lunes, 27 de junio de 2016

Todo en blanco y negro

Me encanta la literatura japonesa, pero hay tanta y tanta literatura de otros países que también me interesan, que no leo toda la japonesa que me gustaría. Por eso cuando vi en la biblioteca del barrio el pequeño volumen de Takiji Kobayashi, a quien nunca había leído, y observé un poco su biografía por encima, no dudé en cogerlo para conocer el motivo que había asustado tanto a las autoridades japonesas con respecto al autor y al libro en cuestión.

Como vino, en esta ocasión os hablaré de Corucho, un vino de la zona de Cadalso de los vidrios que me regalaron por mi cumpleaños y cuya etiqueta hacía juego con la portada de Kanikosen. Ese fue el único motivo por el que lo elegí para que formase pareja literaria.

Kanikosen es un librito de apenas 150 páginas que nos describe la experiencia de los trabajadores de un pesquero-factoría en alta mar. La pesca buscada en cuestión son los grandes cangrejos del mar de Kamchatka, y el temporal en alta mar obliga a los trabajadores a enfrentarse a circunstancias extremas aunque, sinceramente, no tan extremas como a las que los somete el representante de la empresa para la que trabajan.

Kobayashi escribe realmente bien, sin ambigüedades ni cortapisas. Va directo al grano y dice lo que tiene que decir sin importar la crítica ni a quien vaya dirigida y, visto lo visto, dadas las consecuencias, con una valentía tremenda al enfrentarse al régimen nacional imperante en Japón.
Entiendo que esta narración asustase al régimen, pues intenta crear un pensamiento crítico en la población, ofreciéndoles la oportunidad de ser entes individuales y libres, algo contraproducente para la maquinaria de producción japonesa que trata a los trabajadores como meros eslabones de una cadena en aras de una producción imparable y de unos beneficios económicos para los de siempre, aunque se esconda en la virtud del orgullo nacional.

Kobayashi nos muestra al colectivo pesquero y entiendo que, lo hace extensivo al resto de la población, como un grupo de personas totalmente subyugadas por los valores nacionales y que, con la ayuda de los rusos, comienzan a entender el concepto de proletariado.
Reconozco que me ha defraudado un poco la situación de la novela. Esperaba otra cosa, no sé, la acción revolucionaria de los trabajadores contra la opresión y la acción a nivel literario que se desprendiera de estos hechos; la descarga de adrenalina y de satisfacción personal al lanzar por la borda al opresor. Pero no ha sido así.

No sé que me sorprende más: si el grado de deshumanización a que llega el representante empresarial; el grado de des-implicación o desvinculación por parte del capitán del barco; o la falta de autoestima y el grado de sometimiento al que llegan los trabajadores.
Bueno, si lo sé. Lo primero y lo segundo lo presupongo: uno es capaz de llegar a cualquier cosa por su patria-empresa, su beneficio, sus objetivos personales; el otro, está tan sometido como los demás, pues su contrato está supeditado a la empresa, pero tiene cierto poder de decisión que no ejerce por miedo. 
Realmente lo que más me sorprende es la falta de fuerza del grupo. pese a reconocer los hechos como reales, me cuesta aceptar que se llegue al nivel de sometimiento y esclavitud al que llegan los trabajadores, que sean capaces de aguantar tantas vejaciones.
Es cierto, hay un conato de rebeldía pero que se aborta rápidamente por el capataz.
Hay un momento en que se lo ve realmente asustado pero, ¿y qué? todo se diluye y vuelve a tener la sartén por el mango, una sartén ardiendo que estampa en la cabeza de cualquiera, y ve como lo rodean cientos y, en lugar de abatirlo, todos se agachan.

Me ha dejado frío. Esperaba el levantarse de los trabajadores, pues me parece insufrible lo que soportan. Vale, no es comparable, pero quizás se podría trazar un paralelismo con la situación actual: la mayoría permanecemos amodorrados en nuestro sillón a no ser que lo que está sucediendo nos toque directamente y de lleno. Bueno, y tras la distopía que estamos viviendo tras el fin de semana, cada vez lo tengo más claro, este es un libro ideal para los españoles, cuanto más nos roben mejor. Pues entonces, seguro que también aguantaríamos tanto como los pescadores del Hakku- Maru. Ya dudo de todo.

Me estoy calentando, y empiezo a dejar píldoras de pensamiento que no corresponden a este lugar y con las que mucha gente no estará de acuerdo (me la pela). Mejor voy a parar y me enfrío comentando el vino.
Corucho que, como ya he dicho, se empareja bien con la portada de Kanikosen, es un vino elaborado con cepas viejas de uva garnacha. Es un vino de las bodegas Luis Saavedra, de la D. O. Madrid. En concreto la añada que yo probé es la de 2011 y su precio es de alrededor de unos 7 euros y medio.
En copa podemos observar un color cereza madura con ribete púrpura rojizo y una capa alta y densa.
Tiene una entrada fuerte en boca, con cuerpo y carácter. Se percibe el gusto de la fruta madura (cereza, mora y ciruela negra en compota). Es un vino sedoso y ligeramente glicérico con taninos maduros pero elegantes.
Deja un regusto amargo, como a endibia o achicoria, al final. Es un vino que mejora más y más con cada copa.
No tengo claro si me gusta del todo, aunque me parece un vino complejo y muy interesante.
Os recomiendo que lo probéis aunque imagino que no será del gusto de todos.

Bueno, recordando el vino ya me he relajado, volvamos al libro.
Es cierto que hay que tener en cuenta el momento en que fue escrito. Japón era una potencia orgullosa y herida, y el comunismo comenzaba su andadura triunfante en la Unión Soviética. Entiendo que los ánimos del pueblo llano estaban exacerbados y los rusos constituían los maestros perfectos para un cambio de rumbo en la ideología del país pero, está claro, que la ideología de las masas no era, es, ni será, la de los altos estamentos.

En esta novela se capta sobre todo este aroma. La flama nacional invade el barco dogmatizando a los trabajadores en aras de una responsabilidad y orgullo patrio, mientras que estos aguantan y aguantan. La mecha se enciende pero se corta antes de llegar al explosivo.
Duro y veraz, lo sé, pero me cuesta comprender este sufrimiento (en un pueblo en teoría libre, se entiende). Por eso no me ha gustado el libro tanto como esperaba. Quizás con el tiempo,  madurándolo en mi mente...

Al menos si conseguí el objetivo que me propuse: conocer el motivo de la inquina hacia el autor. Lo entiendo perfectamente. Kobayashi suponía un peligro claro para el establishment. Su novela fue un éxito que no pudo disfrutar mucho: "presuntamente" la policía japonesa lo torturó y asesinó dos años después en 1933.
El motivo de su muerte es más que evidente e injusto y contra toda libertad de expresión, opinión y crítica. Lo hemos visto a lo largo de la historia e incluso, recientemente ¿no?


Para concluir decir que ambos son buenos: libro y vino, pero ninguno me ha convencido del todo.

jueves, 16 de junio de 2016

El monstruo que viene a verme utiliza la magia del dragón

Hacer esta reseña me ha costado más de la cuenta, pues no sabía como hacerla sin spoilers a cascoporro. De hecho sólo con la sinopsis que yo pondría ya estaría contando la novela, así que esta vez me limitaré a poner el texto de contraportada.

Siete minutos después de medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de su pesadilla, esa que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el tratamiento, ese sueño tenebroso de la oscuridad y el viento y los gritos...
Este monstruo es algo diferente, antiguo... y quiere lo más peligroso de todo: quiere la verdad.

Desde luego mucho más romántico y misterioso que el resumen que yo habría hecho: con apenas dos líneas habría destripado la novela a cualquier posible pretendiente. Por eso, aviso, no soy dueño de mi a partir de ahora, los spoilers me resultan incontrolables en esta novela.

Pero tranquilos... que aún queda para llegar a ella. Seguro que ya estabais dando saltos de alegría: "Hurra, este tío se ha olvidado del vino, ¡celebremoslo!" Pues no, no me he olvidado, pero quería avisar de la complicación de esta reseña antes de nada.

El vino elegido le viene al pelo pues me ha gustado casi tanto como la novela. Se trata de un vino de la D. O. Costers del Segre, en concreto Drac Magic (6€) del año 2012 y cuyo productor es el bodeguero Tomás Cuisiné.
Un vino con un grado alcohólico de 14 y elaborado a partir de un coupage de uvas tempranillo, garnacha y samsó. Una maravilla de vino.
Visualmente es muy bonito, con un color cereza granate brillante y un ribete purpúreo casi azulado que deja pasar algo de luz a su través, dando unos reflejos violetas muy bonitos y con una lágrima densa que cae lentamente.
Al probarlo (ya sabéis que no voy a describir mis percepciones olfativas) la boca se llena de fruta madura con tendencias a frutas del bosque. Es un vino muy bien equilibrado con taninos maduros y golosos que llenan la boca y la secan invitando a beber más. Un vino untuoso, con cuerpo y de postgusto largo y dulce con un final ligeramente balsámico. Resulta muy interesante y exótico.
Es un vino para experimentar y jugar. Ideal para acompañar asados por su untuosidad, pero también para arroces, pollos a la parrilla e incluso algo agridulce o ligeramente picante tipo thai. Es un vino con el que me atrevería a comer algo exótico y afrodisiaco. Recomendado 100%.

Ante una recomendación tan entusiasta, el libro tiene que ser igual de bueno, está claro. Puedo reseñar un libro bueno y un vino no tanto, pero al revés no tendría sentido; al fin y al cabo, este es un blog literario.

Un monstruo viene a verme es un libro que entra directamente por los ojos. La edición es preciosa y las ilustraciones interiores a tinta, en parte me recuerdan a la antigua técnica de soplar la gota de tinta china y ver los trazos irregulares que iba dejando sobre el papel, son una autentica maravilla.
Si a eso le sumamos una edición en formato reducido y con una tipografía bonita, cómoda y de tamaño perfecto, empiezas a leer y la historia entra por si sola, como el vino.
Antes de que te des cuenta vas por la página 100 y por la tercera copa.

Patrick Ness escribe un cuento cogido de una idea original de la escritora Siobhan Dowd, fallecida de cáncer de mama en el 2007, y consigue una historia preciosa. Previsible desde la primera página, pero preciosa.

                                                                            El estilo de Ness es mesurado, tranquilo, pero contundente y muy realista de acuerdo con la historia de fantasía que pretende contar. Parece más un hecho real que una novela. Así de bien escrita está.
De tal modo que la llegada del monstruo, siempre a las 00:07, y las tres historias que ha de contar a Conor antes de que este le cuente a su vez su propia historia no hacen sino incrementar la belleza y la madurez de la narración. Madurez que, evidentemente proviene de la inmadurez y negación de la realidad, y hasta aquí puedo leer, y quizás haya sido demasiado.
Poco a poco, o muy rápido en realidad, la historia avanza, y los personajes que aparecen (los pocos) están realmente bien construidos, y sus credibilidad es pasmosa, tanto los humanos como el monstruo, y Ness consigue que epaticemos con ellos. Con unos más que con otros, claro, pero lo consigue.
Nos encontramos ante un relato de evolución personal. El viaje de Conor a través de sus miedos ha de completarse para llegar a crecer y afrontar la realidad: la verdad que le pide el monstruo. Monstruo que será el vehículo de conocimiento y desarrollo personal para este adolescente que se deja humillar para huir de la realidad.

Como he dicho, el desenlace es evidente desde el principio y, aun así, no he podido dejar de leer. Ness crea una historia irresistible. Tal vez haya quien crea que peca de ñoña, yo no, a mi me parece perfecta. No puedo ponerle ni un solo pero.
De hecho, he de confesar que, aun teniendo claro como acabaría la novela, ha sido tal el grado de compenetración con los protagonistas, que he llorado como un niño chico.
De hecho, pretendía que lo leyese mi hijo y, finalmente, he decidido dejarlo para más adelante; ya tendrá tiempo de sufrir.

No puedo decir más, pese a que rellenaría hojas y hojas, pero seguro que la cagaría más aún de lo que ya lo he hecho.
Os animo a leerlo sin tardanza. Más ahora, que empiezan a anunciar la película.

Una novela previsible pero emocionante, intensa, fantástica y, sobre todo, conmovedora.
Drac Magic, recomendado 95%.
Un monstruo viene a verme, recomendado 120%.

sábado, 4 de junio de 2016

No hay Espadachinas sin Armas (de guerra)

Hacía mucho que no leía nada de Robert E. Howard, y como tengo 3 pequeños libritos editados hace unos años por Biblioteca del Laberinto cogiendo polvo en la estantería, decidí que ya era año de leer alguno de ellos, por aquello de no tirar el dinero gastado, más que nada.
Así que decidí empezar por Espadachines, un tomo con historias de tres grandes mujeres de la bibliografía del genial escritor texano. De las tres, tan sólo creía conocer a Sonya la Roja, pero he visto que no ha sido como esperaba.
Preparado para enfrentarme a combates sin cuartel y a una lección de espada y brujería, pensé que el nombre del vino Armas de Guerra le veía que ni pintado. Un vino con uva Mencía, de la D. O. vinos del Bierzo.

El presente volumen nos ofrece cuentos de 3 damas, supervivientes y guerreras: la francesa Agnes de Chastillon; la pirata Helen Travel; y la mercenaria Sonya la Roja.
No puedo decir otra cosa salvo que me ha sorprendido la frescura y el buen hacer narrativo de Howard. Esperaba algo menos elaborado, más al estilo del Conan apresurado y rugoso cuyos combates son universales y apasionantes pero, no. Me he encontrado con tres cuentos de un Howard medido y depurado que ofrece mucha importancia a los personajes, proporcionándoles un carisma y fuerza muy interesante.
Es cierto que se ven elementos comunes en los tres: Howard presenta a personajes mujeres menospreciadas por los hombres, como género me refiero. Mujeres que han de forjarse un camino a base de la espada; y con un fuerte carácter que hace que se equiparen a los hombres. No faltará quien pese a su nombre siga pensando que el campo de batalla no es lugar para mujeres, pero la fiereza, voluntad y dureza de carácter que arrostran estas heroínas ya se encargarán de callar a los malpensados.
Evidentemente, para aumentar el poderío, las habladurías y la exacerbación de los deseos, Howard no queda conforme con imprimirles independencia, garra y temperamento, sino que también las hace altamente atractivas -se ve que Howard tenía pasión por las pelirrojas pues todas tienen los cabellos del color del fuego- (aunque pensándolo bien, es comprensible, el cabello pelirrojo denota poderío y pasión a partes iguales; conjugado con un cuerpo de infarto, uy, uy, uy). El amor jugará algún papel en sus historias, ya se trate de una obligación, una evasión de los recuerdos, o del deseo sexual que son capaces de despertar, aunque solo en la imaginación de los hombres.

Los cuentos se desarrollan en períodos históricos reales. Ni siquiera en el caso de Sonya la roja, de quien esperaba algo tipo Conan, se sale de este género. A posteriori he descubierto que la Sonya que yo esperaba encontrar (Red Sonja) es un personaje de los cómics basado en esta Sonya de Rogatino de Howard, pero no la misma. ¡Hasta aquí mi ignorancia!
Nos encontramos ante la historia de una mujer que huye de su forzada boda, en la Francia del XIV; de una mercenaria luchando por salvar el sitio de Viena; por último, una pirata surcando las aguas del Caribe.
Me ha resultado mucho más interesante de lo que esperaba encontrarme con estos momentos históricos y poder participar en mi mente de ellos, más que si hubiera sido una simple fantasía.
Los cuentos son de un protagonismo claro por parte de las mujeres (no hace falta decirlo, ya lo sé). El segundo de ellos, el de Sonya, tarda un poco más en llegar, casi medio cuento. Tanto que ya pensaba que era un error del libro y no salía la espadachín en este cuento. X) X) X) Ha sido el que menos me ha gustado de los tres, también hay que decirlo; siendo el primero de ellos, el de Agnes de Chastillon, el que más lo ha hecho. En este caso, he de indicar también que se trata del personaje más representativo, pues su historia se divide en este volumen, en tres cuentos casi correlativos en el tiempo.

Por último, lo que he dicho al principio: No tengo claro el lugar que ocupa esta novela en el corpus del autor. No tengo, ni he tenido ganas de bucear en su bibliografía para ver en que etapa de su corta pero productiva vida lo escribió, pero me parece una obra de cierta madurez narrativa; muy bien escrito y de tiempos y tonos medidos.

He dejado para el final el vino, pues en esta ocasión no lo voy a recomendar, así no aburro y quien se lo quiera saltar puede hacerlo sin problemas, pues la reseña literaria está durmiendo ya el sueño de los justos. El vino no es malo, claro que no, pero el nombre y la uva (tengo grandes recuerdos de situaciones en los que he bebido Mencía) dicen mucho más del vino que su sabor. Me ha defraudado y, por tanto, no os lo voy a recomendar, pero aun así os contaré un poquito sobre él. Al menos que conozcáis mis impresiones.
Se trataba de Armas de guerra, añada 2014 (4,40€).
Un vino joven de uva Mencía de las Bodegas Vinos de guerra y denominación de origen Bierzo. En copa resulta bonito: granate intenso con ribete púrpura y capa alta de fondo. Al trago se percibe un sabor frutal algo insípido. Ligeramente ácido. Con la tanicidad justa y un postgusto largo con recuerdos ligeramente florales. Me ha resultado un vino bastante plano al que no he sido capaz de sacarle nada especial.
Un vino que no está mal para el día a día pero que no me ha sugerido nada especial. Un vino correcto, sin el empaque de los vinos del Bierzo. 

lunes, 16 de mayo de 2016

En el museo del perro está escondido "el Miracle"

Me encanta Jonathan Carroll. Siempre me ha encantado, desde que hace bastantes años ya, leí The bones of the moon. Desde entonces, intento leer alguna novela suya todos los años pero, las dos últimas, Los dientes de los ángeles y éste El museo del perro han bajado su nivel en mi mente. Los dientes de los ángeles me gustó, pero poco más. En El museo del perro he empezado a ver que lo que siempre consideré, y me fascinó, como sentido de la maravilla, son en realidad patrones que se repiten en muchos libros y que acaban dejando mensajes de autoayuda en clave fantástica, o eso me ha parecido esta vez.  Si es así, he tardado demasiado en darme cuenta, tal vez, por que, como he dicho nada más empezar, me encanta Carroll.
Por este motivo, y aunque el libro me ha parecido aceptable, se me ha hecho un poco cuesta arriba y he tardado más de lo que esperaba en leerlo, lo que me ha llevado a dos fines de semana en lugar de uno y, por tanto, a dos botellas de vino en lugar de una: Bora, una garnacha del Somontano; y El Miracle, una garnacha tintorera de Valencia. Como no quiero ser muy pesado, e imagino que a la mayoría de los que leen este blog, el vino se la trae al pairo, solo daré mi opinión del vino valenciano. Un libro, un vino. Si, por un casual, alguien quiere que le diga que me ha parecido el otro vino, que me lo diga y punto.

El museo del perro nos narra la historia de un famoso arquitecto al que se le encomienda la construcción de un museo en homenaje al conocido como "mejor amigo del hombre": el perro. Pero habrá de construirse en un lugar diferente al del país de origen del promotor, Saru, que se encuentra sumido en una guerra civil.

Como siempre, la escritura de Carroll resulta engañosamente fácil de leer. Las frases nos envuelven como si de una conversación en tiempo real de nuestro entorno se tratase. Con una fluidez y ligereza absolutas, parece que se escriba, y lea, sin ningún esfuerzo. Pero poco a poco vemos que se van incrementando las particularidades y los foros de interpretación.
Se trata, como casi siempre, de una historia de personajes, en la que estos dan el do de pecho por encima de la propia trama de la novela. Todos ellos resultarían sumamente interesantes si no fuera porqué, como he dicho, empiezo a observar un patrón característico en las obras de Carroll. Todos los protagonistas de sus novelas se encuentran en un estado de indefensión psicológica, están perdidos en algún punto de su vida y su futuro es indeterminado. Y siempre aparece la figura aleccionadora que los instruye y redirige espiritual, moral y personalmente, pero siempre en un ámbito religioso. Normalmente suele ser un personaje algo místico: un espíritu, fantasma, e incluso una manifestación de Dios o de la Dama de la guadaña. En esta ocasión, el personaje de Venasque me ha resultado tan conocido que no tengo claro (no recuerdo) si no sale en alguna novela anterior con el mismo nombre y cumpliendo el mismo cometido.
Por supuesto el amor es una tema que también tiene cabida en la literatura de Carroll y, ahora comprendo, que es lo más normal del mundo teniendo en cuenta la vena religiosa de sus obras. En esta ocasión el protagonista juega con el amor de dos mujeres, pudiendo perder, como es normal, a las dos.
Por cierto, la ubicación geográfica también se repite en las novelas de Carroll: debe estar enamorado de su país de acogida, pues no hay novela suya en la que Viena no tenga cabida.
Aunque bueno, eso también se podría decir de los compañeros de los libros de las reseñas de este año, siempre cumplen el cometido que espero de ellos: disfrutar el momento ideal. El archinombrado Carpe Diem, me viene a la mente en este instante. El placer del vino con un buen libro me resulta impagable.
En esta ocasión he dicho que voy a hablar del vino de la Bodega valenciana Vicente Gandía, El Miracle by Mariscal. Como en la reseña anterior, se trata de un varietal de garnacha tintorera. Concretamente  de la añada 2011 y con un precio fantástico teniendo en cuenta la calidad, 6 euritos nada más. 
Vemos un color rojo cereza con ribete color granada y una lágrima gruesa descender por la copa al agitarla. No reconozco ningún aroma al olerla, pero me gusta (sí, lo sigo intentando. Qué pasa). 
Al probarlo noto una marcada acidez, no fuerte, sino muy alegre. Taninos carnosos y un fuerte sabor a fruta negra madura, acompotada,  y notas a especias, clavo o comino tal vez. Es un vino complejo  que, teniendo en cuenta mi inexperiencia, no soy capaz de definir, pero reconozco que me gusta mucho. Sobre todo la acidez y las notas a cacao y regaliz finales que quedan en la garganta cuando se va apagando el sabor.

Pero bueno, continuemos con la novela. Es cierto que intenta ser ejemplarizante, pero resulta demasiado aleccionadora a mi modo de ver. Ante un protagonista estereotipado que cumple todos los requisitos de una personalidad antisocial (rico, arrogante, presuntuoso, mujeriego, exitoso, etc.) se nos muestra una novela plagada de mensajes encaminados hacia un personaje menos materialista, más humano, mejor persona en el sentido católico del término.
A pesar de todo resulta interesante el trasfondo de la novela: la trama de la guerra civil de Saru y el consiguiente traslado de la ubicación del museo del perro, aunque la problemática surgida por la multinacionalidad de los obreros me parece algo forzada. 
El asunto de la guerra civil se convertirá también en mensaje acerca del odio intercultural, interracial,  o de cualquier otro tipo, y la petición de paz es clara por parte de Carroll al conseguir trasladarla de su lugar de origen a la ubicación de destino del museo, pese a encontrarse en el corazón de Europa. 

Tengo claro que no me ha gustado el final de la novela. El motivo "verdadero" de la construcción del museo está hecho para concordar con esta religiosidad de la que hablo y me parece tan irreal que lo chafa todo, en mi opinión.
No puedo, sin embargo, quitar el mérito a su estilo, ni a la creación de sus personajes ni a los ambientes, tan bien recreados que nos hace sentir allí. Evidentemente todo esto también ha de ser volcado al idioma del lector, y hay que felicitar la labor de traducción de Manuel de los Reyes, que es quien en realidad consigue que la pluma de Carroll surja tan fluida en castellano.

En definitiva, es una buena novela, como todas las de Carroll, no me cabe duda, quizás en otro momento me hubiese gustado más, pero algo no ha terminado de convencerme. Tengo en la recámara El fantasma enamorado para darle un tiento más adelante, a ver que tal.
En esta ocasión he de reconocer que me ha gustado mucho más el vino que la novela, pero aun así no puedo dejar de recomendar a Jonathan

Carroll. La novela no me convence pero el autor es un imprescindible de la fantasía.
Por cierto, el vino es una gozada. Supongo que ya os lo imaginabais.

domingo, 8 de mayo de 2016

Tworki y Laya, compañeros en la locura

El libro que os comento a continuación fue una lectura de arrebato. Una lectura que ni conocía ni tenía prevista pero que, ojeando las estanterías de la biblioteca, me sorprendió su título sobre un lomo de Acantilado. El subtítulo "El manicomio" hizo que automáticamente lo cogiese para ver de que trataba. De ahí, a llevármelo a casa fue todo uno.
Con el vino de acompañamiento sucedió algo parecido. Tenía referencias de un hermano mayor, Alaya, que había sido considerado como el mejor vino de España por la app móvil Vivino, el año pasado, pero como no me apetecía gastar veintipico euros en un vino, me avine a su hermano más joven, Laya, que aquí os presento en sociedad literaria y de cuya denominación de origen era la primera vez que probaba un vino.

En ambos casos el regusto ha sido bueno, pero agridulce. En el caso de Tworki, se trata de un libro al que cuesta entrar, en el que es fácil perderse y con el que, según el tipo de lector que seas, puede que no llegues al final del camino; en el caso del vino, creo que se trata de algo más puntual, pues algo en el sabor me decía que el vino estaba un pelín picado.

Tworki, de Marek Bienczyk nos narra la historia de un contable de dicha entidad, un manicomio en Polonia, en plena guerra que llegó a estar bajo dominio nazi.
En mi caso fue muy fácil quedar atrapado. Bastó el primer párrafo para quedar enamorado de la poética prosa de Bienczyk. 
"Es del fondo de mis párpados fríos, del nacimiento mismo del río que han venido al mundo estas palabras. Sí, al principio fue la escritura, no muy bonita, las letras demasiado altas, apretadas, negándose el espacio, conteniendo el ímpetu de las frases. Uno podría decir: no se dan prisa las palabras en llegar al punto, otro: hay algo que las retiene; y todos, sin duda entre ellos yo mismo: querrían volver atrás, dar la vuelta, pero ya no pueden. Hay que darles por fin la oportunidad de llenar toda la línea, de margen a margen a pleno pulmón, ahora que ya todo ha terminado, o que ya todo da igual"
El autor utiliza un estilo tan depurado, elegante y poético que resulta musical y bellísimo para la vista, de hecho uno de los personajes habla en rima, y una de las protagonistas pone siempre el verbo al final de la frase, lo que automáticamente nos llevará a recordar al famoso Jedi verdoso de orejas puntiagudas pero, en este caso, la cosa se torna más seria, y este efecto no solo dota de poesía al conjunto sino que lo integra en el contexto geográfico narrativo.
Un contexto geográfico casi mágico pues, escondido en medio de una Polonia ocupada, con vías de tren que lo conducen a las ciudades importantes, Tworki se yergue incólume como un paraíso apartado. Como un bastión que resiste al invasor intentado salvaguardar el estilo de vida, o quizás, se trata de un ghetto al que se aparta premeditadamente para que los individuos del interior no se mezclen con los del exterior.
Individuos reconocibles por los nombres que comparten con personajes famosos. Todos ellos locos; pero locos con alma, con vida que aportan contenido, ilusión, esperanza y alegría a un mundo que, fuera de los muros que los contiene, está más loco que ellos.
Y de esta forma, no leemos una sola historia sino muchas, pues están las historias de los pacientes, las de los trabajadores, las de los amigos que visitan el manicomio y, de fondo, las del mundo tras los muros.
Un mundo exterior en una guerra cruenta que Bienczyk trata de mostrarnos soterradamente. El autor deja continuas alusiones e indirectas a lo que acontece y acontecerá afuera, dejando claro que en el interior se oculta un mundo utópico que lo diferencia del infierno tras él. Notas de autor, he de decir claramente, que no he podido disfrutar ni discernir como debiera pues no conozco en demasía la historia de Polonia, y probablemente resultará mucho más claro y triste para sus compatriotas.
Así nos encontramos con la alegría de la locura interna; con la locura alegre de la guerra de un maniaco; con un cuento de amor; con una historia de crecimiento personal y desamor; con la tristeza del amor no correspondido; con la pena arrolladora de la muerte de un ser querido. Una novela esperanzadora y muy triste a la vez, melancólica a grado sumo, pero que también ha de servir como homenaje a las víctimas de la Gran Guerra, y como advertencia para no olvidar.

Esta novela es todo eso y mucho más. Pero también es una historia difícil de leer. Una novela a la que hay que entresacar todo lo que he contado, y lo que no. Una novela compleja en la que es difícil entrar pero de la que también lo es salir.
Pese a la belleza de la prosa hubo muchos momentos que me costó seguir. En los que me era difícil concentrarme y saber que era lo que estaba leyendo, que tenía que ver eso con la página anterior. Por eso digo que resulta agridulce y me resulta muy difícil recomendarla, no por que no me haya gustado, sino por temor al "vaya truño de libro que me has recomendado, macho".

Algo parecido me ha pasado con el vino pero, como he dicho creo que se trata de algo puntual.
El vino elegido fue Laya (5€), añada 2014, de Bodegas Atalaya y D. O. Almansa. Un vino de padres con pedigrí para un libro que creo de gran altura.
Sólo con ver el porcentaje de alcohol, 14,5% ya se intuye la potencia del vino, si además le añadimos el coupage formado por las variedades de uva garnacha tintorera y monastrell, no se hable más. 
Presenta una apariencia cereza, rubí brillante, con un ribete frambuesa cristalino y una densa lágrima.
El primer trago fue potente, untuoso. Pero también fresco, con un toque balsámico y el sabor de la fruta fresca, arándanos, moras, ciruelas. Los suaves taninos dejaban la bocas sedosa, pero dulce y con un toque a cítricos que mezclado con cierto toque chispeante y ácido me dio la sensación de vino picado. Esta simple copa me chafó la impresión de la botella entera, pero fue el típico error de novato al efectuar la cata de la primera copa, pues las sucesivas copas fueron mejorando paulatinamente al oxigenarse, lo que me indica (o quiero creer, pues ya he comprado otra botella para confirmarlo) que el gusto a picado provenía de la reducción en botella del vino. Ese sabor característico a alcohol "sulfatado" del vino al permanecer mucho tiempo en una botella cerrada y no darle tiempo a coger oxígeno.
A partir de la 2ª y 3ª copa empecé a notar el toque final a cacao amargo tan característico de la garnacha tintorera. Bueno, yo creo que es característico porque en los 3 ó 4 vinos que he probado de esta variedad de uva siempre he apreciado este toque, aunque cada día estoy más convencido de que esto de los vinos es un tema con un porcentaje altísimo de subjetividad y gusto personal y, tal vez, como a mi me encanta el toque a cacao amargo, sea mi inconsciente el que me dice que está ahí, en lugar de estar de verdad.

En fin, os animo a probarlo pese a mi experiencia no tan buena. En cuanto al libro, os lo recomiendo con reservas, dadle un tiento, y a ver que pasa.

domingo, 17 de abril de 2016

Hrabal hubiese disfrutado la garnacha de Nietro

Me encanta Hrabal. Desde que leí hace un par de años Una soledad demasiado ruidosa, me encanta su forma de escribir pero, sobre todo, su forma de narrar la vida que lo rodea. Vale, luego sigo.
Por otro lado, me encanta la garnacha, ya lo he dicho un par de veces. Desde que el año pasado probé El político, de Baltasar Grazian, quedé enamorado de esta uva, ¿Qué dices? ¿Qué si con los ojos vendados sería capaz de distinguir un vino fabricado con esta uva de otro que no? Pues casi seguro, seguro que no (99,9999999%), pero me gustaría pensar que sí. 
¿Por qué digo esto? Porqué si tuviera que pensar quien soy a tenor del vino, me costaría reconocerme, dado que me molestan los postureos y falacias que existen en torno al mundo del vino. Sé lo que me gusta y punto. Del mismo modo podría decir Bohumil Hrabal, quien gustaba de beber cerveza y vino, y cuyas novelas siempre estaban impregnadas de estos dos brebajes, como por ejemplo está que os traigo y que, como no, se titula ¿Quién soy yo?

Se trata de un libro cortito que comporta dos libros en uno. Cada página se encuentra partida en dos. Una mitad superior donde se refleja el libro propiamente dicho; y una inferior en la que Hrabal incluye frases de sus obras más queridas.
¿Qué decir? Nos encontramos ante una obra fundamental para conocer al Hrabal bebedor pero lúcido, depresivo pero esperanzado. Al Hrabal personaje, que observa el mundo como ente imparcial que acumula imágenes de todo cuanto acontece ante sus ojos, y que considera que el mundo es un sinsentido que no es capaz de comprender.
Tan solo es capaz de entender aquello que no entiende, y se da cuenta de que todo lo que sabe es no saber nada y que lo único que lo define es aquello que no ha hecho y no ha dicho.
Hrabal nos sorprende con su fuerza y su pensamiento, a veces difícil de aceptar pero que, aun así, no puede sino seducirnos por la belleza con que construye sus frases.
Estamos ante un escritor que se abre ante su público. Un hombre que nos muestra una mesa repleta de botellas de vino como su Sancta Sanctorum del pensamiento. El lugar donde mejor desarrolla sus ideas.
La obra está dividida en varias partes en las que el autor, o bien diserta sobe algún tema a raíz de su afán observador, o bien se sumerge en su vida para contarnos algo más a fondo de su persona, al tiempo que lo acompaña, como no, de sus impagables impresiones. No dejará de mencionar a algún amigo o personaje importante como por ejemplo Zweig o Nietzsche. Me ha sorprendido conocer algunos detalles al respecto de su opinión hacia ellos pero, sobre todo, la opinión que le merecían sus propias novelas y como alguna de las que consideraba sus peores, son para mi las mejores.

Me gusta este libro cortito que se lee de un tirón pero que requiere una gran capacidad lectora para disfrutar cada hálito de vida que brota de la pluma de Hrabal. Un hombre sencillo, del pueblo, que se mezcla con el vulgo al tiempo que lo vemos culto, letrado y nos muestra su filosofía de la vida de una forma clara y descarnada, sin tapujos.
Es un librito cortito en extensión, pero largo, largo de verdad si se quiere dedicar el tiempo que merece. Corto en extensión como corto en sabor es el vino con que lo acompañé.
De nuevo un vino de uva garnacha, de cepas viejas de más de 80 años de antigüedad. Se trata de Nietro 2013 de la D. O. Calatayud (5,50€). 
Digo que es corto porque el sabor no perdura mucho en la boca, al contrario que el libro de Hrabal que pese a su brevedad se mantiene largo en la mente.

De nuevo con el vino: que sea corto no quiere decir que no esté rico. De hecho, lo está.
Es un vino de color granate muy vivo, con un ribete violáceo brillante que lo hace muy atractivo y una capa media de intensidad.
En cuanto al sabor, decir que se abre en la boca mostrando frescura y potencia. Se aprecia el sabor a frutas rojas maduras y se percibe un tono espaciado procedente de la edad y un toque a regaliz final en la boca. Presenta cierto carácter balsámico que refresca la garganta, aunque quizás no sea un vino para todos los públicos pues su porcentaje alcohólico (14,5%), lo hace algo potente (aunque no se aprecia el alcohol tanto como pudiera parecer teniendo en cuenta la graduación), carnoso y algo astringente al final del trago. Un vino para acompañar asados o una buena carne poco hecha o, ¿por qué no? también una buenas legumbres con carácter.

Por otro lado, y volviendo al libro. Se me olvidaba mencionar la segunda parte. En la parte inferior de cada página, nos encontramos con fragmentos de novelas que gustaban a Hrabal, como Yo que he servido al rey de Inglaterra, Bodas en casa, o Tierno Bárbaro. Fragmentos escogidos por el autor y que no hacen sino acercarnos más a su obra y abrirnos el apetito por ella, si no lo teníamos ya.

Finalmente no puedo sino recomendaros esta joyita de Bohumil Hrabal, aunque creo que no es fácil de conseguir. Yo lo cogí de la biblioteca pues creo que está descatalogado. Si podéis haceros con este LIBRO no lo dudéis, es una auténtica delicia leer a Hrabal en estado puro.
En cuanto al vino, en esta ocasión no os lo voy a recomendar. No es malo, al contrario, es bastante bueno pero quizás sea un poco fuerte para algunos paladares. Bueno, probadlo vosotros mismos y ya me diréis. Rico está, desde luego, pero...

domingo, 6 de marzo de 2016

Oso y Nunc

Desde el momento en que Impedimenta anunció la edición de Oso, me llamó la atención. Como no habría de hacerlo ante la publicidad provocadora y lasciva que parecía reflejar. Me pareció, por otro lado que, sin abrir la botella, el complemento perfecto para esta novela, debía ser un vino con cuerpo, recio, a ser posible con un pequeño paso por barrica. ¿Por qué? Porque sí, porque no hay ningún misterio especial en lo que me apetece beber cuando leo (son solo palabras para intentar justificar una elección sin más). Así que me decidí por comprar una botella de Nunc, de Bodegas Ballabriga (7€) de la D. O. Somontano, y creo que no me he equivocado en el "maridaje".

Tanto el vino como el libro se muestran frescos y ligeros al principio, para coger potencial al final y dejar un largo recuerdo, uno en la boca, y el otro en la cabeza. Por supuesto siempre es mejor el recuerdo mental, pues es más duradero y enriquecedor, pero el del vino produce un efecto relajante muy satisfactorio y evocador.
Se trata en este caso de un multivarietal de 5 uvas (Merlot, Syrah, Parraleta, Garnacha, y Moristel) con un porcentaje alcohólico moderado (13,5%) y una coloración cereza con ribete violáceo (para variar). La entrada en boca es muy fresca, con taninos suaves y una ligera acidez. El paladar queda muy aromatizado a fruta fresca, ciruela y moras. Es complejo en su sabor y ligeramente untuoso. Finalmente se aprecia un cierto matiz a tostado (probablemente por el tiempo en barrica), y con un sabor que perdura en la boca durante bastante tiempo. Un vino bastante rico para tomar con un asado, aunque un buen arroz, o una tabla de quesos también le puede venir muy bien. O si no, haced como yo y bebedlo solo (que no a solas).

En el caso de oso, la novela de Marian Engel, nos encontramos con un caso parecido. La novela fluye tranquilamente y cuando parece que el texto de contraportada no es más que un reclamo publicitario, cuando quedan 50 páginas para el final, de golpe y sopetón nos da una ostia en toda la cara.

"Su amigo subió la escalera oliendo a pescado. Dobló la lengua en vertical y se la hundió en el coño."

Engel escribe muy bien. Nos engaña con una prosa fluida y ágil, de esas que entiendes elegante pero que te crees fáciles de hacer. Nos muestra la historia de una bibliotecaria que acude a una pequeña isla canadiense para inventariar la biblioteca que una familia ha donado a la Universidad. Para ello debe permanecer durante un tiempo en dicha casa. Casa que se encuentra solitaria en una isla y que contará con un oso medio domesticado como única compañía.

Se trata de una novela con pocos personajes principales, apenas 2: Lou y Oso. Tampoco es que haya muchos secundarios: Homer, el tendero al que Lou tiene que acudir regularmente para aprovisionarse; Lucy, una anciana india que cuida del oso cuando no hay nadie en la isla; y los personajes que aparecen en los libros que lee e inventaría Lou: tanto la propia familia Cary, o famosos como Lord Byron, Trelawny o Brummell por ejemplo.
Nos encontramos con una novela tranquila que requiere una lectura pausada para ser disfrutada al máximo.
Realmente no sucede nada, salvo el tranquilo discurrir de los días en la isla, mientras Lou se va aclimatando a ella, va descubriendo nuevos libros, y se va acercando al oso.
Una tranquilidad que permitirá a la protagonista, disponer de la soledad necesaria para bucear en sus recuerdos y hacer examen de conciencia. Es por tanto una novela de corte introspectivo y, si bien es cierto que los paisajes agreste o boscosos de la isla no cobran demasiada importancia narrativa, Engel consigue que nos sintamos allí, rodeados de árboles, en una colina pedregosa y bañándonos en la orilla del rio.
Es esta soledad, supongo, la que hará que Lou se acerque de forma íntima al oso y la necesidad de atención la que producirá la reciprocidad del animal. Digo supongo porque, entre los recuerdos sexuales de Lou, el oso y Homer, no tengo claro si Lou está muy sola; es "de moral distraída"; o simplemente, goza de la libertad de cualquier ser humano para hacer lo que le venga en gana sin tener que ser enjuiciada por ello.
Lo único que me chirría un poco es la rapidez de intimación entre oso y nuestra protagonista. No rapidez en cuanto a la cronología del libro ya que, como he dicho, pasa al final, sino a la forma de narrarlo: no pasa nada y empezamos a pensar en el reclamo comercial y, de repente, ¡Zas en toda la boca! Lou está dirigiendo la cabeza del oso hacia su entrepierna.
Estas últimas 50 páginas hacen que la novela se anime mucho y cambie todo su sentido, pues nos encontramos ya ante una novela mucho más carnal y transgresora. Aunque, si tenemos en cuenta que fue escrita en el 76, una década después del movimiento Hippie, no lo sea tanto. Lo cierto es que para una sociedad, tan "mojigata" y puritana (o eso creo), como la norteamericana, tuvo que ser una patada en todo el orto, como dicen al sur de aquellas latitudes. Aunque agarra muy bien con ese movimiento  juvenil de amor libre.

"El oso no lo hizo, pero la fiebre menstrual lo volvió más diligente. Lou le tenía algo de miedo, pero ese miedo la embriagaba y atraía. Lo cogió del pelaje espeso que se le escurría entre las manos: intentó agarrarse al suelto pellejo, pero cuanto más profundizaba más profundidades encontraba, y le resbalaban las cortas uñas. Acunó en las manos los huevos grandes, peludos y asimétricos, jugó con ellos, los deslizó suavemente en el escroto mientras él la lamía. La polla no salió de su funda larga y cartilaginosa. Me da lo mismo, pensó, no pido nada. No tengo que complacer a nadie. Qué más da si no te excito, te quiero y basta."


Este es el momento en el que el corte introspectivo del libro cambia su sentido. Lou sigue recordando su pasado, pero cambia su forma de pensar, empieza a visualizar la libertad y la tranquilidad de la vida en la naturaleza , empieza hacer examen de su vida pasada y, si bien, toma al oso por su compañero ideal y lo busca insaciable, también hace un ejercicio de redención al saber que el oso la puede matar, como ella le pide en varias ocasiones.

"Oso -decía tentándolo-, sólo soy una humana. Desgárrame la fina piel con las zarpas. Soy frágil. Para ti es fácil. Escarba y arráncame el corazón, una larva bajo el tronco. Arráncame la cabeza, oso mío."

Las imágenes que nos muestra Engel, con Lou buscando la postura y el momento para ser penetrada por Oso (si lo conseguirá, o no, deberéis descubrirlo vosotros mismos) son claramente explícitos y podrían resultar obscenas para ciertas mentes menos liberales sexualmente hablando.

No obstante, se trata de una novela muy recomendable para cualquiera que guste de leer algo tranquilo, que le permita pensar y no ande buscando acción.
Es una novela, a mi modo de ver, exquisita y que recomiendo sin reservas, además, se lee fácilmente y, si lo acompañas con una copa de Nunc, echareis una tarde deliciosa.

Por cierto, lectores de 50 sombras de Grey y "cosas" así, a pesar de que los pequeños textos de la novela que he copiado os puedan atraer, absteneos,  OSO no es para vosotros.

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