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miércoles, 5 de octubre de 2022

Art Brut Madrid


Hace ya varios años que dejé de escribir en el blog. Lo dejé así, a bote pronto, pues cada día iba observando que me costaba más ponerme a escribir; que cada vez era menos leído; y que cada vez tenía menos sentido para mí mismo el intentar descuartizar los libros que pasaban por mis manos y dar a conocer mis opiniones a quien quisiera leerlas. Por un lado empecé a pensar que no me aportaba nada el comentar mis opiniones (más allá de para satisfacer un pelín mi vanidad y tener un recordatorio de lo leído al pasar el tiempo) y por otro, comencé a mirar con otros ojos la subjetividad que reside en todas la experiencias que nos rodean a cada uno. Le di vueltas y vueltas a esta reflexión (aún hoy sigo haciéndolo) para acabar llegando a la conclusión de que no servía para nada escribirlo al aire, que cada uno tiene su propio prisma para ver el mundo.

Sin embargo, al finalizar el año siempre encontraba que faltaba algo en mi vida, y cada comienzo de un nuevo año me llevaba al típico propósito navideño: en mi caso reabrir el blog. Pero, como se puede ver, la pereza podía conmigo. 

Este año 2022 volvió a pasar los mismo, incluso
empecé a tomar notas como antaño de novelas que me gustaron lo suficiente para convertirse en revulsivo que lo reabriera, como La joven ahogada de Caitlin M. Kiernan, o Diarios de Kolimá de Jacek Hugo- Bader… pero ni por esas.

Los astros se alinearon cuando una compañera de trabajo me ofreció el último libro escrito por su marido para leerlo. Así que por deferencia a ellos no puedo menos que subir una pequeña reseña del mismo. Se trata de Art Brut Madrid, escrito por Jorge Portocarrero

En esta ocasión (y me atrevo a creer que solo en esta) el modus operandi para realizar esta reseña será algo diferente a todo lo que he hecho hasta ahora. Trataré de hacer un pequeño análisis de la obra pero, debido a dicha relación de compañerismo, intentaré que sea lo más objetiva posible, sin dar mi opinión personal. Digo “trataré” e “intentaré” pues, después de estos años de inactividad me noto bastante oxidado y algo falto de elocuencia para esta tarea que espero me anime a continuar.

 

Art Brut Madrid

En esta obra de madurez, Jorge Portocarrero propone adentrarnos en una fantasía -y un debate- que puede tener visos de convertirse en realidad muy próximamente… Se ocupa del siempre oscilante vínculo entre el Imperio y los pueblos en su día sojuzgados.
El eje de esta nueva obra narrativa lo constituye una serie de asesinatos que parecen seguir una cadencia predeterminada desde un punto de vista docente. Una mano suprema, a través de artistas brutos, aquellos sin una formación pictórica estandarizada o académica, establece un itinerario macabro por las vanguardias artísticas pictóricas de los siglos XIX y XX desarrolladas en Francia. Desde una vivencia extrema del indigenismo americano pretendería ajustar cuentas con una metrópoli muchas veces indiferente y fría. La cultura occidental, filtrada y depurada a través del tiempo en su más bella expresión como lo es el arte, sería devuelta a sus máximos representantes europeos de una forma torticera. Reinterpretada a través del odio y la desesperación, fruto de una opresión mantenida.
La novela está ambientada en Madrid, más concretamente en el barrio de Lavapiés, y El Escorial.


Esto dicta el texto de contraportada pero, en mi humilde opinión, resulta un tanto compleja y confusa y no parece prometer una lectura fresca y entretenida, así que prefiero utilizar mis palabras y resumir la trama en unas líneas

 

Ante el hallazgo de un asesinato “atípico” en Madrid, no queda más remedio que llamar a Pere Font, antiguo asesor psiquiátrico de la policía y todo un experto en el mundo del arte.

Así, junto al inspector y amigo, Pepe Orzayun, irán desentrañando una trama de asesinatos en serie en torno a dantescas escenas artísticas que los hará recorrer Madrid, de punta a punta y verse envueltos en un caso que hubieran preferido evitar.

 

Este pequeño resumen creo, en mi opinión, que nos sirve para centrar un poco la novela y que el lector conozca de forma rápida y sencilla el hilo argumental de la novela. Las lecturas entre líneas y disquisiciones varias ya las descubrirá por si mismo una vez se aventure en la misma.

El estilo de Jorge Portocarrero para esta novela (desconozco si es el habitual en su obra) resulta original, pues se caracteriza por alternar las voces narrativas y los tiempos verbales, recurso este que funciona bien para la inclusión de monólogos interiores.

Además, elimina las acotaciones de los diálogos de tal modo que, junto con el punto anterior, la lectura requiere de un cierto esfuerzo para situarse correctamente en el contexto.

En general, utiliza un lenguaje bastante coloquial, lo que hace que sea de muy rápida lectura y hace ver que, incluso personas de un elevado nivel sociocultural, en privado y entre ellos, utilizan un lenguaje más chabacano y vulgar. 

 

El hilo conductor de la narración se fundamenta en torno a unos asesinatos ejecutados como representaciones de obras de arte. Serán Pere Font y Pepe Ozaryun los encargados de resolver los crímenes.

En este sentido encuentro que la novela se sale de los límites conceptuales del genero Noir para entrar en un terreno más culto e introspectivo; reivindicativo en una lectura más profunda. Un terreno más cercano y mundano al lector, así como de conocimiento y desarrollo de personajes.

Para ello, Font ofrece múltiples muestras de su sapiencia en el terreno artístico, lo que mezclado con su conocimiento de la psique humana, hace que nos sumerjamos en multitud de monólogos interiores que nos llevan a conocer mucho más al personaje.

Por otro lado, inmerso en este devenir diario y para poner en contexto los asesinatos, el autor entrega multitud de pinceladas para darnos a conocer y entender el leit motiv de la novela: el arte como telón de fondo, como guía donde podemos encontrar todos los patrones, virtudes y faltas de la condición humana e incluso explicar la historia de la humanidad. Y se centra en el Art Brut, algo hasta ahora totalmente desconocido para mí que soy un completo ignorante en cuanto al 2º Arte se refiere (y en alguno más también)

 

Con respecto a los personajes la novela se articula en torno a dos personajes principales, pese a que haya más, evidentemente.

En primer lugar, Font, el erudito catedrático, serio, reflexivo, envejecido y amargado que a su vez es también concupiscente, libertino, y que recuerda épocas del pasado en que su físico y posición de poder le permitían ser el mujeriego que querría seguir siendo.

A través de Font descubriremos el Arte como elemento cultural, bello y luminoso, pero también perturbador y oscuro. Él nos mostrará también ciertos entresijos de la docencia universitaria, las luchas de poder y envidias de profesores, decanos, rectores y demás “circo” que integra la Universidad.

El segundo es la ciudad de Madrid. El autor muestra el cariño que siente por esta ciudad al recorrer sus barrios para resolver el misterio.

No podemos olvidarnos del inspector Ozaryun, que es ya un secundario de lujo para Font. Un personaje que nos ayudará a conocerlo más y que servirá como bastón de apoyo y barrera frente a los altos mandos policiales.

La mexicana Magda es otro personaje interesante, quizás el que mueva más los hilos, por lo visceral, disruptor y vicioso.

 

Bueno, y hasta aquí este pequeño comentario que sirve para dar algo más de visibilidad a esta obra y, al mismo tiempo, para sacar por un breve lapso de tiempo este humilde blog del ostracismo en que lo metí  en el 2017.

  

Fotos incluidas con permiso del autor.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Saliendo de la estación de Atocha me encontré con "La Multa"

A día de hoy sigo sin tener demasiado claro porqué leí esta novela. Simplemente leí un artículo en alguna parte, que hablaba de una nueva generación de escritores: la generación Alt Lit, que incorpora a su literatura las jergas y modos de la nueva tecnología, así como las últimas modas y tendencias juveniles.
Tenía otros autores en mente, pero no quería comprar ningún libro de este estilo, no me apetecía albergar ninguno de sus libros en mis estanterías, al menos de momento, así que busqué en la biblioteca del barrio y encontré este Saliendo de la estación de Atocha, de Ben Lerner, cuyos elogios de contraportada me llamaron la atención. Es una buena novela, no lo voy a negar, que me enganchó pese a no pertenecer a mi gusto literario y, por tanto, tampoco la voy a recomendar, pues creo que ciertamente me atrapó pero pasado el tiempo (casi un año) no quedan posos en mi memoria que me hagan alabarla aunque guarde muy buen recuerdo de ella.
Todo lo contrario que el vino con el que acompañé su lectura: La multa, un vino de Norrel Robertson, "el escocés volante" que al primer trago me hizo soltar un "¡Ostias, qué fuerte!" y, poco a poco, me fue maravillando hasta tal punto que quedé absolutamente fascinado, aunque tampoco se lo recomendaría a nadie así de primeras.

La novela trata de un joven estudiante americano que se traslada a Madrid para efectuar unos estudios de investigación sobre literatura española influenciada por la Guerra Civil. Reside muy cerca de la estación de Atocha, de ahí el título del libro, y desde este punto partirá par darnos a conocer el barrio y a sus gentes, al tiempo que se relaciona con círculos de intelectuales tanto en exposiciones como en fiestas.
Vamos, algo así. Tampoco es que lo recuerde demasiado bien.

Ben Lerner me pareció un buen escritor. Con una prosa aguda y afilada pero, sobre todo, certera. Va a los hechos sin poner un renglón de más pero consiguiendo llenar de imágenes sus palabras. Su estilo resulta elegante pero, al mismo tiempo, muy moderno dentro de una cierta intelectualidad, claro.
Resulta muy interesante como Lerner refleja la realidad de los jóvenes intelectuales de hoy en día, aquellos sobradamente preparados que salen de sus ciudades y países para mejorar su formación pero que, con ayudas económicas externas, ponen esta formación en segundo lugar para, en primer orden, situar el ansia de vivir y disfrutar de los placeres de su juventud y ubicación geográfica.
De hecho sus estudios servirán de excusa al protagonista para codearse y disfrutar de la vida con otros animales con las mismas inquietudes que él. 

En este momento no puedo evitar recordar como disfruté yo de la botella de vino que bebía lo largo de la lectura de este libro: La multa. Es más, os lo voy a contar y luego sigo con el libro.
Se trata de un vino monovarietal de Garnacha de viñas viejas de la D. O. Calatayud. Es un vino barato (5,50€). La añada 2013 presentaba en el momento de su degustación un color rubí brillante y limpio muy vivo y conservaba ciertos tonos cardenales en el ribete. Capa alta, es decir, imposible ver letras a su través.
Se trata de un vino potente que, en primera instancia, llena la boca de alcohol. La fruta ocupa un segundo lugar pero se percibe claramente, aunque predominan las especias (pimienta, clavo) y los tostados con un claro tono licor oso.
Es un vino con cuerpo, cálido, amable pero agradable para mi gusto. Presenta buena acidez que llega a confundirse con salinidad. Finalmente unos taninos buenos aunque algunos rudos dejan el regusto final a una fruta fresca en la boca. Es un vino muy complejo e interesante pero, reconozco que, no para todo el mundo.
Bueno, y después de explicar lo tonto que me pongo con un vino, volvamos a la novela.

Como decía, el protagonista disfruta de los placeres de la vida, fiestas, tabaco, ciertas drogas, sexo, etc. De hecho uno de los puntos que no he soportado de la novela ha sido éste. No hay ni una sola escena, ni una sola página en la que Adam no se encienda un cigarrillo o un porro. No me importa que lo haga pero, ¡Joder, ¿tantas veces?!
De este modo, Adam se paseará por Chueca o la Plaza de Santa Ana utilizando la marihuana como una excusa para reflexionar acerca de sus estudios, su valía y su identidad, y la de todo lo que lo rodea.
Se verá asimismo inmerso en los importantes hechos del 11-M y las conversaciones telefónicas con sus padres nos darán una visión también de la ideología de la juventud americana frente a la de sus padres.
Pero todo esto no hace que nos encontremos ante una novela seria. Se trata en realidad de una novela de aprendizaje, de evolución personal pero visto desde un prisma satírico, pues el autor se encarga de desmitificarlo todos los estereotipos multiculturales que acompañan a la "clase" intelectual.
Así, nos encontraremos con un estudiante que es tratar como un poeta por el mero hecho de ser un estudiante americano mientras él, se plantea si realmente esta preparado para asumir la responsabilidad de dicha disciplina.
Nos encontramos con un personaje más perdido que una paraguaya en Madrid, que no entiende la mitad de lo que le dicen en castellano y que, aun así, intenta salir adelante como puede.Lo veremos leer literatura clásica española, y sentarse en la azotea de su edificio a ver pasar las horas mientras fuma porros (una envidiable escena, en mi opinión); lo veremos divertirse y poco estudiar pero, sobre todo, en el fondo, para quien lo quiera ver, nos mostrará una realidad que está en la sociedad que nos rodea y dentro de cada uno de nosotros: la de saber quien somos, que hacemos, y que queremos hacer.
IMHO una novela bien escrita, divertida y entretenida, que no es poco.

lunes, 27 de junio de 2016

Todo en blanco y negro

Me encanta la literatura japonesa, pero hay tanta y tanta literatura de otros países que también me interesan, que no leo toda la japonesa que me gustaría. Por eso cuando vi en la biblioteca del barrio el pequeño volumen de Takiji Kobayashi, a quien nunca había leído, y observé un poco su biografía por encima, no dudé en cogerlo para conocer el motivo que había asustado tanto a las autoridades japonesas con respecto al autor y al libro en cuestión.

Como vino, en esta ocasión os hablaré de Corucho, un vino de la zona de Cadalso de los vidrios que me regalaron por mi cumpleaños y cuya etiqueta hacía juego con la portada de Kanikosen. Ese fue el único motivo por el que lo elegí para que formase pareja literaria.

Kanikosen es un librito de apenas 150 páginas que nos describe la experiencia de los trabajadores de un pesquero-factoría en alta mar. La pesca buscada en cuestión son los grandes cangrejos del mar de Kamchatka, y el temporal en alta mar obliga a los trabajadores a enfrentarse a circunstancias extremas aunque, sinceramente, no tan extremas como a las que los somete el representante de la empresa para la que trabajan.

Kobayashi escribe realmente bien, sin ambigüedades ni cortapisas. Va directo al grano y dice lo que tiene que decir sin importar la crítica ni a quien vaya dirigida y, visto lo visto, dadas las consecuencias, con una valentía tremenda al enfrentarse al régimen nacional imperante en Japón.
Entiendo que esta narración asustase al régimen, pues intenta crear un pensamiento crítico en la población, ofreciéndoles la oportunidad de ser entes individuales y libres, algo contraproducente para la maquinaria de producción japonesa que trata a los trabajadores como meros eslabones de una cadena en aras de una producción imparable y de unos beneficios económicos para los de siempre, aunque se esconda en la virtud del orgullo nacional.

Kobayashi nos muestra al colectivo pesquero y entiendo que, lo hace extensivo al resto de la población, como un grupo de personas totalmente subyugadas por los valores nacionales y que, con la ayuda de los rusos, comienzan a entender el concepto de proletariado.
Reconozco que me ha defraudado un poco la situación de la novela. Esperaba otra cosa, no sé, la acción revolucionaria de los trabajadores contra la opresión y la acción a nivel literario que se desprendiera de estos hechos; la descarga de adrenalina y de satisfacción personal al lanzar por la borda al opresor. Pero no ha sido así.

No sé que me sorprende más: si el grado de deshumanización a que llega el representante empresarial; el grado de des-implicación o desvinculación por parte del capitán del barco; o la falta de autoestima y el grado de sometimiento al que llegan los trabajadores.
Bueno, si lo sé. Lo primero y lo segundo lo presupongo: uno es capaz de llegar a cualquier cosa por su patria-empresa, su beneficio, sus objetivos personales; el otro, está tan sometido como los demás, pues su contrato está supeditado a la empresa, pero tiene cierto poder de decisión que no ejerce por miedo. 
Realmente lo que más me sorprende es la falta de fuerza del grupo. pese a reconocer los hechos como reales, me cuesta aceptar que se llegue al nivel de sometimiento y esclavitud al que llegan los trabajadores, que sean capaces de aguantar tantas vejaciones.
Es cierto, hay un conato de rebeldía pero que se aborta rápidamente por el capataz.
Hay un momento en que se lo ve realmente asustado pero, ¿y qué? todo se diluye y vuelve a tener la sartén por el mango, una sartén ardiendo que estampa en la cabeza de cualquiera, y ve como lo rodean cientos y, en lugar de abatirlo, todos se agachan.

Me ha dejado frío. Esperaba el levantarse de los trabajadores, pues me parece insufrible lo que soportan. Vale, no es comparable, pero quizás se podría trazar un paralelismo con la situación actual: la mayoría permanecemos amodorrados en nuestro sillón a no ser que lo que está sucediendo nos toque directamente y de lleno. Bueno, y tras la distopía que estamos viviendo tras el fin de semana, cada vez lo tengo más claro, este es un libro ideal para los españoles, cuanto más nos roben mejor. Pues entonces, seguro que también aguantaríamos tanto como los pescadores del Hakku- Maru. Ya dudo de todo.

Me estoy calentando, y empiezo a dejar píldoras de pensamiento que no corresponden a este lugar y con las que mucha gente no estará de acuerdo (me la pela). Mejor voy a parar y me enfrío comentando el vino.
Corucho que, como ya he dicho, se empareja bien con la portada de Kanikosen, es un vino elaborado con cepas viejas de uva garnacha. Es un vino de las bodegas Luis Saavedra, de la D. O. Madrid. En concreto la añada que yo probé es la de 2011 y su precio es de alrededor de unos 7 euros y medio.
En copa podemos observar un color cereza madura con ribete púrpura rojizo y una capa alta y densa.
Tiene una entrada fuerte en boca, con cuerpo y carácter. Se percibe el gusto de la fruta madura (cereza, mora y ciruela negra en compota). Es un vino sedoso y ligeramente glicérico con taninos maduros pero elegantes.
Deja un regusto amargo, como a endibia o achicoria, al final. Es un vino que mejora más y más con cada copa.
No tengo claro si me gusta del todo, aunque me parece un vino complejo y muy interesante.
Os recomiendo que lo probéis aunque imagino que no será del gusto de todos.

Bueno, recordando el vino ya me he relajado, volvamos al libro.
Es cierto que hay que tener en cuenta el momento en que fue escrito. Japón era una potencia orgullosa y herida, y el comunismo comenzaba su andadura triunfante en la Unión Soviética. Entiendo que los ánimos del pueblo llano estaban exacerbados y los rusos constituían los maestros perfectos para un cambio de rumbo en la ideología del país pero, está claro, que la ideología de las masas no era, es, ni será, la de los altos estamentos.

En esta novela se capta sobre todo este aroma. La flama nacional invade el barco dogmatizando a los trabajadores en aras de una responsabilidad y orgullo patrio, mientras que estos aguantan y aguantan. La mecha se enciende pero se corta antes de llegar al explosivo.
Duro y veraz, lo sé, pero me cuesta comprender este sufrimiento (en un pueblo en teoría libre, se entiende). Por eso no me ha gustado el libro tanto como esperaba. Quizás con el tiempo,  madurándolo en mi mente...

Al menos si conseguí el objetivo que me propuse: conocer el motivo de la inquina hacia el autor. Lo entiendo perfectamente. Kobayashi suponía un peligro claro para el establishment. Su novela fue un éxito que no pudo disfrutar mucho: "presuntamente" la policía japonesa lo torturó y asesinó dos años después en 1933.
El motivo de su muerte es más que evidente e injusto y contra toda libertad de expresión, opinión y crítica. Lo hemos visto a lo largo de la historia e incluso, recientemente ¿no?


Para concluir decir que ambos son buenos: libro y vino, pero ninguno me ha convencido del todo.

domingo, 8 de mayo de 2016

Tworki y Laya, compañeros en la locura

El libro que os comento a continuación fue una lectura de arrebato. Una lectura que ni conocía ni tenía prevista pero que, ojeando las estanterías de la biblioteca, me sorprendió su título sobre un lomo de Acantilado. El subtítulo "El manicomio" hizo que automáticamente lo cogiese para ver de que trataba. De ahí, a llevármelo a casa fue todo uno.
Con el vino de acompañamiento sucedió algo parecido. Tenía referencias de un hermano mayor, Alaya, que había sido considerado como el mejor vino de España por la app móvil Vivino, el año pasado, pero como no me apetecía gastar veintipico euros en un vino, me avine a su hermano más joven, Laya, que aquí os presento en sociedad literaria y de cuya denominación de origen era la primera vez que probaba un vino.

En ambos casos el regusto ha sido bueno, pero agridulce. En el caso de Tworki, se trata de un libro al que cuesta entrar, en el que es fácil perderse y con el que, según el tipo de lector que seas, puede que no llegues al final del camino; en el caso del vino, creo que se trata de algo más puntual, pues algo en el sabor me decía que el vino estaba un pelín picado.

Tworki, de Marek Bienczyk nos narra la historia de un contable de dicha entidad, un manicomio en Polonia, en plena guerra que llegó a estar bajo dominio nazi.
En mi caso fue muy fácil quedar atrapado. Bastó el primer párrafo para quedar enamorado de la poética prosa de Bienczyk. 
"Es del fondo de mis párpados fríos, del nacimiento mismo del río que han venido al mundo estas palabras. Sí, al principio fue la escritura, no muy bonita, las letras demasiado altas, apretadas, negándose el espacio, conteniendo el ímpetu de las frases. Uno podría decir: no se dan prisa las palabras en llegar al punto, otro: hay algo que las retiene; y todos, sin duda entre ellos yo mismo: querrían volver atrás, dar la vuelta, pero ya no pueden. Hay que darles por fin la oportunidad de llenar toda la línea, de margen a margen a pleno pulmón, ahora que ya todo ha terminado, o que ya todo da igual"
El autor utiliza un estilo tan depurado, elegante y poético que resulta musical y bellísimo para la vista, de hecho uno de los personajes habla en rima, y una de las protagonistas pone siempre el verbo al final de la frase, lo que automáticamente nos llevará a recordar al famoso Jedi verdoso de orejas puntiagudas pero, en este caso, la cosa se torna más seria, y este efecto no solo dota de poesía al conjunto sino que lo integra en el contexto geográfico narrativo.
Un contexto geográfico casi mágico pues, escondido en medio de una Polonia ocupada, con vías de tren que lo conducen a las ciudades importantes, Tworki se yergue incólume como un paraíso apartado. Como un bastión que resiste al invasor intentado salvaguardar el estilo de vida, o quizás, se trata de un ghetto al que se aparta premeditadamente para que los individuos del interior no se mezclen con los del exterior.
Individuos reconocibles por los nombres que comparten con personajes famosos. Todos ellos locos; pero locos con alma, con vida que aportan contenido, ilusión, esperanza y alegría a un mundo que, fuera de los muros que los contiene, está más loco que ellos.
Y de esta forma, no leemos una sola historia sino muchas, pues están las historias de los pacientes, las de los trabajadores, las de los amigos que visitan el manicomio y, de fondo, las del mundo tras los muros.
Un mundo exterior en una guerra cruenta que Bienczyk trata de mostrarnos soterradamente. El autor deja continuas alusiones e indirectas a lo que acontece y acontecerá afuera, dejando claro que en el interior se oculta un mundo utópico que lo diferencia del infierno tras él. Notas de autor, he de decir claramente, que no he podido disfrutar ni discernir como debiera pues no conozco en demasía la historia de Polonia, y probablemente resultará mucho más claro y triste para sus compatriotas.
Así nos encontramos con la alegría de la locura interna; con la locura alegre de la guerra de un maniaco; con un cuento de amor; con una historia de crecimiento personal y desamor; con la tristeza del amor no correspondido; con la pena arrolladora de la muerte de un ser querido. Una novela esperanzadora y muy triste a la vez, melancólica a grado sumo, pero que también ha de servir como homenaje a las víctimas de la Gran Guerra, y como advertencia para no olvidar.

Esta novela es todo eso y mucho más. Pero también es una historia difícil de leer. Una novela a la que hay que entresacar todo lo que he contado, y lo que no. Una novela compleja en la que es difícil entrar pero de la que también lo es salir.
Pese a la belleza de la prosa hubo muchos momentos que me costó seguir. En los que me era difícil concentrarme y saber que era lo que estaba leyendo, que tenía que ver eso con la página anterior. Por eso digo que resulta agridulce y me resulta muy difícil recomendarla, no por que no me haya gustado, sino por temor al "vaya truño de libro que me has recomendado, macho".

Algo parecido me ha pasado con el vino pero, como he dicho creo que se trata de algo puntual.
El vino elegido fue Laya (5€), añada 2014, de Bodegas Atalaya y D. O. Almansa. Un vino de padres con pedigrí para un libro que creo de gran altura.
Sólo con ver el porcentaje de alcohol, 14,5% ya se intuye la potencia del vino, si además le añadimos el coupage formado por las variedades de uva garnacha tintorera y monastrell, no se hable más. 
Presenta una apariencia cereza, rubí brillante, con un ribete frambuesa cristalino y una densa lágrima.
El primer trago fue potente, untuoso. Pero también fresco, con un toque balsámico y el sabor de la fruta fresca, arándanos, moras, ciruelas. Los suaves taninos dejaban la bocas sedosa, pero dulce y con un toque a cítricos que mezclado con cierto toque chispeante y ácido me dio la sensación de vino picado. Esta simple copa me chafó la impresión de la botella entera, pero fue el típico error de novato al efectuar la cata de la primera copa, pues las sucesivas copas fueron mejorando paulatinamente al oxigenarse, lo que me indica (o quiero creer, pues ya he comprado otra botella para confirmarlo) que el gusto a picado provenía de la reducción en botella del vino. Ese sabor característico a alcohol "sulfatado" del vino al permanecer mucho tiempo en una botella cerrada y no darle tiempo a coger oxígeno.
A partir de la 2ª y 3ª copa empecé a notar el toque final a cacao amargo tan característico de la garnacha tintorera. Bueno, yo creo que es característico porque en los 3 ó 4 vinos que he probado de esta variedad de uva siempre he apreciado este toque, aunque cada día estoy más convencido de que esto de los vinos es un tema con un porcentaje altísimo de subjetividad y gusto personal y, tal vez, como a mi me encanta el toque a cacao amargo, sea mi inconsciente el que me dice que está ahí, en lugar de estar de verdad.

En fin, os animo a probarlo pese a mi experiencia no tan buena. En cuanto al libro, os lo recomiendo con reservas, dadle un tiento, y a ver que pasa.

domingo, 17 de abril de 2016

Hrabal hubiese disfrutado la garnacha de Nietro

Me encanta Hrabal. Desde que leí hace un par de años Una soledad demasiado ruidosa, me encanta su forma de escribir pero, sobre todo, su forma de narrar la vida que lo rodea. Vale, luego sigo.
Por otro lado, me encanta la garnacha, ya lo he dicho un par de veces. Desde que el año pasado probé El político, de Baltasar Grazian, quedé enamorado de esta uva, ¿Qué dices? ¿Qué si con los ojos vendados sería capaz de distinguir un vino fabricado con esta uva de otro que no? Pues casi seguro, seguro que no (99,9999999%), pero me gustaría pensar que sí. 
¿Por qué digo esto? Porqué si tuviera que pensar quien soy a tenor del vino, me costaría reconocerme, dado que me molestan los postureos y falacias que existen en torno al mundo del vino. Sé lo que me gusta y punto. Del mismo modo podría decir Bohumil Hrabal, quien gustaba de beber cerveza y vino, y cuyas novelas siempre estaban impregnadas de estos dos brebajes, como por ejemplo está que os traigo y que, como no, se titula ¿Quién soy yo?

Se trata de un libro cortito que comporta dos libros en uno. Cada página se encuentra partida en dos. Una mitad superior donde se refleja el libro propiamente dicho; y una inferior en la que Hrabal incluye frases de sus obras más queridas.
¿Qué decir? Nos encontramos ante una obra fundamental para conocer al Hrabal bebedor pero lúcido, depresivo pero esperanzado. Al Hrabal personaje, que observa el mundo como ente imparcial que acumula imágenes de todo cuanto acontece ante sus ojos, y que considera que el mundo es un sinsentido que no es capaz de comprender.
Tan solo es capaz de entender aquello que no entiende, y se da cuenta de que todo lo que sabe es no saber nada y que lo único que lo define es aquello que no ha hecho y no ha dicho.
Hrabal nos sorprende con su fuerza y su pensamiento, a veces difícil de aceptar pero que, aun así, no puede sino seducirnos por la belleza con que construye sus frases.
Estamos ante un escritor que se abre ante su público. Un hombre que nos muestra una mesa repleta de botellas de vino como su Sancta Sanctorum del pensamiento. El lugar donde mejor desarrolla sus ideas.
La obra está dividida en varias partes en las que el autor, o bien diserta sobe algún tema a raíz de su afán observador, o bien se sumerge en su vida para contarnos algo más a fondo de su persona, al tiempo que lo acompaña, como no, de sus impagables impresiones. No dejará de mencionar a algún amigo o personaje importante como por ejemplo Zweig o Nietzsche. Me ha sorprendido conocer algunos detalles al respecto de su opinión hacia ellos pero, sobre todo, la opinión que le merecían sus propias novelas y como alguna de las que consideraba sus peores, son para mi las mejores.

Me gusta este libro cortito que se lee de un tirón pero que requiere una gran capacidad lectora para disfrutar cada hálito de vida que brota de la pluma de Hrabal. Un hombre sencillo, del pueblo, que se mezcla con el vulgo al tiempo que lo vemos culto, letrado y nos muestra su filosofía de la vida de una forma clara y descarnada, sin tapujos.
Es un librito cortito en extensión, pero largo, largo de verdad si se quiere dedicar el tiempo que merece. Corto en extensión como corto en sabor es el vino con que lo acompañé.
De nuevo un vino de uva garnacha, de cepas viejas de más de 80 años de antigüedad. Se trata de Nietro 2013 de la D. O. Calatayud (5,50€). 
Digo que es corto porque el sabor no perdura mucho en la boca, al contrario que el libro de Hrabal que pese a su brevedad se mantiene largo en la mente.

De nuevo con el vino: que sea corto no quiere decir que no esté rico. De hecho, lo está.
Es un vino de color granate muy vivo, con un ribete violáceo brillante que lo hace muy atractivo y una capa media de intensidad.
En cuanto al sabor, decir que se abre en la boca mostrando frescura y potencia. Se aprecia el sabor a frutas rojas maduras y se percibe un tono espaciado procedente de la edad y un toque a regaliz final en la boca. Presenta cierto carácter balsámico que refresca la garganta, aunque quizás no sea un vino para todos los públicos pues su porcentaje alcohólico (14,5%), lo hace algo potente (aunque no se aprecia el alcohol tanto como pudiera parecer teniendo en cuenta la graduación), carnoso y algo astringente al final del trago. Un vino para acompañar asados o una buena carne poco hecha o, ¿por qué no? también una buenas legumbres con carácter.

Por otro lado, y volviendo al libro. Se me olvidaba mencionar la segunda parte. En la parte inferior de cada página, nos encontramos con fragmentos de novelas que gustaban a Hrabal, como Yo que he servido al rey de Inglaterra, Bodas en casa, o Tierno Bárbaro. Fragmentos escogidos por el autor y que no hacen sino acercarnos más a su obra y abrirnos el apetito por ella, si no lo teníamos ya.

Finalmente no puedo sino recomendaros esta joyita de Bohumil Hrabal, aunque creo que no es fácil de conseguir. Yo lo cogí de la biblioteca pues creo que está descatalogado. Si podéis haceros con este LIBRO no lo dudéis, es una auténtica delicia leer a Hrabal en estado puro.
En cuanto al vino, en esta ocasión no os lo voy a recomendar. No es malo, al contrario, es bastante bueno pero quizás sea un poco fuerte para algunos paladares. Bueno, probadlo vosotros mismos y ya me diréis. Rico está, desde luego, pero...

domingo, 6 de marzo de 2016

Oso y Nunc

Desde el momento en que Impedimenta anunció la edición de Oso, me llamó la atención. Como no habría de hacerlo ante la publicidad provocadora y lasciva que parecía reflejar. Me pareció, por otro lado que, sin abrir la botella, el complemento perfecto para esta novela, debía ser un vino con cuerpo, recio, a ser posible con un pequeño paso por barrica. ¿Por qué? Porque sí, porque no hay ningún misterio especial en lo que me apetece beber cuando leo (son solo palabras para intentar justificar una elección sin más). Así que me decidí por comprar una botella de Nunc, de Bodegas Ballabriga (7€) de la D. O. Somontano, y creo que no me he equivocado en el "maridaje".

Tanto el vino como el libro se muestran frescos y ligeros al principio, para coger potencial al final y dejar un largo recuerdo, uno en la boca, y el otro en la cabeza. Por supuesto siempre es mejor el recuerdo mental, pues es más duradero y enriquecedor, pero el del vino produce un efecto relajante muy satisfactorio y evocador.
Se trata en este caso de un multivarietal de 5 uvas (Merlot, Syrah, Parraleta, Garnacha, y Moristel) con un porcentaje alcohólico moderado (13,5%) y una coloración cereza con ribete violáceo (para variar). La entrada en boca es muy fresca, con taninos suaves y una ligera acidez. El paladar queda muy aromatizado a fruta fresca, ciruela y moras. Es complejo en su sabor y ligeramente untuoso. Finalmente se aprecia un cierto matiz a tostado (probablemente por el tiempo en barrica), y con un sabor que perdura en la boca durante bastante tiempo. Un vino bastante rico para tomar con un asado, aunque un buen arroz, o una tabla de quesos también le puede venir muy bien. O si no, haced como yo y bebedlo solo (que no a solas).

En el caso de oso, la novela de Marian Engel, nos encontramos con un caso parecido. La novela fluye tranquilamente y cuando parece que el texto de contraportada no es más que un reclamo publicitario, cuando quedan 50 páginas para el final, de golpe y sopetón nos da una ostia en toda la cara.

"Su amigo subió la escalera oliendo a pescado. Dobló la lengua en vertical y se la hundió en el coño."

Engel escribe muy bien. Nos engaña con una prosa fluida y ágil, de esas que entiendes elegante pero que te crees fáciles de hacer. Nos muestra la historia de una bibliotecaria que acude a una pequeña isla canadiense para inventariar la biblioteca que una familia ha donado a la Universidad. Para ello debe permanecer durante un tiempo en dicha casa. Casa que se encuentra solitaria en una isla y que contará con un oso medio domesticado como única compañía.

Se trata de una novela con pocos personajes principales, apenas 2: Lou y Oso. Tampoco es que haya muchos secundarios: Homer, el tendero al que Lou tiene que acudir regularmente para aprovisionarse; Lucy, una anciana india que cuida del oso cuando no hay nadie en la isla; y los personajes que aparecen en los libros que lee e inventaría Lou: tanto la propia familia Cary, o famosos como Lord Byron, Trelawny o Brummell por ejemplo.
Nos encontramos con una novela tranquila que requiere una lectura pausada para ser disfrutada al máximo.
Realmente no sucede nada, salvo el tranquilo discurrir de los días en la isla, mientras Lou se va aclimatando a ella, va descubriendo nuevos libros, y se va acercando al oso.
Una tranquilidad que permitirá a la protagonista, disponer de la soledad necesaria para bucear en sus recuerdos y hacer examen de conciencia. Es por tanto una novela de corte introspectivo y, si bien es cierto que los paisajes agreste o boscosos de la isla no cobran demasiada importancia narrativa, Engel consigue que nos sintamos allí, rodeados de árboles, en una colina pedregosa y bañándonos en la orilla del rio.
Es esta soledad, supongo, la que hará que Lou se acerque de forma íntima al oso y la necesidad de atención la que producirá la reciprocidad del animal. Digo supongo porque, entre los recuerdos sexuales de Lou, el oso y Homer, no tengo claro si Lou está muy sola; es "de moral distraída"; o simplemente, goza de la libertad de cualquier ser humano para hacer lo que le venga en gana sin tener que ser enjuiciada por ello.
Lo único que me chirría un poco es la rapidez de intimación entre oso y nuestra protagonista. No rapidez en cuanto a la cronología del libro ya que, como he dicho, pasa al final, sino a la forma de narrarlo: no pasa nada y empezamos a pensar en el reclamo comercial y, de repente, ¡Zas en toda la boca! Lou está dirigiendo la cabeza del oso hacia su entrepierna.
Estas últimas 50 páginas hacen que la novela se anime mucho y cambie todo su sentido, pues nos encontramos ya ante una novela mucho más carnal y transgresora. Aunque, si tenemos en cuenta que fue escrita en el 76, una década después del movimiento Hippie, no lo sea tanto. Lo cierto es que para una sociedad, tan "mojigata" y puritana (o eso creo), como la norteamericana, tuvo que ser una patada en todo el orto, como dicen al sur de aquellas latitudes. Aunque agarra muy bien con ese movimiento  juvenil de amor libre.

"El oso no lo hizo, pero la fiebre menstrual lo volvió más diligente. Lou le tenía algo de miedo, pero ese miedo la embriagaba y atraía. Lo cogió del pelaje espeso que se le escurría entre las manos: intentó agarrarse al suelto pellejo, pero cuanto más profundizaba más profundidades encontraba, y le resbalaban las cortas uñas. Acunó en las manos los huevos grandes, peludos y asimétricos, jugó con ellos, los deslizó suavemente en el escroto mientras él la lamía. La polla no salió de su funda larga y cartilaginosa. Me da lo mismo, pensó, no pido nada. No tengo que complacer a nadie. Qué más da si no te excito, te quiero y basta."


Este es el momento en el que el corte introspectivo del libro cambia su sentido. Lou sigue recordando su pasado, pero cambia su forma de pensar, empieza a visualizar la libertad y la tranquilidad de la vida en la naturaleza , empieza hacer examen de su vida pasada y, si bien, toma al oso por su compañero ideal y lo busca insaciable, también hace un ejercicio de redención al saber que el oso la puede matar, como ella le pide en varias ocasiones.

"Oso -decía tentándolo-, sólo soy una humana. Desgárrame la fina piel con las zarpas. Soy frágil. Para ti es fácil. Escarba y arráncame el corazón, una larva bajo el tronco. Arráncame la cabeza, oso mío."

Las imágenes que nos muestra Engel, con Lou buscando la postura y el momento para ser penetrada por Oso (si lo conseguirá, o no, deberéis descubrirlo vosotros mismos) son claramente explícitos y podrían resultar obscenas para ciertas mentes menos liberales sexualmente hablando.

No obstante, se trata de una novela muy recomendable para cualquiera que guste de leer algo tranquilo, que le permita pensar y no ande buscando acción.
Es una novela, a mi modo de ver, exquisita y que recomiendo sin reservas, además, se lee fácilmente y, si lo acompañas con una copa de Nunc, echareis una tarde deliciosa.

Por cierto, lectores de 50 sombras de Grey y "cosas" así, a pesar de que los pequeños textos de la novela que he copiado os puedan atraer, absteneos,  OSO no es para vosotros.

domingo, 7 de febrero de 2016

Pioneros y Novellum

 Recientemente he cambiado de biblioteca pública a la que acudir para aprovisionarme de libros que cojo por casualidad al ojear entre las estanterías. A pesar de tener una pila pendiente en casa de cerca de 150 libros, me da por acercarme mensualmente a por libros que ni me he imaginado leer y, por tanto, la pila continúa igual que siempre, o más si cabe, pues sigo comprando religiosamente cada mes. 
El caso es que me di cuenta de que la biblioteca vecina es infinitamente mejor que mi habitual, y no sólo porque se encargan de renovar el fondo mensualmente, sino porque hay personal especializado en asesorar buena literatura en lugar de recomendar únicamente literatura comercial o no recomendar nada en absoluto y simplemente hacer las veces de recepcionistas.
Me aconsejaron leer a Willa Cather, a quien hace un par de años recuerdo haber tenido en el punto de mira al haber sido editado uno de sus libros por Impedimenta, pero al final no lo hice. Pues bien, las elogiosas palabras de S., uno de los bibliotecarios, me decidieron por coger Pioneros (aunque no era el libro que me había recomendado, pero la primera impresión me pareció que sería perfecto para empezar con Cather, pues parecía corto y fácil de leer).
Lo llevé para casa y me dije: " ya que voy a leer un libro de hace la torta de años, y que hace un par de años que pensé en la Cather, me voy a abrir el vino más viejo que tenga". Y dicho y hecho; cogí un Novellum de bodegas Rejadorada (10€), de la Denominación de Origen Toro, que tenía guardado desde el 2012 y que había comprado en un viaje de fin de semana a Zamora.
Mi impresión ha sido parecida con ambos, tanto con el libro como con el vino: buenos, pero podrían mejorarse.
En el caso del libro, tal vez esperaba otra cosa; en el del vino, tal vez no le he dado la mejor guarda y ha perdido propiedades. En ambos casos... tal vez.

Como podéis ver en la foto, la sobriedad de la etiqueta del Novellum, blanca y negra, contrasta con la multicoloreada portada de Pioneros, en una edición preciosa de Alba Clásica.
Se trata de un vino con crianza, embotellado en 2008, algo que se aprecia en el color del vino. Como es normal por los meses de envejecimiento, su color es intenso, una fuerte tonalidad picota muy madura con ribetes color teja y una lágrima densa en la copa.
El aroma, eh... NPI, pero al beberlo te sientes inundado por la complejidad sápida. Unos potentes taninos que te secan la boca, pero con una perfecta acidez que te hace salivar, quizás mucho más apreciables los primeros que lo segundo debido a la vejez del vino. La boca se inunda de fruta madura en la que se aprecian sabores a cereza, ciruela, regaliz y un pequeño toque final a cacao que pesa en la boca ( incluso me recordó a la castaña asada, y aquí, he de decir, que flipo, porque probablemente se trate más de que me retrotrajo al invierno y al recuerdo de comer castañas calentitas en un atardecer frío, no a la percepción del sabor en sí, así que no me hagáis caso. Cada uno tiene sus recuerdos, ¿no? ¿Pero acaso no forman parte estos personales recuerdos de las impresiones recibidas en en cuanto a sentidos se refiere?). Desde luego no puedo decir que sea refrescante, sino maduro, y se aprecia el cuerpo del vino en la lengua, que te pide algo de acompañamiento sólido.
Tal vez no sea el mejor vino para narrarlo con Pioneros pues es bastante intenso, mientras que Pioneros en más flojo de lo que esperaba, o al menos lo es en la distancia corta pues, rebuscando bien, se ve que presenta un cuerpo con mucha fuerza pero que, en mi caso, no ha sido suficiente para convencerme por completo.
Pioneros narra la vida de una familia de emigrantes suecos en la inhóspita Nebraska de finales del XIX cuya hija mayor, Alexandra, quedará a la cabeza de familia tras la muerte del padre. Se trata de una vida dura, la de los colonos europeos llegado a Norteamérica.
Alexandra se enfrenta no sólo a la dureza del terreno sino también a la de las mentes tradicionalistas y anticuadas que consideran que el papel de la mujer es secundario, o terciario si me apuras, al del hombre. A pesar de todo, Alexandra conseguirá sacar adelante a su familia, e incluso hacer que prospere cómodamente.

Willa Cather escribe realmente bien, con ese estilo literario que hace que parezca que se trata de una literatura muy sencilla cuya complejidad resulta fácilmente observable en lo que no se cuenta.
Y es este punto, el de la elipsis narrativa, el que para algunos será el punto fuerte de la novela y a mi, en cambio, me ha parecido el débil, el que me ha decepcionado. No quiero decir que no me guste como está hecho, sino que esperaba conocer más.
La novela está estructurada en tres partes, cada una de ellas separada de la anterior por un período cercano a los cinco años. Tiempo más que suficiente para que hayan sucedido cosas importantes; cosas que se nos contarán de pasada pero, claro, nos perderemos el meollo de la cuestión ,esos años de incertidumbre, de dureza en el que la familia progreso y consiguió todos sus logros. De tal modo que se pasa de un período de total incertidumbre, con tan sólo una idea en el aire, a otro en el que la familia es ya una de las más ricas del pueblo, y pese a que todo esto se entrever y no es difícil imaginarlo, habría estado bien entrar algo más en detalle.
Sobresalen muchos detalles de la pluma de Willa Cather:
- Por un lado se aprecia su pasión por la naturaleza y el espacio geográfico, convirtiéndose este en un personaje más de la historia; el personaje omnipresente por encima de todos los demás que siempre está ahí para demostrar su dureza y que únicamente admite ser domeñado por la inteligencia creativa y biosaludable. Personaje principal y agobiante al estilo de los grandes autores americanos del siglo pasado como Faulkner o Caldwell por ejemplo.
- Por otro lado se observa su lado más humano y feminista, al mostrar las injusticias que sufren las mujeres, así como su fuerza interior y hacer de Alexandra el caballo de batalla que arrostrará consigo la suerte de una familia y que, a pesar de todo, su propia familia no se lo reconocerá. De hecho, los mejores momentos de la novela son aquellos en los que las mujeres son parte única de la escena y se sienten completamente libres para hablar y recordar tiempo pasados.

La obra entera está perfumada con el aura de dureza que les tocó vivir, pero esta narrado de forma tan sutil, y las elipsis están tan bien medidas, que parece que todo sucede solo, sin el esfuerzo de nadie.
De este modo nos encontraremos metidos en una novela de superación, tanto desde el punto de vista social, como del personal e individual y, al mismo tiempo, en la segunda parte se empieza a advertir la transformación de la historia en una oda de amor, y la tercera, en una tragedia en la que cobra vital importancia el hermano pequeño de Alexandra y que nos muestra lo ciega que está a todo lo que no sea el bien de la familia en general, olvidando lo individual pues, esta tragedia, se ve venir a años luz para los lectores que, evidentemente, lo vemos todo desde un plano omnipresente.
Así, esta superación de la que hablo a nivel individual se encuentra marcada sobre todo en la segunda parte, en la que Alexandra tendría que soportar la injusticia de tener 40 años, haber dedicado toda su vida a los demás y no recibir el menor crédito. Es esta la parte con mayor carga reivindicativa por parte de la autora, que manifiesta claramente su opinión al afirmar que las mujeres fueron una parte muy importante, si no la mayor en la colonización americana.
Es una historia de personajes bien creados y, ahora que lo pienso, que casan muy bien con el vino que he escogido. Un vino potente para una tierra dura y solaz; unos protagonistas rudos para un vino maduro que seca la boca; un vino de matices complejos pero con un buen fondo, como la protagonista de esta novela, que lucha contra viento y marea y guarda su corazón en un cofre.

A pesar de los aspectos negativos que, para mi, tiene la novela, y los positivos, que son muchos, Willa Cather nos ofrece un canto al futuro, pero sin olvidar el pasado. Un canto de esperanza, truncado hacia el final por la tristeza y el abandono pero que nos intenta mostrar que no se debe olvidar de donde venimos cada uno.
Es evidente que se trata de una novela costumbrista al uso, pero más que interesante. Realmente buena y fácil de leer pero que no me ha terminado de convencer, esperaba mucho más, pero que me deja claro que se trataba de una autora valiente, con las ideas muy claras y que me anima a leer algo más. De hecho ya tengo pensado el qué.

Añado ahora que hace un par de meses que terminé esta novela y mejora cada día más en mi mente.

martes, 18 de noviembre de 2014

El unicornio

El unicornio es el primer libro que leo de Iris Murdoch. Guiado por la sinopsis de contraportada, la cual me indujo a pensar que me encontraría ante una bella historia gótica de misterio fantasmal (a día de hoy, no sé en que parte del texto resumen fui capaz de entrever esto). No ha sido así y, si bien he de decir que está maravillosamente escrito, desde luego no ha sido lo que esperaba.

Una joven institutriz cuyo futuro laboral ve un tanto incierto, y que alberga cierta frustración en el terreno sentimental, decide aceptar una oferta de trabajo.
El puesto la sitúa en un paraje solitario en la costa inglesa. En una zona que, según los mapas, parece alejado de todo y abandonado en el tiempo. Pese a todo, la oferta le parece una oportunidad que no puede rechazar. Tal vez le aporte una experiencia profesional insustituible, y la separación de su pareja, la ayude a centrar su vida y fijar sus prioridades. Lo único que no sospecha es que su alumnado no será infantil, sino la propia señora de la mansión.

La soltura narrativa de Iris Murdoch me ha dejado patidifuso. Nos encontramos ante un estilo, limpio, completamente transparente, que nos lleva en volandas de una frase a la siguiente; muy sencillo de leer, pero que encierra una gran calidad estética. En cada palabra se aprecia que Murdoch era una escritora perfeccionista que no pegaba puntada sin hilo. Pese a ser tremendamente ágil, se observa una clara tendencia a la elegancia y a la corrección formal.
Al principio de la novela parece entreverse un cierto aire de misterio que lo hace interesante en su contenido. El misterio que encierra a Hannah nos hace creer en algún aspecto gótico pero, en poco tiempo, esto se aleja de nuestra mente al percibir que el misterio en cuestión no es otro que una historia de amor y violencia marital. Tal vez, como consecuencia de infidelidades y celos o, tal vez (y también) por causa de tratarse de un matrimonio inglés cerrado y clasista que debe mantener las apariencias y ceñirse a estrictas normas incomprensibles para la gente normal.

A pesar de esta trama que, ya digo, no es la que esperaba, la novela gana mucha fuerza en el terreno descriptivo. Nos hallamos ante una novela de personajes, de profunda fuerza y que atraen hacia sí toda la carga narrativa, por encima de los devenires de la historia.
Todos los personajes, sin excepción, presentan una fuerza arrolladora, e incluso los que aparecen tan sólo mencionados allende los mares, son capaces de despertar emociones. Dependiendo de la experiencia de cada cual, empatizaremos más con uno u otro, amaremos u odiaremos más a éste o a aquella pero, me atrevo a aventurar que difícil será si los sentimos tal y como Murdoch los pensó, pues nos encontramos ante una doble realidad. Aquella a la que juegan los personajes haciendo que la escena siempre esté entreverada, con las frases a medio decir y las imágenes a medio mostrar, que consiguen el efecto de mantener la tensión constante; y aquella otra, metafórica, en la que la tensión, las emociones, los miedos, el mundo exterior y el sentido de la culpa narran la verdadera historia que subyace bajo la trama, pues me he visto ante una novela de una potente carga simbólica en la que la expiación de los pecados, el sentimiento de culpa, es capaz de nublar el juicio del ser humano, obsesionándolo consigo mismo y encerrándolo en un miedo eterno al exterior. Un miedo que crea un mundo insólito y particular. Extraño, pero hermoso a la vez.
No puedo olvidar mencionar el castillo de Gaze. Ese castillo que se alza imperturbable sobre las personas como un avatar ominoso y guardan de los secretos en los que se desarrolla toda la novela. De nuevo, y como sucede en la novelas en las que la descripción del entorno y el ambiente generado priman sobre la aventura y la acción, el castillo se convierte en un personaje más, que dota de sentido la existencia de Hannah y la novela.

En definitiva, otra novela que recomendar de Impedimenta. Una más de tantas. Reconozco que tal vez me haya defraudado un poquito en lo que esperaba, pero su lectura ha resultado altamente satisfactoria y no puedo sino alabar el estilo de Iris Murdoch, quien me ha parecido una autora de una brillante inteligencia y una pluma exquisita.

martes, 16 de septiembre de 2014

El país imaginado

No tenía ni idea de que iba este libro. Estoy cansado de decir que me gusta mucho Impedimenta pero este El país imaginado no estaba entre mis futuribles pero, lo vi cortito, y lo cogí prestado en la biblioteca. Oh, que gran sorpresa. Me ha gustado mucho más de lo que esperaba. De nuevo, un libro del que no he oído hablar, no me defrauda sino que me sorprende.

El país imaginado nos cuenta la historia de la pequeña Ling, de 14 años, quien admira a la joven Xiaomei, hija del comerciante ciego Fei Hong.
Xiaomei se convierte en un símbolo de la feminidad para Ling y no entiende que su hermano no se enamore de ella.
Finalmente, los hermanos se enamorarán, pero en ningún caso de quien esperan sus padres que, obligados por la tradición y la superstición, tienen otra visión de las cosas.
Ling se siente además apoyada por las visitas que recibe de su difunta abuela desde el país imaginado de los muertos.

Como ya he dicho al principio, El país imaginado me ha sorprendido gratamente.
Eduardo Berti nos presenta una historia escrita con mucha sensibilidad en la que podemos observar el choque entre la mentalidad de una adolescente y las tradiciones impuestas por una cultura ancestral.
Berti escribe de una forma tranquila y elegante que hace querer avanzar y, en mi caso, te hace sentir relajado. No sé, ha sido una sensación rara. Me ha hecho sentir arropado, abrazado por las palabras.
Los primeros capítulos son los relacionados con la muerte de la abuela. Muerte que actuará a modo de hilo-guía de toda la novela, pues se aparecerá a Ling desde el imaginado país de la muerte y le dará consejos a través de sus palabras.

Los personajes resultan muy bien hilados. Tanto Xiaomei como Ling son personajes sensibles y bien construidos. En el caso de Xiaomei, se trata de un personaje tímido, que inspira cariño y ternura. Ling, en cambio, representa la frescura de la inocencia. Nos aporta un personaje de crecimiento. Ling inspira confianza a la vez que sensibilidad y, a través de sus ojos, podemos percibir el avanzar del pensamiento racional de una niña en una sociedad constreñida por las supersticiones y las tradiciones milenarias.
Ling tiene, además, un hermano ya en etapa juvenil cuyo estilo de vida, pese a estar también retenido por las tradiciones, es más alocado e independiente, como es lógico a su edad. Por un lado tendrá suerte pues se enamorará de una muchacha cuyo casamiento interés a su familia, pero una enfermedad acabará con ella. Esta desgracia hará que este muchacho se convierta también en el protagonista de la escena más macabra y aterradora de la novela: el casamiento con la difunta (¡OJO!, que ya os veo correr para leer esta escena. Macabra y aterradora por lo que representa, no por la forma de narración).

La relación entre Ling y Xiaomei es cada vez más estrecha, hasta el punto de que Ling quedará prendado de ella. Su relación se tornará todo lo cercana que puede estarlo una relación entre dos jóvenes sin que exista contacto carnal aunque, en cierto momento, Xiaomei parecerá sentirse interesada por el hermano de ésta.
Finalmente, y de nuevo ligado a la tradición, las vidas de los tres personajes principales tomarán derroteros distintos, y cada uno de ellos será obligado a casarse por interés con alguien a quien deberá respetar y acabar amando.

La historia está narrada por una Ling adulta, lo que le añade calidad a la historia pues no serán tan sólo los sentimientos de una niña deslumbrada por un amor, sino que se añadirán las impresiones ya objetivas de la mujer adulta en que se ha convertido y con el paso del tiempo y experiencia ha podido pensar en ello.

De nuevo Impedimenta nos trae una magnífica novela cargada de profundidad y de ritos ancestrales. Una novela, de verdad, cargada de sensibilidad y ternura que me ha sorprendido y encantado.
Se lee de un tirón y está muy bien escrita. Hay mucho que leer a pesar del pequeño número de páginas que soportan la historia, por tanto, no puedo hacer otra cosa que recomendarla.
A mi me ha servido para conocer al argentino Eduardo Berti, de quien no sabía absolutamente nada.

martes, 29 de julio de 2014

Entre extraños

Segundo libro que leo de la extinta colección fantástica de RBA. El primero, Osama, no me gustó. El segundo, me ha dejado un regusto agridulce. 
Me gusta Jo Walton. Me gustó con Garras y Colmillos y me encantó con El círculo de Farthing. Con Entre extraños se adentra un paso más en los límites entre los géneros, consiguiendo una novela muy difícil de encasillar, y que alcanza cotas de alta literatura. 
Pero pese a estas palabras de alabanza no puedo decir que todo sea oro. Me he quedado entre el sol y la sombra, pues me ha gustado mucho, pero reconozco que se me ha hecho muy cansina también.
¿Incongruente? Tal vez, pero de todo hay en la viña del Señor.

Morwenna, Mor, es una adolescente que ha tenido que huir de su madre.
Tras el enfrentamiento de Mor y su hermana gemela (también llamada Mor), con su madre, una malvada bruja, como la define Mor, nuestra protagonista saldrá malparada, con un bastón que deberá llevar de por vida, mientras que la peor parte se la llevará su hermana, que acabará muerta.
Morwenna huirá de su Gales natal para refugiarse en Inglaterra, en casa de su padre, Daniel. Un padre a quien hace mucho que no ve y apenas recuerda. Allí convivirá también con sus tías (brujas también, según ella), y será internada en el colegio apea señorita de Arlinghurst, donde deberá estudiar para sacar provecho de su vida.
Es en este ambiente donde nos encontramos con una niña que se siente diferente a todos y se encuentra completamente rodeada de extraños.


Nos encontramos ante una novela ampliamente galardonada, de la que se ha escrito mucho ya y que, evidentemente, ha generado mucha controversia, pues son tantos los admiradores como los detractores. No se si merecerá tanto premio pero no puedo ignorar que se trata de una novela de gran calidad.
Walton escribe meticulosa y elegantemente, de forma concisa y serena, cayendo (para mi gusto) en algún momento, en una excesiva frialdad.
Estructurada a modo de diario, cada una de las entradas nos muestra la vida vista desde el cristal por el que mira su narradora, Morwenna. Una narradora que resulta difícil creer en la fidelidad d ellos hechos que narra. Una muchacha retraída, objeto de burlas por parte de sus compañeras, en virtud de su acento y de sus diferentes gustos, pero avanzada para su edad, pues parece haber vivido experiencias muy especiales.
Morwenna se siente entre extraños, ya sean estos sus tíos, sus compañeras de escuela, o los libros que va leyendo, pues Morwenna es, ante todo, una lectora voraz, de esas que todos aquellos que disfrutamos con la lectura quisiéramos ser. Una friki la llamaríamos hoy día a tenor de la pasión que siente por la ciencia ficción.
Una ciencia ficción que iremos recorriendo con ella a través de sus entradas, pues gracias a los prestamos bibliotecarios y a las librerías, Morwenna dispondrá de continuos libros para leer que nos irá indicando, al tiempo que sin pelos en la lengua aportará sus opciones aceda de autores como Tolkien, Samuel R. Delany, Hainlein, Le Guin, y un largo etcétera. Opiniones y gustos que imagino corresponden con los de la autora de la novela.
Es por ello que no yerran quien consideran esta novela como un catálogo de la literatura de ciencia ficción de los 60s y 70s, pues al acabar su lectura habrán pasado por sus páginas más de 150 novelas de género.
Y es en este punto donde te paras a pensar "¿tiene razón sobre Heinlein? ¿Y sobre Dick? Bueno, yo no lo habría visto así pero, en realidad ¿Qué es lo que yo he leído? Esto es la historia de la Ci-Fi y no he leído casi nada."
Me he sentido en este aspecto muy identificado con la protagonista, pero no cuando yo tenía su edad, sino ahora, cuarentón de pro. Es ahora cuando ansío soledad y tranquilidad. Cuando busco la palabra escrita y me acongojo ante la enormidad de páginas que pueblan un mundo que sólo quiero conocer a través de ellas. Un mundo, otros mundos, muchos otros mundos.

Pero Mor tiene otra faceta más, la mágica, pues dice poder ver y comunicarse con las hadas. Dice poder hacer magia a través de hechizos tan sencillos como caprichosos, pero que en casi todos los casos son perfectamente explicables sin recurrir a la magia.
Hadas y magia que tan sólo ve ella y que Walton se encarga de describir a través de neblinas de ahumadas que ofuscan nuestra mente y resultan confusos hasta el punto de no tener claro si todo es tan real como Mor lo cuenta o si no es más que la fantasía de una mente adolescente enajenada y ansiosa por vivir una vida plena y con sentido más allá del ordinario.
He aquí donde se encuentra uno de los puntos fuertes de la novela, pues Walton nos mantiene siempre en la duda. Nunca se tiene claro si la propia historia de Mor es real o fruto de la situación que vive, pues no olvidemos que lo que realmente se esconde detrás de esta novela es el crecimiento de Mor, el ascenso a la madurez tanto física como mental de una muchacha impedida físicamente en un ambiente poco familiar, rodeado de extraños y encerrada en su propio mundo en virtud de sus diferentes gustos.
Un crecimiento en el que veremos sus claros ideales que la convierten en madura para su edad, asistiremos al despertar de su apetito sexual, a los celos de adolescencia, y a la alegría d encontrar alguien con quien compartir aficiones, alguien que te hace no sentirte tan solo en el mundo.

Se me acaban las palabras, y probablemente me quede algo en el tintero, pues he tardado muchos días en escribir la reseña y algunas ideas que me han recorrido la bóveda craneal las he perdido por no apuntarlas pero, sobre todo, algo que no he mencionado hasta ahora es lo que real, realmente constituye el alma de esa novela, que no es otra cosa más que un sincero agradecimiento al mundo del libro: bibliotecas, librerías, sistemas de préstamos, autores, pero por encima de todo, a nosotros, los lectores, sin los que no existiría este maravilloso y exclusivo universo. A todos los lectores, es cierto, pero está claro que en especial a aquellos aficionados a la ciencia ficción.

Ahora, leyendo lo que he escrito a posteriori, me doy cuenta de que tal vez haya mostrado más entusiasmo del que pretendía en un principio. Ello es debido a que, si bien es cierto, la novela no me ha llenado del todo, si que ha ido calando en mayor medida según sido pasando el tiempo y se ha aposentado en mis recuerdos. Tal vez por ello esta reseña parezca mucho más efusiva de lo que en realidad lo siento.

¿Recomendarla? Sí, la recomiendo pero con reservas. No es para todo el mundo y no tengo claro a quien va a gustar. Creo que a pocos que busquen ciencia ficción o fantasía.

sábado, 5 de abril de 2014

Lulu

Volvemos con Impedimenta, y volvemos con  Cărtărescu. Editorial que me encanta. Autor que me fascina.

Víctor, un escritor de 34 años se encuentra en un momento de reflexión que lo ayude a encauzar su vida. Para ello nos narra los días que vivió en un campamento juvenil a la edad de 17 años. De entre todos las experiencias vividas, cobran especial importancia las protagonizadas por Lulu, un muchacho vivares y burlón que se disfraza de mujer y acosa la realidad y el sueño de Víctor. Esta experiencia lo marcará para siempre, y será el fundamento de toda su existencia futura.

Mircea Cărtărescu es otro de esos autores que he conocido recientemente. Y me flipa, no puedo negarlo. Después de leer El ruletista, no podía dejar pasar Lulu, y después de leer Lulu, no he podido evitar comprar Nostalgia, ni Las bellas extranjeras.
Si el ruletista es una novelita con un cierto punto a realismo mágico y que visitaba emociones encontradas, en Lulu nos las vemos con cierto toque onírico que socava la realidad, y con un experimento literario que busca ahondar en el interior de cada uno, en la raigambre del infierno particular de cada cual a fin de conocerse realmente.
Cartarescu nos ofrece, como siempre, un lenguaje meticuloso, descriptivo, en ocasiones incluso barroco pero muy cuidado, que nos impulsa a seguir.  De hecho fue su estilo lo que me animó a continuar leyendo pues, al principio, la historia no me convencía, no le encontraba nada especial en lo que el autor quería contar hasta que, llegado a la mitad de la novela, había caído rendido, estaba completamente maravillado y realmente no sabía lo que me hacía sentir, tal vez porque todos hemos pasado por una edad y una historia parecida a la de Víctor; todos hemos sido adolescentes, nos hemos sentido fuera de lugar y hemos descubierto el mundo de los adultos; o tal vez, por que la novela va envuelta en un ambiente onírico, una neblina reinante que te va acompañando, adormeciéndote los sentidos hasta explotar en un final catártico en el que sientes que esta novela es UN NUEVO COMIENZO.

Lulu es una novela intimista en la que un suceso traumático de la adolescencia (para Víctor, claro. Cada cual tendrá el suyo que, en definitiva, y en lo más hondo, produce unas secuelas parejas a las del protagonista) que hace que la vida futura cobre un sentido basado en el pasado, y es éste pasado el que se ha de exorcizar para conocerse realmente y continuar siendo uno mismo, pero renovado.

Con un elevado grado de detalle de los hechos (demasiado quizá para mi gusto, dado que se trata de rememorar vivencias de 17 años atrás y, como me gusta recordar, la menoría no siempre es tan fidedigna como creemos), y muy pocos diálogos, Cărtărescu nos mete en la mente de un muchacho alejado del resto, atípico socialmente, extraño y muy maduro para su edad, que en lo único que piensa es en la obra literaria que un día lo convertirá en famoso. Hecho este que lo convierte en objeto de las burlas de sus compañeros y lo aleja aun más de estos. Y nos deja ver a Lulu, un muchacho, un ente quizás omnipresente que pulula por la novela y puebla los sueños de Victor, acosándolo y no dejándolo vivir tranquilo. Un persona que aparece y desaparece cual fantasma y que en ocasiones nubla la mente del lector dificultando la percepción de la realidad.
Dos personajes contrapuestos que nos acercan a la adolescencia ambivalente y plural que realmente existe y que resulta fácil reconocer.

En definitiva, Lulu es una gran novela y, a mi juicio, Cărtărescu un grandísimo escritor.
Lo que sí tengo claro, es que esta novela no dejará indiferente a nadie. Puedes adorarla u odiarla. Puedes reír o llorar. Puedes querer releerla o desear no haberla leído pero, seguro, con total certeza, nunca la olvidarás.

Gracias Impedimenta por esta novela pero, por favor, ¡córtate un poquito en los precios!
Sobre todo, ¡Gracias, Cărtărescu!

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