








Tras el magnífico sabor de boca que me dejó “Pacto con el Vampiro”, no albergaba ninguna duda de que caería el segundo, como ha sido. Quién no haya leído la primera parte está avisado de que aquí encontrará varios spoilers que pueden llegar a chafarle su lectura.
Han pasado los años, y Mary vive en Amsterdamn donde su actual marido, el doctor Van Helsing, ha fallecido. Éste será el momento que aprovechará Arkady (ya transformado como recordaremos del final de la primera parte), para presentarse tras 20 años y advertir a Mary y a sus hijos, Stefan y Abraham, de que Vlad los ha conseguido localizar y los persigue para poder continuar disfrutando de la vida eterna a través de la maldición del Pacto. Ante la aparición de Zsuzsanna todo se acelerará y tras el rapto de Stefan y Jan, su sobrino, Abraham deberá abandonar su escepticismo y viajar al corazón mismo del mal, al castillo de Drácula para enfrentarse a él y rescatar a su familia.
Esta continuación sigue la tónica de la primera parte en cuanto a una buena labor editorial y de traducción, así como de intriga pero, a mi modo de ver, decae en cuanto a contenido, y creo que rompe la lógica que debería haber seguido la trilogía y que, a modo de símil gastronómico, podríamos decir que ha pasado de ser un esperado primer plato a un simple pero esperanzador pre-postre. Si bien es cierto que es una continuación muy interesante y coherente, ya que Kalogridis ha sido capaz de crear una obra que parece haber salido de la mente de Stoker y nos hace entender aspectos del libro de este último como si de una precuela verdadera se tratará. En este sentido Chapeu. Pero sin embargo, me parece que ha perdido fuerza en cuanto a la ambientación: el clima no es tan sobrecogedor ni oscuramente obsceno como en la primera parte aunque, es cierto que, hay un par de escenas escalofriantes. El clima respirado al sentirse plenamente en Transilvania, en el castillo de Vlad, o en el desfiladero del Borgo que me parecieron tan evocadores y tétricos en su momento, se han difuminado en este libro que sólo recorre estos parajes en apenas una cuarta parte del libro.
Esta vez Kalogridis, dentro de su buen hacer, me ha recordado más a la mejor Anne Rice que a Bram Stoker, sobre todo en la escena de los jóvenes que Zsuzsanna lleva a casa de Arkady. Me ha parecido clavada en su inicio y acometida a cierta escena entre Louis y Lestat y unas prostitutas, aunque en la que nos ocupa el sexo es muchísimo más potente y explícito. Los personajes que vienen del primer libro mantienen su fuerza (aunque Arkady se ha vuelto un poco bipolar, pues recuerda continuamente como ha crecido como vampiro matando gente y al mismo tiempo se ha convertido en un llorón arrepentido); y los nuevos: el Stefan adulto, Abraham y Gerda, aportan un nuevo juego a la novela, añadiendo un trío de celos, locura, traición, escepticismo y sobre todo, amor. Así como también el misterioso Arminius, personaje siniestro en su juventud, de la misma ralea que Drácula, pero que hizo voto de arrepentimiento y se convierte en mentor de Abraham.

Cómo he dicho antes, en esta segunda parte la autora destapa el tarro de las esencias más licenciosas y gores y nos deleita con varias escenas de sexo detallado o nos aterroriza con la narración de un empalamiento al más puro estilo de “holocausto caníbal", que no puede hacer otra cosa sino aumentar el respeto y pavor que desprenden los vampiros. También hecha mano de su experiencia en historias de intrigas y traiciones palaciegas y hacia el final del libro introduce un giro argumental que nos hace ver que hemos sido engañados durante toda la novela y que da un nuevo sentido a la posterior historia (aunque a mi modo de ver, era innecesario, pero Jeanne K. sabrá, claro).
En definitiva y para no enrollarme más con una continuación de una saga, hay que dar las gracias a la Factoría por continuar con su labor editorial y destacar la buena cubierta de Calderón y la excelente traducción pero, también hay que decir, que esta segunda parte se queda un pelín flojilla (para mi gusto) aunque constituye un esplendido entrante para lo que espero sea el gran cúlmen de esta saga, la ansiada tercera parte “Lord of the vampires”.
Primera novela que escribió Clive Barker, primera novela suya que leo, y la verdad es que me ha sorprendido gratamente, pues me esperaba algo más parecido a sus películas, con vísceras, sangre y viscosidades reptantes por todas partes y no ha sido del todo así. He de reconocer que no soy fan del gore y, en general, tampoco demasiado del terror.
son pocas las escenas que infunden un terror real en nuestra mente, que no en nuestro ánimo, aunque he de reconocer que la escena de la mujer de Toy, convertida en un maniquí viviente de músculos y sangre, hablando por teléfono es estremecedora.
Aprovechando que por Reyes me regalaron la primera (y única) temporada de Dresden, decidí echar el guante a alguna de las novelas en que se basaba la serie, y aunque el libro que cayó en mis manos es el tercero de la serie no me importó, ya que son historias autoconclusivas. Desconozco si me pierdo algún dato importante. Yo, por lo pronto, no lo he echado en falta.
Inicialmente, me enfrenté a la lectura de esta novela con una batalla de impresiones en mi interior: por un lado, estaba ilusionado ante la lectura de un nuevo libro sobre uno de los vampiros más mediáticos y famosos; por contra, las reticencias hacia ese mismo concepto eran abundantes. Me asustaba sobremanera el hecho de una historia basada en la familia del Empalador. Los acontecimientos narrados se situaban cincuenta años antes de lo contado en el Drácula de Bram Stoker. ¿Quedaría destrozada la leyenda?, ¿El estilo y la historia contada por Jeanne Kalogridis corrompería la figura de mi querido Drácula?

El título original, "Fairyland", junto con la portada tipo "Matrix" de la Factoría de Ideas han sido los dos motivos que me han inducido a sacar este libro de la pila. Tras leerlo me he quedado a cuadros; el libro es muy bueno, pero no estoy seguro de haberlo entendido todo.



Cómo dije en la reseña de Mysterium, Robert C. Wilson es un autor a seguir, así que aquí estoy con otra novela suya: Los cronolitos.
ueva América, que empatiza con los habitantes del pueblo y acaba renegando de sus anteriores convicciones aun a riesgo de su propia vida.
La novela que me ha tenido absorbido la semana pasada, A vuestros cuerpos dispersos, es una obra que aun tras varios días después de haber sido leída sigue caminando tranquilamente por las circunvoluciones de nuestro cerebro. Las imágenes se quedan prendidas en la retina y las preguntas sin responder de la novela se prestan a las elucubraciones metafísicas de nuestra mente.
P. J. Farmer, sin hacer alarde de una gran prosa consigue, ya en los primeros capítulos, crear la expectación necesaria para que el pasar de las páginas se convierta en una droga que te incita a querer saber más. A querer saber "porqué".
onajes, sin nunca desarrollarlos ni dar explicaciones completas.
Gene Wolfe lo ha vuelto a hacer. Ha escrito una buena novela, con la que ha ganado el Premio Mundial de Fantasía 2001 y me ha dejado perplejo de nuevo. He terminado esta novela, con la misma sensación que en el resto de obras suyas que he leído; preguntándome, no si me había gustado o no, sino de cuánto me había enterado. La conclusión ha sido clara: de más bien poco.
memoria utiliza un pergamino en el que va escribiendo todo lo que le sucede y ha de leer para recordar, pero... entre las veces que Latro no tiene posibilidad de escribir y las que por diversos motivos no puede leer lo escrito para recordar... pues ya imaginaréis.
