el segundo imperio, la excisión de los reinos herejes con el resto de reinos ramusianos es ya incuestionable, apodíctico. Himerius se yergue como una fuerza poderosa mientras el joven Albrec, tras convencer a Macrobius, se enfrenta intelectualmente a Aurungzeb en su afán de unir los dos credos.
Aurungzeb, por su parte, pretende hundir Torunna de una vez por todas y lanza su ofensiva final mientras Corfe, sumido en intrigas palaciegas, debe sobrevivir al complot para combatir las hordas Merduk.
Mientras tanto, Hawkwood, con escasos supervivientes ha regresado a Abrusio. Con su vuelta, la amenaza del gran mago allende los mares y los aullidos lobunos, ensombrecen el total de los reinos.

¡¡Buah!! Sólo describir el resumen, me retrotrae a hace dos meses, cuando me lo bebía a largos tragos.  Y digo, a largos tragos, porque Kearney logra lo que otros no, una narración fresca, llena de potencia, con extrema acción, ágil, rápida, sorpresiva y que te invita a no parar de leer y a querer más y más. Y, lo mejor de todo: nunca defrauda. Realmente fascinante. Magistral. Sin lugar a dudas está saga es una de las más grandes.
Paul Kearney nos tiene acostumbrados a una prosa fluida y dinámica. Muy potente y efectista, con una especial validez para el ambiente náutico y con una viveza y expresividad contundente en lo que se refiere a situaciones bélicas.
En esta cuarta entre, Kearney empieza a sentar las bases finales de lo que parece será un fin de saga espectacular. De este modo, comienza a cerrar tramas muy importantes y principales hasta ahora, como la guerra entre ramusianos y merduks, para centrarse en lo que será la gran epopeya que deparará la llegada del poderoso mago de occidente.
A mi modo de ver será este, y no otro, el gran y único hilo activo de Las naves del oeste pues, la unificación de credos parece acercarse a su fin en esta 4ª entrega, con la aceptación por parte de Macrobius y de los sacerdotes merduk; la trama de Jemilla, si bien no está cerrada, parece no tener fuerza suficiente para que exista tiempo material para desbancar a lo que está por venir desarrollándola de manera satisfactoria y no cortante; el cierre de la trama de Himerius será sorpresivo y fugaz en su resultado, me temo; la trama de Corfe y Heria ha quedado finalmente resuelta. Por supuesto, no quiero decir que este será el único hilo argumental disponible en la 5ª entrega pero sí, el que captará toda nuestra atención. Está claro que todo esto son elucubraciones mías, pues aún no he leído el final de la saga y, como podéis comprobar, ni siquiera he ojeado reseñas al respecto por lo que, si me equivoco, disculpad todos mi osadía. 
Ante este último hilo que he mencionado cabe señalar el buen trabajo de Kearney pues, no cabe duda de que la trágica situación de Corfe y su esposa rondaba página tras página de la saga encogiendo el corazón del más pintado. A este respecto no puedo más que decir que el autor lo ha cerrado de una forma excepcional aunque, reconozco, que me decepcionó un poco ¿Por qué? Porque esperaba la eterna lucha por la recuperación del amor perdido. Me cuenta creer que dos personajes que se quieran tanto sean capaces de un acto de olvido premeditado como el que plantea Kearney, si bien es cierto que, no siempre Corfe fue tan arrojado, osado y sentimental, y fue necesario la pérdida de su mujer para hacerlo explotar.
Así, con esta tragedia y con la vistosidad militar de los últimos libros, puede dar la impresión de ser Corfe el único protagonista de la historia. No lo es, pues todos, a su modo, portan pesadas cargas y esperan grandes futuros pero, es cierto que Corfe Cear-Inaf adquiere una predominancia importante en escena, siendo el protagonista de los momentos más emotivos y de los más enérgicos. No en vano, la batalla de Berrona muestra la grandeza narrativa de Kearney que, en esta ocasión, entra de lleno en la guerra y, además de la vistosidad de la estrategia militar, nos muestra el horror visceral de la misma, el sufrimiento de los inocentes, el salvajismo crudo e irracional del más fuerte. El miedo, el horror, la impotencia, la desolación subyacente ante estos hechos sin sentido.

En esta cuarta entrega somos conscientes del gran apoyo que suponen las mujeres para cada uno de los protagonistas. Mujeres poderosas por si mismas que, en mayor o menor medida, permanecen en la sombra y aportan la madurez y carácter a los protagonistas principales, como la Reina madre de Torunna en el caso de Corfe, Heria en el caso del sultán Merduk, y de Lady Isolla en el caso del rey Abeleyn.

En definitiva, con El segundo Imperio, Kerney vuelve a superar a la anterior novela, convirtiéndola en la mejor parte de la saga. No tengo la menor duda de que estoy ante una de las mejores sagas de fantasía que he leído jamás. Rápida, adictiva, totalmente adulta. Fantástica, sí, pero recomendable para todo tipo de lector. Sólo me surge una duda: tan sólo queda un libro para cerrar la saga. Un libro no muy extenso precisamente. ¿Será suficiente para cerrar tan magnífica saga sin dejarnos casi a medias?

viernes, 15 de junio de 2012

Línea de sueños


Primera incursión que hago en los mundos del escritor ruso Sergei Lukyanenko. Hace tiempo que compré la trilogía de los guardianes, pero aún no me he puesto con ella y ya que línea de sueños, pese a pertenecer a una saga algo más larga, no editada por completo en España, se puede leer de manera independiente, me pareció una elección acertada para acercarme a este escritor.

Key Altos es un importante guardaespaldas que mata a una niña como efecto colateral a su trabajo. Este hecho provocará que su hermano se vengue de él asesinándolo a su vez.
Pero Key tiene su A'tan pagado, una especie de resurrección pagada, y es resucitado en la residencia de Curtis Van Curtis, propietario de la empresa suministradora del A'tan.
altos será contratado por éste para llevar a su hijo Arturo al planeta Grial. Pero no será un viaje fácil. Muchos ansían hacerse con el chiquillo, que ya ha vuelto a la vida en bastantes ocasiones sin haber conseguido finalizar su propósito.

Me ha gustado la escritura de Lukyanenko, rápida y directa, con ágiles momentos de acción seguidos de situaciones de una falsa calma y acompañados de ideas que invitan a la reflexión.
En general nos encontramos ante una novela mezcla de Space Opera y Ciencia Ficción hard, en la que la humanidad ha superado la barrera psicológica de sentirse inferior a las culturas extraterrestres y, así como hizo en la Tierra, ha logrado la supremacía sobre el resto de especies que pueblan la galaxia, aunque no puede bajar la guardia.
Esta supremacía llega de la mano de lograr combatir el mal ancestral de nuestra especie, la mortalidad. Con la llegada de la inmortalidad, como previo pago, se olvidan todos los miedos y, el ser humano es capaz de convertirse en una especie imposible de exterminar y que se considera, ya, capaz de todo. Esto nos acerca al ámbito de las ideas que Lukyanenko despliega en la novela. Ideas que invitan a la reflexión pero que como defecto, he de decir, que se quedan en eso, ideas simplemente utilizadas a modo de entretenimiento en el conjunto de la novela. Así, podemos intentar vislumbrar la posibilidad de  resucitar, sin olvidarnos de las grandes diferencias sociales, pues no encontraremos quien preferirá morir sin remedio por no tener dinero, y quien será resucitado hasta la eternidad aunque su merecimiento sea dudoso.
El desapego en la infancia y la clonación atenazarán a los personajes principales y redundarán en su personalidad, lo que también constituyen interesantes momentos para recapacitar. Lástima que, como digo, Lukyanenko esboza, más que otra cosa.
La complejidad histórica o, mejor dicho, cosmogónica resulta interesante y queda bien definido como base galáctica pero se hace corta, y apetece adentrarse más en los recovecos de este fascinante futuro. Un futuro que podría ser, o no, pues la línea de sueños tiene un marcado carácter relativista y nos ofrece a posibilidad de múltiples planos o realidades alternativas.
Un conjunto de especies bien desarrolladas, varias pero sin exceder en la banalidad del millar de especies: cyborgs, "hombres-oso", reptiles, gusanos parásitos o humanos transformados, constituyen un elenco de razas más que suficiente e interesante y que abren un abanico imaginativo muy divertido sin llegar a cansar.

En general la novela es bastante entretenida, con buenos momentos de acción y de tensión persecutoria. Tiene potencial para ser una muy buena novela de ficción especulativa aunque no lo logra del todo, pero se lee de manera ágil y es muy amena, lo que hace de ella una novela más que recomendable para pasar un buen rato.

martes, 29 de mayo de 2012

Las guerras de hierro

Las guerras de hierro es el nombre de la tercera entrega de la saga de Paul Kearney, Las monarquías de dios, una serie cuyos primeros dos volúmenes me parecieron fantásticos y que, como se suele decir, por h o por b, la tenía abandonada desde hace un año, algo que he decidido arreglar por completo a la mayor brevedad posible.

Con cada nuevo libro de la saga, la pluma de Kearney se vuelve más sólida, centrando la atención en uno u otro punto, comprimiendo unos hilos y ocultando otros con el fin de dar una mayor cohesión al conjunto y creando la tensión necesaria al tiempo que genera expectativas y misterio por las líneas argumentales que permanecen en la sombra.
En esta ocasión Kearney se centra en la mitad de la historia, principalmente en Corfe y el asedio Merduk a Torunna, y en el estado en que ha quedado el rey Abeleyn de Hebrión tras reconquistar su capital, dejando aparcados por el momento a Himerius, Hawkwood  y, por ende, a ese misterioso continente que nos hace babear de gusto.
Esto, de hecho, queda patente desde la misma portada, en la que podemos apreciar al general Corfe Cear-Inaf con su armadura Merduk pintada de rojo sangre, lo que nos avanza quien es el protagonista de esta entrega.

Además de la acción inherente a Corfe y sus Catedralistas, que tendrán que demostrar su valía de continuo e incluso pondrán en un brete al mismísimo ejército merduk, existe una línea política patente durante toda la obra. Por un lado, Corfe tendrá que pelear duro para hacerse valer por encima de un rey que no ha aprendido a reinar y que se opone a todo lo que abandere su madre, y frente a una corte aduladora del rey pagada de si mismos, salvo varios militares ya ancianos que saben lo que de verdad está en juego.
Por otra parte, Golophin y Lady Isolla, la prometida de Abeleyn, tendrán que vérselas con Lady Jemilla y el supuesto heredero que porta en su vientre, la cual sigue conspirando con los nobles de Hebrión para, aprovechando el estado del rey, manipularlos con el fin de poner a su futuro hijo en el trono.
Sin olvidarnos de Albrec y Ávila, los dos monjes que llegarán a Torunna para entregar el manuscrito a Macrobius, un manuscrito que puede cambiar el futuro de las religiones.

Al estar concentrada la acción en varias tramas se nos permite conocer mucho mejor a los personajes protagonistas: Corfe, el cual no es capaz de olvidar a su esposa aunque comienza a entender la vida sin ella. Un personaje con un gran carisma que se gana el respeto por parte de todos aquellos a quienes dirige, incluidos los mismísimos fimbrios; Lofantyr, un "rey de papá" que ha estado demasiado tiempo bajos las faldas de mamá y considera que es lo suficientemente maduro para reinar en solitario y que nos mostrará a un niño malcriado con un gran poder; Odelia, reina madre de Torunna, quién quiere lo mejor para el reino, y que añora a los hombres que lucharon por él. Ve en Corfe a sus antecesores y, sin pretenderlo, se va enamorando poco a poco de él pese a que esto le costará la enemistad definitiva con su hijo; Lady Jemilla, la ambición que vimos en la anterior entrega no para de crecer, y hará lo posible por dar lo mejor a su futuro hijo aun a sabiendas de que sea merecedor del trono; y, como no, Albrec y Ávila, que se afianzan en la nueva fe que les otorga el conocimiento del manuscrito y dotados de un deber divino se enfrentan valientemente al enemigo más temido.

En esta ocasión Hawkwood y compañía quedan abandonados, salvo por el último párrafo del libro y por una extraña fuerza que recibirá misteriosamente Golophin y que nos promete un desenlace épico de la saga pues esta fuerza surge allende los mares.
Esta fuerza misteriosa avanza la vuelta de la magia a los reinos, una magia que se ha ido extinguiendo poco a poco en favor de la pólvora, la cual también ofrece el contrapunto a los antiguos sistemas de guerra operantes, mostrándonos el choque de culturas.

En definitiva, una obra que no para de crecer,  y que sigo pensando se muestra como una de las sagas fantásticas más apasionantes e interesantes de los últimos tiempos y que me parece, por lo tanto, de lo más recomendable por estos pagos literarios.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Fin del mundo en Breslau

Un asesino en serie amenaza la ciudad de Breslau; su firma, una hoja de calendario en cada una de las víctimas. El consejero de la sección criminal, Eberhard Mock, descubrirá que las fechas guardan relación con asesinatos cometidos hace mucho tiempo.
Entre la desquiciante falta de pruebas, el consejero Mock tendrá que enfrentarse al abandono por parte de su mujer, harta ya de sus borracheras y maltrato.
Para colmo, los miembros de una extraña secta anuncian la llegada de crímenes y cataclismos de otros siglos.

Fin del mundo en Breslau es la segunda novela de la serie del consejero Mock, que inició sus andaduras en la editorial Alamut con Muerte en Breslau. En este caso, la novela presenta carácter retrospectivo a modo de precuela, pues Mock se encarga de contarla en su lecho de muerte, como un caso interesante que resolvió hace muchos años, para que no se pierda en el olvido.
Es esta una novela negra en la que a Marek Krajewski se le ve a sus anchas, con un estilo preciso y envolvente que se recrea en las descripciones de una ciudad oscura y maloliente y que, convierte al protagonista de la novela en un antihéroe, un ser odiado por todos, incluso por sí mismo.
Krajewski nos ofrece dos novelas en una, por un lado una historia de detectives en los que las pistas serán pocas pero que parecen evidentes, con una trama más interesante y, a mi parecer (que no soy experto en este tipo de novelas) original y, por otro lado, y a mi modo de ver, con el mismo o mayor interés, una novela de personajes en la que todo gira alrededor de Mock. Sus compañeros, su mujer, su sobrino, etc.
Mock es un hombre duro, un buen policía, pero lleno de prejuicios y que evalúa y discrimina a sus subordinados sin piedad; con cierta tendencia obsesiva-compulsiva, diría yo, deprimido por la vida, lo que lo obliga a sentir una pasión atroz por el alcohol y lo acaba convirtiendo en un machista y maltratador empedernido. En torno a él se encuentra su mujer, que lo ama pero está harta de sus continuos desplantes y vejaciones, por lo que decide buscar fuera lo que no tiene dentro de casa y así, se vengará de su marido acudiendo a orgías que la llenan como mujer pero la mortifican como persona.
También el sargento Kurt Smolorz, compañero y único amigo (si se puede llamar así) de Mock se cruzará de lado y veremos un carácter fuerte y leal que no es capaz de resistir la traición.
Aspiramos vaharadas de denso humo y sentimos el repiqueteo de los tacones al andar por el mojado empedrado de Breslau; las calles de la ciudad antigua se yerguen ominosas y llenas de moho a nuestro paso mientras nos adentramos en el escenario del siguiente crimen, y todo ello es interrumpido de golpe por lo ataques de furia o arrepentimiento de Mock. Krajewski consigue crear un ambiente opresivo y saturado de una amoral moralidad.
La aparición de un miembro de la realeza en la vida de Sophie y de la secta Sepulchrus Mundi hace todo más interesante si cabe, pues con la inclusión del don de profecía y del esoterismo nos mete en un extraño juego que va más allá del simple asesinato.
Es cierto que el final es, quizás, un pelín apresurado, lo que le resta algo de empaque, pero no deja de ser una buena novela de orden policíaco.

Para concluir decir que esta es, o fue, otra buena apuesta de Alamut. Lástima que el resto de la serie siguiera otros derroteros.

martes, 5 de abril de 2011

Los reyes heréticos

Tras el espectacular final de El viaje de Hawkwood, el lector ansía sumergirse de nuevo en Normannia; deseoso de explorar los misterios del nuevo continente y de meterse en la piel de alguno de los tres reyes que han acaparado todo el protagonismo de este tramo final. Atención, esta segunda parte no defraudará a nadie y, si cabe, aumentará aún más la tensión y el misterio, pues no sólo las tramas comenzadas en el primer título alcanzarán su clímax, sino que una nueva aparecerá en escena: un hilo que pondrá en peligro el tejido religioso de Normannia.

Murad y Hawkwood han llegado al nuevo continente. Una tierra exuberante y maravillosa, poblada por seres que no esperaban encontrar, y en la que el clima y el propio habitat harán enfermar a la tripulación. Una tierra donde, sobre todo, descubrirán que la m
agia es inherente a todo lo que contiene.
Por otro lado, Abeleyn regresa a Abrusio tras el cónclave de reyes pero descubrirá que la iglesia inceptina y los nobles, ávidos de poder, se han opuesto a él y lo han derrocado antes de tiempo, cerrándole la entrada a puerto. Con la ayuda de las milicias y el populacho, que aún le guardan fidelidad, intentará dar la vuelta a la tortilla.
Mientras, Corfe Cear-Inaf, el único superviviente de la destrucción de Aekir, ha sido ascendido como recompensa por su valerosa defensa del Dique de Ormann, por lo que ha de acudir a Torunn como escolta de Macrobius y recibir órdenes. El rey Mark le encomendará una misión destinada a fracasar, con el peor armamento y reclutas posibles.
Al mismo tiempo, en el seno de la iglesia, en la importante catedral de Charibon, un joven sacerdote llamado Albrec, y su amigo, el inceptino Avila, han descubierto un antiguo manuscrito que, de salir a la luz, podría conmocionar a la iglesia y dar un nuevo sentido a la fe.

Éstos componen los cuatro arcos argumentales principales de la novela, pero no queda ahí la cosa por que , como ya hizo en El viaje de Hawkwood, Kearney no se conforma con un número tan pequeño de escenarios y decide rizar el rizo añadiendo un nuevo número de subtramas que hagan que el lector deba estar siempre pendiente para no perder la comba del entramado global.
Tal vez sea un poco pronto para precisar esto pero, a mi juicio, la escritura de Kearney ha evolucionado hacia una mejora en el desarrollo narrativo de la historia, consiguiendo una novela mucho más fluida y sostenida. Al cambiar la estructura interna logra un mayor equilibrio entre las diversas tramas, alcanzando cotas de tensión bastante parejas entre ellas.
Así, la parte de Hebrion resulta muy interesante y emocionante, la toma del puerto de Abrusio por parte de Abeleyn, mientras tras los muros se cuecen las políticas a favor y en contra del mismo; por su parte, Corfe, ha de enfrentarse al sistema establecido y hacer frente a una misión
fracasada de antemano, pero echará mano de su carisma y pundonor y plantará cara a los acontecimientos adversos con situaciones que pueden resultar un tanto cómicas, pero que denotan un gran coraje por parte del personaje; el caso de Hawkwood sea quizás la parte de una mayor tensión pues la narración es muy descriptiva con respecto al estado de salud, físico y mental, de los componentes de la expedición al adentrarse en la jungla, llegando a producirse momentos de auténtico terror en la ciudad de los indígenas y cerrando la trama con un cliffhanger de manual que nos pone los dientes más largos que los de un cambiaformas; del mismo modo, la nueva trama de Albrec y Avila añade misterio y tensión, así como una vertiente teológico-metafísica muy interesante que nos encamina no sólo hacia la unicidad de dios, sino también del profeta; interesante será también observar las ambiciones del sultán de Ostrabar y como, mientras sus tropas permanecen en letargo hasta que pase el invierno, prepara una nueva campaña de terror para el continente.
En este segunda parte Paul Kearney ha conseguido fusionar el realismo y la fantasía, dando prevalencia al primero: por un lado, al difuminar la magia de al forma que los únicos componentes mágicos perceptibles son algún que otro familiar y alguna invocación, dando toda la predominancia fantástica al nuevo continente inexplorado, dónde la magia adquirirá una nueva dimensión y abre un futuro de incógnitas y misterios; y por el otro, al dotar a la novela de un mayor cariz político, tanto por la situación de los reyes heréticos, como por las ambiciones de la Iglesia en Hebrion y Almark, ante la inminente muerte de su rey, o incluso por la aparición, ya medianamente seria, de los fimbrios, que empiezan a mover su ficha en la partida.
En esta ocasión me ha sorprendido agradablemente, el concepto de género introducido por el autor, al dar protagonismo a cuatro mujeres que, cada una a su modo, poseen una importancia determinante y que abren nuevos arcos argumentales que prometen dar guerra en el futuro. Veremos así, la sumisión que esconde la rebeldía de Hería, la mujer de Corfe; la ambición de Jemilla, sin escrúpulos a la hora de engañar a Abeleyn para asegurar su futuro y el de su hijo nonato; el poder en la sombra de Odelia, Reina Madre de Torunna, que intenta demostrar a su hijo que no está acabada y aún tiene poder; o la seductora magia de Kersik, la indígena del nuevo continente que será capaz de hechizar a Bardolin.
También se observa una evolución en cuanto al desarrollo de los personajes, que adquieren mayor profundidad y dotes de realismo al encontrarse ante situaciones límite, lo que nos hace sentirlos más cercanos.

En mi humilde opinión, si en la primer aparte, el misterio aromatizaba la obra, en esta segunda, cobra una especial relevancia y perfuma por completo la novela, dejándonos momentos inquietantes y muchos interrogantes pendientes de resolver.

En definitiva, de nuevo una muy buena novela, a mi juicio, superior a El viaje de Hawkwood y que, a no ser que se tuerza, va camino de convertir a Las monarquías de dios en una de las sagas de fantasía más originales, brillantes, entretenidas y apasionantes de los últimos tiempos.

domingo, 27 de marzo de 2011

El viaje de Hawkwood

El viaje de Hawkwood es uno de esos libros que, en primera instancia, no llaman la atención. A mi modo de ver, tanto el título como la portada resultan algo anodinos, dicen poco y cuando los ves en la estantería, pese a saber de la calidad inherente a los libros de Alamut, siempre hay otros que llaman más la atención, y esto no es sino un error, pues el contenido supera con creces estos, para mí, pequeños defectos.
Como sabéis, las venta de esta saga, tras publicar los dos primeros títulos, no invitan a continuar publicando la serie, algo que, Luis G. Prado, editor de Bibliopolis/Alamut, comenta y analiza en su blog, habiendo primero pedido sugerencias a los lectores para no dejar colgada esta serie y , finalmente, optando por poner en marcha una idea bastante buena en mi opinión, en la forma de suscripciones a la serie. Lo podéis ver en la siguiente entrada:
Realmente espero que termine solucionándose, ya que, una vez leído, me afianzo en la idea de comprarlos a toda costa, pues me parece una saga con muchísima calidad. Yo ya estoy en sus garras, si esta reseña sirve para convencer, aunque sólo sea, a una persona más, me daré por satisfecho.

Aekir, la ciudad más importante de la civilización ramusiana (cristiana) a caído a manos de las hordas merduk (musulmanes). Otrora emblema de la cultura y la fe para los cinco estados que conforman las monarquías de dios es, ahora, pasto de las llamas y sus habitantes han sido pasados a cuchillo. Tras esta gran victoria, los merduks se dirigen a Torunn buscando el mismo fin, pero para ello tendrán que superar el dique de Ormann, un baluarte hasta ahora inconquistable.
Entre los supervivientes de Aekir, Corfe, único soldado vivo tras la contienda, y un sacerdote ciego que dice ser Macrobius, máximo mandatario espiritual de la religión ramusiana, se dirigen también hacia Torunn.
Mientras, en Abrusio, capital de Hebrión, el prelado Himerius está llevando a cabo una puga sagrada contra los practicantes de Dweomer (las artes mágicas, ya sean mayores o menores), algo a lo que se opone Abeleyn, el rey, por lo que ante el inusitado poder de la iglesia y, temiéndose lo peor, enviará una expedición capitaneada por Richard Hawkwood y el noble Murad hacia un nuevo continente inexplorado que dice existir al oeste.
Por otro lado, ante la muerte del Padre de la iglesia (Macrobius), los altos prelados de la misma se reunen en cónclave para nombrar a un nuevo líder espiritual. Una oportunidad que Himerius no está dispuesto a desaprovechar.

La novela comienza narrando un hecho acaecido 500 años antes de los actos narrados en la novela. La llegada de un barco a la costa. Un barco en pésimas condiciones, en estado de naufragio con un único pasajero a bordo. Unos ojos amarillos y una fiereza que han acabado con los miembros de la tripulación y acabarán con sus supuestos salvadores.
Una escena corta y que termina de forma abrupta, pero que siembra la idea de que el viaje va a ser movidito y habrá que apretarse los cinturones. Tras el primer capítulo propiamente dicho de la novela, parecerá que el prólogo era baladí, pero nada más lejos de la realidad, porque a medida que avanza la obra empezaremos a ver las implicaciones de este suceso que tiene muchos visos de repetirse en la actualidad, al tiempo que a medida que pasamos las páginas iremos viendo que los hilos argumentales abiertos por el autor van conformando un abanico que difícilmente podrá cerrar en una novela de apenas 350 páginas.
El estilo de Paul Kearney, pese a ser correcto, directo, agradable y de fácil lectura, parece no haberse consolidad todavía, y presenta vaivenes en su forma, ya que nos encontraremos escenas descritas como de pasada, con poca información y escasamente detalladas y, en cambio, otros pasajes con una profusión de detalles que raya en la maestría, como pudieran ser las escenas narradas a colación de la vida marítima, donde a Kearney se le ve muy a gusto y se observa que es una verdadero maestro en la materia y no pretende ahorrarnos las penurias que deben pagar los marinos en alta mar, ni siquiera al describir los perores momentos en la vida de los desgraciados y jóvenes grumetes. Su prosa no hace alarde de retórica ni hay momentos especialmente bellos en su descripción, pero la sobriedad de su pluma, unido a una trama cuyos hilos van formando un telar y que plantea cada vez más interrogantes, presenta detalles de calidad como para que nos mantenga lo suficientemente intrigados y entretenidos y, en definitiva, consigue que la novela resulte muy agradable y se nos haga verdaderamente corta.

El ritmo de la novela es ágil y rápido, algo que se verá acentuado por que las subtramas van saliendo a lo largo de la novela de una forma bastante rápida y sin rodeos y, así, de ka destrucción de la más importante ciudad, observaremos la rencilla entre Abeleyn e Himerius; la intención del sultán de Ostrabar; el destino de Heria, la mujer de Corfe; la pesadumbre que embarga a Corfe; la purga que pretenden hacer los sacerdotes inceptinos en las monarquías; el viaje de Hawkwood, un viaje cuyos pasajeros son practicante de magia y, en el que el peligro no sólo se encuentra en el mar, sino que acecha dentro del barco, como podremos ver el las propias subtramas que subyacen a un viaje que durará meses y en el que el mundo se reduce a una pequeña embarcación.
Por otro lado, la narrativa de Kearney se basa en hechos históricos como los acaecidos a finales del siglo XV (con la caída de Bizancio y el descubrimiento de América) pero que al estar mimetizados con tintes fantásticos puede pasar perfectamente por una novela de fantasía al uso, sin necesidad de conocimientos históricos que nos ayuden a sobrellevarla.
Así, hay varios putos de especial interés en la novela, como por ejemplo: el contraste que ofrece un imperio en el que la pólvora comienza a ser un elemento importante contra otro al que dicho descubrimiento aún no ha llegado, lo que resalta muy bien un cambio de era, el fin de las tradiciones con la llegada de la modernidad, un cambio en la conciencia del mundo; el hecho de unir dos fuerzas antagónicas, como la religión y superstición frente a la magia en un viaje por mar que durará un largo tiempo; o el sistema mágico, dweomer, dividido en siete disciplinas que abarcan desde los más complicado y mágico desde un punto efectista, hasta lo más simple, como en conocimiento de las hierbas, con la inclusión del uso de estas disciplinas por los cambiaformas, los cuales utilizan la forma pura del poder. Aunque es cierto que no está del todo bien definida, y de momento, es una introducción a un sistema mágico, se puede percibir que el poder es un ente vivo que consume las energías del mago para poder realizar sus sortilegios, y en el que ya se observa que abundan los familiares (tanto en la forma de animales, como de seres con más esencia mágica, como los duendes); y la posibilidad de entablar contacto con seres de esencia mucho más oscura.

En cuanto a los personajes se puede decir que están bien definidos, pero no completamente desarrollados, pues se empiezan a ver detalles de relevancia que irán siendo más importantes en lo siguientes títulos, como: la ambición de Himerius; el intento de gobernabilidad por encima de todo de Abeleyn; la autopenitencia a que se somete Corfe, quien debo decir que es mi personaje favorito y quien considero que está mejor desarrollado, pues su evolución si es palpable, al observar el amor que siente por su mujer y el continuo sufrimiento al que se autosomete al sentirse un desertor; la fuerza de Hawkwood y su perseverancia; entre otros.

La novela termina dejándonos con ganas de más, pues nos encontraremos con la expedición de Hawkwood poniendo pie en un nuevo continente; con los merduks preparándose para una nueva campaña; con un cónclave de reyes que echa chispas; y con un cisma religioso.
Todo ello hará aflorar nuestro interés y desear no perder tiempo en leer la nueva entrega.

En definitiva, una muy buena novela épico-fantástica de reminiscencia histórica, urdida con el aromático perfume del misterio. Como he dicho, una buena novela, una buena causa a apoyar, que cuenta entre sus virtudes, la de ser una saga completamente terminada, únicamente a la espera de traducción.

viernes, 21 de enero de 2011

La isla de los espíritus

La isla de los espíritus es uno de los primeros libros que Bibliópolis editó en su colección histórica. Publicada hace ya varios añitos la compré en cuanto salió, pues me confieso fan declarado de todo lo que tenga que ver con la cosmogonía celta, pero por unas causas u otras, fue quedando en el olvido y hasta ahora no me la he podido echar al careto.

La historia transcurre entre los años 30 y 60 d. C., en Britania, una tierra que Julio Cesar intentó conquistar por dos veces. En esta ocasión, el emperador Claudio desembarca con sus tropas en esta isla alejada de Roma con la intención de subyugar a las tribus bárbaras que la habitan.
Tras la muerte del rey Cunobelin, su hijo Caradoc toma el control del pueblo belga, y con la ayuda de sus primos Beddyr y Morag, y su amigo, el príncipe de los cantios, Gwyndoc, prometen luchar contra los romanos con todas sus fuerzas. Pero tras la primera batallas importante, los romanos conquistarán Camulodunum y los belgas se verán obligados a huir y liderar la resistencia, pero las rencillas internas en el grupo les jugarán malas pasadas, y Caradoc y Gwyndoc se enemistarán definitivamente.
Ambos permanecerán fieles a sus ideas y odiaran a los romanos, pero la brecha abierta entre ellos será tan grande que debilitará la fuerza de las tribus celtas.

En un principio la historia me resultaba sosa, y a medida que avanzaba la narración la trama iba quedando reducida a un grupo de celtas que huían de los romanos, o de los rumores de romanos, mejor dicho, ya que se escucha como un leve ruido de fondo; tan sólo el lírico estilo de Henry Treece, nada recargado y con la maña de un trovador me parecía interesante. Y no fue sino éste hecho, hacia la mitad del libro, lo que me hizo cambiar mi percepción del libro y leerlo como si de una vieja leyenda de Mabinogion se tratará, pues al final, si bien es cierto que el trasfondo histórico está muy presente, la historia de Gwyndoc se presenta como una leyenda al estilo de las antiguas baladas celtas; en la que observaremos a un héroe que a pesar de sufrir la más grave humillación por parte de su rey, le mantendrá lealtad eterna. Un héroe que abandonará todo por amor pero, cuyo honor, y la pasión que profesa por su modo de vida, acabarán imponiéndose a todo.
De este modo, la novela se convierte en una obra que pide mucho al lector, pues ha de meterse en este mundo oscuro y a la vez fantástico de las viejas sagas celtas y disfrutar de su lirismo, su sencillez y, al mismo tiempo, su dureza, de un modo diferente al que uno se somete al leer una novela de índole más actual.
Treece crea unos personajes con mucha vida, casi de carne y hueso y, de este modo, no podemos sino llevarnos las manos a la cabeza
al ver la impía actitud del caudillo belga hacia su honorable vasallo, y como éste acepta lo que le traiga el destino.
Pero a mi modo de ver, el proceso creativo de los personajes es, en esta novela, un arma de doble filo, pues por un lado constituye uno de los puntos fuertes de la novela, pero por el otro parece que Henry Treece ha extraído las estereotipadas características de estos pueblos a las que el folklore histórico nos tiene acostumbrados y, así, tenemos a los irascibles y siempre beligerantes Morag y Beddyr; al orgulloso Caradoc; al honorable y leal Gwyndoc; al místico Bydd; a la sangrienta y astuta Cartismandua; o a la gran mujer Igerne, por ejemplo. Todos ellos conformarán una historia que brilla principalmente por sus personajes y por su poder de atracción narrativo, ya que el autor sabe jugar muy bien con las palabras, para mostrarnos un mundo armónico y lleno de luz y color donde, como en la casa de GH, los más altos valores y la emociones más profundas se magnifican, y no tanto por la propia trama que, si bien respeta en líneas generales los hechos históricos, podría haber resultado mucho más suculenta.
Cabe destacar el gran final de la obra. Un final triste, pero perfecto teniendo en cuenta el cariz que iba tomando la vida de Gwyndoc. Un fin similar al ocurrido en cierta historia escocesa.
También mencionar la excelente traducción de Carlos Gardini, que consigue hacer música con las palabras de Treece.

En definitiva, una novela muy satisfactoria pero que exige atención y constancia por parte del lector.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Los viajes de Joenes

Cuando comencé a leer Los viajes de Joenes no tenía muy claro lo que me iba a encontrar. Pese a haber sido reeditado recientemente por Bibliópolis, el título arrastraba ya varias décadas al castellano en otra editorial, pero nunca lo había leído. Si es cierto que, me asustaba un poco pues había leído varios comentarios con respecto al sentido del humor de la obra y, he de reconocer que, yo soy más limón que melón y en literatura, el humor no me dice prácticamente nada (no soy seguidor de Pratchetts, Moores Adamms, etc, pese a tener algún título suyo en la estantería. Pero he de decir que, en este caso, con Sheckley me tengo que quitar el sombrero.

Los viajes de Joenes
Joenes es un joven residente en la polinesia que al perder su trabajo decide emigrar a Estados Unidos para conocer la cultura de sus padres y descubrir las bondades de aquella tierra. Su inocencia le hará pasar por varias situaciones realmente estrambóticas de las que conseguirá salir bien parado, hasta acabar culminando en la destrucción de Estados Unidos.
La tienda de los mundos está formado por una colección de cuentos cortos. Brevemente:
* El precio del peligro: Jim Raeder concursa en un programa televisivo en el que pone su vida en peligro en directo.
* Los humores: Alistair Crompton decide recuperar las otras dos personalidades que extirparon de su mente.
* Triplicación: Tres minicuentos esquizoides.
* El hombre mínimo: El mega-gafe de Anton Perceveral es contratado como explorador extraterrestre.
* Si el verdugo rojo piensa: Un soldado es resucitado por error e intentará morir de nuevo.
* La tienda de los mundos: Una simple inyección liberará tu mente para viajar a cualquier mundo posible y/o probable.
* El arma que no hacía bang: Un aventurero se dispone a probar el arma definitiva en una cacería interplanetaria.
* Las muertes de Ben Baxter: La muerte de un hombre convertirá la línea histórica principal en catastrófica. El servicio de programación temporal de la tierra probará con diferentes probabilidades para evitarlo.

Como he dicho anteriormente, este libro me ha sorprendido, y mucho. El estilo sobrio y directo de Sheckley para describir situaciones a cual más descabellada no permite la llegada al aburrimiento, prácticamente no transcurre tiempo desde que acabas un capítulo en el que has alzado las cejas, se te han elevado las comisuras de los labios o seguro que has gesticulado cuando, al momento, te encuentras sumido en que una escena disparatada a dado lugar a otra que no lo es menos. No sé, me ha dado la sensación de estar leyendo una especie de híbrido entre Philip K. Dick y Terry Pratchett, en el que se ha mejorado el estilo y forma de Dick y se ha acidificado el humor de Pratchett otorgándole un aire más delirante.
Sheckley se muestra como un escritor espectacular en las distancias cortas, tanto en los magníficos cuentos de La tienda de los mundos, como incluso con el propio Los viajes...., se podría ver como una sucesión de cuentos correlativos, ya que cada capítulo es una gozada por si solo.
La profusión de ideas es continua, de tal modo que con cualquier cosilla es capaz de afilarlo y sacarte una carcajada. De este modo, de forma divertida y rápida no deja títere con cabeza y arremete contra todo lo posible: las drogas; la falta de individualidad; la férrea pero también laxa justicia; la divina y verdadera democracia americana; la policía; la educación; la salud mental y sus artesanos de la curación; el ejercito; las pruebas nucleares en el pacífico; la ecología;la televisión, la audiencia y los programas basura, etc, pero siempre desde la óptica omnipresente del miedo americano a ese famoso fantasma que recorría Europa y a unos misiles que podían cruzar el globo en cualquier momento.
Los personajes, en su mayoría están poco desarrollados,bien por la corta extensión de los cuentos, en los que, evidentemente, prevalece más la idea y la representación satírica de la misma o, en el caso de "Los viajes..." porque la mayoría interactúa con Joenes durante pocas páginas, pero aún así, todos ellos aportan sus toques hilarantes y destilan la pizca de ingenio suficiente para hacerlos interesantes y jocosamente creíbles y, por tanto, recordables con el paso del tiempo. Por supuesto esto no es válido con Joenes, con el que Sheckley parodia al Cándido de Voltaire y nos muestra que la inocencia, la ingenuidad y la bondad son bienes muy escasos en este mundo, los que hacen del ser humano un ser humano, de tal forma que Sheckley consigue que Joenes se convierta en un extraño para el mundo, un extraterrestre a los ojos e su propia raza, pero al que todo le sale bien, con lo que al fin y al cabo, también vive en el mejor de los mundos posibles.

En definitiva y conjuntando todos estos aspectos considero que es una estupenda novela por derecho propio, pero que junto a a la fantástica selección de relatos de La tienda.... se convierte en una pieza imprescindible para todo lector que guste de las lecturas divertidas y con miga.

Antes de irme, no puedo cerrar esta entrada sin agradecer a Bibliópolis el que me la haya mandado y así me haya descubierto a este gran y olvidado maestro.

lunes, 30 de agosto de 2010

Tríptico de Trinidad

AIRE

Como todos los años, hace un par de meses me acerqué por la Feria del libro (la de Madrid, claro). Como todos los años, algún libro al que le tenía ganas cayó en mi saco. Pero este año en concreto, los señores de Alamut / Bibliopolis y su talento comercial (aunque también es cierto que no hace falta tirar mucho del hilo para convencerme cuando de libros se trata) consiguieron que se enganchase en mis redes un libro que no tenía ninguna intención de comprar, ni siquiera estaba entre la lista de los que me interesaba, pero que acabe comprando. Ahora, varios meses después, puedo decir que no me arrepiento y dar las gracias a Luís y Daniel por “persuadirme” para que lo comprase. Es un libro maravilloso. Complejo, pero maravilloso. Complejo en todos los sentidos, me resulta difícil incluso hacer la reseña.

Veo dos formas posibles de hacer una sinopsis:

Una amplia, extensa, con el conocimiento que da el libro terminado. Quizás la preferible para quien quiera hacerse una idea clara antes de gastarse los dineros, pero para mi, incorrecta, pues desvelaría desde el principio una trama que se debe degustar despacio, como un terrón de azúcar.

La segunda (y elegida) más reducida y en la que me hago cómplice de los giros y desvelo lo mínimo imprescindible.

AGUA

La Ducásima, más que Emperatriz de Trinidad, la ciudad que alberga el Eje del Mundo, ha sido envenenada. Mástruca, Méstruca, Móstruca. La muerte de la Ducásima supone un grave peligro para Trinidad y sus habitantes, pues tan solo ella tiene el pode de visionar y profetizar el destino y, de esta forma, mantener estable la estructura de la realidad.

El Consejo decide poner en marcha una investigación para encontrar el antídoto y, para ello, como en una cadena, diversos personajes enfrentarán diferentes etapas, lo que supondrá el descubrimiento de la gran verdad ya olvidada.

TIERRA

La prosa de Gardini es evocadora y sensual, como una voz aterciopelada que, agradable y pausadamente, te susurra al oído palabra hermosas, (a lo mejor suena tonto, pero es que ha sido así, he sentido una voz suave que me llevaba en volandas a lo largo del libro). Más de una vez me he sorprendido releyendo páginas enteras por el sólo disfrute de volverlo a leer.

Gardini es capaz de evocar potentemente imágenes que a su vez nos harán rememorar viejas leyendas y nos sumergirán en un mundo antiguo pero muy moderno, estandarte de la luz pero que encierra mucha oscuridad, un mundo, una historia de la que al finalizar el libro quisieras saber mucho más y ansías volver a leer. Mástruca, Méstruca, Móstruca.

El autor utiliza dos conceptos muy interesantes para abordar esta novela. El primero de ellos es el trío.

Toda la novela se estructura en torno al número tres: 3 secciones, 3 palabras importantes, 3 ministros, 3 razones de ser, 3 mundos enfrentados, etc. incluso en la forma de escribir, Gardini utiliza la musicalidad del 3 para crear efectos o párrafos tripartitos. Podríamos ahondar más allá y someternos a la Trinidad de los elementos naturales básicos: el agua, el aire y la tierra cobran una importancia especial, como símbolo de creencia, autoridad y forma de ser, incluyendo al 4º elemento, el fuego, como lo diferente, lo apartado pero esperanzador. Creer en el fuego te convierte en un paria, has abandonado Trinidad y has dejado de creer en ella y en lo que promete.

El otro es el figmento: Gardini va desgranando, a lo largo del libro, pequeñas gotas de un néctar exquisito: canciones leyendas, fábulas que nos acercan a la sociedad de una ciudad y un mundo que ansío conocer más en detalle.

Un mundo, como he dicho antes, luminosamente oscuro y que nos retrotrae a los mitos clásicos, no sólo por su estructura arquitectónica, que es uno de los puntos fuertes de la novela, sino también por su estructura social y política donde, por ejemplo, los locos son abandonados en un barco que siempre surcará el mar y, los peligrosos para la sociedad serán encerrados para siempre en los abismos de la ciudad; por sus leyendas, que nos recuerdan a escenas míticas como, por ejemplo, vemos un reflejo claro del Hades en la gema del olvido con el río Estigia separándolo de Trinidad e incluso con Caronte el barquero; por sus personajes, por ejemplo, la Ducásima recuerda en cierta medida a las moiras.

Trinidad se hace piedra viva ante nuestros ojos: la luz del Eje del mundo, el Arco de Urantia que separa el reino de los ángeles, la Gema del olvido, el Redentor de almas, la Triple ópera, el Barrio de la bazofia, etc. Todo confluye para crear una obra armónica absolutamente atrayente. Mástruca, Méstruca, Móstruca.

Y desde luego, cuando vamos llegando al final y descubrimos la resolución al misterio, todo cobra un nuevo sentido, tu boca forma un aro y piensas… “Espera un momento. Voy a leérmelo todo otra vez”.

EPÍLOGO

Bueno, aquí lo dejo, porque me enrollo como las persianas y me tiraría horas y horas hablando de lo que ha supuesto este libro para mí, pero no quiero aburrir. Pero ¡ojo!, esta reseña debe ser vista como un whisky de malta que ha apasionado a su autor que, dicho sea de paso, se raya en exceso, pero aviso que no será una novela del gusto de todos, ni siquiera de muchos. Lo será para aquellos que crean en el fuego.

Hasta ahora no había leído ningún libro de Carlos Gardini, pero que me aspen si no voy a repetir muy pronto.

Cabe la posibilidad de que al acabar el año algún libro me haya gustado más, pero tengo la certeza de que Tríptico de Trinidad será el libro más bello que haya leído este año. Mástruca, Méstruca, Móstruca.

miércoles, 7 de abril de 2010

El espejo de bronce

Exquisito. Es la palabra que primero me viene a la cabeza al pensar en El espejo de bronce. Conocía escasamente a Delia Sherman antes de este libro. Tan sólo había leído un cuento publicado en el The Sandman de Neil Gaiman y me había parecido un auténtico truño, por lo que empecé a leer éste con cierto recelo, pero necesité muy pocas páginas para cambiar de opinión y disfrutar de lo lindo.

En Albia, una Europa medieval como pudo haber sido, tres vidas cruzarán sus destinos: Margaret, la bruja de la Torre de la Hechicería, que es continuamente acosada por las imágenes de su pasado y por la continua premonición de su muerte captadas a través de su espejo de bronce; William de Flor, un muchacho que llegará maltrecho al castillo del Rey y que, sin proponérselo, acabará siendo Chambelán Real; y el Rey Lionel, un joven monarca cuya inexperiencia y ansia de poder lo llevaron a cometer un grave error, la guerra con el país vecino y cuya derrota le hizo perder el Norte y reducir su capacidad de gobernar a la de divagar.

Un lenguaje exquisito, conjugado con una historia "enrevesada" entre comillas, convierten la novela de Delia Sherman en una lectura deliciosa. Digo enrevesada entre comillas, pues si bien es cierto que la historia puede parecer liosa en un principio, no es menos cierto que aquellos lectores que, además de leer, también piensan descifrarán fácilmente el meollo de la cuestión antes de que se resuelva por si misma.
Son varios los elementos narrativos interesantes, como podrían ser, los personajes principales y algunos secundarios, que aunque en realidad son algo planos, pues sus comportamientos y acciones son siempre en la misma tónica y
por tanto, previsibles, poseen una personalidad tan propia e integrada en la estructura global de la obra que no puedo sino decir que es un gran punto a su favor.
El sistema mágico también me ha encantado, alejado de las consabidas magias más fantásticas de bolas de fuego y demás y, en cambio, más próximo a las hechicerías de pócimas, ungüentos e invocaciones de la Edad Media. Invocaciones, por otro lado, muy explícitas y cuya actividad demoníaca es más poderosa en unas ocasiones que en otras.
El recurso utilizado para que Lionel descubra el secreto que encierra William de Flor no es original en cuanto a la técnica, que sí en cuanto a la forma, resulta muy agradable y efectista.
Este secreto que acabo de comentar, el cual es motivo de cuchicheo sin par en el castillo, entronca directamente con los aspectos relevantes de la novela desde un punto de vista filosófico o simplemente de evolución espiritual o personal con respecto a cada uno de los personajes principales, pues es muy interesante observar como William de Flor trata de pasar desapercibido y de actuar sin destacar de ninguna forma y el efecto que consigue
es el contrario: "está claro que algo esconde" opina todo el mundo. algo similar a lo que ocurre en la vida real en la que si destacas te criticarán y si intentas no destacar serás continuamente cuestionado.
El aspecto relativo a Margaret concierne a la continua búsqueda para burla o cambiar el destino y la imposibilidad para conseguirlo pues, el destino, es capaz de modificarse a si mismo para que llegue a ser eso, destino. Eso dicen, al menos.
En el caso de Lionel podemos observar como el pasado puede condicionar el presente y el futuro si no somos capaces de anteponernos a aquel. Del mismo modo también es interesante la reflexión con respecto al amor, que puede aparecer en cualquier sitio y con cualquier persona, incluso ante quien nunca te imaginarías.

Pero como ya he comentado, para mi lo más importante y lo que me ha llevado en volandas hasta embelesarme por la novela es el lenguaje utilizado, descriptivo, florido, arcaico, pausado, por lo que para alguien que guste de algo menos rebuscado pueda no ser esta novela de su total agrado.

En fin, como hace un rato que me siento divagar, ya termino, pero no quiero cerrar esta reseña sin un par de agradecimientos. En primer lugar para la editorial, Bibliópolis, pues aunque últimamente ha tomado alguna decisión altamente insatisfactoria (desde el punto de vista del cliente, claro) y por lo tanto muy impopular, romperé una lanza a su favor al reconocerles la gran labor editorial que realizan y alabarles el gusto por el catálogo tan variado, original y arriesgado pero de una calidad contundente que presenta. Gracias por esta novela.
En segundo lugar, para el traductor, Manuel de los Reyes, pues suyo es gran parte del mérito de que la novela me haya gustado tanto, pues la traducción no creo que haya sido fácil y, sin embargo, el resultado me ha parecido excelente. Manuel es uno de esos pocos traductores (en mi lista personal serán 7 u 8, como mucho, los que cumplen esta condición) de los que al abrir un libro por la primera página y ver su nombre ya tengo la certeza de que el más del 50% del éxito está asegurado. Gracias a ti también por este libro, Manuel.

Qué puedo decir, una historia maravillosa, entretenida y altamente recomendable.

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