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domingo, 28 de abril de 2013

El vivo

 A pesar de que, como ya dije, me esperaba más de Una edad difícil, me gustó lo bastante como para seguir la pista a su autora, la rusa Anne Starobinets, y estar pendiente de sus próximos pasos. El vivo, su nuevo libro, deja los relatos de lado para centrarse en una distopía durísima y sin concesiones. Una novela que no podía dejar pasar.

Tras una época plagada de guerras, hambrunas y epidemias, conocida como La Gran Reducción, la humanidad quedó limitada a un número fijo: 3.000 millones de habitantes. Este número es mantenido constante por un nuevo ente, una nueva conciencia: el vivo, que por medio de un complejo sistema es capaz de almacenar los recuerdos y vida de las personas, y postergarla a lo largo de la historia por medio de una clave personal, lo que dota a los humanos de una suerte de inmortalidad.
   Pero todo empezará a cambiar cuando nace un ser humanos sin clave, conocido como Cero. Es algo inaudito, pues sus datos no están en la base y, por tanto, no se sabe de donde procede ni que misión tiene en la vida.

Lo primero que sorprende cuando avanzamos de lleno en El vivo, una vez pasada la extrañeza y sensación de originalidad, es la lejana proximidad de la ambientación. Lejana en el tiempo, parece que quedan eones para que esto se llegue a producir (si es que lo hace). Cercana por que, a poco que buceemos, todo tiene un claro reflejo en la realidad que vivimos. por otro lado, sorprende la evidente madurez en la prosa de Starobinets. Con un estilo fresco y directo Starobinets se convierte en una narradora enérgica, que crea una metáfora de los peligros que acechan a las generaciones actuales, ofreciéndonos una dura crítica que perturba por su cercanía ontogénica y pone los pelos de punta por su plausibilidad.
La novela se estructura como un conjunto de documentos y extractos de datos extraídos de la red, que dotan a la historia de un marco mucho más amplio y de diferentes puntos de vista pero que, en ocasiones, crean algo de confusión por la mezcolanza de variaciones temporales.

Son muchos los puntos tocados por la autora, a cual más interesante que, ahora, un par de meses tras su lectura, y evidenciando el continuo defecto de no tomar notas de lo que leo, corren el riesgo de perderse sin ser comentados. Intentaré rescatar la mayor parte de mi memoria y que la pérdida sea la menor posible.
Por un lado tenemos el tema que yo creo mas llamará la atención de cualquier lector: la Pausa.
Un término empleado para indicar los cinco segundos de oscuridad en que una persona deja de vivir para convertirse en otra. Un eufemismo de la muerte para una inmortalidad que, a la larga, descubriremos que no es tal y como parece, ni tan bonita ni tan utópica, y que invita a reflexionar duramente hacia los conceptos de utilidad del ser humano y de la manipulación del mismo por parte del sistema.
En este sentido me recordó a La fuga de Logan, pues los individuos son invitados a abandonar la antigua vida y finalmente obligados a ello si por su propia cuenta no han accedido.
La Pausa, por tanto, no es sino el lapso de tiempo que transcurre entre una encarnación y la siguiente. Encarnación asegurada por la información contenida en una base de datos mundial que proporcional al nuevo individuo los conocimientos del anterior, de acuerdo con una clave establecida que posee cada individuo y que nos lleva a pensar en el destino y el libre albedrío, en la libertad de opción del individuo o de la utilidad para la maquinaria.
Por otro lado, nos encontramos con una feroz crítica a los avances tecnológicos que producen una alienación del individuo y lo convierte en un ente social de forma virtual, que no de facto, pues todo ser humano está conectado sinapticamente a una red social de escala mundialmente obligatoria llamada El socio, y que permite lecturas a diferentes niveles según el rato jerárquico en la sociedad. El socio controla el nivel de stress y entretenimiento de las masas por medio de programas de visionado obligatorio, al tiempo que se conecta automáticamente si se ha desconectado durante más de media hora.
Estos dos puntos crean un estado máximo de deshumanización en el que el individuo pierde el respeto por sus semejantes y en el que todo es apersonal, a riesgo de ser tachado de reaccionario por mostrar apego a un pariente.
Esto nos aboca a una civilización en la que el anciano sobra; el infante toma el poder en cuanto alcanza la edad de acceso a los datos de vida anteriores; en el que a los individuos discordantes se los encierra de por vida (y cuando digo de por vida, me refiero a eternamente, generación tras generación), ya que se constituye el juicio de culpabilidad por defecto y, por tanto, serás culpable de todo lo que hicieron tus encarnaciones anteriores; donde el control de la natalidad se liga a la pausa; donde las personalidades peligrosas se miden y catalogan de acuerdo a teóricos test de empatía; donde todo el mundo es feliz, pero cada vez hay más descontento.
Y de esta forma, llegamos a la tercera parte, en la que el protagonista, Cero, ha dejado de ser un ciudadano anónimo para ser alguien de mayor importancia. Será en este tramo en el que terminaremos de descubrir la verdad del sistema, el porqué de todo, y donde nos sumergiremos por completo en la miseria del ser humano, en los recovecos más oscuros del individuo; aquellos fragmentos  putrefactos del alma que se esconden pero de los que con total hipocresía somos conscientes. 
He querido ver aquí la pluma de los clásicos rusos, en especial la del Maestro Dostoievski, en este escarbar sórdido en el interior del ser humano que hace Starobinets.

Nos encontramos, por tanto, ante un clarísimo ejemplo de como la utopía deviene en distopía, y de como el máximo grado de perfección imaginado transporta consigo una serie de consecuencias que pervierten el orden natural convirtiéndolas en malsanas, o perfectas tan sólo para una minoría.

En último lugar, y por ponerle algún pero a la novela, el punto más negativo lo sitúo en el uso de las tecnologías. En un mundo tan avanzado científica y tecnológicamente, se me hace muy difícil creer que los sistemas de comunicaciones sean tan simples y rudimentarios como lo son hoy día: que haya conversarciones por chat y mensajes de correo electrónico con el formato de hoy día y, por añadidura, que la jerga utilizada sea tan parecida a la de ahora, basada en la economía de letras y el argot informático.

En definitiva, una obra esplendida, que da muchísimo más de sí de lo que queda remarcado en esta humilde reseña que ha pretendido levantar pocos spoilers. Una novela que recomiendo sin dudarlo. Tal vez estemos ante una obra conceptualmente conocida, con todos los componentes de una distopía al uso, pero que hará las delicias de los aficionados al género y que, a pesar de todo, resulta muy original en su clase.

Y, en este punto, alguien puede decir: "¿y entonces Cero? ¿Qué pasa con él? No has contado nada."
Es cierto, no he contado nada. Cero es el porqué, el principio y el final de todo. Si quieres conocerlo, adéntrate en el vivo. Este libro no es apto para todos los públicos pero, si llegas al final, saldrás cambiado. Prometido.

martes, 2 de abril de 2013

Últimos días en el puesto del Este

Me llamó la atención el libro de Cristina Fallarás, pues parecía una distopía dura y al mismo tiempo contenida en pocas páginas. Debo ser de los pocos que no conocía de nada a la autora, ni en su faceta literaria ni en ninguna otra, pero el aspecto psicológico y de misterio que ofrecía la sinopsis del libro, y el hecho de haber sido editada por Salto de Página (editorial que me gusta bastante), decantaron la balanza a su favor.

Un grupo de personas permanece recluido en una casa. Resisten a los fundamentalistas que han tomado el control del mundo y han acabado con el orden establecido. Esperan el regreso del capitán, el líder, que ha salido ha buscar ayuda. En la casa permanece "la polaca" y sus hijos. La polaca, mujer del capitán tiene enemigos dentro y fuera de la casa y, a través de su diario, nos contará los últimos días del mundo que conocemos.

Con un lenguaje sobrio, contenido, en ocasiones poético, pero siempre sencillo a la vez que cuidado, Cristina Fallarás nos hace recorrer las páginas del diario de la polaca. Diario que narra los últimos 10 días. A través de esas páginas seremos conscientes de la tensa situación en la que se encuentran las personas acantonadas en la casa; de como el fundamentalismo religioso dio un golpe de mano y se hizo con el poder; de como la economía se vino abajo y el hombre retrocedió de golpe una era.

Sinceramente, me esperaba otra cosa. ¿Por qué? Porque la historia es muy buena. La prosa de Fallarás es igualmente buena y es capaz de hacernos partícipes de la situación y de la presión psicológica subyacente, pero este caos, este acabose, se muestra en un segundo plano, siempre detrás de los sentimientos de la polaca que, a mi juicio, queda reflejada como una mujer que en sus últimos días vive obsesionada por el sexo. recuerda con vehemencia y anhelo el sexo que creyó amor con su amante; el triángulo formado por su marido, su amante y el que la deseaba, hasta un punto en que resulta insoportable para la corta extensión de la novela. En mi humilde opinión, la efusividad de los sentimientos amoroso/sexuales de la polaca desvirtúa y esconde la verdadera historia, los hechos que ensombrecen el alma y que forman la distopía que esperaba leer. Tal vez sea esa la verdadera historia y no los acontecimientos que han desencadenado en un mundo sombrío y desfigurado. Tal vez fuese esa la historia que la autora quería contar. No era la historia que yo quería leer.
Con todo esto, en mi caso, no ha conseguido sino que no me importe en lo más mínimo la historia de la polaca, que su fin me haya importado un carajo y que haya lamentado que no sucediese antes para ver si otra persona retomaba la narración. Otra persona que se centrase mucho más en la historia en lugar de en el amor. Amor, sí porque, al final, la ambientación que rodea la casa no es más que un escaparate que rodea una historia de amor. Una buena historia de amor y sexo, es cierto. Una historia de amor que, unida a la ambientación, ofrece momentos de reflexión y una visión introspectiva algo atípica para la situación, que resulta original pero que, vuelvo a decir, no es lo que yo quería leer.
Si no hubiese sido cortita y hubiese estado tan bien escrita, probablemente hubiese abandonado la novela, pues la orientación feminista y  centrada en el amor/sexo, según quien lo mire, no me ha hecho empatizar, como ya he dicho, con la protagonista, y tan sólo sus hijos, me han provocado cierta pena, como suele ocurrirme con los inocentes sobre los que se puede disponer y decidir libremente.

Tengo claro que es una buena historia. Un buen cuento. Pero a mi no me ha gustado lo suficiente ( o no he sabido apreciarlo. Que otros lectores lo juzguen).
en resumen, no me atrevo a recomendarla. Desde luego es una experiencia diferente y original pero, en mi caso, me ha dejado indiferente.

sábado, 5 de enero de 2013

El cementerio de barcos


 La que tenía prevista fuese la última entrada del 2012 ha acabado convirtiéndose, por diversos problemas que me han acuciado últimamente, en la primera del 2013. Bueno, no hay mal que por bien no venga, ya que mi intención era cerrar el año con una novela importante del 2012 pero tampoco pasa nada por reseñarla la primera del nuevo año.

Bacigalupi vuelve a sumergirnos en el post-apocalíptico mundo de La chica mecánica (o eso creo), pero esta vez retratando una zona diferente, lo que otrora fuera el golfo de México donde, merced al calentamiento global, las aguas han subido lo suficiente como para inundar las ciudades.

En esta ocasión nos encontraremos con Nailer y Pima (entre otros). Dos muchachos que viven en la playa. En una zona donde tras las inundaciones, las ciudades han quedado sumergidas, creando arrecifes artificiales donde los barcos quedan encallados con facilidad. Esto, unido a la escasez de combustibles fósiles ha ocasionado el que en dicha zona se hayan creado cuadrillas especiales cuya única misión y forma de supervivencia, es la obtención de utensilios de dichos barcos con el fin de venderlos a las grandes multinacionales. Cobre, plomo, hierro, chatarra en general y, muy ocasionalmente, algo de petróleo son las mercaderías que los permite seguir viviendo.
Sin embargo, la suerte los sorprenderá al descubrir un barco. Un veloz clipper con un gran botín que los haría ricos, si no fuese por la muchacha aún viva a bordo del barco. Es el momento de jugárselo todo: si la matan se harán ricos, si la dejan vivir y la ayudan a regresar con los suyos, les esperará una aventura por delante que, quizás, consiga salvarlos de la mísera vida diaria.

Estamos de nuevo en el distópico futuro de su anterior novela pero en una zona distinta del planeta. La costa del golfo de México. Una zona muchos más pobre que la anterior y donde se aprecian diferencias significativas. Aquí no veremos neoseres, ni ningún tipo de tecnología superior. No oiremos hablar de ninguna de las compañías alimentarias que controlan el mundo. Parecemos estar en un lugar diferente, donde se ha producido un cataclismo y la gente lucha por sobrevivir recogiendo chatarra para vender a otras multinacionales, o vendiendo su propia sangre a cambio de algo de dinero, y con una evolución de las drogas líquidas a la que es fácil ceder cuando estás al límite.
No veremos grandes ciudades, sino chabolas en medio de una playa. No oiremos hablar de religiones, de grupos organizados, ni de espionaje industrial; tan sólo de personas corrientes y molientes que compiten entre ellos mismos para sobrevivir. Donde nadie cuida de nadie y siempre gana el más fuerte.
No veremos energía motriz humana para mover mecanismos, sino que veremos barcos que se desplazan a gran velocidad, de barcos encallados con bolsas almacenadas de petróleo y de trenes de alta velocidad y, al respecto he de decir, que me ha resultado confuso teniendo en cuenta que nos encontramos en un mundo con los combustibles fósiles prácticamente agotados. es lógico entender que las pocas reservas disponibles estén en posesión de grandes empresas pero no me ha resultado demasiado creíble.

Estamos ante una novela más ágil que la anterior. Con una lectura más asequible, tal vez con un cariz más juvenil. Sin los parones que producían la política y la complejidad global de La chica mecánica (LCM a partir de ahora). Una lectura más ágil digo, pero en mi opinión, la de Bacigalupi es una narrativa lenta. Como me sucedió con LCM, me dio la impresión de que al leer a Bacigalupi, las escenas transcurren despacio, parece no suceder nada, de tal modo que te mantienes alerta, pendiente del momento en que se desencadene la acción. Una acción, como tal, que es potente en su concepto, pero descafeinada en narrativa pues también transcurre sosegadamente por efectista que hubiera podido ser con otro autor. Parece como si Bacigalupi dosificase palabras y escenas para que queden grabadas en la mente no como un rápido flash, sino como un escenario de 360 grados. Aquello de ver el bosque a través de los árboles.
Pero es que, en realidad, dicha acción es toda la novela. Cada detalle próximo a los personajes o lejano en la geografía, completa una serie de datos que consiguen crear una imagen clara del mundo y sus interrelaciones, por lo que el mero hecho de respirar un día más, se convierte en un acto heroico. Y es este uno de los aspectos que más me gusta de Paolo Bacigalupi: su creatividad al definir un mundo distópico de forma tan realista y creíble, pues creanme que lo es; pero también el hecho de querer transmitir una idea en sus novelas. Ideas que son capaces de despertar sentimientos y otras ideas en cadena, que se despliegan cual racimo y nos permiten ver el conjunto como algo grande, opresivo, fatal, plausible y muy original.

Los personajes de la novela resultan menos complejos que en LCM pero están bien desarrollados y aportan un punto de ética, supervivencia, y violencia necesarias para hacer que el lento conjunto esté bien engrasado sobre el personaje único y demoledor que es la ambientación. Tal vez chirría un poco algunos de los momentos del propio Nailer. Quiero decir que es muy creíble tener sentimientos tan encontrados entre la moral personal y el propio instinto de supervivencia, así como entre este último y las relaciones familiares cuando la vida es tan dura, pero hay algún momento donde, pese a resultar creíble, no me ha parecido bien desarrollado y me ha costado entrar en la mente del protagonista de modo convincente.

En general el cementerio de barcos es una novela bastante alejada, en cuanto a estética y trama, de LCM. El ambiente de industrialización, hambruna y religión queda aquí sustituido por la lucha por sobrevivir y por lejanas empresas casi legendarias. Y el sentido policíaco-persecutorio de LCM queda aquí minorizado por una huida en tren en la que "los malos" simplemente aparecen en destino, y por una persecución en barco que no me ha convencido en cuanto a abordajes se refiere.
Aun así es patente el claro mensaje ecologista y de crítica política y social de la novela.

En definitiva, es una buena novela que gustará si gustó la anterior, pero no si lo que se busca es adrenalina o un mayor pesimismo al tratarse de una distopía.
Por mi parte, me encanta el futuro ideado por Bacigalupi y continuaré leyéndolo siempre que pueda.
Esperemos que su colección de relatos Pump six & other stories no tarde demasiado en ser publicado en castellano.

miércoles, 10 de agosto de 2011

La chica mecánica


Mi interés por La chica mecánica deviene exclusivamente de mi gusto por las traducciones de Manuel de los Reyes o, dicho de otra forma, si el traductor de dicha novela no hubiera sido él, probablemente no me habría llamado tanto la atención una obra ganadora de tantos premios. Por eso cuando me enteré de que Manuel era el traductor y leí los elogios que dedicaba al autor de la novela, yo que, a pesar de que el blog lleva abierto casi dos años, sigo siendo un novato en estas lides, le solicité ayuda vía facebook para obtener la dirección del servicio de prensa de la editorial, algo que amablemente me consiguió tras realizar las oportunas pesquisas. La respuesta positiva de Plaza y Janés fue rapidísima y desde aquí les agradezco a ambos, traductor y editorial, la ayuda y el envío del libro.

La situación medioambiental y socio-política que vive el mundo en la actualidad sirve de base para esta novela de marcado carácter distópico ambientada en el siglo XXII. Así, ninguno de los problemas que nos aquejan se han resuelto y han continuado su evolución hacia un futuro peor.
La secuencia de eventos catastrofistas que narra Bacigalupi resulta bastante plausible y, por ende, aterradora.
De éste modo nos encontraremos con un planeta hiper-superpoblado en el que el aumento de temperatura y, quizás la manipulación genética, han propiciado la vuelta de enfermedades ya extinguidas y la aparición de nuevas plagas que acarrean hambrunas colosales y megacorporaciones que dominan la alimentación a nivel mundial gracias a la transgenización alimentaria. Los combustibles fósiles se han agotado y los vehículos a gasolina son un lujo que muy pocas personas en el mundo se pueden permitir, por lo que los medios de transporte se limitan a la tracción animal y humana y, la energía se obtiene a través de biomasa y de la utilización de gases combustibles como el metano o de la generación de energía a través de síntesis de microalgas.
La tecnología se ha venido abajo y los ordenadores de las grandes empresas han quedado obsoletos, en cambio, Japón ha desarrollado notablemente la biomecánica, creando seres artificiales llamados neoseres, prácticamente indistinguibles de los humanos salvo por sus movimientos sincopados, y que son destinados a diversos usos con la orden principal de servir.

Con estos antecedentes y alguno más, Bacigalupi nos sitúa en Krung Thep, la capital de Tailandia, un reino que ha permanecido independiente del resto del mundo y que, por tanto, ha sido capaz de subsistir, entre comillas, apartado de él. De esta forma, las vicisitudes de muchos y variados personajes se intrincarán en una obra coral que paso a paso nos hará ir descubriendo los cambios que ha sufrido el planeta, y los objetivos de cada uno de ellos nos sumergirán en una aventura en la que, además, nos debe quedar claro un futuro realmente desolador.
Cada uno de los grupos de poder y también los sectores más oprimidos tiene su representante protagonista en la novela, de modo tal que su visión nos introduzca más en el mundo del que procede. Así, Anderson será el espía de una importante empresa alimentaria que busca descubrir nuevas semillas escondidas en Tailandia bajo la tapadera de directivo de una empresa fabricante de muelles percutores acumuladores de energía; Hock Seng será el camisa amarilla (chino-malayo) huido de su patria por el fanatismo religioso y que pretende forjarse un nuevo destino a costa de su jefe, Anderson; May es una pobre niña tailandesa obligada a trabajar para poder malvivir; Carlyle, el ejecutivo ávido de poder; el general Pracha, la cabeza directiva del Ministerio de Medio Ambiente que lucha por mantener al pueblo tailandés alejado de los intereses extranjeros; Akkarat, su contrario, Jefe ministerial de Comercio, que ansía abrir las fronteras de Tailandia al resto de mercados; Jaydee, jefe de los camisas blancas y máximo acicate de la lacra forastera; Kanya, su segunda al mando y que nunca sonríe, pues guarda en lo profundo de su corazón, un secreto tan grande como su odio;

Gi Bu Seng, el mago de la genética, capaz de modificar o alterar genéticamente casi cualquier cosa, un hedonista que disfruta de los últimos años de su vida escondido de las grandes empresas; y, como no, Emiko, la chica mecánica, protagonista de esta historia, cuyo único anhelo es ser tratada con respeto y que ansía la libertad. A través de su pellejo reviviremos explícitas escenas de tortura sexual, y seremos cómplices del desbordar del vaso de su tolerancia, pues no será sino ella la que acabe convirtiendo esta novela en un tour de force desenfrenado y a la ciudad de Krung Thep en un campo de batalla. Todos estos personajes y muchos más dotan a la novela de un vibrante realismo y nos permiten disfrutar de ellos y sentir sus anhelos,esperanzas y temores de una forma vívida.

Hay que reconocer que la novela arranca de forma bastante lenta, quizás durante demasiadas páginas, y puede llegar a resultar cansina para el lector impaciente, ávido de acción pero, también es cierto que Bacigalupi utiliza estas páginas para, con un lenguaje algo denso al principio pero más correcto y preciso y bastante más ágil al final, ir desgranando la situación mundial poco a poco, como el caer de la fruta madura y, si se tiene la paciencia suficiente para captar el fresco al completo, una vez se produce el desencadenante de la revuelta (momento a partir del cual la novela se agiliza enormemente gracias a una acción trepidante encadenada por cortos capítulos), la historia cobrará un nuevo sentido y estos cientos de páginas lentas se habrán convertido en un trasfondo casi tan real como el suelo que pisamos.

La novela incita a la reflexión de muchísimos aspectos, como la manipulación genética de los alimentos y sus consecuencias, ya sean o no intencionadas; las intestinas luchas entre los diversos intereses de los poderes fácticos; la apertura a nuevas culturas y alternativas; el trato humano hacia lo desconocido, lo diferente e incluso el maltrato hacia el humano al que se considera inferior; la lealtad, la amistad, el odio, entre otras y, como no, el destino hacia el que estamos llevando al plante y su eclosión ecológica si no somos capaces de cambiar el rumbo de ésta.
Hay quien dirá que la novela es extremadamente alarmista y catastrofista,proveniente del típico profeta loco de Greenpeace, y quien dirá que la intención del autor es el proselitismo puro y duro. a mí, en cambio, me parece que no es nada de esto y el mensaje es claro, debemos aprender de nuestros errores y hacer un esfuerzo real, en lugar de plasmado en papeles, por respetar lo que queda de éste nuestro mundo.
En mi opinión, me parece una novela bastante realista, con un futuro no solo muy plausible sino, de seguir así las cosas, más que probable ( en su mayor parte, claro). !Quizás yo también sea demasiado alarmista!

En cuanto a la edición, decir que es una edición más que correcta, en tapa dura y un formato muy elegante y, que puedo decir de la traducción del Sr. De Los Reyes, para mi francamente buena y, como neófito que soy, imagino que difícil por tanto argot orientaloide.

No sé si realmente merece tanto premio, pues no he tenido el gusto de leer a sus contrincantes y, por tanto, no puedo juzgar, pero tengo claro que es una buena novela y que las nominaciones son merecidas.
Como siempre, todo esto no deja de ser mi opinión, claro.

lunes, 25 de abril de 2011

El mundo sumergido

Nunca había leído a Ballard, y no por falta de ganas, sino por desidia, tal vez. Siempre había algún otro libro o autor que se ponía por delante. Fue a raíz de su muerte, el año pasado, cuando se me dispararon las alarmas y decidí que debía leer algo suyo, así que me puse con El mundo sumergido, pero no tengo del todo claro que esta elección como debut haya sido la más acertada.

La intensa elevación de la actividad solar ha hecho que la temperatura se incremente de forma extraordinaria. Como consecuencia, las aguas han crecido y han anegado casi toda la superficie terrestre. Las zonas ecuatoriales y tropicales se han hecho inhabitables y la humanidad ha tenido que recluirse en el norte, cerca del polo.
Lo que antiguamente fue Londres es ahora un conjunto de lagunas mangláricas en las que las iguanas campan a sus anchas y donde el grupo científico encargado de su estudio debe preparar la evacuación al norte, pues se preve un rápido y fuerte aumento de temperatura en los próximos días. Pero algunos científicos y militares se niegan a abandonar la laguna y pretender permanecer en la zona pase lo que pase.

Con estas premisas, mi primera impresión fue la de que la novela prometía y, a pesar de que no se trata de nada nuevo, Ballard crea un giro narrativo completamente original y diferente a lo que pudiera esperarse. Un giro muy interesante en concepto pero que a mí, en particular, no ha conseguido engancharme del todo.
Ballard especula con el cambio producido en la psique del hombre al complicarse las condiciones de vida en la Tierra de tal modo que, al crecer el agua, los manglares colonizarán todos los terrenos y los seres vivos regresarán a la vida en el carbonífero y, por tanto, crecerán en tamaño y se adaptarán al medio de forma diferente al hombre, que, adaptado ya a la civilización, involucionará a épocas pretéritas, adentrándose incluso en el líquido preamniótico que lo llevará a una mente más feral.
Con este trasfondo Ballard consigue crear varias escenas sofocantes que entremezclan el
feralismo de las selvas primigenias, con el deseo del hombre de adentrarse en ellas. Si a esto le sumamos la llegada de ciertos individuos con ansias de expolio, nos encontraremos también con la constatación fáctica del egoísmo del hombre ante cualquier circunstancia y el afán de perverso enriquecimiento que nos domina. Me hace pensar también, a título personal, claro, (aunque sea éste un pensamiento tangencial a la reseña), en la poca evolución del ser humano en materia de supervivencia económica, quiero decir, en como desde el trueque y la invención de las monedas, el ser humano se ha apoyado en ellas para subsistir y en que jamás abandonaremos este camino, a pesar de las circunstancias más adversas la fórmula será siempre la misma y sin dinero se perecerá, mal que me pese esta mentalidad.
Tras este caviloso lapsus he de decir que la prosa de Ballard es elegante y precisa y permite leer la novela de forma ligera, pero siendo necesario también tomarse su tiempo para asimilar la ficción especulativa con vertiente antropológica desplegada por el autor. Quizás sea esto lo que haya hecho que la novela no me haya parecido redonda, la falta de acción directa o más contundente, sino acción pasada por un tamiz de calma y endulzado con los efectos psicóticos de un retroceso a la psique más primaria del hombre.
No es una novela que destaque por sus personajes, (siendo Strangman, el personaje más definido de la novela), sino por las ideas, como he dicho, desplegadas.

En fin, una novela aceptable, que sirve de ejercicio introspectivo y que sin conocer nada más de la obra de Ballard, me arriesgo a decir que no debe ser de lo mejor. No ha conseguido que me apasione, pero me ha llamado la atención lo suficiente como para leer algo más. No sé si será buena elección pero algo más adelante me arriesgaré con Las voces del tiempo, que me está llamando desde la estantería. Veremos a ver que tal esta vez.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Metro 2033

La novela de la que da título a esta entrada no me habría llamado la atención de no ser por varias reseñas aparecidas en un par de blogs amigos que me despertaron el interés. Cuando menos, la reseña aparecida en El guardián del capítulo me picó la curiosidad y fue lo que hizo que solicitase este título a Timun Mas.

La 3ª Guerra mundial ha devastado el mundo y la superficie terrestre se ha convertido en un espacio radiactivo y malsano donde especies mutantes y peligrosas campan a sus anchas. Los supervivientes se han visto obligados a vivir bajo tierra, y en la ciudad de Moscú han utilizado las infraestructuras del metro a modo de ciudades. Pero el terror está llegando desde fuera y cada vez acosa más a los habitantes de la estación VDNKh amenazando con acabar con los humanos.
Artyom se embarcará en un viaje que le hará recorrer la mayoría de las estaciones para encontrar la ayuda necesaria para salvar su estación.

Dmitry Glukhovsky proviene de la casta periodística, algo que se puede ver en el profundo entramado sociológico e histórico que desarrolla, algo que unido a la corrección y precisión en el lenguaje que le otorga el oficio y a un escenario como el metro de Moscú, plagado de leyendas e historias fantásticas, consiguen, en primera instancia, hacer parecer esta novela como un potente tour de force narrativo y con el que seguro vamos a vibrar. Digo "en primera instancia" y "hacer parecer" porque a mi juicio no llega a ser una novela redonda, incluso en determinados momentos puede llegar, no a aburrir, pero si a resultar cansina.
Glukhovsky moldea su estilo con muchas frases cortas en grandes párrafos, lo que aporta mucha densidad al texto y le otorga una buena carga de dureza, obligando al lector a centrarse mucho en lo que está leyendo y llegando a causar cierto cansancio. Si a esto le unimos que las dos magníficas ilustraciones a color del plano del Metro de Moscú en las contracubiertas no cumplen el cometido deseado, pues los nombres que aparecen no se encuentran traducidos como en la novela, nos encontraremos ante una situación farragosa en la que el lector se pierde entre los nombres soviéticos y acaba por dejarse llevar y ver que le depara el destino.
A pesar de esto, no cuesta nada entrar en la aventura, pues la ambientación conseguida por el autor es realmente soberbia. Veremos a Artyom recorrer la red de metro en busca de una ayuda de vida o muerte, y será en base a este periplo aventurero del que me he permitido sacar dos conclusiones: por un lado siempre estaremos con la mosca detrás de la oreja. En cada recodo esperamos encontrar un ser malsano que nos haga sufrir y tense el ambiente, que haga correr y luchar frenético a Artyom. Pero esto no ocurre y siempre seguimos esperándolo. En este sentido la novela promete mucho más de lo que da, pues tan solo un par de veces veremos el peligro real de manos de otros seres y en determinadas ocasiones las situaciones se salvarán por medio de un Deux ex Machina de rigor.
Por otro lado este viaje, servirá para hacer un recorrido por la historia de la humanidad a través de un experimento sociológico que hará desfilar ante nuestros ojos a la flor y nata de las diferentes organizaciones y corrientes de pensamiento: comunistas, fascistas, demócratas, sofistas, anarquistas, místicos, satanistas, y demás elementos grupales se sucederán progresivamente en los diferentes capítulos, encajando en el entramado del nuevo mundo reconstruido y con un resultado tal para la misión de Artyom que me hace llegar a la conclusión de que incluso en la peor situación posible, el ser humano seguirá intentando sacar ventaja a y de sus semejantes y distanciar de aquellos cuyo pensamiento no comparte, en lugar de intentar crear una mayor unidad para combatir las adversidades.

Los personajes están bien desarrollados y cada uno, en el momento justo (pues Artyom se va encontrando con cada nuevo personaje parece que en el momento más conveniente) irá dotándolo de nuevos conocimientos y perspectivas y, éste, continuará con su aventura mientras sus compañeros van quedando atrás y otros nuevos irán apareciendo poco a poco para que finalmente complete su misión. De tal modo que pasará de ser un joven que apenas ha salido de su estación y que recuerda muy poco de su infancia en la superficie, a un hombre experimentado que ha conocido ampliamente el metro y las diferentes posturas sociales de sus habitantes, algo que finalmente lo llevará a tener una apertura de conciencia, que desarrollará en las últimas páginas del libro y que le hará descubrir que todos están equivocados, cuando todo está ya decidido y nada se puede hacer para cambiar el resultado de la consecución de su misión. Con lo que la novela, a mi parecer, acaba desastrosamente, pues este final se puede coger con palillos y rompe todos los esquemas que nos habíamos formado durante el trayecto recorrido. Algo que a mi, particularmente, me ha dejado boquiabierto y no me ha agradado en lo más mínimo.

En definitiva, no sé como calificar esa novela. No es que me haya parecido mala, pero tampoco me ha gustado especialmente, quizás las expectativas que había puesto en ella eran algo altas, por lo que finalmente lo dejaré en un pasable, no está mal. Probablemente acabaré leyendo la continuación, Metro 2034 pues, vuelvo a repetir, la ambientación está muy, muy lograda pero, hoy por hoy, no tengo ninguna prisa en hacerlo.

jueves, 12 de agosto de 2010

Génesis


Me regalaron este librito para mi cumpleaños. Yo no había oído hablar de él, pero entiendo que quien me lo regalo (mi hermano), debió pensar que me gustaría. ¿Y qué puedo decir? Acertó de pleno. No es que aporte nada nuevo a una historia o, mejor dicho, una idea bastante explotada, pero me gustó sobremanera.
Génesis debería encuadrarse por pleno derecho en la categoría de Ciencia-Ficción, pero Salamandra, tal vez para aumentar las ventas, lo ha editado en su colección de narrativa más generalista, no obstante, cualquier lector curtido en estas lides no necesitará más que unas pocas páginas para ver que la novela no es otra cosa sino una distopía en la que la idea central que subyace en el texto comprende la metafísica de las Inteligencias Artificiales.

En el año 2075 una pequeña isla ha resistido el envite de la peste que ha asolado el mundo. Para ello se han aislado mediante una barrera marina que vigilan cual soldados fronterizos.
La sociedad de esta remota isla ha evolucionado hacia una república utópica, de hecho recibe el nombre de República de Platón. Así, Anaximandro, una joven estudiante se somete a las pruebas para acceder a la Academia, el órgano pensador y de Gobierno de la República. Su especialidad es la vida de Adan Forde y las preguntas de examen oral pondrán a prueba los conocimientos y paciencia de Anaximandro, al tiempo que le harán descubrir una terrible verdad.

Como he dicho, Bernard Beckett no descubre nada nuevo. La idea principal es brillante, pero está hiperviolada, aún así, el tratamiento empleado es muy original y el giro final, aunque se puede entrever, no deja de ser impactante.
Beckett escribe con mucha fluidez y soltura creando un texto fácil y ameno, apto tanto para el público adulto como para un público más juvenil.
La exposición de la vida de Adan a través de las preguntas de examen es bastante interesante, con representaciones holográficas de los momentos más interesantes, de modo tal que dejan de ser narraciones en tercera persona para convertirse casi en hechos reales, digo casi porque están algo manipuladas por la inspiración de la alumna, pero de este modo ganan en efectividad.

Como en toda obra de ficción especulativa que se preste hay elementos muy interesantes, cómo: la utópica civilización enclavada en la distopía presentada, aunque poco a poco iremos viendo que la tan cacareada república está fuertemente manipulada por los estratos más poderosos del estado, que sólo piensan en lo mejor para el pueblo; los diálogos entre el hombre y la máquina, cada vez más áridos e hirientes y que en determinados momentos ponen los pelos de punta; o la eterna lucha ente el hombre y la I. A. por demostrar que uno está vivo y el otro no, bien sea por las argumentaciones sobre la predominancia del razonamiento frente a las pasiones o por las cualidades que hacen a un ser vivo considerarse como tal, en particular, el siguiente párrafo me pareció muy bello y elocuente y define la postura central de Adan frente a Arte, la I. A.:

" Cuando hablo contigo, puede ser que mis neuronas se disparen, que mi laringe vibre y que se produzcan mil procesos electroquímicos, pero si crees que soy sólo eso, es que no has entendido nada. Tu programa te ha privado de la verdad más profunda.
Yo no soy una máquina. ¿Qué puede saber una máquina del olor a hierba mojada por la mañana, o del llanto de un recién nacido? Yo soy la sensación del calor del sol en mi piel; soy la sensación de una ola fría rompiendo sobe mí. Soy los lugares que nunca he visto, y que sin embargo imagino cuando cierro los ojos. Soy el sabor del aliento de otro, el color de su pelo.
Te burlas de mí por la brevedad de mi vida, pero es precisamente ese miedo a morir lo que me infunde vida, Soy el pensador que piensa en el pensamiento.
Soy curiosidad, soy razón, soy amor y soy odio. Soy indiferencia. Soy el hijo de un padre, quien a su vez era hijo de otro padre. Soy la razón por la que mi madre reía y la razón por la que lloraba. Soy asombro y soy asombroso. Sí, el mundo puede pulsar tus botones cuando pasa por tu sistema de circuitos. Pero el mundo no pasa a través de mí. Se queda en mí. Yo estoy en él y él está en mí. Yo soy el medio a través del cual el universo se ha conocido a sí mismo. Soy eso que ninguna máquina podrá fabricar nunca. Soy el significado".

No obstante, esto no conseguirá amilanar a Arte, que intentará sacar partido de su mayor intelecto y cuya contrapartida me parece muy interesante al intentar demostrar porque las I. As. son superiores a los humanos, por ejemplo, el concepto de la cuarta evolución me ha parecido que hay que cogerlo con pinzas y con dos dedos, pero es bastante bueno.

Los personajes son muy emotivos y están bien desarrollados, observándose notoriamente su evolución personal a lo largo de la novela, especialmente la de Adan y en menor medida la de Arte, aunque como se verá no todo es lo que parece y no podremos dejar de preguntarnos si realmente estamos tan cerca de la tan cacareada singularidad tecnológica.
Poco más puede decir pues, aunque la reseña queda un poco corta, todo lo que me viene a la cabeza deviene es spoiler. En definitiva, una novela que atrapa al lector desde el principio y que va incrementando en intensidad hasta un final impactante y muy logrado. Recomendable.

domingo, 18 de abril de 2010

Simulacra


Siempre que necesito diversión, pero no diversión gratuita, sino que me haga pensar y sorprenderme, recurro a P. K. Dick. Para mí, siempre es un valor seguro. En este caso he escogido una obra considerada menor por muchos, Simulacra (traducida, Los simulacros, con anterioridad). De nuevo, ha cumplido las expectativas y no me ha defraudado, a pesar de observar ciertas carencias no tan patentes en otras de sus obras como Ubik o La penúltima verdad, por ejemplo.

Un futuro en el que los Estados unidos y Europa se han confederado formando la EUAE (Estados Unidos de Europa y América). En el que la televisión tiene una utilidad exclusivamente educativa y en la que el presidente se elige democráticamente por el pueblo para ocupar su puesto junto a la anterior primera dama (y digo anterior porque siempre es la misma).
Un futuro donde la vida en Marte es una opción disponible. Un futuro en el que el psicoanálisis ha sido prohibido en favor de terapias químicas y donde el último psiconalista en activo deberá atender a un último paciente, a propuesta del Sistema policial tras utilizar máquinas de visionado del futuro.

Dick es uno de esos autores que en sus obras "casi siempre" ofrecen lo que prometen: un alto grado de entretenimiento y un elevado nivel de paranoia que lleva asociada un importante acto reflexivo.
Poco puedo decir del estilo lingüístico utilizado por Dick, pues son patentes sus carencias, siendo siempre bastante llano y corriente, en muchos casos incluso vulgar y resultando apresurado y muy directo. Pero, ¡qué os voy a decir! Cumple sobradamente su función y consigue un texto rápido y fácil de leer, en el que la forma lingüística es una de las cosas que menos importa.
Lo mismo se puede decir de los personajes, que si bien no resultan planos, si suelen estar bastante poco perfilados, pues priman más los aspectos psicológicos del individuo con respecto a si mismo, a la sociedad y al trasfondo en general, que el propio personaje en concreto. Aunque claro, alguno podría decir, "Ya, pero si ahonda en la forma de pensar del personaje....
no estará tan poco perfilado". Bien, es cierto, lo que quiero decir es que hay determinados momentos en los que la importancia de las sensaciones y situaciones emocionales sobrepasan a toda imagen que pudiera transmitirnos el personaje y lo anulan por completo, creando el efecto de que parecemos estar leyendo las impresiones de una nube depresiva.
Al final, Simulacra (como, a mi parecer, el resto de novelas de Dick), no es más que un rosario de ideas interesantes unidas por un hilo conductor en forma de argumento esquizoide.
Parece mentira que en tan pocas páginas, apenas doscientas, Dick pueda sacar tanto partido a tantos temas, como por ejemplo: la ansiedad y rabia de un individuo ante su separación; la inquietud de otro ante su propio futuro; el tratamiento obsesivo-compulsivo de un importantísimo músico telequinético; la función educativa de la televisión (educativa entendida como que lo que a la primera Dama le parece interesante se debe imponer a "to quisqui"; la utilización de máquinas de viaje temporal (otro tema recurrente de Dick); la colonización marciana, en la que Dick es un pionero experimentado; o a temas más profundos, como el futuro del hombre, con el que Dick se sumerge en teorías involucionistas, por las que, a grosso modo, el hombre no sería el último eslabón de la cadena en la escala evolutiva, sino uno de los primeros ya que estamos retrocediendo en dicha escala.
He disfrutado también con la marcada diferenciación social a la que Dick nos tenía acostumbrados, en este caso, los individuos se clasifican en Ges o Bes, según los conocimientos que posean; y con el tratamiento político, con la manipulación de las altas clases dirigentes que nos cierran los ojos y nos fuerzan a creernos todo lo que vemos, en este caso, la 1ª Dama, perdura en el tiempo, pero nunca parece envejecer y lo que cambia siempre es el Presidente ¿Por qué será?, leedlo para descubrirlo. Muy interesantes también las reflexiones sociales al descubrirse el pastel ¿Cuál sería la reacción del pueblo al descubrir tamaño fraude: rebelión o conformismo?. Como bien dice Dick, al final, en una guerra civil, no importa quien gane, el resultado siempre es igual de malo.

No sé, seguro que me dejo el tintero a medio vaciar, pero son muchas las cosas que me hacen disfrutar en una obra de P. K. Dick, aunque reconozca que en este caso no ha hilado excesivamente fino, pues el final se observa bastante apresurado y poco rematado. no obstante, siempre animaré a leer a Dick, aunque soy consciente de que es uno de esos autores que no dejan a nadie indiferente, no admiten término medio, o lo amas o lo odias. Yo prefiero amarlo.

lunes, 11 de enero de 2010

El beso de Milena

El título original, "Fairyland", junto con la portada tipo "Matrix" de la Factoría de Ideas han sido los dos motivos que me han inducido a sacar este libro de la pila. Tras leerlo me he quedado a cuadros; el libro es muy bueno, pero no estoy seguro de haberlo entendido todo.

Un futuro cercano. Las grandes multinacionales controlan el sistema económico mundial y los pobres viven hacinados en ghettos. El mundo es un lugar mucho más oscuro y sombrío. Un mundo acuciado por el cambio climático. El mundo del narcotráfico se ha abierto hacia nuevas variantes más lucrativas y "menos nocivas", los virus y sustancias psicoactivas de origen genético. La tecnología llega a sus más altas cotas, la nanotecnología se queda pequeña y da paso a la femtotecnología (o al menos eso deduzco por la utilización de unas "nanomáquinas" de nombre "fembots"). La investigación genética también está en pleno auge, pues además de los virus psicoactivos de moda y la inclusión de memes, las grandes empresas han creado unos seres llamados muñecas, utilizados para efectuar cualquier tipo de trabajo que se les requiera, entre ellos la lucha libre, actividad ésta última ilegal, aunque muy lucrativa. En todo este meollo se encuentra metido Alex Sharkey, un antiguo delincuente poca monta, pero con cierto éxito como pirata genético en la actualidad. Acuciado por las deudas y ciertas amenazas, topará con Milena, una muñeca muy especial, la única en su especie, que lo "hechizará" con su encanto. Alex recorrerá el mundo siguiéndola, y mientras, a lo largo de los años, Milena irá cambiando el mundo, con la creación de las hadas, muñecas especiales. Su idea es la creación de una raza independiente y autosuficiente en un reino propio: El reino de las hadas.

Es la primera novela que leo de Paul McAuley, y me ha sorprendido gratamente. Su escritura enrevesada y envolvente te atrapa desde el principio, aunque para mi gusto, su estilo descriptivo es exagerado, obsesivo, me atrevería a decir, y en ciertos momentos llega a ser cargante, al introducirte tanto en la escena que te hace olvidar el porque de determinada situación. Es una ventaja que en determinadas ocasiones se torna perniciosa, ya que en determinados momentos la tristeza ambiental te satura definitivamente.
La ambientación me ha encantado, quizás con cierto estilo gótico-punk, tanto por lo denso y recargado de las descripciones como por lo opresivo y oscuro de la mismas.
De los personajes poco puedo decir, pues son realmente pocos, aunque el protagonista, Alex Sharkey, está realmente bien definido y podremos observar su evolución por el libro, ya que éste se divide en tres actos, de acuerdo con las 3 zonas geográficas y períodos de tiempo en que Alex continua su búsqueda de Milena.
La novela va ganando en intensidad a medida que avanza en la historia, y aunque al final se puede andar un poco perdido y con la boca abierta debido a lo variopinto de la situación, ya que nos encontraremos inmersos en el potaje formado por licántropos, hadas, elfos, trolls y varios seres feéricos más junto a máquinas Von Newman, ataque meméticos a gran escala, trasvases mentales, etc., es cierto que al escarbar un poquito es fácil observar que McAuley nunca se ha alejado del camino especulativo y ha ido lanzando idea tras idea, pero sin explicarlo todo, dejando, de forma muy inteligente, muchas piedrecitas que el lector ha de recoger para terminar el camino (de ahí mi dificultad en este libro para abarcarlo todo).
Con el paso de las hojas se adivina que la obsesión de Milena es la obsesión de Frankenstein, la obsesión por ser considerado normal e independiente, por no ser tratado como un esclavo o un juguete; pero en esta versión más moderna interviene la tecnología y, por lo tanto, el final será mucho más expansivo y definitivo, ya que dicha tecnología nos permite llegar a muchísimos lugares.

En definitiva, una buena historia, pero hay que cogerla con tiento. No apta para lectores que no gusten de versiones especulativas con engranaje hard.

Por cierto, no me podía despedir sin dar un pequeño tirón de orejas a la editorial, pues el libro está hecho para leerlo con lupa. De hecho, si puedo evitarlo, no volveré a leer un libro con un tamaño de letra tan reducido como el que tiene la presente novela.

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