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martes, 18 de noviembre de 2014

El unicornio

El unicornio es el primer libro que leo de Iris Murdoch. Guiado por la sinopsis de contraportada, la cual me indujo a pensar que me encontraría ante una bella historia gótica de misterio fantasmal (a día de hoy, no sé en que parte del texto resumen fui capaz de entrever esto). No ha sido así y, si bien he de decir que está maravillosamente escrito, desde luego no ha sido lo que esperaba.

Una joven institutriz cuyo futuro laboral ve un tanto incierto, y que alberga cierta frustración en el terreno sentimental, decide aceptar una oferta de trabajo.
El puesto la sitúa en un paraje solitario en la costa inglesa. En una zona que, según los mapas, parece alejado de todo y abandonado en el tiempo. Pese a todo, la oferta le parece una oportunidad que no puede rechazar. Tal vez le aporte una experiencia profesional insustituible, y la separación de su pareja, la ayude a centrar su vida y fijar sus prioridades. Lo único que no sospecha es que su alumnado no será infantil, sino la propia señora de la mansión.

La soltura narrativa de Iris Murdoch me ha dejado patidifuso. Nos encontramos ante un estilo, limpio, completamente transparente, que nos lleva en volandas de una frase a la siguiente; muy sencillo de leer, pero que encierra una gran calidad estética. En cada palabra se aprecia que Murdoch era una escritora perfeccionista que no pegaba puntada sin hilo. Pese a ser tremendamente ágil, se observa una clara tendencia a la elegancia y a la corrección formal.
Al principio de la novela parece entreverse un cierto aire de misterio que lo hace interesante en su contenido. El misterio que encierra a Hannah nos hace creer en algún aspecto gótico pero, en poco tiempo, esto se aleja de nuestra mente al percibir que el misterio en cuestión no es otro que una historia de amor y violencia marital. Tal vez, como consecuencia de infidelidades y celos o, tal vez (y también) por causa de tratarse de un matrimonio inglés cerrado y clasista que debe mantener las apariencias y ceñirse a estrictas normas incomprensibles para la gente normal.

A pesar de esta trama que, ya digo, no es la que esperaba, la novela gana mucha fuerza en el terreno descriptivo. Nos hallamos ante una novela de personajes, de profunda fuerza y que atraen hacia sí toda la carga narrativa, por encima de los devenires de la historia.
Todos los personajes, sin excepción, presentan una fuerza arrolladora, e incluso los que aparecen tan sólo mencionados allende los mares, son capaces de despertar emociones. Dependiendo de la experiencia de cada cual, empatizaremos más con uno u otro, amaremos u odiaremos más a éste o a aquella pero, me atrevo a aventurar que difícil será si los sentimos tal y como Murdoch los pensó, pues nos encontramos ante una doble realidad. Aquella a la que juegan los personajes haciendo que la escena siempre esté entreverada, con las frases a medio decir y las imágenes a medio mostrar, que consiguen el efecto de mantener la tensión constante; y aquella otra, metafórica, en la que la tensión, las emociones, los miedos, el mundo exterior y el sentido de la culpa narran la verdadera historia que subyace bajo la trama, pues me he visto ante una novela de una potente carga simbólica en la que la expiación de los pecados, el sentimiento de culpa, es capaz de nublar el juicio del ser humano, obsesionándolo consigo mismo y encerrándolo en un miedo eterno al exterior. Un miedo que crea un mundo insólito y particular. Extraño, pero hermoso a la vez.
No puedo olvidar mencionar el castillo de Gaze. Ese castillo que se alza imperturbable sobre las personas como un avatar ominoso y guardan de los secretos en los que se desarrolla toda la novela. De nuevo, y como sucede en la novelas en las que la descripción del entorno y el ambiente generado priman sobre la aventura y la acción, el castillo se convierte en un personaje más, que dota de sentido la existencia de Hannah y la novela.

En definitiva, otra novela que recomendar de Impedimenta. Una más de tantas. Reconozco que tal vez me haya defraudado un poquito en lo que esperaba, pero su lectura ha resultado altamente satisfactoria y no puedo sino alabar el estilo de Iris Murdoch, quien me ha parecido una autora de una brillante inteligencia y una pluma exquisita.

domingo, 24 de febrero de 2013

La pulga de acero


Cuando pienso en literatura rusa la cabeza siempre me orienta hacia dos direcciones: grandes clásicos y Nevsky Prospects pero, hay veces que entre los clásicos existen algunos muy poco conocidos por estos lares, aunque no por ello dejan de ser grandes y, en ocasiones, pese a que Nevsky sea el abanderado del genero ruso en este país, surgen maravillas en otras editoriales.  Todo este rollo es para hablar de Nikolai Leskoy y su La pulga de acero, y de la editorial Impedimenta, que ha tenido el tino y el buen gusto de editarlo.

Durante un viaje a Gran Bretaña, el zar Alejandro es agasajado con un regalo sorprendente: un autómata diminuto. Una pulga de acero capaz de danzar al darle cuerda. El zar queda maravillado pero un lord cosaco que lo acompaña, Platov,  de la opinión de que no existen mejores artesanos que los rusos, se empeña en llevarlo de viaje para demostrárselo. El zar Alejandro morirá sin quedar convencido.
Platov propondrá la misma idea al zar Nicolás. Éste, de la misma opinión que el cosaco del Don se ilusionará ante la idea de poder derrotar en ingenio y arte a los ingleses, para lo que encargará al cosaco que busque el mejor artesano ruso. Su búsqueda lo llevará hasta el zurdo de Tula, el cual, realizará un grabado sobre la misma pulga.
El artesano ruso será enviado a Inglaterra para mostrar su proeza y tendrá que utilizar toda su diplomacia y astucia para salir airoso del encuentro.

Un relato maravilloso. Leskov nos describe en clave de fábula una historia cuasi fantástica que encierra reflejos de El traje invisible del emperador, al tiempo que ofrece una lectura muy agradable pero cáustica y mordaz para los tiempos en que fue escrita.
Esta causticidad se refleja en la ambigua crítica ofrecida por el autor. Podemos considerarla como una dura crítica hacia el cerrado sistema soviético, que imponía el enclaustramiento del país y no dejaba lugar a la libre competencia o, por el contrario, como un ensalzamiento de lo ruso, del buen hacer de un pueblo que se supo sobreponer a las adversidades y salir adelante sin la ayuda de nadie.
Es pues, un cuento que invita a la reflexión pero, una reflexión libre de vivirla, quiero decir, el cuento se puede disfrutar sin más, como una deliciosa fábula que nos hará pasar un buen rato y nos arrancará más de una sonrisa y alzamientos de pestañas.

No había leído nada de Leskov pero se puede decir que como cuentista es, o era, impagable. Con un estilo franco y directo; sencillo y fácil de leer pero no exento de complejidad pues debía ser capaz de crear una historia hermosa dentro de una crítica velada que atravesase la censura. Por otro lado, no se limitó a escribir sin más. Para aumentar el grado de ironía patente en el cuento, ideó nuevos vocablos provenientes de la fusión de otros. Imagino la dificultad añadida que esto habrá supuesto para la traductora, en favor de la cual hay que decir que hace un buen trabajo.

En mi opinión se trata de un cuento bien escrito que auna fantasía, ciencia ficción, humor y un cierto trasfondo histórico. Un cuento que ha trascendido el tiempo y que sigue vigente en nuestros días
Un cuento delicioso al que no hace honor la extensión de la reseña pero que os invito y ánimo a leer y disfrutar.
La excelente edición, como siempre, de Impedimenta no hace sino aumentar el valor de esta joya.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Un rey sin diversión

¿Por qué escogí Un rey sin diversión como próxima lectura, de entre la vasta pila que me rodea? 
Cuando se trata de una novela de Impedimenta (y, ahora que lo pienso, siempre) influye mucho el factor portada y, en este caso, me parecía preciosa, pero también el texto de contraportada: la alusión a Faulkner, el comentario acerca de la delicadeza de la prosa, y el hálito a rareza que expele la pieza, terminaron por convencerme.

En un tranquilo pueblecito francés se suceden varias desapariciones de personas, y mutilaciones de animales.
Ante el miedo de la población, el Capitán Langlois acude a intentar resolver el caso.
Una vez resuelto, y algún tiempo después, Langlois volverá para comandar un grupo de caza de lobos.

 Una rareza. Una belleza. Me he encontrado con un libre realmente raro, donde a partir de un determinado momento es fácil dejarse llevar por la elegancia de la prosa sin saber realmente a que punto se nos pretende llevar. Una novela con una dureza y estilo disimil al Faulkner de Mientras agonizo, pero con una pasión ambiental que si recuerda a su Yoknapatawpha. Es éste, el paisaje, el verdadero protagonista de la historia. Los paisajes nevados de la Provenza, sus montañas, sus gentes, sus árboles, comprenden una pasión por la naturaleza que queda plasmada en párrafos completos para describir un árbol (un haya magnífica), un paseo a través de la nieve o el recodo que vadea un río. Se respira el amor por la naturaleza, una naturaleza que es al mismo tiempo bella y bestia. La naturaleza es inspiradora de paz y hermosura pero también cruel y devastadora y capaz de proporcionar la purificación que el ser humano necesita.
La aparente sencillez de la prosa de Giono es el hilo conductor de la historia. Una sencillez que esconde un valioso tejido de palabras entramadas por la pluma que sujeta un certero pulso. En mi caso, se vuelve a cumplir el hecho de que la sublime lírica de Giono me lleva en volandas, independientemente de la trama que narre.
Poesía secundada además por la dificultad que presenta la estructura de la obra. En un principio, de carrerilla no se nota, parece una novela normal. Pero leyendo de forma algo más analítica podemos observar que está escrita en tres tiempos distintos, de acuerdo a tres historias de fechas distintas.

En un principio parece que nos encontramos con una especie de Thriller, pero el misterio de las desapariciones se resuelve de forma relativamente rápida constituyendo el primero de los tiempos narrados.
Tiempo después Langlois volverá al pueblo. Parece cambiado, distante, como si nunca hubiera estado antes en él, y más misterioso que nunca. Tan sólo el hecho de hospedarse en el mismo lugar que la vez anterior indica que lo recuerda. 
La tercera parte es la más oscura de las tres. En ella Salchicha, la dueña de la posada, nos contará los últimos tiempos del Capitán, mostrándonos algunos de sus secretos y deseos.

Giono consigue esconder entre el lirismo de sus frases la verdadera esencia del ser humano y, así, ocultando mucho más de lo que dice, nos muestra un nuevo libro escrito entre líneas en el que observaremos detalles, deseos y secretos que tienen que ver con las obsesiones y el instinto visceral, primario, de Langlois que, al fin y al cabo, no deja de ser más que otro hombre. Un hombre capaz de lo mejor y de lo peor, que al final pretende olvidar lo malo y tener una vida tranquila. En esto falla el Capitán porque dicha vida tranquila hay que buscarla y perseguirla, no puede comprarse a la esposa y dejar zanjada de antemano una vida que aún no se ha vivido. Todo es susceptible de torcerse (de nuevo).

No son necesarios muchos personajes más para crear un fresco sugerente. Así, junto al Capitán Langlois, tenemos a Madame Tim y a Salchicha, que constituyen el trío protagonista y a la vez narrador de la novela.
El aspecto confidente de Salchicha, junto con el organizativo de Madame Tim y el misterioso de Langlois forma un original grupo que despierta un amplio abanico de sensaciones.

Me he encontrado, en definitiva, con una obra maravillosa. Con una primera parte de la historia, entretenida y adictiva; una segunda algo más confusa y, en mi opinión, de transición; y una tercera que se sumerge en la oscuridad del protagonista principal y ha terminado de turbarme.

En pocas palabras: una belleza donde la acción no escapa a borbotones, ni encontraremos aventuras, ni romances imposibles. LO que hay es una historia bien escrita, con palabras envueltas en terciopelo que seducen rápidamente. Una historia oscura y seductora que me será difícil quitarme de la cabeza durante algún tiempo.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Los que duermen

No esperaba nada de este libro. No conocía para nada a su autor, pero las breves notas que se daban de sus relatos en la web de Salto de página (poco antes de salir a las librerías), me llamaron mucho la atención, a lo que la editorial se avino amablemente a enviármelo para su reseña.
Normalmente, cuando se trata de una colección de relatos, suelo desarrollar un poquito cada cuento pero, en este caso, por tratarse de cuentos muy breves, en algún caso minicuentos, y por las conexiones entre los mismos, no lo voy a hacer pues creo que rompería la magia y el encanto de los mismos, así que lo comentaré en su conjunto.

Como si de un lienzo se tratase, Juan Gómez Bárcena utiliza las palabras cual pinceladas, libres pero calculadas, que holísticamente conforman un exquisito mosaico. Su prosa, elegante, cuidada, casi poética pero alejada de los barroquismos que pudieran convertirla en una pieza densa y ajada.
Cada uno de los cuentos es un microcosmos en sí mismo del que pueden obtenerse múltiples matices y en los que constituye una delicia encontrar los guiños, las palabras, las conexiones que amalgaman de alguna forma los cuentos, consiguiendo que al final podamos extraer un pensamiento común e intentar visualizar una lección: la imposibilidad del hombre para aprender de sus errores.

Los cuentos de Gómez Bárcena juegan con el relativismo que nos ofrece la historia, los pensamientos y los logros del hombre a través del tiempo, unos hechos que siempre dependen de aquel que lo narre o del ángulo en que los mire. Con la precisión de un espadachín , Gómez Bárcena utiliza las palabras evitando todo aquello insustancial, logrando un conjunto poético y armonioso como si de un baile de esgrima se tratase. De hecho, uno de sus cuentos trata sobre este profundo amor por las palabra en la forma de una tribu que comercia con ellas.
Los cuentos de la presente colección no presentan un hilo conductor claro, salvo la propia historia del hombre a través de los eones y, así, podemos encontrar fábulas deliciosas de viajes en el tiempo, como El mercader de betunes, en el que se le da una visión muy particular y original al mito de Aquiles, o en Como si, en la que los hombres han de desaprender todo lo aprendido, y es que es este hecho otro de los axiomas importantes de los cuentos de Gómez Bárcena. La constatación de que el aprendizaje ha hecho que la humanidad esté próxima a la autodestrucción, y tan sólo el hecho de desaprender pueda constituir el camino a la redención.
El autor también es capaz de emocionar y sacar el sonrojo y la tristeza a flor de piel creando cuentos tan vívidos y desgarradores como Las buenas intenciones, en el que una hija inventa una nueva vida para su madre enferma de Alzheimer, o en Hitler le regala una ciudad a los judíos, en el que con el trasfondo histórico de un campo de concentración, los presos judíos vivirán una semana a cuerpo de rey a cambio de interpretar una obra de teatro muy particular, o también en Fábula de tiempo, en el que descubriremos el amor más allá del tiempo de una princesa.
Como no podía ser de otra forma, en este viaje por el ser humano no puede olvidarse la religión. La espiritualidad, las doctrinas religiosas están presentes en casi todos los cuentos, bien sea en forma de vírgenes, visiones, de la esperanza de redención, de Dios hecho hombre o del Hombre hecho Dios, jugando en este punto con la metafísica, como en El regreso, donde un sacrificio ritual podrá desencadenar la aparición de nuevas leyendas, o en La leyenda del rey Aktasar, donde a través de un viaje a través de las eras descubriremos la creación de los dioses.
Tampoco se puede olvidar el futuro tecnológico, donde existen robots que se enfrentan a las mismas dudas existenciales que sus creadores, o personas que tras despertar a la criogenización se encuentran en un mundo del que desesperan.

Estos y otros cuentos hacen de esta colección una bella joya en la que la apariencia gana poder frente a la verdad, en la que la poesía de las palabras pretende ocultar el horror apodíctico que puede producir la propia indefensión del ser humano ante su creencia de sentirse divino. 
Cuentos a los que volveremos de nuevo al encontrar un detalle que nos reconduce o explica alguno anterior y ante lo que no podemos evitar sonreír sin sorprendernos por la sutileza de la jugada.
Pero he aquí el talón de Aquiles de esta colección. Se trata de una obra absolutamente evocadora y original que vuelca la filosofía en la literatura y que exige el máximo por parte del lector. Un libro que busca la reflexión y que economiza al máximo la superfluidad, lo que puede hacer que no sea ésta una obra apta para todos los públicos, pues pese a la aparente rapidez de su lectura requiere lentitud para su aprehensión, algo de lo que no andamos sobrados en estos tiempos.
Se trata de una obra que busca el guiño cómplice del lector, del que, en muchos casos, ama más el como se dice, que lo que se dice; del que busca la evasión en una ficción prospectiva.
Si eres de este tipo de lector, sin duda te apasionará.
Si no, si sólo quieres diversión tal vez este libro no te guste, pero Los que duermen seguirá siendo una experiencia inolvidable que deberías leer. Al fin y al cabo son apenas 120 páginas.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Memorias de un amante sarnoso

 "Quienquiera que compre este libro habrá de considerarse expoliado si se ha dejado engatusar por el título...
...Es indudable que lo que más excita las apetencias literarias del lector, es saber que el autor ha sido encarcelado por sobreexcitar la libidinosidad de millones de compatriotas".

Con este fragmento de la introducción ya nos podemos hacer una idea de lo que nos depara el libro del gran Groucho Marx.
Siempre me ha gustado el humor tonto. Cuanto más absurda la broma, más chorra el gag, más me gustaba pero, de un tiempo a esta parte, cuando ya debería empezar a pintar canas si tuviera flequillo, me gusta cada vez en mayor medida el humor negro. Los monólogos cáusticos, los humoristas serios, incisivos y políticamente incorrectos son los que me cautivan en estos momentos de crisis a todos los niveles. Por ello me lancé con esta novela de Groucho Marx. No esperaba nada de él, pues aunque auna varios de los elementos que he considerado me gustan en un humorista, chorra pero mordaz, desconocía su faceta como escritor.

En Memorias de un amante sarnosos Groucho describe con el desparpajo que muestra en la gran pantalla, sus intentos por entablar contacto, siempre con un fin carnal, con el sexo opuesto. Es imposible no carcajearse ante los sarcásticos comentarios y mordaces críticas que efectúa. Groucho no deja títere con cabeza, tiene para todo y para todos incluso, y sobre todo, para sí mismo.
De esta forma nos encontraremos con sus primeros intentos de causar impresión a una moza, en este caso, su propia tía; de como seduce a una compañera corista y la graciosa situación que generan las palomas en la habitación del hotel; o la cita a ciegas con una superatractiva aunque escandalosa modelo; pasando por la autoadministración de hormonas y suplementos alimenticios a fin de ponerse lustroso y que le salió rana.
Sus hermanos aparecerán en escena en un par de ocasiones con divertidas anécdotas, como el dejar pelado a un rival de poker que fue quemando todos los muebles de la casa para continuar la partida, por ejemplo.

La segunda parte constituye una graciosa teoría acerca del origen del amor, o tal vez debiera decir sexo. En ella, Groucho se aproxima de forma irónica y atrevida, no exenta de un cierto eco de veracidad, a como debieron surgir los primeros encuentros entre un hombre y una  mujer en la prehistoria de los tiempos. Esta es la parte junto con la última que, quizás, me haya resultado menos graciosa.

La tercera parte de la obra nos presenta una visión envenenada y provocadora de los hábitos comunes de la sociedad civilizada. Aquí Groucho arremete claramente contra la hipocresía de la clase culta y la sociedad hollywoodiense, incluyéndose a sí mismo. De hecho, se autodenomina "paria de Hollywood", pero es difícil no coincidir con sus impopulares opiniones aunque nos partamos de risa con sus definiciones.

La cuarta parte se desarrolla como ocho casos sucedidos a diversas personas y resulta una parte de nuevo desternillante. Sin saber si caminamos por la senda de la realidad o de la ficción será aquí donde nos entraremos con el caso de la partida de poker mencionada anteriormente; la jugarreta que le hacen las muchachas de un burdel al ofrecérselo y dejarle encerrado en una sala llena de ratas; o como se enfrentan los tres hermanos Marx más conocidos a una chica rolliza enamorada de Groucho pero que les prepara todos los días el mismo almuerzo, entre otras anécdotas.

Casi para terminar Groucho se mete de lleno en la política explicando lo que para él es el Marxismo y lo que el país necesita. De nuevo se mostrará socarrón y políticamente incorrecto, pero buceando entre las letras se puede observar que no todo es como lo pinta y que se trataba de una persona mucho más comprometida y preocupada con la situación de lo que quiere aparentar y es que, he aquí una de las claves de este libro: Groucho, ¿pretende aparentar lo que cuenta? o ¿pretende contar lo que aparenta?, pues existe un velo de verdad y de razón en todas sus palabras y pese a ese tono jocoso y gamberro, subyacen entre sus palabras varías líneas de reflexión más seria, y ya desde el principio nos advierte de ello con su chanza habitual:
"Escribí este libro durante las interminables horas que empleé esperando a que mi mujer acabará de vestirse para salir. Si hubiera andado siempre desnuda, nunca habría tenido la oportunidad de escribirlo"

Y por último, un epílogo lleno de fuerza y magníficamente narrado que nos muestra el verdadero talento literario del autor.

Un libro que animo a leer. Es imposible no partirse de risa y, además, está muy bien escrito. Yo, lo tengo claro, en cuanto pueda me haré con Groucho y yo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El lector

Cuando hace un par de años me senté en el sillón para ver la cinta basada en el libro de Bernard Schlink, el lector, lo hice con la única intención de ver una película que le gustase a mi chica, pues no consideraba que fuese a ser de mi gusto, así que comencé a verla con un libro en la mano. Paulatinamente mi chica se fue quedando dormida y yo fui aparcando el libro hasta que, finalmente, quedé encantado con la película y prometí que leería el libro. Tiempo después, he aquí mi opinión de su lectura.

El joven Michael Berg se siente mal al volver del colegio. Al pararse a vomitar en un portal es auxiliado por una mujer, Hanna, que lo dobla en edad.
Agradecido, Michael volverá para regalarle un ramo de flores. Este será el inicio de una relación erótica con un ritual muy preciso: baño, sexo y lectura. Hanna pondrá como condición el que Michael lea para ella en voz alta antes de hacer el amor y, así, poco a poco, irá conociendo a Schiller, Goethe, Tolstoi, Dickens, etc.
Hasta que un buen día, Hanna desaparecerá sin despedirse de Michael.
Algún tiempo después, Michael volverá a encontrase con su antigua amante. Éste estudia derecho y  Hanna se sienta en el banquillo de los acusados. Junto a otras cinco mujeres se la acusa de crímenes de guerra nazis.

Nos encontramos ante la vivencia amorosa que marcará de por vida a un joven, por mal que le pese, y necesariamente ha de ser él quien nos lo cuente, pues nadie como él mismo puede saber lo que arrostra su corazón.
Schlink nos ofrece la oportunidad de entrar en el corazón de un joven de 15 años y fusionarlo posteriormente con la mente del adulto en que se ha convertido, consiguiendo un tierno pero duro relato, sin fisuras, y en el que tanto los sentimientos más puros como los más egoístas resultan muy creíbles y cercanos, y ofrecen una enorme posibilidad empática durante la transición de sentimientos que abarca una relación fallida en la adolescencia y que, siempre, será recordada.
El libro intercala capítulos de pubertad, juventud y madurez descolocando un poco la primera vez, pero nada que resulte complicado una vez pasado el primer estupor.
De este modo, podemos analizar el lector en tres líneas de reflexión: Por un lado nos encontramos con un joven enamorado de un adulto.
Con ella descubrirá el sexo y, como con todo amor de juventud, se sentirá pleno y pletórico, olvidando por completo la razón y abandonándose al deseo, al tiempo que en su faceta como lector, como estudiante, se sentirá útil y, quizás, algo superior por ello.
En segundo lugar aparece un Michael Berg más adulto, tanto en su fase de estudiante universitario como en la de maduro abogado, ya casado y divorciado. En este segundo intervalo nos encontramos con un hombre que hace todo lo posible por enterrar a su amante, por condenarla y odiarla siempre que es posible, pero con un dejo de amargura subyacente que siempre le hace recurrir a su recuerdo. Un hombre que usa la dureza hacia los demás como un camino hacia la redención de su alma, que siente miserable. Más adelante se habrá convertido en un adulto que nunca podrá abandonar el recuerdo de aquel amor y que, ahora, sabedor de que es un error, lo mantendrá como el ideal inalcanzable que lo obligará a fallar en todas sus relaciones con el sexo opuesto. Ponerse en su lugar resulta duro, sin duda.
Para terminar, todo encaja en un complejo lógico y racional que obliga más que el resto a  reflexiones serias. Una tercera parte centrada en la voluntad de acción del ser humano, en su libertad de elección en cuanto a decisiones difíciles como las planteadas ante los mandatos nazis. El lector nos enfrente ante preguntas de compleja índole moral:  ¿Se es menos culpable ante un acto perverso por el mero hecho de cumplir órdenes? O, por el contrario ¿El ser un subordinado no exime de responsabilidad?  Ante una situación extrema ¿Debe predominar la humanidad frente al deber? Pero, ¿Qué es el deber? ¿Lo qué te ordenan? ¿Lo qué te dicta tu código moral? Un acto bondadoso, por interesado que sea, ¿Elimina todo acto malvado?, etc.
Es importante la reflexión que nos obliga a hacer Schlink, y resulta difícil posicionarse de forma contundente.

En general me parece una novela magnífica. Una novela que ataca los sentimientos. Dulce y picante, a la vez que te obliga a reflexionar duramente.

 Ay!! La mujer, los hijos, la edad, el desempleo... me da que me estoy volviendo muy blandito.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Mil cosas que no te dije antes de perderte

 Este libro, como podéis imaginar los que me hayáis seguido, no entraría dentro de mis gustos literarios pero, ha sido la primera y única vez que un autor se ha puesto en contacto conmigo para enviarme su libro. Le gustaban mis reseñas, sobre todo las más cañeras, según dijo. Lo malo es que se puede convertir en un arma de doble filo y que salgas malparado, pues no es un libro de mi estilo, le contesté. A día de hoy, y una vez leído, sigo pensando que este libro no está entre mis lecturas y que ni siquiera lo miraría si lo viera en la estantería de una librería, las cosas como son. Pero vamos a ello, pretendo ser sincero y explicar lo que me ha parecido pero, OJO, como digo siempre: esta es mi opinión. Personal e intransferible, válida únicamente para mi. Que conste.

David es un joven que subsiste en el castizo barrio de Lavapiés gracias a los artículos semanales que escribe para un periódico de tercera y, sobre todo, a la asignación que sigue recibiendo de sus padres, pese a haberse marchado hace tiempo de casa y haber interrumpido cualquier tipo de comunicación con ellos.
Inesperadamente recibe la llamada de su madre, con quien ya he dicho que lleva varios años sin hablar. Su padre, un importante empresario granadino, ha fallecido.
David vuelve a Granada para el entierro.
En un principio los recuerdos le asaltan la mente pero, tras la lectura del testamento de su padre, la verdad irá saliendo a la luz y David se verá envuelto en una turbia trama familiar y empresarial que no había imaginado.

¿Qué puedo decir de esta novela? En primer lugar se observa una notable falta de madurez en el estilo de Benito Olmo. Una prosa demasiado coloquial y simplona hace ver desde el principio que el punto fuerte de la novela no será la calidad del verbo.
No obstante, los primeros capítulos generan suficiente curiosidad como para que la narrativa gane en fuerza, lo que, acompañado con la sencillez y velocidad de lectura, hace que apetezca seguir leyendo. La lástima es que, pasadas las primeras 70 páginas, esta emoción se va diluyendo y convirtiéndose en una historia previsible, sosa y repetitiva.
En mi humilde opinión, salvo el principio, ciertamente interesante, la novela carece de cualquier otro punto de interés, como pudiera ser escenario, personajes, estilo narrativo o trama.
El escenario me ha resultado decepcionante. Por un lado, conozco medianamente bien el barrio de Lavapiés, y no lo he reconocido más que de forma superficial en las alusiones que hace el autor. Por otro lado, he tenido la oportunidad de conocer Granada este mismo año, y quedé enamorado de ella. En este libro la he echado en falta por completo. No basta con decir "se pasea por tal o cual calle" o "estaba enfrente de tal edificio". Una ciudad como Granada constituye un escenario del que se puede obtener una magnífica percepción narrativa. En el caso de Granada se puede sacar una imagen evocadora y preciosa que no ha sabido reflejar Benito Olmo, lo que me ha decepcionado profundamente pues es algo que pretendía encontrar para positivar de alguna forma la obra.
En segundo lugar los personajes resultan absolutamente planos. Se observa la intención de Olmo de dotar de profundidad a los mismos, sobre todo a David pero, en mi opinión resulta fallido pues en ningún momento me ha parecido creíble. Como no me han parecido creíbles los sentimientos despertados en David con respecto a su padre, ni con respecto a la relación de Alicia; ni me he creído el papel de Julio; ni siquiera me ha interesado el resultado final. Los continuos lloriqueos mentales de David y la interminable alusión a Alicia como "mi amiga" me han resultado propios de un autor novel y, como consecuencia, David me ha parecido un personaje patético por lo repetitivo y poco creíble, consiguiendo que, al final, no me importase nada la suerte de ninguno de los personajes.
En cuanto al estilo narrativo ya he hablado de él. Sin estilo. Excesivamente simplón y carente de formas retóricas. Quizás sea comprensible teniendo en cuenta que está escrito en primera persona, en la voz de David y, por tanto, pudiera ser ésta su forma de expresarse, pero difícilmente creíble si pensamos en las veces que se dice que David es un articulista caustico y potente. Poco más he de decir.
Ciertamente se salva un poco la trama, pues resulta interesante y se podría haber sacado mucho más partido de ella si el resto de elementos le hubieran acompañado. De nuevo se observa el empeño del autor por salirse del guión y ofrecer algún giro inesperado, como en cierta visita de David a la morgue, pero vuelve a resultar fallido por innecesario. El conjunto final resulta elongado en casi la mitad de las páginas de que consta la novela.

En mi opinión y sin ánimo de ofender en modo alguno, creo que es una novela para jóvenes que ronden los 16-22 años, preferiblemente mujeres, pero no creo que para mucho más. Posteriormente he buceado algo en la red para comprobar si mi opinión era refrendada por alguien. He podido comprobar que no lo es, normalmente es un libro que "encanta", aunque también es muy cierto que todas las opiniones positivas se ajustaban a blogs cuyas lecturas encajab con el del perfil que acabo de mencionar.
No he pretendido que esto sea una crítica destructiva pues está todo dicho sin ánimo de ofensa pero, tampoco pretende ser constructiva pues, está claro, que no soy un profesional y poco puedo aportar al autor. Aun así, creo que el autor tiene mucho, muchísimo margen de mejora.
También es probable que, a falta de un par de meses, esta sea mi peor lectura del año 2012.
Aun así, debo agradecer a Benito Olmo el que me lo haya enviado. Me gustó el detalle y me hizo mucha ilusión. Muchas gracias por la oportunidad.

Y finalmente, una reflexión: siempre he pensado que el invertir el tiempo de lectura de un libro justificaba una reseña, ya fuese buena o mala. Ahora, tras leer este libro, empiezo a pensar que no  aporta nada el compartir estas opiniones y no sé si realmente vale la pena comentar de forma analítica un libro que no me ha merecido ni el tiempo dedicado. ¿Qué opináis?

viernes, 9 de noviembre de 2012

La librería

Antes de enfrentarme con El inicio de la primavera, de Penelope Fitzgerald, novela que me apetece mucho leer aunque siga acumulando polvo en la estantería, me encontré con esta pequeña novelita en una librería de viejo. Una novelita con una historia que me enganchó, ya que me puedo considerar uno de aquellos que da sentido al dicho de que a todo el que le gustan los libros le gustaría tener una librería. Mi profesión, muy alejada de este mundillo, me encanta, pero siempre he fantaseado con la idea de poseer una librería especializada, en la que pudiera aconsejar a la gente d e acuerdo con sus gustos y personalidad con sólo haberlos visto un par de veces. Pues bien, esta novela me daría la oportunidad de conocer a P. Fitzgerald como antesala para El inicio de la primavera. Y utilizaré como sinopsis el texto de contraportada pues me parece muy bien diseñado: deja una idea clarísima de lo que vamos a encontrar, acariciando todos los matices necesarios pero sin presionarlos demasiado.
Una vez terminada la reseña observo que, tal vez, haya incluido algún spoiler, pero no demasiado importante. No obstante, si estás próximo a leer esta novela, a lo mejor no te interese conocer muchos detalles. Queda a tu elección.

Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk, que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por "lo que no tiene". Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio y caprichoso poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla.
Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear el negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.

Lo primero que llama la atención es la elegancia de la prosa de Fitzgerald. Cuidada pero sencilla, haciendo parecer fácil lo difícil, y con un discurrir suave que facilita la lectura.
A esto le añadimos una historia tierna y sencilla en la que si bien podemos decir que es bastante estática en cuanto a acción (realmente parece que no pasa nada), tenemos varios elementos que hacen de esta novela una lectura deliciosa. Por ejemplo: 
* La ubicación de Old House: el utilizar un antiguo almacén de secado de pescado resulta atípico pero otorga cierto exotismo.
* Una casa, por cierto, con su propio poltergeist, chorra, pero gracioso en definitiva.
* El ambiente de hostilidad manifiesta resulta en las distancias cortas sutil, demasiado quizás, pese a que el final sea el que es. En este sentido echo en falta un ataque mucho más potente pero, claro, no casaría con el ambiente british de la novela.
* La ambientación está muy bien lograda y se respira la flema británica por los cuatro costados permitiéndonos visualizar la vida de un pequeño pueblo británico de mediados del XX. Me ha llamado la atención, entre otras cosas, la importancia en la educación: como el no superar las pruebas de acceso para la educación secundaria, relegaba a la formación profesional y, con ello, a la marginación y el ostracismo casi seguro.
* La irrupción del Lolita de Nabokov resulta encantadora aunque, en mi opinión, está desaprovechada.
* Y, como no, unos personajes carismáticos y que constituyen lo mejor de la novela.

Florence es una inglesa de pura cepa, con carácter, empeño e ilusión. Una mujer emprendedora que observa lo necesario en un pueblo y que no duda en llevarlo a cabo pese a los contratiempos. Que pondrá en marcha su negocio, abrirá una biblioteca e intentará incentivar el tejido mercantil entre el pueblo y la ciudad. Una mujer que utilizará su enorme fuerza de voluntad en aras de un sueño.
Su némesis, Lady Violet Gamart es la arquetípica inglesa de la aristocracia, que no ceja en su empeño de salirse con la suya, pero siempre de forma sibilina. El poder en la sombra, aunque un poder algo light, me parece a mi.
El esposo de Lady Gamart, El General, como siempre se lo nombra. Un viejo ex soldado beligerante, y que se hace el distraído más de lo que realmente es.
Milo North, un joven excesivamente extrovertido, un tipo de dundee que nunca se sabe a ciencia cierta que es lo que se propone.
El Sr. Brundish, el hombre misterioso que nunca sale de casa y uno de los poquísimos aliados de Florence.
Y, por supuesto, Christine, la pequeña ayudante de la librería, que con tan sólo 10 años muestra un carácter y una madurez propia de alguien mucho mayor y que, aunque a regañadientes, acabará repudiando a Florence tras su fracaso en la prueba educativa de fin de curso.

Una novela sumamente agradable. Como he dicho con una importante vena british y que hará las delicias de los que gusten de este género y de aquellos apasionados de los libros, o sea, de todos.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Si una noche de invierno un viajero

 Me apetecía mucho volver a leer a Italo Calvino. Lo último suyo que me eché a la neurona fue Las Ciudades invisibles, y ya ha llovido desde entonces. ¿Entonces, qué libro leer ahora? Varias voces me aconsejaron Si una noche de invierno un viajero. Sólo por el extraño título ya me llamó la atención.

En esta novela, un lector comprará la última novela de Italo Calvino, titulada Si una noche de invierno un viajero. Comenzará a leerla entusiasmado pero, al poco, observará un error de edición al cortarse la novela de Calvino y comenzar un capítulo de una novela de otro autor. 
En la misma situación se encontrará otra lectora, con la que se encontrará a su vez el lector y, juntos, emprenderán la búsqueda de la novela original para hallarse sumidos en una trama de espionaje y contrabando de falsificaciones literarias, que los hace comenzar novela tras novela sin llegar nunca a terminarla, al tiempo que su propia búsqueda comienza a convertirse en una relación a la que, sobre todo, al lector le gustaría poner un final feliz.

He demorado demasiado tiempo el escribir esta reseña. El motivo es bien sencillo: Si una noche de invierno, no es lo que esperaba pero, me ha sorprendido tanto que me encuentro completamente falto de recursos para poder, no ya sólo deshuesar la novela, sino también para expresar lo que he experimentado con su lectura.
Esta magnífica obra constituye un ejercicio notable de metaliteratura en su concepto más amplio. Metaliteratura y metanarración, metafantasía, metaficción e hipermetarealidad en la que Calvino nos introduce en virtud de la búsqueda de un libro, el que estamos leyendo nosotros, lectores de esta realidad no ficticia, pero que como sucede al lector protagonista de esta novela, y que es tú y yo  mismo, no podrá acabar y se verá sumergido en la vorágine literaria que supone empezar una novela tras otra, picándole la curiosidad en todas, ansiando leerlas todas ellas y no culminando ninguna.
La historia así vista, compleja ya de por sí, suficiente para echar atrás a muchos pero, también para apuntalar la curiosidad de muchos otros, se irá complicando aún más, pues comenzaremos con una búsqueda tradicional entre ámbitos pseudo y sesudo-académicos y con el inicio de una relación entre lector y lectora que no parece tan tradicional, para pasar poco a poco a una experiencia de innovación y originalidad extrema en la que nos veremos inmersos en una trama de copias y falsificaciones creadas para convertir el mundo en  una perversión de lo que es. Perversión quizás mucho más real que la propia realidad, pues Calvino nos mete de lleno en lo superfluo de esta civilización consumista, y convierte la seriedad de un mundo caótico en una hilarante sucesión de disparates a cual más paradójico por lo realista.
No debe olvidarse la relación entre lector y lectora pues, si al principio resulta rarilla, se convertirá también en una aventura surrealista que nos embarcará en aviones asaltados, en el harén de un rajá o en una sudamericana casa solariega pretendiendo la escritura de dos novelas por dos escritores que pretenden serlo mientras lector y lectora se cruzan continuamente asumiendo dichos papeles. Quizá sea finalmente, una relación que cualquier lector empedernido gustaría de experimentar.  Veo que me lío yo mismo...

Por otro lado, la novela de Calvino constituye un ejercicio de experimentación mucho más sesudo que lo que mis palabras son capaces de reflejar, ya que se convierte en una fiesta para los amantes de las comunicaciones en un original ensayo especulativo sobre las teorías y lenguajes de la comunicación.
Un ensayo que juega con aquel que lee esta novela física, abriendo en su mente la ontológica idea de la lectura como ente creador. La relación entre lector y lectura es mucho más amplia de lo que podamos pensar a priori y es necesario saber como se complementan y que se deben cada uno.

Es, en suma, una obra muy divertida pero, al mismo tiempo, compleja y que puede echar atrás a muchos lectores ávidos de más evasión y menos pajas mentales.
En base a esto, imagino que tendrá tantos admiradores como detractores pero, de algún modo, considero la lectura de Si una noche de invierno... como una experiencia que obligatoriamente ha de ser vivida. Creo que es imprescindible, aunque todavía no tengo claro por qué.
En cualquier caso, probad a leer las primeras páginas, el llamamiento acomodaticio para afrontar la lectura me parece impagable.

domingo, 14 de octubre de 2012

La librería ambulante


Me encontré este libro en la red por pura casualidad y, como el título me llamó la atención, me fijé instantaneamente en él. La sinopsis me pareció interesante y decidí hacerme con él.

Helen McGill es una cuarentona soltera que después de pasar sus años mozos como institutriz decide dedicarse a cuidar de su granja y de su hermano Andrew, un hombre que a pasado de granjero a escritor de best-sellers de la noche a la mañana.
La vida es dura, monótona y solitaria para Helen, hasta que un día, un pequeño hombre, el profesor Mifflin, acompañado de un perro y de un caballo que tira de una carreta, el parnaso de la cultura, se presenta en su casa. El profesor Mifflin se gana la vida como marchante literario, recorriendo Nueva Inglaterra para vender conocimiento de su librería ambulante, su parnaso, pero ha decidido retirarse y considera que el Sr. McGill, con su amor por los libros debe ser la persona indicada a quien traspasar el negocio.
Aprovechando que Andrew no está en la casa, Helen decidirá comprarlo ella y vivir la experiencia por sí misma. Estás serán sus primeras vacaciones en muchos años.

No me he parado a investigar la realidad o ficción inherente a la novela pero, el enganche de la misma para ser contada, consiste en una edición en tercera persona, es decir, en el texto escrito por la protagonista para recordar esta vivencia que una vez dejado a un tercero decide editarlo pues considera una pérdida irreparable el no hacerlo.
La historia en sí es bastante agradable de leer, pero me ha dejado un tanto frío. Esperaba bastante más pero, claro, la nueva aventura de la Srta. McGill, como tal, apenas dura una semana, por lo que el grueso de la obra queda relegado a las relaciones humanas entre los tres protagonistas principales. Relaciones cercanas entre Helen y el profesor y más distantes con Andrew.
Christopher Morley utiliza un lenguaje sobrio y sencillo para mostrarnos con un tono agradable y jocoso no exento de ironía, la vida rural de Nueva Inglaterra a través de los ojos de la protagonista.
De este modo recorreremos los poblados de la zona acompañados de los personajes principales y de la sombra que se cierne sobre Helen con los impedimentos que su hermano pone en la distancia para hacerla regresar a sus obligaciones como ama de casa. Una experiencia agradable y simpática pero,  a mi modo de ver, exenta de la aventura que indica la contraportada.
No obstante, la historia presentará un giro cuando poco a poco pase a convertirse en una historia de amor. Amor que me resultó algo difícil de creer en un principio pero que entendí después desde la óptica de la rebelde novedad, la libertad y la amistad, no desde la pasión.

No se trata fundamentalmente de una novela sobre el amor a los libros, aunque la figura del profesor bien pudiera dar esa impresión, pero si que contiene una intención educadora en función de este personaje y de las numerosas alusiones a autores y citas literarias.
Posee al mismo tiempo un cierto tono moralizante, en la medida en que se muestra la sumisión a que se somete Helen y al trato que recibe por parte de su hermano, quien representa bien su papel de hombre de la casa sin responsabilidad alguna al respecto.

En definitiva, me ha parecido una novelita (por extensión, ¡eh!) interesante con la que me lo he pasado bien (poco más), pero que se lee en un santiamén y que nos anima a perseguir nuestros sueños, por ridículos que parezcan a los demás.

miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Fue él?

Llevaba mucho sin leer a Zweig y ya lo echaba de menos. Por eso me lancé con otra obra cortita. Sin leer el texto de contraportada creí que me iba a encontrar con una historia sobre los celos y, así fue, pero me equivoqué en cuanto al foco de dichos celos.

Una pareja de ancianos que lleva una vida tranquila y feliz, observa que su vecina pasa el día sola en casa, con la tristeza reflejada en los ojos, esperando la vuelta a casa de su marido tras el trabajo.
El marido es un hombre encantador, pero excesivamente entusiasta. Su grado de entusiasmo por todo lo que lo rodea es tan abrumador que llega a cansar a todos aquellos que están junto a él.
El hombre volcará su inmenso amor sobre Ponto, el cachorro que los ancianos han regalado a su mujer para que le acompañe en su soledad, sin llegar a sospechar las terribles consecuencias de tan tremenda carga afectiva.

De nuevo Zweig nos sumerge en un relato en que las pasiones afloran como las nubes en la tormenta. En esta ocasión, nos encontramos con un amor sin fronteras que pervierte lo bueno que espera conseguir y, de este modo, observamos que la entrega desmedida de cualquier tipo de sentimiento, y más si se trata de uno tan poderoso como el cariño y el amor, suele aportar un resultado diferente del esperado. Y aquí nos preguntamos ¿No es, entonces, correcto entregarnos por completo a la figura de nuestra adoración? Difícil respuesta, pues es difícil pensar que si no mostramos todo no seremos del todo sinceros pero, como siempre, el ser humano es desconfiado por naturaleza y, salvo contadas excepciones, personas realmente generosas y altruistas como el protagonista de la novela, siempre solemos esconder una carta bajo la manga, una última baza, por si acaso. Y cuando, además, somos sustituidos por una tercera persona los sentimientos explotan y el amor puede verse acorralado por la rabia y la venganza y convertirlo todo en una mierda de épicas proporciones.
Entiendo que tal vez esté resultando algo críptico pero intento no revelar nada importante de la obra que reseño, lo que me dificulta dicha acción, por cierto.

En realidad, Zweig nos vuelve a poner al límite de nuestros sentimientos y los confronta con la razón a la que normalmente no atendemos cuando nos ciega cualquier tipo de pasión. En dichos momentos, tal vez resulte demasiado tópico pero, es cierto que el cerebro se nubla por completo y tan sólo el corazón guía las acciones pese a la posibilidad de sucumbir a un horrible final.

No es ni de lejos la novela que más me ha gustado de Stefan Zweig pero, como siempre, he obtenido lo que buscaba: una prosa elegante y mimada, un rato de abstracción total, y un serio momento de reflexión interna.
Como he venido haciendo siempre que he reseñado a este autor, no puedo hacer otra cosa más que recomendar la lectura de la obra de Stefan Zweig. Si no has leído nada suyo, prueba con ¿Fue él? En el peor de los casos, esta novela corta no te llevará más de una hora.

jueves, 6 de septiembre de 2012

1280 almas

 Me gusta la novela negra aunque, he de reconocer que, no desde hace demasiado tiempo. De hecho, de un tiempo a esta parte, mi pasión por la literatura de fantasía de corte épico-medieval empieza a decaer de forma inversamente proporcional a mi interés por el resto de géneros literarios, incluido el género policíaco y/o negro. Por este motivo aún no he leído bastante de este campo como para considerarme siquiera un iniciado y, por tanto, no había oído hablar de Jim Thompson hasta que me lo cruce por pura casualidad en la red de Anobii y vi que varios de mis vecinos consideraban 120, una novelaza. Posteriormente me informe un poco y pude ver que 1280 almas, de Jim Thompson estaba considerada como una de las mejores novelas de la historia de este tipo, tan sólo detrás de autores de la talla de Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Suficiente para mi y tentarme a leer de cabeza la novela en cuestión.

1280 almas no tiene una trama como tal, más bien nos presenta la vida de Nick Corey, Sheriff de Potts County, y su filosofía de vida. como se las apaña para pasar como un pobre tonto y cobarde mientras consigue ser reelegido como Sheriff y hace todo lo que se le antoja.

Jim Thompson, con una prosa ágil y muy sencilla nos engaña muy pronto y nos mete en la piel de un sheriff a quien es fácil tomar cariño y considerar un pobre tontorrón de quien todo el mundo se aprovecha. Pero de buenas a primeras, con un corte de manga nos encontramos con que nuestro pobre y desgraciado protagonista es un grandísimo H. de la Gran P., que no sólo tiene engañado a todo el pueblo sino también a nosotros. Un personaje mujeriego, cínico, calculador, mezquino y, si hace falta, sólo si hace falta, cruel, lleva toda la trama de la novela y, es esta situación, este antihéroe corrupto (que en estos tiempos ya no nos sorprende), lo que nos hace seguir leyendo y querer saber como se lo monta para candidatura tras candidatura seguir saliendo elegido en su puesto y, como se las apaña para sortear a su mujer y amantes. Esto aporta diverso grado de diversión pues nos encontramos ante un auténtico semental capaz de hacer disfrutar a buena parte del sexo femenino del pueblo y de jugársela al resto de la población y, salir indemne.
Veremos así como es capaz de sortear el juego entre sus amantes sin que le descubran o de conseguir convencer a un compañero de que él es el verdugo de un asesinato que no ha cometido, o como acaba con la vida de varias personas sin que se le impute el acto, simplemente por su reputación de tonto; o de como consigue convencer a todo el pueblo de que su contrincante en las elecciones de un peligrosísimo individuo.

1280 almas, número de habitantes de Potts County, es una novela basada en el dicho "no todo es lo que parece" y que nos muestra que el Ser Humano puede ser mucho más mezquino de lo que lleguemos a imaginar si redunda en su beneficio.
Una novela con la que me lo he pasado realmente bien, y he de recomendar pues se bebe en un suspiro, pero que, sinceramente, me ha aportado poco más que entretenimiento.

sábado, 18 de agosto de 2012

El antropólogo inocente


A la vista del fracaso que había supuesto Wadzek en mi intento por leer algo que me hiciese reír me lancé a por una recomendación con la que me dijeron que era fácil carcajearse, El antropólogo inocente, de Nigel Barley. Tras informarme y descubrir que se trataba de una novela al estilo de las de Gerald Durrell, me hice con ella al instante. De nuevo se trata de un buen libro pero huelga decir que mis aspiraciones volvieron a resultar insatisfechas.

Como en todos los campos, la antropología ha sufrido cambios substanciales en lo que a propedéutica se refiere. Frente a los más conservadores, que abogan por el trabajo de campo como base científico de la materia, se encuentran los modernos antropólogos que rinden pleitesía al saber teórico.

El antropólogo Nigel Barley, a caballo entre ambos, decide realizar un estudio de campo como complemento a su saber teórico y sentirse así un verdadero antropólogo. Para ello, y tras analizar diversos pueblos, decide estudiar al pueblo Dowayo, en el corazón de Camerún.
Tras la burocracia británica para embarcarse en tamaña disciplina, se encontrará con la burocracia africana, tanto o más férrea y cerrada que la británica.
Una vez en el país Dowayo comprobará que todo no es tan sencillo como tenía en mente, y que tendrá que entregarse al pueblo dowayo, pese a saber que no debe inmiscuirse, para aprehender todo lo que pueda de su cultura.

Al igual que hiciera Gerald Durrell con la zoología, Barley intenta acercarnos al académico y, a mi parecer, hermético mundo de la antropología. Para ello nos narra un estudio real pero de forma amena y lúdica a la par que educativa.
El estudio está relatado con los datos y vivencias reales del autor, desde dentro, haciéndonos ver la realidad de otro tipo de trabajos, con todos los quebraderos de cabeza e inconvenientes que representan y mostrándonos los buenos momentos como simples minucias para el hombre civilizado.

Barley no escatimará en detalles y nos mostrará la cultura dowaya desde un punto de vista imparcial, no desde el del erudito que todo lo sabe o aprende y lo narra a posteriori, sino desde el mimo momento, mostrándonos las incógnitas que se plantea el estudioso y el modo deductivo con que intenta acceder a su respuesta.
Hay un par de momentos realmente buenos, como el de su visita al dentista como consecuencia de un accidente que le rompe los dientes pero, en general, a mi modo de ver, no consigue la carcajada ni tiene la capacidad de Durrell para llevar al lector en volandas a través de experiencias siempre con una mueca sonriente.

En general ha supuesto una obra entretenida que me ha hecho acercarme más a este exclusivo y, para mí, desconocido mundo pero, de nuevo, no he conseguido la risa que buscaba. Tal vez en esto hay tenido que ver el que con la recomendación que me habían hecho, mis expectativas eran muchísimo más elevadas y esto me haya decepcionado. ¡Ay, cuanto daño hacen las recomendaciones! ¡Espero que vosotros no hagáis ni caso de lo que dice este blog!
Lo que tengo claro es que paro por un tiempo en mi intención de leer algo gracioso y durante los próximos meses me dedicaré a otro tipo de lecturas pendientes.

En definitiva, un buen libro que se aproxima a un buen entretenimiento educativo.

Wadzek contra la turbina de vapor

 Tras lo bien que me lo pasé con el Sr. Y de Muñoz Rengel, y la ajetreada y cansada vida que llevo de un tiempo a esta parte (aunque por suerte o por desgracia, esté próxima a cambiar), me apetecía mucho leer literatura que me alegrase el ánimo, algo que me hiciera reír.
La edición por parte de Impedimenta de un libro de Doblin, de quien había leído buenísimas críticas por su Berlin Alexandeplatz, y de que en este caso se trataba de un libro de negro humor, me animaron a lanzarme a su lectura. Por desgracia ha resultado un libro más difícil de lo que esperaba, y el humor que destila no ha sido aquel que yo buscaba, por lo que no ha logrado colmar mis expectativas y se me ha hecho algo cuesta arriba, a pesar de que en rasgos generales, sea una novela interesante.

Wadzek y Rommell son dos industriales cuya obsesión es triunfar por encima del otro. Cada uno se empeña en demostrar sus cualidades como empresario y genio industrial a fin de superar al contrario y hundirlo en la miseria. Por eso, cuando Rommell pone en funcionamiento la turbina de vapor, Wadzek no verá en ello más que un complot para menoscabar su inteligencia y, tras una acalorada discusión en que acabará humillándose ante Rommel, obligado por éste a cerrar su fábrica, huirá de la ciudad, acompañado por su familia y su leal ayudante Schneemann, donde urdirán el plan para no ser descubiertos.

Nos encontramos ante una obra difícil de principio a fin, donde la excelente y aguda prosa de Doblin se confunde con la trágica vida de Wadzek y la profunda sátira al sistema capitalista.
Doblin se muestra como un narrador nato, capaz de describirnos de forma armoniosa las flores de un arbusto y a mismo tiempo las calles de Berlín demostrándonos pese al sarcasmo y la oscuridad con que las muestra que es una ciudad que ama. Probablemente un elevado conocimiento de la situación social de la época y del trasfondo que muestra pueda servir para esclarecer su lectura y hacerla mucho más interesante.
El autor imprime en esta novela una crítica feroz a la industrializada sociedad del sistema que nos domina, y mediante personajes "conspiranóicos" nos sumerge en una lucha sin cuartel en el que Wadzek se siente observado y perseguido por todos. Pero es cierto que no logra su objetivo de forma global pues, poco a poco, va perdiendo fuelle, llegando a convertirse en una caótica sucesión de imágenes deslavazadas y, en apariencia, inconexas entre si, en las que la amplia personalidad de los personajes y la sucesión de escenas se muestra cual más estrambótica y, en mi no ha conseguido despertar la hilaridad que ansiaba pese a la absurdez de muchas de las situaciones que nos plantea.

En realidad la novela es una tragedia satírica en la que el personaje de Wadzek acaba siendo lastimoso. Pero es en este punto donde considero que Doblin efectúa su mejor movimiento, pues los personajes son realmente buenos y desde el despiadado Rommel, pasando por el entregado y leal Schneemann o el paranoico Wadzek o su rebelde hija, hasta su despechada esposa, todos ellos poseen múltiples facetas que los hacen realmente originales, hasta un punto que en su histrionismo raya el absurdo, si bien es cierto que parece ser esta la intención de su creador.

La presente novela es una buena muestra del realismo alemán de principios de siglo, con el que Doblin pretende hacernos ver como a industrialización de la sociedad aniquila el lado más racional de las personas convirtiéndolas en máquinas cuyo objetivo es el poder, y como éste cambio de mentalidad arrastra a todos aquellos en derredor.

En general me ha parecido una novela difícil de leer, densa y que exige mucho del lector. No es una mala novela, y tal vez no haya sido el momento para leerla, amén de la decepción que ha supuesto no encontrar lo que buscaba. Desde luego, en estos momentos, no la recomendaría abiertamente.

jueves, 24 de mayo de 2012

El asesino hipocondríaco


 Cuando hace unos mese leí los cuentos de De Mecánica y alquimia, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, me quedé con ganas de seguirle la pista pues, si bien se le nombraba como uno de los cuentistas más laureados del panorama nacional, yo no había tenido el placer de leerlo anteriormente. La edición de su primera novela, El asesino hipocondríaco, me brindó la magnífica oportunidad de conocerlo en distancias algo más largas.


El señor Y, asesino profesional y hombre de moral kantiana, fue contratado hace algún tiempo para acabar con la vida de Eduardo Blaisten. Aquejado por múltiples enfermedades que lo dificultan para lleva a cabo el encargo, el Sr. Y tendrá que ingeniárselas para idear un método de asesinato que cumpla el objetivo y lo eximan de culpabilidad pues, eso sí, tiene que hacerlo rápido ya que, como bien dice, este será, casi con total seguridad, el último día de su vida.

Personalmente me ha encantado la historia del Sr. Y narrada por Muñoz Rengel. Por un lado ya conocía su estilo, pero no sabía como lo haría en un texto de mayor longitud. Bajo mi punto de vista Muñoz Rengel pasa el examen con nota. Con un tono sobrio, donde ninguna palabra está de más y todo tiene su porqué; elegante pero con un ritmo rápido gracias a la cadencia que aporta un elevado número de capítulos de poca longitud que hacen que sea difícil para de leer.
Como siempre, de acuerdo con mis gustos, son varios los puntos interesantes de esta novela:
Por un lado la formula narrativa de Rengel me ha parecido originalísima. El utilizar anécdotas reales entremezcladas con la historia que se quiere contar, teniendo en cuenta, además, que estas anécdotas sirven de sustento para la misma, contadas de forma concisa y muy ilustrativamente, me ha resultado un conjunto altamente atractivo a la par que educativo.
Por otro, la estructura y el tono. La consecución de capítulos realmente cortos interconectando las anécdotas de ficción constituyen un elemento agradable y de rapidez lectora, manteniendo un tempo tenso que motiva la lectura en la forma del "venga, sólo otro capítulo más. Es tan cortito..."
El tono distendido y cómico de las peripecias profesionales del Sr. Y resultan altamente entretenidas, aunque encierran un trasfondo de tristeza y seriedad bastante más profundo.
Por que no debemos olvidar que por encima de todo, lo verdaderamente grande es la personalidad de nuestro protagonista.
El Sr. Y es un hombre recto, justo, como suele recordarnos en varias ocasiones, de moral kantiana, algo que en estos días que vivimos, hay que reconocer que no es muy habitual. Un hombre que es en sí mismo un glosario de enfermedades raras, reales e inventadas: Síndrome de ondina, Afasia de Wernicke, Síndrome del acento extranjero, de la enfermedad profesional, Síndrome de Proteus, de Moebius, y muchas otras, sin olvidarnos ¡como no!, del gemelo extirpado que aún subsiste en su cabeza. Enfermedades que lo hacen sentirse importante en su minúsculo mundo, gracias a la justificación que encuentra en la similitud que presenta con personajes importantes de la cultura, como Kant, Voltaire, o Jonathan Swift entre muchos otros.
Y es un hombre perdido en su soledad, que hace de Blaisten su único amigo y que con sus ridículos intentos de asesinato se asegura día tras día el volverlo a ver, pese a que cada día "pueda ser el último día de su vida". Intentos estos que al final nos harán entender como el protagonista prolonga su vida día a día, pues la verdadera muerte es demasiado triste y definitiva y el deseo de vivir del Sr. Y es mayor que su moral, a pesar de que él se empeñe en mostrarnos lo contrario.

Me ha encantado también el marco geográfico escogido por Rengel para ubicar la acción. Las calles de Madrid me parecen muy sugerentes, e imaginar la escena resulta sumamente sencillo, si conoces las zonas claro. Pero más aun, tras las últimas fotos que Rengel ha colgado en su muro de "feisbuk", de varios lugares de la novela, se alcanzan nuevas cotas de realismo y nitidez, y he deseado volver a leerla; algo que , sin duda, volveré a hacer antes de que acabe el año.

Tal vez porque palabras como Proteus, síndrome, desinfección, tratamiento, etc, me rodean a diario en el trabajo, esta novela me ha enganchado más si cabe, y la labor de documentación realizada por Muñoz Rengel me ha parecido más que adecuada, consiguiendo crear una impresión nítida y real de lo que debe ser la vida de un hipocondríaco extremo: escenas como la desarrollada en la hamburguesería, cuando el Sr, Y empieza a experimentar múltiples sensaciones ante la conversación de una familia que se sienta a su lado, me parecen impagables y me han hecho reír de lo lindo pero, reconozco que, tal vez, para ciertas personas pueda resultar repetitivo y en ocasiones tedioso el observar, por ejemplo, el cuidado continuo en la desinfección minuciosa de los objetos por parte del protagonista explicándolo cual prospecto.

Entiendo que habrá opiniones para todos los gustos. A mí, personalmente, me ha encantado. Me parece una novela muy entretenida, rápida de leer, que promueve la risa al tiempo que enseña anécdotas curiosas y esconde un fondo mucho más serio.
Para que decir más, ha sido la novela que más he disfrutado en lo que va de año.

martes, 15 de mayo de 2012

Firmin


Sabedor de mi histórico rechazo a las novelas con protagonistas animales (no me gustó La canción de Cazarrabo, ni tampoco La colina de Watership, y todavía tengo pendiente en la estantería Las ovejas de Glennkill), me aventuré con Firmin a ver si me llevaba una sorpresa.
He de reconocer que quedé gratamente sorprendido al principio, y claramente decepcionado al final.

Firmin es un roedor que nace entre los papeles del almacén de una librería de viejo.
Allí, rápidamente se distanciará de sus 12 hermanos, pues su naturaleza animal no les permite comprender al ser humano, en cambio, Firmin se sentirá más miembro de esta raza que de la suya propia a medida que empieza a devorar los libros de la tienda. Literalmente al principio, pues el papel es su único sustento (al ser el más débil de toda la progenie no llega a amamantarse debidamente), pero poco a poco comenzará a entender los libros y a aprender de ellos.
Tras un, para él, traicionero intento de asesinato por parte del librero, Norman, decidirá mudarse y, por casualidad, topará con el para él, mejor escritor del mundo, Jerry Magoon, que lo cuidará desde entonces.

Sam savage comienza las andaduras de Firmin con una prosa sobria elegante, muy fluida que apetece y anima a continuar leyendo. En conjunción con la técnica, la formula utilizada consistente en introducir frases de otras conocidas obras literarias a lo largo de la historia, resulta muy interesante e induce a la búsqueda de la información relacionada pero, es cierto que, poco a poco esta línea va decayendo hasta prácticamente desaparecer por completo y convertirse en una novela al uso que pierde esa gracia añadida.
La historia en sí resulta muy atrayente al principio. A medida que conocemos a Firmin no podemos el evitar sonreír ante sus andanzas e intentos por sentirse humano; algunas escenas, como la de observar el trasero de su hermana y posteriormente los neones de las bailarinas son impagables, pero poco a poco, vuelve a perder fuelle y acaba resultado algo aburrido.
El cambio de morada le siente bien a Firmin, y el escritor actúa como revulsivo para impulsar un poco la novela. Con la lectura de las novelitas de ciencia ficción escritas por Jerry, la cosa se anima y la sonrisa vuelve a fluir a nuestros labios, pero ya todo es diferente, por dos motivos: Por un lado porque, a mi modo de ver, el estilo de Savage en esta segunda parte ya no es tan elegante, sino algo más apresurado y por otro, porque hemos ido viendo como la obra va evolucionando, y de ser una historia que despertaba simpatías y parecía graciosa nos hemos dado cuenta de que la historia es más triste de lo que parece ante un par de seres que no encuentran su lugar en el mundo.

En realidad la novela se divide en tres subtramas:
* La historia de un roedor que intentó ser lo que no era, nos muestra el rechazo a lo diferente, la marginación y el miedo a lo incomprendido. La soledad de quien hace lo que siente para ser feliz pese a ser apartado. La felicidad no tiene por qué ser igual para todo, es algo personal y se ha de buscar de forma individual. A veces conlleva grandes pérdidas pero, como en el caso de Firmin, ¿A veces, no merece la pena?
* La historia de un escritor fracasado. Un escritor cuya soledad es tan grande que busca la compañía de una rata y le muestra todo el cariño que puede dar. Una persona dejada de lado y que mantiene la esperanza de que su trabajo sirva para algo, hasta comprender finalmente que no es así.
* Por último, los hechos históricos acerca de la destrucción de una plaza en aras de un mayor beneficio económico. Los momentos de tensión por parte de los comerciantes que intentan parar la demolición también causarán su efecto en nuestro roedor protagonista, que intentará poner su granito de arena para evitarlo.

En definitiva, una historia entretenida, bien escrita y que se lee de un tirón. Con momentos alegres y otros de serena melancolía que invitan a la reflexión.
Pero en general, me parece que el autor no ha gestionado bien sus recursos y la novela ha ido perdiendo fuerza poco a poco, hasta casi diluirse por completo para mi gusto. No obstante, Savage me ha parecido un autor con potencial y ya tengo en la estantería El lamento del perezoso, tardaré en leerlo, pero lo haré pues Savage me ha ganado un poquito.

Pero de momento sigo igual, las novelas con protagonista animales no me convencen.

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