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martes, 26 de agosto de 2014

El poder de las tinieblas

Tras Todo lo que muere, primera parte de la saga protagonizada por Charlie Parker, he tardado más de lo que pretendía en volver a leer a John Connolly. La secuencia lógica, aunque no imprescindible, era El poder de las tinieblas, y así lo hice.

En El poder de las tinieblas, Charlie "Bird" Parker, tendrá que enfrentarse, de nuevo, a casos entrecruzados.
Un matón de poca monta ha escamoteado un importante dinero a la mafia. "Bird" trabaja como amigo, para la ex-mujer de este granuja en la obtención de una paga para ella y su hijo.
La cosa se complicará cuando ambos aparecen muertos, el ex-marido desaparecido, y la hija de su antiguo jefe desaparece sin dejar rastro en una zona en la que se han producido varios asesinatos.

Connolly me ha vuelto a sorprender. Desde la primera página a acción se despliega a sus anchas.
Con una prosa ágil y fluida, Connolly consigue introducirnos ce lleno en la visión de ese detective acabado que, por más que lo intenta, no puede olvidar a su mujer e hija y este recuerdo le pesa como una losa sobre los hombros.
Rápidamente se irán tejiendo los hilos de dos casos: uno aparcado en los archivos del tiempo; y el otro, reciente pero que, como si a través de un telar se tratase, acabarán convirtiéndose en desencadenan uno del otro. Hecho este que, por bine hilado que esté, no deja de resultar un tanto chocante y traído por los pelos, pero que realmente funciona.
Desde luego, el caso archivado, un caso que persiguió el abuelo de Parker, resulta mucho más interesante, tanto por misterioso como por violento, y aunque hacia mediados de la novela es fácil hacerse una idea de lo que realmente va el rollo, no es hasta el final que la trama queda completamente descubierta, habiendo hecho florecer de nuevo a un asesino que habría seguido latente de no ser por la salida a la luz de los datos referentes al robo a la mafia.
Este caso, si bien resulta interesante desde un punto de vista detectives y, como no puede ser de otra manera, siempre es de agradece el tener a la mafia en juego, no es más que un caso de relleno con que poder dar el pistoletazo de salida para la búsqueda del asesinos realmente tendrá en jaque a Bird Parker, el caso de Caleb Kyle.

Pero, como es habitual en Connolly, o al menos en las tres novelas que he leído suyas, la llegada de la mafia trae asociado a una pareja de sádicos personajes del más rancio abolengo e ínfima catadura moral. Dos asesinos a sueldo que perseguirán al ladrón  que obtienen un gran placer al producir dolor a personas, ya sean o no culpables: si son inocentes mejor. Nos dejaran alguna que otra imagen realmente grotesca y no apta para mentes sensibles.
Como no, la llegada de estos dos perturbados criminales sacará lo mejor de otra pareja de criminales pero que, esta vez, se puede decir que son de los buenos (si es que se puede decir eso de cualquier asesino). Hablo de Angel y Louis, que vuelven a resultar geniales y, en mi opinión, siguen siendo la mejor creación de Connolly, lo que le da el juguillo a esta serie, y una de las dos cosas (luego comentaré la otra) que lo diferencian de otras series de este género, pues forman una pareja adorable a un tiempo, y cañera al otro. Una pareja que funciona realmente como una pareja, con sus cariñitos y sus peleas, y que resultan sumamente creíbles, y que son además un par de tíos (principalmente uno) cañeros a tope y que despiertan acción a raudales.

En general Connolly consigue hacer crecer a todos sus personajes en esta segunda entrega y todos ellos van ganando en carisma y coherencia.
Si en Todo lo que muere Parker tiene muy presente lo sucedido a su familia, en esta segunda parte tendrá que enfrentarse con un pasado más remoto, un antiguo romance y un marido celoso y muy rencoroso y con autoridad en el pueblo; así como con los recuerdos de su abuelo, el policía obsesionado con el asesino que no consiguió capturar.
Al mismo tiempo, tendrá que tragarse su orgullo y pedir ayuda a Rachel, la psicóloga que, por la violencia intrínseca de Bird no quiso continuar una relación emocional.

Por otro lado, personalmente encuentro un segundo elemento que diferencia la saga del resto de este género: la mezcla de novela negra, con aspectos paranormales pues, en esta segunda entrega, el efecto de las visiones fantasmagóricas que percibe Bird es más frecuente y determinante pues, en ocasiones, le sirven de premonición y en otras dejan una frialdad tangible en el ambiente. Por lo que veo, poco a poco el aspecto paranormal va ganando fuerza en la saga pues recuerdo que en Perfil asesino (tercero de la saga pero primero que leí), este efecto está mucho más presente y crea un aura más misteriosa a la novela. No sé si es del gusto de los puristas del género pero a mi me mola bastante.

Ya para terminar, no puedo sino recomendar esta novela y saga. Me vienen ahora a la memoria algunas escenas en los bosques, en la fábrica abandonada, o en la emboscada en la comisaría, que me ponen los pelos de punta.
En definitiva, leedlo. Es una gozada.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Todo lo que muere

Hace un par de años leí Perfil asesino, tercer libro de la serie creada por John Connolly en torno al personaje de Charlie "Bird" Parker, y me pareció tan bueno que compré los dos anteriores pero, mi sistema de lectura adolece de un grave defecto, el paso del tiempo y es así por que, salvo excepciones que no viene al caso explicar, suelo leer en orden de compra por lo que, como compró más que leo, la lectura de cada libro se dilata mucho en el tiempo. Bueno, al tajo que si no me enrollo más de l cuenta.

El detective Parker tiene problemas matrimoniales, lo que le hace beber más de la cuenta. Cierta noche al regresar a casa tras una borrachera post-discusión de pareja, se encontrará con el dantesco espectáculo de ver a su mujer e hija asesinadas. Sus muertes han sido horribles, torturadas y con la máscara facial arrancada.
Tras un tiempo de descanso y de vuelta fallida al trabajo, Charlie decidirá abandonar la policía y dedicarse a la investigación privada.
Será así hasta que su antiguo jefe le solicite ayuda para resolver un caso. Se trata de la desaparición de una persona. Este caso le llevará a descubrir una trama de tortura y asesinato infantil que lo llevará al más oscuro de sus demonios, y lo hará cruzarse con otro caso que lo pondrá tras la pista del asesino de su familia.

Como he dicho al principio, hace un par de años que leí Perfil asesino, y hubo varias cosas que me encantaron de John Connolly y de Bird. Por un lado el estilo del autor: fuerte, marcado y duro, entre otras cosas que ahora mencionaré y, por el otro, la ira no contenida de Bird Parker, un detective cargado de rabia y que actúa por venganza y de forma contundente cuando es necesario, al tiempo que con una extraña capacidad para percibir el mundo sobrenatural que me encantó y con un par de compañeros, Louis y Angel, que me enamoraron por encima de todo lo demás.
Estos detalles hicieron que me lanzase a por el primero de la serie, hecho del que no me arrepiento.
John Connolly escribe de forma enérgica y contundente, recreándose en las escenas violentas pero con el típico humor negro tan característico de este género como contrapartida a la dureza de su texto.
Nos presenta una trama que se va enroscando sobre sí misma, de tal modo que por un lado el caso con el que comienzan las investigaciones no será el mismo con el que se cierren y, por otro lado, iremos desentrañando poco a poco la atmósfera personal de protagonista. Así, la historia comienza con la muerte brutal de la esposa e hija del protagonista, algo que le costará mucho superar y que llevará para siempre en su ser como una nube negra que lo atenaza. Posteriormente, y tras la marcha de Bird de la policía, Connolly lo volverá a meter en acción para encontrar a una chica desaparecida y, ya aquí, el autor dará en el clavo y captará nuestra atención, pues destapará los casos más deleznables y que producen más rechazo en la gente normal, una trama de tortura y asesinato infantil pero que continuará aportando pistas del asesinato de su mujer que lo llevarán a las lagunas de Louissiana y Nueva Orleans, donde se verá metido en los entresijos de la guerra de mafias que asola la Costa Este y donde obtendrá el resto de pistas necesarias para permitir descanso a la memoria de su familia, que no a él.
Como he dicho Connolly narra con crudeza los hechos violentos, una violencia que nunca es gratuita. Pero también salpica la historia de un humor ácido que te levanta los belfos y de precisas descripciones y aclaraciones de momentos sociopolíticos del lugar, lo que a poco que ahondes, te permite aprender cosas nuevas, si es que te interesan.
Otro aspecto importante de la novela, si no el que más, es la caracterización de los personajes: perfectamente retratados y coherentes.
Charlie "Bird" Parker es un hombre amargado, enrabietado con la vida; con un elevado grado de autoinculpación que le obliga a mirar la vida con ojos enrojecidos y a considerar el lado malvado de todo. Considera que el ser humano es eminentemente malvado y se erige en vengador de la humanidad para acabar con la maldad, por ello se yergue como un hombre rabioso y hambriento de venganza que no pone reparos en mostrar la crueldad que sea necesaria en cada caso.
Por otro lado se encontrará con su némesis en la figura de El viajante, un personaje que complementa perfectamente a Bird, pues siente el mal como algo inherente al ser humano hasta el punto de que deber ser reverenciado. El mal constituye la esencia de toda fe y, de una forma cuasireligiosa, se sumerge en el manto de la inmundicia que produce la muerte y efectúa auténticas obras de arte asesina. Siempre parece ir un paso por delante de Bird, lo que para aquellos más avispados que yo, tal vez les ayude a resolver el caso sin la sorpresa que me ha deparado a mi.
Por otro lado nos encontramos con Angel y Louis, una pareja de homosexuales que completa la parte criminal de Bird y son su brazo ejecutor. Un ex asesino y un ex ladrón con gustos y educación completamente distintos y que, con una personalidad arrolladora y unos diálogos de pareja que destilan sarcasmo del bueno, pondrán el punto exótico e irreverente al conjunto.
Por otro lado, Rachel, la psicoanalista que los acompañará a Nueva Orleans aporta el granito humano que hace que no todo sea un baño de sangre y violencia.
Y, como no, a pesar de su muerte, la presencia de la mujer e hija de Bird está presente durante toda la novela y condiciona la obra y milagros del protagonista.

Resulta apropiado leer esta serie en orden pues, a pesar de poder leerse de forma independiente, en esta primera parte se sienta el background, los porqué, cómos y cuándos que nos surgirán, sin duda más adelante en la serie si leéis algún otro libro de la serie antes que éste, como yo había hecho.

Es cierto que la resolución del caso se produce en las ultimísimas páginas, merced a un simple comentario, pero no resulta precipitado y nos ofrece una muestra más del sistema deductivo del protagonista.

Una novela negra de manual, muy bien hilada y con personajes de profundidad que yo creo que hará las delicias de todos los amantes del género.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Fin del mundo en Breslau

Un asesino en serie amenaza la ciudad de Breslau; su firma, una hoja de calendario en cada una de las víctimas. El consejero de la sección criminal, Eberhard Mock, descubrirá que las fechas guardan relación con asesinatos cometidos hace mucho tiempo.
Entre la desquiciante falta de pruebas, el consejero Mock tendrá que enfrentarse al abandono por parte de su mujer, harta ya de sus borracheras y maltrato.
Para colmo, los miembros de una extraña secta anuncian la llegada de crímenes y cataclismos de otros siglos.

Fin del mundo en Breslau es la segunda novela de la serie del consejero Mock, que inició sus andaduras en la editorial Alamut con Muerte en Breslau. En este caso, la novela presenta carácter retrospectivo a modo de precuela, pues Mock se encarga de contarla en su lecho de muerte, como un caso interesante que resolvió hace muchos años, para que no se pierda en el olvido.
Es esta una novela negra en la que a Marek Krajewski se le ve a sus anchas, con un estilo preciso y envolvente que se recrea en las descripciones de una ciudad oscura y maloliente y que, convierte al protagonista de la novela en un antihéroe, un ser odiado por todos, incluso por sí mismo.
Krajewski nos ofrece dos novelas en una, por un lado una historia de detectives en los que las pistas serán pocas pero que parecen evidentes, con una trama más interesante y, a mi parecer (que no soy experto en este tipo de novelas) original y, por otro lado, y a mi modo de ver, con el mismo o mayor interés, una novela de personajes en la que todo gira alrededor de Mock. Sus compañeros, su mujer, su sobrino, etc.
Mock es un hombre duro, un buen policía, pero lleno de prejuicios y que evalúa y discrimina a sus subordinados sin piedad; con cierta tendencia obsesiva-compulsiva, diría yo, deprimido por la vida, lo que lo obliga a sentir una pasión atroz por el alcohol y lo acaba convirtiendo en un machista y maltratador empedernido. En torno a él se encuentra su mujer, que lo ama pero está harta de sus continuos desplantes y vejaciones, por lo que decide buscar fuera lo que no tiene dentro de casa y así, se vengará de su marido acudiendo a orgías que la llenan como mujer pero la mortifican como persona.
También el sargento Kurt Smolorz, compañero y único amigo (si se puede llamar así) de Mock se cruzará de lado y veremos un carácter fuerte y leal que no es capaz de resistir la traición.
Aspiramos vaharadas de denso humo y sentimos el repiqueteo de los tacones al andar por el mojado empedrado de Breslau; las calles de la ciudad antigua se yerguen ominosas y llenas de moho a nuestro paso mientras nos adentramos en el escenario del siguiente crimen, y todo ello es interrumpido de golpe por lo ataques de furia o arrepentimiento de Mock. Krajewski consigue crear un ambiente opresivo y saturado de una amoral moralidad.
La aparición de un miembro de la realeza en la vida de Sophie y de la secta Sepulchrus Mundi hace todo más interesante si cabe, pues con la inclusión del don de profecía y del esoterismo nos mete en un extraño juego que va más allá del simple asesinato.
Es cierto que el final es, quizás, un pelín apresurado, lo que le resta algo de empaque, pero no deja de ser una buena novela de orden policíaco.

Para concluir decir que esta es, o fue, otra buena apuesta de Alamut. Lástima que el resto de la serie siguiera otros derroteros.

sábado, 30 de abril de 2011

La investigación

Muy poco he leído de Stanislaw Lem: Solaris y El hospital de la transfiguración, pero tengo claro que sus novelas no dejan indiferente a nadie. Te pueden gustar más o menos, pero siempre remueven algo en la conciencia. Por eso, cuando leí en alguna parte que Impedimenta reeditaba una novela del genio polaco que trataba sobre zombis, me resultó muy extraño, pero me llamó la atención.
Ahora, una vez leída, esta frase me parece un insulto para la novela, nada más lejos de la realidad.

Gregory, un joven teniente de Scotland Yard, recibe el encargo de investigar una serie de extraños sucesos que tienen intrigada a la policía. De diversos puntos de la zona metropolitana de Londres llegan informes sobre cadáveres aparentemente resucitados que empiezan a levantarse y caminar, a vestirse y recorrer largas distancias antes de desaparecer sin dejar rastro.

Esta sinopsis podría inducir a cualquier posible lector a pensar que, efectivamente, nos encontramos ante un novela relacionada con el género zombi pero, de ahí, a cambiar "el pensar" por "el afirmar" que realmente lo es, media un abismo y, aunque realmente no recuerdo donde leí tan aberrante comentario, me indica que la obra no se había leído y se pretendía aprovechar el tirón de moda.
En definitiva, NO ESTAMOS ANTE UNA NOVELA DE ZOMBIS, y sí ante una novela policíaca en la que la investigación del caso se teñirá de profundos tonos metafísicos y, quedará endulzada para unos y, amargada para otros, al encontrarnos con la incertidumbre de desconocer la verdadera resolución al misterio, pues es aquí donde radica la verdadera fuerza de la novela.
De tal modo que Lem nos sumerge en una ácida reflexión sobre el devenir de la vida, sobre la inmutabilidad de la realidad, sobre el carácter de lo percibido por los sentidos y sobre los paradigmas del método científico junto al deductivo-policial.
Y así, guiados por Gregory, un detective algo torpón, avanzaremos a través de un Londres neblinoso y fantasmal en busca de la resolución lógica a un misterio en el que el doctor Sciss ha encontrado un patrón al relacionarlo con el grado de morbilidad por cáncer en la zona. Esta capacidad deductiva lo llevará a convertirse en el máximo sospechoso por parte de Gregory, que lo someterá, a partir de ese momento, a una continua persecución en aras de poder demostrar su culpabilidad. El superior intelecto por parte del doctor pondrá al detective en jaque y con nuevas hipótesis científicas, alguna bastante fantasiosa, lo hará plantearse no sólo la inexplicabilidad del caso sino también la volubilidad de la existencia y la incertidumbre del destino, haciendo que nosotros, los lectores, nos preguntemos (al menos yo), si los detectives están investigando los hechos de un caso o realmente los están construyendo a través de sus acciones. Tras Gregory y Sciss, actores principales, se encuentra el tercero en discordia, el inspector Sheppard, quien planteará continuas hipótesis resolutivas para después irlas desmontando una a una al desarrollarlas.

Otro aspecto importante de la novela es la atmósfera en la que se desenvuelve la trama y, por llamarlo de alguna manera, el onirismo en que nos sumerge. Nos moveremos por un Londres nebuloso y oscuro donde los vapores saturan las calles y el ruido de los tacones resuena por el adoquinado como si te estuvieran siguiendo. Así mismo, hay un fuerte carácter onírico en la novela, y muchas de las escenas están sacadas de los sueños de los protagonistas de tal modo que entramos en un caótico reino de pesadilla del que no estamos seguros de cuando se ha salido.

Por mi parte he de decir que la novela me ha gustado mucho, pero no todo van a ser parabienes y lo que ha podido ser el punto fuerte de la novela para unos (o sea, para mi), pudiera ser el débil para otros pues, si bien es cierto, que la prosa de Lem es agradable; corriente y dinámica pero precisa, a medida que va avanzando la trama, la historia va perdiendo fuelle y, lo que en un principio era un misterio que enganchaba y nos tenía en vilo, poco a poco se va convirtiendo en una historia en la que las elucubraciones ganan la partida a los hechos y nos sumergimos en una narración algo más enredada donde parece que no se saca nada en claro y se puede acabar pensando que en la segunda mitad de la novela, Lem ha quedado para tomarse unas copitas ( o lo que sea) con P. K. Dick y se han intercambiado ideas y desvaríos.
Cada lector deberá decidir en que grupo se encuadra, si en el de sentirse satisfecho ante las premisas metafísicas de la novela o en el de sentirse decepcionado por la aparente falta de coherencia en la estructura narrativa.

Como dije al principio: Lem no deja indiferente a nadie.

jueves, 17 de febrero de 2011

1969

Tras leer El misterio de la Casa Aranda, decidí dar una segunda oportunidad a Jerónimo Tristante y me hice con 1969 en una librería de viejo. Lo leí rápidamente, pues la letra es bastante gorda y las páginas pasan a toda velocidad. Así, que ahí va mi opinión. Será el último comentario personal que vuelva a hacer jamás de un libro de Tristante.

Murcia, Nochebuena de 1968. Julio Alsina, un policía apegado al Licor 43 y al que su mujer dejó por un compañero, debe hacer las guardias todos los días de fiesta. Por eso no es de extrañar que, cuando recibe el aviso de que una mujer se ha arrojado desde el campanario, se alegre ante la perspectiva de participar en un caso de verdad que le permita demostrar su valía. La suicida resulta ser una prostituta de lujo, y Alsina decide tirar de la cuerda y averiguar lo que se esconde detrás de este caso, a pesar de las reticencias de sus superiores. La investigación lo lleva a una localidad alejada, La Tercia, donde Julio conoce a Rosa Gil, una vecina soltera de la Sección Femenina que, pese a la primera impresión, logra reavivar viejos sentimientos en él. Juntos se encontrarán con un pueblo consternado por otras desapariciones e incluso un asesinato. Los lugareños están asustados, el cura hace procesiones de rogativa y un ufólogo investiga por los alrededores. ¿Qué está ocurriendo en ese lugar? ¿Es algo paranormal o hay un asesino que actúa en la zona?

Lo siento pero, Jerónimo Tristante no ha conseguido entusiasmarme, ni atraerme ni, tan siguiera, entretenerme y si me he acabado el libro ha sido simplemente por la ligereza de su prosa, en la que las páginas se visualizan a toda velocidad y lo interesante queda reducido apenas a un par de líneas. Esta velocidad va unida al hecho de que el autor otorga una mayor importancia a los diálogos frente a la narración, ofreciéndonos multitud de ellos a cual más insustancial, vulgar y abesugado. Me inclino a pensar que el autor crea estos diálogos ex profeso para hacerlos cercanos al lector pero, en mi humilde opinión, fracasa en su intento y, a mí en particular, me parecen ridículos por su sencillez y mediocridad.

No he leído las novelas que van entre El misterio de la Casa Aranda y 1969 pero, yo creo, que el autor no ha evolucionado en lo más mínimo como narrador de historias. Su prosa me parece llana, un texto lineal exento de recursos estilísticos y abundante en pasajes aburridos y prescindibles. Vuelve a repetir trama y estilo con respecto al Misterio de la... Un policía que se enfrenta a un par de casos a la vez que están interconectados. De nuevo se trata de la muerte de una prostituta a manos de alguien importante y poniendo presión sobre el detective para que abandone el caso. La resolución del "misterio" vuelve a ser totalmente previsible y el método investigador es de lo más simple, ni siquiera es un método (yo creo que sería exactamente lo que haría yo o cualquier otro con un alto grado de inexistente formación
en esta materia).
La forma de resolución criminal entronca directamente con la personalidad de un personaje protagonista que lo único que me ha inspirado a sido lástima. Si en el caso de la Casa Aranda, el protagonista era un detective a lo Holmes, en esta ocasión Tristante ha querido hacer un detective más típico de la novela negra (un hard boiled adulterado, porque la forma de conseguir información de Alsina es totalmente anodina:pregunta a todo quisqui de la forma más directa y sin ningún tipo de precaución ni artimaña): un detective hundido y deprimido que ahoga sus penas en el licor 43 y sin ilusión por la vida pero que, de nuevo en mi opinión, es dificilmente creíble y más inútil que un sacapuntas sin cuchilla (no me extraña que su mujer lo dejará). Y, de nuevo, como Victor Ros, también va contando a todo dios, sin ningún problema, sus avances el caso. En esta ocasión el personaje intenta escudarse de la presión policial y político-social , pidiendo una excedencia y trabajando como comercial vendedor de televisores, al tiempo que, continúa con sus pesquisas pero, me resulta ridículo imaginármelo contando a todo el mundo que es un policía que ha pedido una excedencia para vender televisores, además de que cada 2x3 tiene que estar haciendo resúmenes de sus avances.
Es también, Julio Alsina, un personaje totalmente contrario al régimen, que emite excesivos juicios acerca del mismo y, de este modo, quizás el autor esté poniendo demasiadas opiniones personales en boca de su protagonista. Ni lo sé ni me importa.
Del resto de los personajes no tengo ganas de decir nada, la verdad, todos me parecen muy, pero que, muy previsibles y arquetípicos.

Como único punto interesante y positivo, pienso que Tristante consigue recrear de forma satisfactoria el marcho histórico escogido y nos muestra de forma clara y veraz los entresijos del régimen franquista en los años previos a su fin.

En definitiva y para acabar, que se me está haciendo tarde. Tengo un amigo que siempre que recuerda que no hay obra artística de ningún tipo que sea mala en general, que no se puede decir "esto es bueno o malo". Creo que tiene razón y por eso aclaro que esta es mi opinión exclusiva, y que esta novela me ha parecido un verdadero truño.

Por supuesto habrá quienes no estén de acuerdo conmigo y, a quienes no les guste nada esta reseña. Sus razones tendrán, yo no se las quito. Pero siempre intento sacar algo positivo de las novelas, aunque no me gusten, pero de ésta, salvo la buena documentación del autor, no he encontrado nada, pero nada, que me agrade y por eso he sido tan crítico. Lo siento si a alguien le he parecido demasiado destroyer. Aunque sea una ingenuidad, este es mi feudo y aquí me siento libre para poner lo que quiera.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El misterio de la casa Aranda


Victor Ros es un joven y brillante detective que hubiera tenido una también brillante carrera delictiva de no haber sido retirado de las calles por el sargento don Armando. Ahora, años después, famoso por haber desactivado una célula terrorista en Oviedo, regresa a Madrid con motivo del funeral de su querido padrino.
Al llegar se encontrará con un caso que le parecerá muy interesante: la muerte de varias prostitutas con el mismo modus operandi denota que probablemente se encuentre ante un asesino en serie. Al mismo tiempo, un segundo caso, esta vez realmente misterioso le cae encima de la mesa. Una mansión donde una joven aristócrata acaba de intentar matar a su marido tras leer unas frases de La divina comedia, algo que ya sucedió con varios inquilinos anteriores. Esta vez, su interés será mayúsculo, no sólo por lo insólito del caso, sino por que la casa en cuestión, la mansión Aranda, pertenece a la familia de la joven de quien se ha enamorado a pesar de saber que es inalcanzable debido a sus diferentes status sociales.

Primera incursión de Jerónimo Tristante en este género. No está mal. No es que sea una gran obra, pero es una novela agradable y amena que se lee con soltura y rapidez. Tristante emplea un lenguaje llano pero muy eficaz que nos hace avanzar por la novela sin perder comba y moviéndonos por dos casos que resultan muy interesantes, uno con tintes de misterio sobrenatural y otro de menor estofa, pero más sentado en el suelo, y del que sólo cuenta con un par de pistas. En ambos casos el subinspector Ros descubrirá que se remontan a muchos años atrás. Ambos casos, como digo, son interesantes, pero resultan muy previsibles.
De este modo, el Inspector Ros es una suerte españolizada de Sherlock Holmes, con su Watson particular en la figura del inspector Don Alfredo Blazquez, y que realmente ofrece mucho más de lo que da, pues a pesar de presentarse con un inicio brillante, con varias deducciones que nos sitúan en la senda de una investigación al estilo del célebre detective de Baker Street, poco a poco se va apagando y sus deducciones se vuelven bastante simples, a pesar de que maravilla a todos cuantos rodea y de que cuenta con la tutela de Don Alberto, Conde de Razes y que parece un antepasado español de Grissom. Resulta de hecho incongruente y chocante cómo, cada vez que Victor Ros cree haber descubierto una pista importante corre a contar todo lo que ha averiguado a los sospechosos, y no tan sospechosos, en un alarde, para mi gusto, de extrema idiotez.

En la misma línea, los personajes son bastante simples y resultan estereotipados para una época en la que las categorías sociales delimitaban el trato entre personas, y resultan sosos y anodinos en general.

El retrato de esta sociedad madrileña y el marco ambiental constituye el punto fuerte de la novela, plasmando acertadamente los entresijos de una degenerada clase alta a la que no le preocupa lo más mínimo lo que pueda sucederle a la plebe, y consiguiendo de forma exitosa marcar las delimitaciones existentes entre los diferentes status, al tiempo que nos da un interesante, aunque un tanto escaso, paseo por las calles más emblemáticas del Madrid del XIX y nos acerca a una corrida de toros y a alguna que otra fiesta social.

La verdad es que hoy me quedo corto, no tengo más que decir. En definitiva, una novela simple, sin pretensiones, pero perfecta como lectura de verano. No digo que sea mala ¡ojo!, se lee de un tirón y es entretenida, para muchos eso es suficiente.

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