domingo, 29 de mayo de 2011

Sukkwan Island

Decepción total. Única definición que puedo ofrecer de lo que me ha suscitado esta novela.
Tras el inmenso éxito obtenido por parte de público y crítica; tras las comparaciones con McCarthy y Hemmingway, me animé a solicitar un ejemplar a Editorial Alfabia (a quienes agradezco desde aquí su amabilidad al enviármelo), para su reseña en este recóndito rincón del ciberespacio. Esperaba más, mucho más.
Adelanto, eso sí, que en esta reseña hay algún spoiler que puede lastrar el disfrute de futuros lectores.

Tras dos matrimonios fallidos, Jim es un hombre inseguro y depresivo. Para fortalecer las relaciones con su hijo de 13 años, Roy, fruto de su primera matrimonio y a quien apenas conoces, Jim decide pasar un año con él en una isla salvaje al sur de Alaska: Sukkwan Island.
Parece que un año viviendo en tan inhóspito y solitario paraje obligarán a padre e hijo a unir esfuerzos y colaborar hombro con hombro para sobrevivir. Pero, poco a poco, la situación irá volviéndose cada vez más insostenible, hasta desembocar en el viaje unipersonal de Jim a la locura.

A la edad de 15 años, el autor recibió el mismo ofrecimiento por parte de su padre, pero éste recibió un "no" por respuesta. A los 15 días su padre se suicidó. De acuerdo con estos antecedentes autobiográficos nos encontramos con un ejercicio de exorcismo literario en el que el autor juega con el posible "What if?" al haber contestado de forma diferente a su padre e intercambia los papeles del suicidio para huir de sus fantasmas e intentar entender a su padre de una forma más íntima.

La novela se estructura en dos partes: una primera en la que los protagonistas se asientan en la isla y establecen las bases diarias para intentar sobrevivir, y que terminará con el suicidio de Roy; y una segunda que consiste en la locura (quiero verlo así) que se apodera de Jim tras la muerte de su hijo hasta el final.
Bajo mi punto de vista, la premisa de partida resulta muy interesante pero resulta fallida, pues no consigue transmitir la fuerza necesaria a pesar de la crudeza desgarradora que suponen los actos ocurridos en la novela.
Se ha comparado al autor con Cormac McCarthy y ése fue uno de los puntos que me atrajeron de la novela, pero tampoco ha llegado a convencerme. Si bien es cierto que posee un estilo parecido, sin florituras y directo, le falta la garra, la pasión y falta de escrúpulos de la literatura de McCarthy. Me ha resultado una narración muy plana y prosaica, aligerada en exceso en la que las palabras vuelan ante los ojos porque no hay nada digno de mención en la forma que me haga detenerme a saborear el texto. Un lenguaje demasiado llano ayuda a crear la apariencia de que el autor ha ido creando según le llegaban las palabras a la cabeza, sin ningún intento de modificarlas para dar un mayor sentido estético a las frases. Éstas se aceleran y, de una frase a la siguiente, pueden haber pasado días; llega un momento en que parece que el tiempo ha corrido demasiado para lo que realmente estabas leyendo.
La segunda parte presenta momentos más duros y desgarradores pero, de verdad, que no he sido capaz de entenderlo, no me ha transmitido absolutamente nada, salvo asco y una incomprensión atroz hacia la figura de Jim.

Por otro lado, los personajes tampoco han sido capaces de llenarme. Tal vez he podido compartir algo del sentimiento de Roy pero, desde luego, nunca he sido capaz de ponerme en la piel de Jim. No lo he entendido en ningún momento y finalmente me importaba bien poco cual fuese su final; en ningún momento me ha parecido interesante y me la ha "repampinflado" su muerte.
En este aspecto cabría destacar que tras el binomio protagonista surge una figura que podría ser el tercero en discordia: la isla. El paraje en sí se convierte en el tercer personaje y, desde luego, en el más logrado pues se percibe la crudeza del entorno, el aura salvaje de una tierra capaz de influir en el ánimo del más fuerte.

En fin, se puede hacer un análisis más exhaustivo y amplio de la novela pero, realmente, no me estimula el decir nada más de una historia que no me ha gustado y me ha defraudado profundamente.
En cuanto a recomendarla. A ver, no la desaconsejo pues, aunque a mi no me ha gustado, puede gustar a muchos, muchísimos, como se pude ver por el éxito obtenido, pero moralmente me resulta inaceptable recomendar algo que no me ha gustado, así que no lo haré.
Como siempre, que puedo decir, que es una opinión personal, la mía, que no pretende generar ninguna polémica, pues como se suele decir, "para gustos los colores".

martes, 24 de mayo de 2011

Sondela

La tecnología de la Tierra ha avanzado considerablemente. Los implantes de personalidad (persochips) están a la orden del día. La red global de comunicaciones ha crecido y mejorado hasta el punto de ofrecer conexiones directas por medio de implante, sin necesidad de computadoras. Pero no en todas partes es así.
Hace 20 años, el continente perdido de La Atlántida emergió a la superficie en medio del Atlántico, dando lugar a una cultura diferente y razas de leyenda. Em Esta tierra prometida no funciona la tecnología, pero si lo hace la magia.
Los antiguos dioses helenos han regresado, así como los faunos, cíclopes, centauros, y la magia; y con todo ello, una filosofía de vida diferentes y una nueva forma de explicar el mundo.
El asesinato en la isla de Madeira de un siervo de un poderoso miembro del estado atlante pondrá en marcha una investigación que hundirá sus raíces en un complicado triángulo amoroso y en un gran complot político.

¿Cómo describir lo que ha supuesto para mi la novela de Rodolfo Martínez? Francamente, se me hace bastante difícil. Ha resultado una novela muy agradable e interesante, por momentos hipnótica y con muchas virtudes pero, que en parte, esas bondades han hecho que la novela también me haya decepcionado. Vamos a ver si a lo largo de esta reseña consigo explicar lo que quiero decir.

Sondela es una novela ambiciosa. En ella, Rodolfo Martínez despliega su poderío como narrador y con un lenguaje elegante y muy vistoso, portador de un magnífico lirismo en ocasiones, nos ofrece un fantástico ejercicio estilístico, una auténtica performance literaria que brilla por su diversidad de tonos y voces. Con una original estructura que alterna los tiempos, los trasfondos y los protagonistas, nos sumerge en un continuo cambio de voz narrativa y tiempo verbal según quien sea el susodicho narrador.
Sin embargo, esta originalidad estructural se convierte en bipolar cuando resulta fácil perderse y cuesta un poco adaptarse a la misma, habiendo (en mi caso), capítulos que he comprendido poco y capítulos que me han parecido excelentes, como la primera parte, digna de las mejores novelas negras, o como el capítulo "Nacerán leyendas", que pudiera parecer una licencia de autor para saltarse algo peliagudo de sostener y que, en cambio, a mi me ha parecido un toque de efecto realmente espectacular que aviva la imaginación más portentosa de cada uno.

La caracterización de los personajes también me parece muy bien desarrollada, con personajes como Quiron o Akademos, con una personalidad fuerte y arrolladora que rápidamente nos hace epatar con ambos, aunque pudiera parecer incongruente; o con del detective Campos o la capitana Fátima, que se sitúan en altas esferas de credibilidad y nos envuelven en sus pesares; sin embargo... también aquí hay un punto negro, en la figura de Nerea, un personaje realmente importante, pues forma parte del origen de todo y, sin embargo, aparece muy desdibujada. No me cabe duda de que esa era la intención del autor y, posiblemente, el resultado sea el más satisfactorio, pero deja cierto regusto amargo.
Otro aspecto a resaltar es la ambientación. Un escenario magistral que abre muchas expectativas y está, en parte, bien desarrollado pues se disfruta del trasfondo helénico, y la mezcla con la civilización terrana con toques cyberpunk es altamente interesante y atractiva pero... geográficamente vuelve a quedar desdibujado y me ha resultado dificultoso situarme y saber donde se desarrollaba gran parte de la acción.
Me hubiera gustado poner los pies en la Atlántida o en las zonas fronterizas, las cuales podrían resultar, si cabe más interesantes.

Observo también cierto toque humanista en la novela, en la rpesencia del debate racial y la xenofobia intercontinental, así como ciertos toques filosóficos en la figura del "conócete a ti mismo" por ejemplo.
Sin embargo, como dice Admeto: "Si se me ha escapado algo tan tonto como eso, ¿Qué otras cosas se me estarán escapando? Así, por ejamplo, no he llegado a entender del todo la confrontación de las dos concepciones del funcionamiento del universo (será por mi ascendencia terrana), pero si me ha parecido una interesante reflexión con respecto a la existencia de dioses en nuestras vidas y nuestra forma de verlos.
En realidad esa es una de las mayores virtudes de esta novela y de toda la literatura de rodolfo Martínez en general, el ofrecer una diversidad de matices tal, que según la experiencia del lector se encontrarán una u otra lectura, con unos u otros elementos interesantes, pues su habilidad no sólo estriba en lo que dice y en cómo lo dice, sino que resulta mucho más importante lo que no dice y, me temo, que yo me pierdo mucho de eso que no cuenta.

Pese a estas desavenencias reconozco que es una muy buena novela, con momentos de gran brillantez y lirismo y, como dice el autor, recomiendo leerla disfrutando de la música procedente del Amarok o el Incantations de Mike Olfield, aunque yo he disfrutado mucho de ciertos pasajes, al son del Adiemus de Karl Jenkins

En definitiva, una novela muy recomendable. Entretenida y muy original, desconcertante y con múltiples lecturas. Tal vez he sido demasiado crítico, pero eso no lo hace menos cierto.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Kinshu. Tapiz de otoño

Entre la marabunta de autores americanos y europeos que abarrotan las estanterías de las librerías van, poco a poco, apareciendo cada vez más escritores japoneses.
La cultura japonesa, en general, me resulta muy interesante por lo que siempre que puedo, intento acercarme a ella y, últimamente, gracias a la introducción de sus autores en nuestro mundo literario, empiezo a leerlos.
De momento habré leído tan sólo a 6 ó 7 autores japoneses, pero en todos ellos he conseguido encontrar algún elemento común en su estilo narrativo, tal vez sea debido a su estilo de vida, historia y tradiciones. Por ejemplo, el libro que reseño a continuación, Kinshu. Tapiz de otoño, de Teru Miyamoto me ha recordado profundamente en la profundidad de su estilo al Tokio Blues de Haruki Murakami.

En una visita al monte Zao, Aki se encuentra por azar con su ex-marido Yasuaki, de quien se separó diez años atrás debido a una situación un tanto escabrosa.
Este encuentro despertará los recuerdos adormecidos en ambos, y dará pie a una relación epistolar para esclarecer lo sucedido, dando rienda suelta a sus miedos, rencores y arrepentimientos.

La novela me ha parecido muy correcta en su ejecución. Teru Miyamoto utiliza un lenguaje muy agradable, con una técnica narrativa nada recargada pero bastante formal y elegante, y con la que consigue momentos de una gran belleza.
La pluma de Miyamoto alcanza a mostrarnos una novela de gran emotividad y tristeza, intimista al extremo pero con un esperanzador final. Sin abusar de grandes florituras consigue crear un fino velo de tristeza que nos rodea durante toda la obra y, con un sutil final de cada carta, sin contarlo todo, nos hace querer saber más.

La historia está muy bien hilada, de tal forma que la visita al Monte Zao desencadenará una serie de cartas que sirvan para aclarar la relación pasada no solo a los componentes de la misma sino al propio lector que, desde el principio, se hallará intrigado por lo sucedido hace 10 años.
Así, penetraremos en la piel de Aki, poniéndonos en su lugar y sintiendo la frustración de una mujer enamorada a quien su marido engaña ignominiosamente en menos de un año de matrimonio y, del mismo modo, entraremos sin reservas en la mente de aquel que se siente culpable por lo sucedido y pretende hacer entender a Aki, pero sobre
todo al lector, cómo el ser humano es un ser complejo, cuya vida se modela con el tiempo pero que conserva unas experiencias que lo han marcado y lo diferencian de cualquier otro. De tal modo, que el autor coquetea con la idea de causalidad, de que nuestros actos no nos competen únicamente a nosotros, sino que de la forma en la que los ejecutemos dependen los acontecimientos futuros de muchos de los que nos rodean, haciéndonos, por tanto, partícipes del destino de seres en lo que quizá no creíamos influir.

Es ésta una novela de emociones. De emociones contenidas a través de la férrea disciplina y educación oriental. Una educación que promueve la humildad, el honor, el intimismo emocional, el respeto por los mayores y las tradiciones milenarias. De tal modo que, Miyamoto, nos mostrará estos valores y costumbres del Japón, pero luchará veladamente contra ellos intentando oponerse a unas condiciones establecidas para toda la sociedad, y nos mostrará escenas abiertas de arrepentimiento y dolor, una racional apertura a los sentimientos y manifestará su condena hacia esta severa disciplina denunciando incluso actos considerados honorables en Japón, con frases como: "quitarse la vida es lo peor que puede hacer un ser humano".
Es por tanto, como he dicho, una novela de emociones, de culpa y arrepentimiento, pero también de redención y esperanza y, así, a través de la carga de culpabilidad y resignación que arrastra Yasuaki, recorreremos los entresijos de su psique llegando a entender su pasado y el influjo de esta tradición; y con la muestra de dolor, de arrepentimiento por un pasado que pudo ser de otra forma, con las descargas de rabia de la persona ofendida, de Aki, intentaremos también entenderla en lugar de sentir lástima por ella. Sus cartas, sus penas, sus esperanzas nos envolverán con un tul de algodón, como si de un bello tapiz se tratará. Un tapiz de flores de otoño.
Otro punto que me ha gustado mucho ha sido el final, así como la correspondencia empieza, acaba. De forma directa, pero con las cosas resueltas. Una vez entendido lo sucedido se abre un nuevo período de vida para los dos. Cada uno habrá ayudado al otro al contar partes de sus vidas, pues ambos han tenido o tienen sus problemas, pero ahora las cosas están más claras y cada uno sabe cual es su sitio y que debe esperar. La esperanza de un futuro mejor para ambos flota en el ambiente.

En definitiva, una novela realmente bella y emotiva, de marcado carácter intimista, como ya he dicho. Muy recomendable para aquellos que gusten de la belleza sentimental sin caer en burdos sentimentalismos romanticones.

lunes, 9 de mayo de 2011

El aliento de los dioses

La primera novela de Brandon Sanderson, Elantris, me encantó. Me pareció una auténtica maravilla que me recordó a tiempos dorados del fantástico, aquellos en los que no existían tantos clichés establecidos ni todas las novelas parecían un reflejo de otras.
Amparado en ese magnífico recuerdo compré la trilogía de Nacidos de la bruma que, a día de hoy, sigue esperando en mis estanterías a que encuentre un buen momento (que será este año con seguridad) para leerme tres libros seguidos de 800 páginas.
Con la noticia de que Sanderson sería el encargado de terminar la magna La rueda del tiempo, para mí la mejor saga fantástica de todos los tiempos, del malogrado Robert Jordan, me entraron las dudas. Dudas que ya no tengo, pues Sanderson me ha demostrado que es un buen escritor y que es un verdadero fan del ciclo de Jordan. Saga que, por cierto, en cuanto esté terminada y editada en castellano, releeré para tener la oportunidad de reseñarla en esta casa, habitada cada vez por un número mayor de fantasmas.
Ahora, tras El aliento de los dioses, Sanderson se ha reafirmado como uno de los más grandes autores del fantástico. Muy poquitos, pero muy poquitos, son capaces de sorprendernos obra tras obra y de pergeñar novelas que despierten tanto el sentido de la maravilla. Sanderson, Bakker, Sapkowski y poquitos más.
El aliento de los dioses no me ha gustado tanto como Elantris, pero Sanderson se ha convertido en un valor seguro del más alto nivel. Tras lo poco que he leído por ahora y aún a riesgo de parecer ingenuo o pretencioso, ya me pregunto: ¿Tendrá límites la imaginación de este hombre?

Hace mucho tiempo, en la Multiguerra, la casa Real de Idris quedó exiliada a las montañas, donde fundó un nuevo reino. Ahora, en la actualidad, como consecuencia del tratado firmado veinte años atrás entre el monarca de Idris, Dedelin y el Rey-Dios de Halladreen, Susebron, Vivenna, la hija mayor de Dedelin será obligada a partir a Halladreen paraser desposada con el Rey-Dios.
Para esto se ha estado preparando durante toda su vida, estudiando y aprendiendo todo lo concerniente a la corte de los dioses, pero el amor que el rey siente por su hija, y la idea de que sería una buena reina para su pueblo en caso de dificultades lo hacen cambiar de idea en el último momento y decide enviar en su lugar a Siri, la hija menor, una hija díscola e irreverente que ha dedicado toda su vida a divertirse, pues se sentía "sin importancia".
Ahora, Siri se enfrenta a un destino para el que no se siente preparada pero que descubrirá mucho más interesante de lo que esperaba y en el que jugará un importante papel.
Vivenna, por su parte, se siente traicionada y decide viajar a Halladreen para rescatar a su hermana de una amarga vida que estaba destinada a ella.

Es asombroso lo fácil que lo hace Sanderson. Una prosa sencilla y directa, sin rodeos ni preciosismos pero engañosamente agradable de leer, porque las páginas vuelan solas y cuando te das cuenta te encuentras metido en un laberinto de giros y cambios de sentido que no hacen sino aumentar el deseo de continuar leyendo. Es en esto un verdadero maestro que no permite
que demos nada por sentado y hace girar las agujas en el sentido contrario del reloj cuando todo parece ya establecido.
La novela posee además un fuerte tono humorístico y ciertas escenas satíricas son realmente divertidas.

Además de la facilidad de lectura, la novela tiene varios puntos fuertes que ha hacen muy interesante.
Por un lado tenemos el sistema mágico, por nombrarlo de alguna
manera, ya que difiere bastante del estilo de magia al que cualquier lector de fantasía está acostumbrado. Se basa en una propiedad inherente a todos: el aliento o alma. Todo el mundo tiene un aliento, pero éste puede ser vendido (nunca robado), de tal modo que el acumulo de alientos permite la apertura a elevados niveles de conciencia que otorgan la capacidad de aumentar los sentidos, alargar la vida o animar objetos o seres ya fallecidos, entre otros efectos. Tal vez, el punto culminante de los alientos sea aquél que hace revivir a una persona para volver en la forma de un Dios, los llamados Retornados, y que deben consumir un aliento al mes para continuar "vivos". El sistema es muy original e interesante, aunque es cierto que se le podría haber sacado un mayor partido, algo que tal vez Sanderson logre en la próxima novela que según he leído piensa escribir sobre este mundo.

En segundo lugar, la ambientación. Un trasfondo fantástico encerrado por completo en un escenario urbano hace que las distancias geográficas desaparezcan y los hechos nos parezcan más cercanos y fáciles de asimilar. La recreación de Halladreen y sus diferentes barriadas está muy bien lograda y se hace fácil perderse entre sus calles.

Los personajes son otro de los aspectos destacables de la novela. A través de la misma iremos viendo el cambio operado en la mayoría de ellos, de tal forma que, a falta de grandes descripciones y momentos estelares de gran brillantez, Sanderson consigue crear personajes muy creíbles y de gran vitalidad, tanto en Vivenna, que observaremos como cambia poco a poco su mentalidad para comprobar que todo lo que ha aprendido en Idris no tiene por que ser dogma para todos; Siri, que irá cobrando importancia poco a poco y se irá convirtiendo en una mujer capaz de gobernar; Sondeluz, el dios que no entiende por qué es un dios y que buscará el sentido del retorno; Vasher, que esconde un extraño pasado; Denth, con su socarronería y simpatía, pero lleno de astucia, manipulación y ferocidad; por supuesto, Sangre nocturna, creada para combatir el mal pero ¿qué es el mal?; y como no, Susebron, el Rey-Dios, un niño dentro del cuerpo de un hombre, que despertará a la realidad de su reclusión y a la madurez, de la mano de Siri.

Como buen mormón, la religión es también un tema recurrente en las novelas de Sanderson, a mi juicio no a modo de crítica sino en forma de difuminadas perlas filosóficas que nos hagan pensar en la misma y en nosotros mismos, en ocasiones en forma de moralina, bien integrada en el contexto, pero que no dejan de ser juicios aleccionadores. Así, nos encontraremos con dos culturas enfrentadas y en las creencias que cada una tiene de la otra, cómo lo que para uno representa tortura y sumisión, para otros es un orgullo por ejemplo; nos invitará a reflexionar sobre las primeras impresiones y nuestra forma de enjuiciar a las personas por ellas; del mismo modo, de la mano de Sondeluz, autocalificado "el más inútil de los dioses" nos encontraremos con una visión cuasi-ontológica de la religión establecida para recapacitar en el verdadero sentido de la misma, al tiempo que nos la mostrará en su forma más intimista y personal haciéndonos pensar quien es un, o el, verdadero Dios para cada cual.

Es de recibo felicitar a Rafael Marín por la estupenda traducción realizada y a Ediciones B por una bonita y cuidada edición (con la excepción de que, para mi gusto, hay bastantes errores de corrección que a veces entorpecen la lectura de las frases).

En definitiva, es una muy buena novela pero, he de reconocer, que me ha gustado menos que Elantris. Tal vez en general me ha parecido algo más lenta en su desarrollo y menos estimulante que la anterior pero, aún así, es una formidable novela de 700 páginas que se devora, y cuya lectura resulta muy gratificante.
Es altamente recomendable y no me importaría recorrer las calles de sus páginas alguna que otra vez.

sábado, 30 de abril de 2011

La investigación

Muy poco he leído de Stanislaw Lem: Solaris y El hospital de la transfiguración, pero tengo claro que sus novelas no dejan indiferente a nadie. Te pueden gustar más o menos, pero siempre remueven algo en la conciencia. Por eso, cuando leí en alguna parte que Impedimenta reeditaba una novela del genio polaco que trataba sobre zombis, me resultó muy extraño, pero me llamó la atención.
Ahora, una vez leída, esta frase me parece un insulto para la novela, nada más lejos de la realidad.

Gregory, un joven teniente de Scotland Yard, recibe el encargo de investigar una serie de extraños sucesos que tienen intrigada a la policía. De diversos puntos de la zona metropolitana de Londres llegan informes sobre cadáveres aparentemente resucitados que empiezan a levantarse y caminar, a vestirse y recorrer largas distancias antes de desaparecer sin dejar rastro.

Esta sinopsis podría inducir a cualquier posible lector a pensar que, efectivamente, nos encontramos ante un novela relacionada con el género zombi pero, de ahí, a cambiar "el pensar" por "el afirmar" que realmente lo es, media un abismo y, aunque realmente no recuerdo donde leí tan aberrante comentario, me indica que la obra no se había leído y se pretendía aprovechar el tirón de moda.
En definitiva, NO ESTAMOS ANTE UNA NOVELA DE ZOMBIS, y sí ante una novela policíaca en la que la investigación del caso se teñirá de profundos tonos metafísicos y, quedará endulzada para unos y, amargada para otros, al encontrarnos con la incertidumbre de desconocer la verdadera resolución al misterio, pues es aquí donde radica la verdadera fuerza de la novela.
De tal modo que Lem nos sumerge en una ácida reflexión sobre el devenir de la vida, sobre la inmutabilidad de la realidad, sobre el carácter de lo percibido por los sentidos y sobre los paradigmas del método científico junto al deductivo-policial.
Y así, guiados por Gregory, un detective algo torpón, avanzaremos a través de un Londres neblinoso y fantasmal en busca de la resolución lógica a un misterio en el que el doctor Sciss ha encontrado un patrón al relacionarlo con el grado de morbilidad por cáncer en la zona. Esta capacidad deductiva lo llevará a convertirse en el máximo sospechoso por parte de Gregory, que lo someterá, a partir de ese momento, a una continua persecución en aras de poder demostrar su culpabilidad. El superior intelecto por parte del doctor pondrá al detective en jaque y con nuevas hipótesis científicas, alguna bastante fantasiosa, lo hará plantearse no sólo la inexplicabilidad del caso sino también la volubilidad de la existencia y la incertidumbre del destino, haciendo que nosotros, los lectores, nos preguntemos (al menos yo), si los detectives están investigando los hechos de un caso o realmente los están construyendo a través de sus acciones. Tras Gregory y Sciss, actores principales, se encuentra el tercero en discordia, el inspector Sheppard, quien planteará continuas hipótesis resolutivas para después irlas desmontando una a una al desarrollarlas.

Otro aspecto importante de la novela es la atmósfera en la que se desenvuelve la trama y, por llamarlo de alguna manera, el onirismo en que nos sumerge. Nos moveremos por un Londres nebuloso y oscuro donde los vapores saturan las calles y el ruido de los tacones resuena por el adoquinado como si te estuvieran siguiendo. Así mismo, hay un fuerte carácter onírico en la novela, y muchas de las escenas están sacadas de los sueños de los protagonistas de tal modo que entramos en un caótico reino de pesadilla del que no estamos seguros de cuando se ha salido.

Por mi parte he de decir que la novela me ha gustado mucho, pero no todo van a ser parabienes y lo que ha podido ser el punto fuerte de la novela para unos (o sea, para mi), pudiera ser el débil para otros pues, si bien es cierto, que la prosa de Lem es agradable; corriente y dinámica pero precisa, a medida que va avanzando la trama, la historia va perdiendo fuelle y, lo que en un principio era un misterio que enganchaba y nos tenía en vilo, poco a poco se va convirtiendo en una historia en la que las elucubraciones ganan la partida a los hechos y nos sumergimos en una narración algo más enredada donde parece que no se saca nada en claro y se puede acabar pensando que en la segunda mitad de la novela, Lem ha quedado para tomarse unas copitas ( o lo que sea) con P. K. Dick y se han intercambiado ideas y desvaríos.
Cada lector deberá decidir en que grupo se encuadra, si en el de sentirse satisfecho ante las premisas metafísicas de la novela o en el de sentirse decepcionado por la aparente falta de coherencia en la estructura narrativa.

Como dije al principio: Lem no deja indiferente a nadie.

lunes, 25 de abril de 2011

El mundo sumergido

Nunca había leído a Ballard, y no por falta de ganas, sino por desidia, tal vez. Siempre había algún otro libro o autor que se ponía por delante. Fue a raíz de su muerte, el año pasado, cuando se me dispararon las alarmas y decidí que debía leer algo suyo, así que me puse con El mundo sumergido, pero no tengo del todo claro que esta elección como debut haya sido la más acertada.

La intensa elevación de la actividad solar ha hecho que la temperatura se incremente de forma extraordinaria. Como consecuencia, las aguas han crecido y han anegado casi toda la superficie terrestre. Las zonas ecuatoriales y tropicales se han hecho inhabitables y la humanidad ha tenido que recluirse en el norte, cerca del polo.
Lo que antiguamente fue Londres es ahora un conjunto de lagunas mangláricas en las que las iguanas campan a sus anchas y donde el grupo científico encargado de su estudio debe preparar la evacuación al norte, pues se preve un rápido y fuerte aumento de temperatura en los próximos días. Pero algunos científicos y militares se niegan a abandonar la laguna y pretender permanecer en la zona pase lo que pase.

Con estas premisas, mi primera impresión fue la de que la novela prometía y, a pesar de que no se trata de nada nuevo, Ballard crea un giro narrativo completamente original y diferente a lo que pudiera esperarse. Un giro muy interesante en concepto pero que a mí, en particular, no ha conseguido engancharme del todo.
Ballard especula con el cambio producido en la psique del hombre al complicarse las condiciones de vida en la Tierra de tal modo que, al crecer el agua, los manglares colonizarán todos los terrenos y los seres vivos regresarán a la vida en el carbonífero y, por tanto, crecerán en tamaño y se adaptarán al medio de forma diferente al hombre, que, adaptado ya a la civilización, involucionará a épocas pretéritas, adentrándose incluso en el líquido preamniótico que lo llevará a una mente más feral.
Con este trasfondo Ballard consigue crear varias escenas sofocantes que entremezclan el
feralismo de las selvas primigenias, con el deseo del hombre de adentrarse en ellas. Si a esto le sumamos la llegada de ciertos individuos con ansias de expolio, nos encontraremos también con la constatación fáctica del egoísmo del hombre ante cualquier circunstancia y el afán de perverso enriquecimiento que nos domina. Me hace pensar también, a título personal, claro, (aunque sea éste un pensamiento tangencial a la reseña), en la poca evolución del ser humano en materia de supervivencia económica, quiero decir, en como desde el trueque y la invención de las monedas, el ser humano se ha apoyado en ellas para subsistir y en que jamás abandonaremos este camino, a pesar de las circunstancias más adversas la fórmula será siempre la misma y sin dinero se perecerá, mal que me pese esta mentalidad.
Tras este caviloso lapsus he de decir que la prosa de Ballard es elegante y precisa y permite leer la novela de forma ligera, pero siendo necesario también tomarse su tiempo para asimilar la ficción especulativa con vertiente antropológica desplegada por el autor. Quizás sea esto lo que haya hecho que la novela no me haya parecido redonda, la falta de acción directa o más contundente, sino acción pasada por un tamiz de calma y endulzado con los efectos psicóticos de un retroceso a la psique más primaria del hombre.
No es una novela que destaque por sus personajes, (siendo Strangman, el personaje más definido de la novela), sino por las ideas, como he dicho, desplegadas.

En fin, una novela aceptable, que sirve de ejercicio introspectivo y que sin conocer nada más de la obra de Ballard, me arriesgo a decir que no debe ser de lo mejor. No ha conseguido que me apasione, pero me ha llamado la atención lo suficiente como para leer algo más. No sé si será buena elección pero algo más adelante me arriesgaré con Las voces del tiempo, que me está llamando desde la estantería. Veremos a ver que tal esta vez.

domingo, 17 de abril de 2011

El castillo de Eppstein


Tras extraviarse durante una cacería, el Conde Elím descubre, al desencadenarse una tormenta, un castillo que se alza en lo más profundo del bosque alemán. Es la residencia del noble linaje de Eppstein, excelente lugar que aprovechará el conde para guarecerse de la lluvia y pasar la noche. Una noche que no estará exenta de sobresaltos pues recibirá una fantasmagórica visita.
A la mañana siguiente contará su experiencia a sus compañeros de reunión, lo que dará pie a uno de ellos a relatar la historia completa de la maldición de la dinastía Eppstein.

Aunque Alejandro Dumas es conocido principalmente por sus novelas de Los tres mosqueteros fue también un prolífico escritor, en cierto modo camaleónico, pues se atrevió a cultivar con especial desparpajo todos los géneros narrativos y, en la mayoría de los casos, con una maestría y un éxito notables.
La prueba de ello es esta novelita de 200 páginas que podríamos encuadrar en el romanticismo y no creo errar si la etiqueto también como gótico, pues tiene todos los ingredientes del género.
Así, en esta novela pasearemos por los fantasmagóricos bosques del condado de Eppstein y las oscuras cámaras de su castillo dándonos, en ocasiones, de bruces con las ánimas pero respirando principalmente el aroma de esa presencia ultraterrena sin llegar a verla, flotando en todas partes como un ente que no escapa a nuestro pensamiento y perfuma la narración de principio a fin pues, si bien la novela tiene una trama argumental centrada en el descubrimiento del mundo por parte del príncipe Everard, no será sino la figura de su madre, muerta en Nochebuena, la que ocupe nuestros pensamientos de continuo y espíe nuestros gestos a través de las páginas de la obra.
A. Dumas nos guiará con mano magistral a través de una prosa arcaizante y poética al extremo (cómo sólo en su época se podía conseguir) y en los últimos tramos de la novela con una clara concepción teatral, a través de los oscuros pasillos que el destino ha urdido con respecto a la familia Eppstein y, así, asistiremos al enfrentamiento entre Conrado, hijo menor del conde, y su padre, lo que le valdrá el exilio; a la toma de posesión del condado por Maximiliano, un hijo "de apariencia", pues hace lo que debe hacer como noble sin importar el daño que haga ni a quién (incluso sintiendo satisfacción en caso de causarlo); a la pérdida de la inocencia y de amor de Albina, que finalmente fallecerá a manos de Maximiliano en la fecha señalada por la profecía maldita; al nacimiento de Everard y su exclusión de Eppstein; a la adolescencia de éste
y su romance con Rosamunda; a los enfrentamientos de Everard con su padre, y demás situaciones que harán de esta novela una historia con secretos, con doncellas puras e inmorales y maquiavélicos amantes (bueno, uno); con amores apasionados, lealtad ciega y traición desatada; con inocencia y pureza; con espectrales venganzas, y con historia; sí, he dicho historia, pues la novela toma como fondo la época en que el mundo comenzaba a ver nacer a uno de los mayores generales de la historia, Napoleón Bonaparte, y Europa empezaba a acusar su influjo.
Es ésta una novela que pone un especial acento en las relaciones personales. Con unos personajes que encarnan el ideal caballeresco de los tiempos feudales, tan propio del romanticismo y donde el virtuosismo y la entrega altruista están presentes en la pareja de jóvenes que conducen el hilo de la narración, y metaforicamente nos muestra una sociedad que, de tener permanentemente estos valores, sería mucho más placentera, juiciosa, justa y equilibrada.
Encontraremos así mismo, un fuerte contraste entre los valores y acciones encarnados por estos personajes (y prácticamente por todos los personajes que pueblan sus páginas) con los actos éticamente reprobables y carentes de afecto de Maximiliano, cuyo carácter fuerte e irascible acompaña a su tendencia a sentirse El Señor y, por tanto, omnipotente a su antojo. Se observa así un amor casto y puro, profundo y sin brechas entre dos jóvenes unidos por una infancia común y cuya diferencia de formación académica servirá para unirlos más aún en un amor ideal y verdadero. Un amor impregnado siempre del aura que emana del espíritu de Albina y mancillado continuamente por el terror que despide Maximiliano.
Los personajes, por tanto, están muy bien dibujados. Quizás no presenten un gran desarrollo en cuanto a evolución interior, pues se manifiestan tal y como son de principio a fin, y siempre conocemos de antemano cual será su actitud frente a las diferentes situaciones, algo que puede ser un defecto al no tener capacidad para sorprenderte, pero que en este texto se convierte en una virtud, pues son tan vívidos que despiertan con facilidad las emociones hacia ellos.

Pocas pegas puedo poner al libro, que me ha parecido una delicia y lo he leído de un tirón. Me ha enganchado desde el principio con su lenguaje musical, y me he visto forzado a parar de leer en ocasiones, para no bebérmelo de un sólo trago y poder paladearlo tranquilamente . Quizás las últimas cincuenta páginas hayan sido, para mí, las menos satisfactorias, pues me han parecido mucho más teatrales que narrativas, y no me gusta demasiado este giro en la voz, pero no es algo que perturbe el contenido final de la novela.

En definitiva, una bonita historia que hará las delicias de los lectores de Dumas, Walpole, Shelley, Hoffman o Byron, entre otros y que, aunque un poco menos oscurantista, sabrán apreciar los amantes de El castillo de Otranto, El monje, Melmoth el errabundo, y de todo lo romántico y gótico en general.

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